El Gato encerrado
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El gran IsmaelNunca me han gustado las malas noticias, por esa razón aprovecho ahora, que parece que las noticias son más que esperanzadoras, para lanzar un modesto y emocionado mensaje de ánimo a Ismael Berio, el ganador del primer Gran Hermano, que se recupera cada día de ese terrible accidente de tráfico. Ismael abrió los ojos tras varios días de coma, miró a Iván Armesto, su amigo del alma, y le cogió la mano. Estos dos personajes nos hicieron pasar momentos inolvidables hace dos veranos. Con el valor de la amistad ganaron ese concurso, pero también se ganaron nuestros corazones. Queremos verles juntos otra vez.

SEGUNDO ARTÍCULO DE PEPE NAVARRO PUBLICADO EN EL DIARIO “LA RAZÓN” SOBRE GH. Hay otro mundo, y tuvo que ser la televisión quien lo descubriera y recreara. Un mundo de 101 días colgado de una colina. Sus habitantes y sus consiguientes vidas, creados a imagen y semejanza de aquella que el conocido como Dios erigiera, al principio de todos los tiempos. Una existencia y su ciclo vital y espiritual completo, al uso de nuestra cultura judeocristiana: vida, muerte y trascendencia. Una diminuta recreación virtual que reproduce, en un centenar de jornadas, la esencia de nuestras virtudes, defectos, miedos, costumbres y creencias.
Como en todo principio hay un nacimiento a la vida que, en este nuevo microcosmos, se significa con la entrada en la casa. Júbilo, curiosidad y lágrimas de alegría, jalonan este momento en que los doce habitantes se bautizan a un tiempo, dándose la bienvenida al nuevo mundo. Pero muy pronto se rebasa ese instante de entusiasmo y comienzan a surgir las primeras hostilidades, motivadas por los complejos, la rivalidad, el miedo o la emulación. Se urden las distintas facciones. Es el momento de la pubertad, con el consiguiente desconcierto y la desubicación. Aunque la confusión no se supera, la vida dentro de la casa sigue avanzando, lo que permite que emerjan nuevos sentimientos como la complicidad, los juegos, la seducción, la incompatibilidad, la fe. Rebasada toda adolescencia (tanto aquí como allí; maqueta de emociones bajo lupa) se alcanza la madurez y, con ella, el estado más sereno de cualquier conducta. Las actitudes se van afianzando, el quien es quien de las relaciones deja de ser una conjetura para convertirse en una certeza. No se descarta un cambio de condición, ninguna mínima variación, siempre en función de los elementos dominantes del grupo. Como cualquier colectivo, unos han adoptado el rol de dominantes y otros, el de dominados aunque, a pesar de ello, se mantiene la competencia.
La cotidianeidad mina, enriquece y perfecciona, en las mismas proporciones. Esos son los únicos parámetros con los que cuentan para ser salvos o heridos. Si han sabido conjugar sus talentos y establecido unos buenos cimientos para desarrollar sus habilidades sociales, saldrán ilesos. Pero, si han cedido un ápice en su talante, les ha faltado caridad o asertividad con la que defender sus postulados, resultarán heridos de muerte, que no es otra cosa que estar nominados. La nominación, en semejante incubadora vital, es una enfermedad para la que hay pocas probabilidades de vida. No existe la analgesia del arrepentimiento, ni los opiáceos de la conversión. Sólo la providencia puede salvarles del acecho de la muerte.
De entre los «enfermos» nominados, algunos, por intercesión de Dios («GH», el público) se salvan. Sólo para uno de ellos, sin previo aviso, no hay milagro posible y acude la muerte. El moribundo (no difunto, porque no ha cruzado el umbral de la casa: momento de la muerte real) suele reaccionar de muy distintas formas. Los hay que, en un acto de valor y con una sobredosis de adrenalina, animan a sus seres queridos para que acepten el trance y afronten lo que les aguarda. Pareciera que no hubiese continuidad. Ni más vida después de la vida. Los que creen, al menos, confían en la resurrección de las almas, un hermoso tránsito, distinto a todo lo conocido. De momento, lo que todos encuentran es un túnel vertiginoso, a lo largo de 60 oscuros kilómetros, que les conduce hacia la luz. La luz… del plató, naturalmente, donde les aguarda un juicio final en el que se proyectarán los hitos más relevantes de su existencia. Lo bueno, malo y regular de una vida. Llega la contrición y el arrepentimiento o la terquedad y la obstinación… pero poco importa ya todo, cuando, ineludiblemente, es la hora del premio o el castigo. La peregrinación por todas las radios, periódicos y canales como penitencia a sus actos pasados (la fama, que en sí misma y conseguida de la nada (maldita TV) se convierte en un infierno) o el cielo de un sabio retorno a sus hogares. Puede que haya un limbo donde vayan a parar las almas puras, pero yo no lo he visto.
La única ventaja que hay en esa casa, frente a la vida, es que cuando alguien se quiere apear, puede hacerlo. Salvo que esa circunstancia nos hiciera evocar el acto del suicidio, que todos reconocemos en este lado de la existencia. Al fin y al cabo, como siempre, no inventamos nada. Todo está copiado.
[La Razón - Pepe Navarro - 26.05.02]

Volvió y se fué NessSegún lo previsto, se fue Ness. “Yo quería estar un mesecito y luego… a ganar dinero”, le dijo a Pepe mientras se esperaba que apareciese Kamia, que había permanecido en una sala un piso por encima del estudio de Tele 5 donde se hace el directo. Era una sorpresa final, Ness pasó la entrevista sin poder ver a su negrita y cuando el programa había finalizado teóricamente apareció ella en el estudio. “Lo tenías todo preparado”, le dijo el gallego a Pepe. La respuesta de éste: “No había nada preparado, Ness”. Que gracia. No dijo mentira el “boy”, ahora empezará a ganar dinero, a explotar su fama, a recuperar el tiempo perdido. Su novia, molesta pero confiada en el fondo, aguardaba para entregarle un diario que ha venido escribiendo desde el primer día de encierro. La entrevista de Pepe volvió a ser dura, sin tapujos, y Ness tuvo que reconocer que utilizó el teléfono móvil en el viaje de ida a México tanto como en el de vuelta.
En la despedida fue afectuoso con todos. Quizá excesivamente frío con Carolina, como una manera de mandarle el mensaje de que todo había terminado entre ellos. El juego se acabó. El “pibón tinerfeño” lo encajó con elegancia. Esta concursante tiene aguante, saber estar, maneras de gran dama y madera de finalista. Lo mejor que le podía pasar a ella a estas alturas era la expulsión del “boy”.
Sobre la sorpresita de la suite (con una hora de huelga de cámaras caídas, pero con el audio abierto para oír los jadeos, como se encargó de aclarar Patricia), no sé que decir. Resulta agotador el rosario de sorpresas y situaciones fuera de las normas del programa. Está claro que todo vale si puede servir para aumentar la audiencia, aunque creo que no debieran de estar preocupados por eso. Los resúmenes diarios están cosechando mejores resultados que el año pasado, aunque el programa en directo no consiga los registros de años anteriores. Veremos que cara ponen los demás cuando se enteren del trato de favor de los “niños bonitos” del GH de este año.
El equipo “A”, la “super-pandi” de semanas pasadas, el grupo de la habitación naranja, experimenta una nueva baja en sus filas. Ahora ya son cuatro frente a cuatro. Teniendo en cuenta que Elba y Candi se han nominado mutuamente siempre, el próximo jueves de nominaciones puede estar muy reñido, resultando nominados casi todos. Aún así, es posible que las nominaciones recaigan mayoritariamente en el hasta ahora grupo mayoritario.
La frase del día es, para mi, la del “pornochacha” Javito. La pronuncia cuando Patri y Kiko acaban de salir por la puerta camino de la casa de invitados: “Dos bocas menos que alimentar”. Como la vida misma.

Candi y Oscar en la 'suite'En la casa se suben por las paredes. Esta vez no es por las discusiones, tensiones o dificultades de convivencia entre sus habitantes, si no que buena parte de estos están que no se aguantan. El prolongado ejercicio obligado de abstinencia sexual empieza a hacer mella, en unos más que en otros. Este Gran Hermano nos está proporcionando momentos cumbre impagables, eso a pesar de la excesiva manufacturación de un producto en manos de quienes manejan el cotarro, por no llamarlo manipulación (lo cual quizá vaya implícito en la propia esencia del programa).
Lo cierto es que no he parado de reírme de la escenita bajo las sábanas protagonizada por una Candi a la que Oscar apenas le da la réplica. Ni el mejor guionista es capaz de concebir una secuencia tan buena. Después de la lujosa cena de la “suite”, acompañada del vinito, las copas, la música, los momentos emotivos con las grabaciones de los familiares (que ya no les sorprenden al haberse repetido de igual forma con todos), llegan los besitos, los abrazos y el momento de acostarse. Es el momento cumbre, pero cumbre, cumbre, de verdad. Los dos están bajo las sábanas, tapados hasta la coronilla. Candy al bueno de Oscar: “¿Te puedo hacer una proposición? Te la voy a hacer…” Ni los subtítulos son capaces de descifrar lo que viene después, pero son tan sólo tres o cuatro palabras. Oscar: “No tía, que cuando salga me cortan los güitos”, Candy: “Pues vaya veintipoco de años que tienes, vaya tíos que nos han metido en esta casa”, al alcohol y las hormonas mueven la mandíbula de una Candy que ha colgado el disfraz de “Teletubbie” por una noche. Su mosqueo va en aumento. “Yo creí que eras un gigolo y resulta que eres un gigola”, dice Candy poniendo al guaperas en un auténtico compromiso. “Es que no puedo, de verdad, que no me dejan, yo aquí he venido con el seguro echado”, a lo que le responde Candy: “¿Pero quien no te deja, quien, a ver? Dame un beso de buenas noches, por lo menos. Pues vaya beso que me das. Que mal besas. ¿Siempre besas así?”. Candy saca la cabeza de debajo de la sábana y como buscando una cámara dice: “Vaya mierda de sui”. Por fin, de nuevo bajo las sábanas: “No te preocupes que me voy al otro extremo de la cama”. Genial. Esta cría me ha ganado. Ni el “menchero” de Candy va tan calentito como ella misma.
Y mientras, en la “otra” casa, Mari-Patri sigue literalmente encima de Kiko todo el día. Con lo grande que es la moza. Y Ness pidiendo al “super” si puede tapar la cámara del retrete, y es que ya había confesado en la radio esa de la señorita Pepis que: “Cuando vea a mi negra voy a ser eyaculador precoz”. Paulita Vázquez lo termina de arreglar con su espontaneidad habitual, que no creo que guste mucho a los jefes: “A estos chicos les va a dar una embolia, pero no de sangre”. Que fuerte, ¿no?.

NoemiLa sorpresa de la semana es la aparición en un top-less posado de la fúgaz Noemi. Calabuig lo había anunciado veladamente y nadie lo habíamos creído. Sus breves pechos y su figura estilizada nos muestran a la gran hermana más natural y en forma de cuantas han pasado por la revista del grupo Z, especialista en enseñarnos ese otro interior de las chicas que han estado en esa casa, por lo menos de algunas. Si pinchas en la foto se abrirá la página de la revista donde se pueden ver otras tres miniaturas de esta moza en su esplendidez. Esperemos que no volvamos a verla en la misma revista dentro de unos meses con el complemento de silicona que ha transformado a otras, como a “la Eva” (GH II) hace un par de semanas, en un auténtico esperpento.

La expulsión de Raquel, la ausencia de Ness y la incorporación del “cuate” nos presentaron una casa poco menos que idílica, algo insólito en el primer mes de difícil convivencia. Era sólo un espejismo. La convivencia sigue siendo difícil porque no hay interrelación entre dos grupos que hacen vidas separadas. Las pruebas semanales y, en algunas ocasiones, la cita en la mesa con el rito del almuerzo o la cena, unen a un grupo disgregado, cuya separación se acentúa día a día. Elba se asocia definitivamente al equipo “A”, que se encuentra feliz con la vuelta de Ness. La expulsión de esta semana es importante para medir las fuerzas entre dos grupos de personas que a veces no soportan ni verse dentro de la casa. Kiko continúa pidiendo que le voten para ser expulsado, pero no deja del todo claro si se iría en caso de ser su “pareja” la que se fuera de la casa: “Si es Patricia la que se va, posiblemente me iría yo también, vamos es posible que me vaya sea quien sea el expulsado”. Un ejemplo de claridad, ¿no?. El caso es que parece que empieza a producirse la circunstancia de que nadie aguante a esta pareja. Oscar pasa de pedir que le dejen dormir medio en broma a quejarse de ello en el “confe” y marcharse a dormir a media noche a la otra habitación. Sólo Javito parece seguir a partir un piñón con ellos, aunque lo cierto es que es difícil interpretar su inquietante y pálida mirada. La no convivencia tiene este año su máximo exponente en la separación de dormitorios, la participación de actividades diferentes (unos juegan a las cartas y otros no, por ejemplo) y especialmente en una cierta individualización de la lista de la compra, que si bien se ensayó en ediciones anteriores, nunca se ha tomado tan en serio como ahora. Hasta el parto de la oveja se vivió de forma menos comunitaria y entusiasta que con la pequeña “petrilla”.
Por otro lado, la frase cumbre del resumen del domingo se produjo en la conexión en directo, al final del programa. Estaban disfrutando de la cena gallega que les regaló el “super”. Elba pide que le pongan más almejas. Preguntan, seguramente en tono inocente, primero Candy y luego Kiko: “¿Te gustan las almejas, Elba?, y ella responde: “Mucho, me gustan mucho las almejas”. Carol mira fijamente al plato.

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