El Gato encerrado
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De la cabeza al cielo

Dijo Napoleón Bonaparte: “La estatura no se mide de los pies a la cabeza, se mide de la cabeza al cielo”. En las últimas horas, dos personas han hecho mención a la estatura física de Almudena, una dentro de la casa y la otra desde fuera.

La de fuera es una concursante expulsada por una aplastante mayoría de la audiencia, que parece no haber asumido una voluntad popular ya manifestada de la única forma posible, que son las llamadas y mensajes cortos. Ahora habla mediante comunicados, como los famosos de medio pelo, sin ni siquiera serlo. En su ridículo comunicado afirma que Almudena “no tiene superado (sic) su condición y que no es tan segura de sí misma como siempre presume”, a lo que añade que es “una persona acomplejada”, además de calificarla de “chabacana y macarra”.

Pasaré por alto la incapacidad para redactar medianamente bien, porque ya supongo que tiene más horas de barra de bar que las invertidas en su formación. Pero el contenido también se las trae. ¿Así que chabacana y macarra? Le dijo la sartén al cazó, señalo yo.

No merece mucho comentario lo que pueda decir esta ex concursante, salvo que con su mención a la “condición” de Chiqui se ha retratado suficientemente, y el resultado es aún más lamentable de lo que habíamos visto hasta ahora. Es repugnante que se apoye en algo como la estatura para su torpe y desmañado ataque, especialmente teniendo en cuenta que es consecuencia de una deficiencia, concretamente de la hormona del crecimiento. A Nany lo que le ha crecido en demasía es la poca vergüenza y casi nada el intelecto.

Mirentxu ha sido la otra persona que ha sacado el tema, en este caso utilizándolo como un arma arrojadiza para intentar sacar de sus casillas a Almudena, precisamente ahora que están las dos nominadas. Esta concursante que pone cara de niña buena cuando hay una conexión en directo y en prime time, la misma que hace mohines en cuanto le habla Milá, acostumbra a hacer la misma maniobra siempre que está nominada, consistente en procurar la desestabilización de alguno de los otros nominados. Debo reconocer que no lo hace mal, porque esta septuagenaria tiene muy ensayada la estrategia, y hasta diría que de natural tiene la habilidad de desquiciar a quien ella desee.

En este caso decidió Mirentxu referirse a las limitaciones de Almudena, debidas a su estatura. Fue durante la mañana y en la prueba del ‘Cinema Matrix’, cuando aquella le dijo que no podía hacer alguna cosa por culpa de su escasa estatura, a lo que esta contestó que no tenía nada que ver con esto y era incierto que no pudiera hacerlo. Mirentxu insistió en que tenía que darse cuenta de sus limitaciones, a buen seguro en espera de la reacción airada y explosiva de una Chiqui que todos sabemos no se corta un pelo, controlando con dificultad sus impulsos. Varias veces tuvo que defender Almudena que si le costaba hacer algo en esta prueba no era por su estatura y que no le iba a dar la razón si no la tenía. Tuvo que ser Iván quien terciara, demostrándole a Mirentxu que la dificultad no estaba relacionada con la estatura de nadie, y consiguiendo así que dejara el tema.

Claro está que la mediación de Iván provocó que la ’sargento Mirentxu’ le tratase a partir de ese momento con el desprecio de tantas otras veces, el mismo que lleva mucho tiempo mostrando por la murciana. Mirentxu no soporta que nadie le lleve la contraria, lo suyo es reclamar siempre adhesiones ciegas e incondicionales, si bien su concepto de la lealtad está tan corrompido como para que tras repetir hasta la saciedad que quiere mucho a Liz la termine nominando a ella en lugar de a un Orlando con el que apenas tiene vinculación de ningún tipo. Pero lo más lamentable de todo no es que esta concursante utilice las armas que considere oportuno dentro del juego, sino que estas sean armas tan pestilentes como las mostradas ayer.

Que intente desestabilizar a quien quiera, si piensa que con ello puede arañar los votos necesarios para salvar su pellejo. Pero que no lo haga utilizando juego sucio, que no tenga tan mal estilo como para usar el argumento de la deficiencia física de un concursante. Solo por esto Mirentxu merecería irse a su casa, por mucho que no merezcan tal castigo los más cercanos, incluyendo su hijo, que además de declararse ‘ivanista’ (está grabado) ahora parece que estaba saliendo con Ana (la de los Toro de toda la vida). Pero es que además resulta llamativo que esta concursante ponga tanto empeño en no ser expulsada, después de haberse pasado semanas pidiendo ser nominada porque quería marcharse (sin pagar la cuota establecida, claro está).

Ya por la noche, a Iván le faltaba aconsejar a Chiqui que no saltase. Por el contrario reconocía como una reacción normal que lo hiciese ante situaciones como la vivida esa mañana, afirmando que Mirentxu sabe bien donde atacar para provocarla. Si no saltó fue por la mínima, y eso habría sido un triunfo para la donostiarra, como otra muesca en su cinturón. En lo que sí acertaba el modelo era en su análisis posterior, que bien interpretado viene a ser la recomendación que este gato le reclama: “tan malo es el que busca pelea como el que pelea en ella”. Si bien él mismo ha caído en la trampa en más de una ocasión, participando en alguna pelea servida en bandeja a los intereses de alguno de sus contendientes, no se puede decir que sea mala su conclusión.

Según Almudena, nadie a sus veinticuatro años le tiene por qué decir cuáles son sus limitaciones. La de la estatura es fácilmente salvable por medio de una escalera. “Asín de claro”, como diría ella misma. Lo que pasa es que, como dice la frase del emperador gabacho, la estatura de una persona no se ha de medir en los centímetros que levantamos sobre el suelo, sino usando otros intrumentos de medida más complejos. El pie de rey de la capacidad para repartir cariño, que no es suficiente para medir la de Almudena. El goniómetro de la generosidad, que da varias vueltas si se utiliza en esta concursante. O el calibre del vive y deja vivir, que se ajusta a ella perfectamente.

La giganta Mirentxu, que por cierto apenas levanta más de metro y medio del suelo, no tiene reparo alguno a la hora de hacer sufrir a alguien haciéndole notar su deficiencia. Supongo que igual de lícito le parecerá hablarle de su incapacidad para ver a un ciego, o de sus problemas de movilidad a un tetrapléjico. Llámenme demagogo, si es preciso, pero es lo que pienso. Escuchar a esta señora supuestamente tan educada hurgando en una llaga como la que todos podemos presuponer tiene alguien con el problema de Almudena, me revuelve las tripas y saca lo peor de mí. Ni demagogia ni pamplinas, esa actitud solo me cuadra en alguien despreciable.

Nunca he sido partidario de las discriminaciones positivas. El año pasado hablé repetidamente de la necesidad de liberarse del compromiso de ser políticamente correctos, en relación a una concursante ciega y hasta qué punto esa circunstancia podía estarla ayudando a no ser nunca nominada, por el temor de sus compañeros a que la opinión pública pudiera ver con malos ojos que dieran sus votos a una compañera con semejante problema. Lo cierto es que Ángela (GH IX) hablaba con frecuencia de su particularidad, convirtiendo esta en un factor protagonista. Las dos concursantes, no obstante, han demostrado que el obstáculo que la vida ha querido poner en sus vidas no es suficiente para seguir viviendo y hacer prácticamente todo lo que desean.

En el caso de Almudena no hay duda alguna de que no se detiene ante nada y no ha existido prueba ni actividad en la casa a la que haya puesto reparos por su estatura. No puedo evitar recordar que en todas las ediciones habidas hasta ahora buena parte de las pruebas semanales, especialmente en la primera mitad de los más de cien días que suele durar esto, han sido de una dureza física apreciable. Este año lo más duro ha sido estar esposados por los pies o hacer ese circuito tan light de las primeras semanas. Dureza casi nula, por tanto, lo cual se me antoja relacionado con la presencia de una concursante de edad avanzada. ¿Consideraría esta concursante adecuado que alguien hiciese mención a la limitación impuesta por su edad? En conclusión, no creo que proteger a Almudena de algo tan rastrero como atacarla por su estatura sea tanto una discriminación positiva como un simple acto de humanidad.

Cambiando de tema, Liz está metiéndose en la boca del lobo y solamente un milagro o un capricho del destino podrá evitar que sea descubierta. Tras las últimas nominaciones casi todos las han confesado en público, lo cual es totalmente innecesario, como tengo dicho. He podido comprobar que es la dominicana quien mejor ha sabido contar los votos y presupone unos resultados que posiblemente no se desvíen casi nada de los reales. Claro está que ella tiene algo de ventaja, porque mientras que los demás no han mentido ella sí lo ha hecho, y repetidamente además.

Le puede fallar a Liz el punto solitario que le metió Mirentxu, que no conoce ni imagina. Supongo que se llevará una sorpresa cuando se entere que su ‘mamaíta’ la ha preferido antes que al feriante. Ahora bien, ella también ha aplicado unos criterios curiosos en sus nominaciones, aunque en este caso no en relación a esta concursante sino a Julito, e incluso a Orlando. Tengo claro que es la única que está jugando, nominando con criterios que van más allá de las simpatías o afinidades e intentando ir a por algunos de los que ve como contrincantes fuertes.

Por esa razón creo que nominó a Julito con tres puntos y a Orlando con dos, reservando el punto a Palomares, que todo parecía indicar sería su primera opción. El problema es que no se ha resistido a contar sus nominaciones siguiendo la tónica general, y a los dos les ha engañado. Lo que en este caso no parecen tener en cuenta los concursantes es que a nosotros no nos pueden engañar y más bien al contrario una actitud así puede conseguir que nos desengañemos de su responsable.

A Julito le dice que le ha dado dos puntos (cuando fueron tres), y a Orlando que le dio uno (fueron dos). Hasta ahí todo podría llegar a cuadrar, pudiendo suponer sus oyentes dentro de la casa que los tres puntos de Liz fueron a parar a Palomares, al haber dejado bien claro que no nominará mientras pueda a Mirentxu. El problema viene cuando en el rincón de pensar, al tiempo que le miente a Orlando les confiesa a los demás sus tres puntos a Julito. Teniendo en cuenta que estaban presentes, además del propio Orlando, Iván y Almudena, y que esta se lleva bien con Julito, podría darse el caso de que este descubriera la doble versión de Liz, que a él le miente al decirle que le dio dos puntos y a los demás confiesa la verdad de los auténticos tres.

Liz miente, y además se arriesga mucho. Lo más llamativo es que lo hace de forma innecesaria, ya que bien podría decir que no quiere comentar sus nominaciones, como en alguna ocasión he visto hacer, y nada hubiera pasado. Le puede salvar de ser descubierta la poco explicable reacción de Julito cuando se enteró de que Almudena le había nominado, lo cual le ha hecho distanciarse un poco de ella desde el martes. El canario se debía pensar que iba a ser intocable hasta el final, y se ha dado cuenta de que no es así ahora despertando de una ensoñación en la que parecía estar viviendo. Aunque puede que no haya despertado del todo.

Enlace permanente  19.12.2008 | Comentarios en De la cabeza al cielo  Comments Off | Imágenes en el archivo del día  Imágenes | Ir al principio de la página Ir arriba
GH Matrix

En la casa nueva siete concursantes, tres de ellos nominados, y dos ‘clanes’, como bien dijo Mirentxu. En la vieja, tres ex concursantes y también tres ovejas, todas ellas intentando conocerse, a falta de actividad mayor. Me sigue llamando la atención que los concursantes repitan consignas acuñadas aquí fuera. Hace casi tres meses hablábamos del ‘clan de Mirentxu’, formado entonces por Ana, Li, Julito o Palomares; y hace poco he vuelto a hablar de un clan ahora relacionado con el mantenimiento e intendencia de la casa, pero igualmente comandado por la ’sargento Mirentxu’. Curiosamente, esta concursante utiliza ahora ese mismo término para describir la división en dos grupos que existe en la casa, solo que parece haberse dado cuenta escandalosamente tarde de que ella es cabecilla de uno de esos grupos desde el principio.

También hace un par de semanas Iván nos sorprendió diciendo en un ‘confe’ la frase “Tanto va el cántaro a la fuente…” con la que este gato escribidor había titulado el artículo del día anterior, solo que en este caso sustituyendo la palabra “cántaro” por “cántabro”, en un juego de palabras sin igual. Son solo dos ejemplos de coincidencia entre el guión no escrito que siguen en esa casa y lo que desde aquí escribimos, que tuvo varios ejemplos anteriores, como fue ver a Iván eligiendo el disfraz de vampiro, como aquí le habíamos atribuido, o a Mirentxu como niña del exorcista. O bien aquello de “Ana la Loca… de vez en cuando”, que dije un día parafraseando una película española de corte cómico y coincidente con esta declaración de Ana Toro: “Estoy loca, de vez en cuando”. Podría poner más ejemplos, pero ahora solo me acuerdo de estos, para qué negarlo.

Ahora que hablo de Ana, su regreso a la casa vieja me ha recordado esa sensación dual y contradictoria que siempre me transmitió esta concursante. Y es que a su lado gracioso y creativo (aún recuerdo cuando Milá casi se cae en el plató y Ana le dijo: “Así se inventó el flamenco”) le acompaña otra parte absolutamente inaguantable, que provoca en mí un hartazgo sin límites. Ayer, viéndola en el directo alguno de los ratos me di cuenta de aquello que menos soporto en ella, y no es otra cosa que su artificio, lo muy ensayada que tiene a veces su actuación.

Ana se desenvuelve mejor tanto en cuanto tiene a más gente alrededor, lo cual le permite confundirse un poco con la masa que le rodea, entre los que siempre habrá quien simpatice con ella. Ahora mismo se encuentra acompañada por Eva, con la que nunca congenió demasiado bien, y no solamente por la áspera discusión que tuvieron, recordada por las dos ayer como una anécdota sin importancia; y una Gema que solo la conocía de coincidir con ella en el plató, pudiendo convivir juntas por primera vez ahora. Ayer vi a las dos mirarla como a un bicho raro, y es que realmente lo es.

La prueba de esta semana va sobre escenificar escenas de cuatro películas en un decorado de fondo negro, como si fueran personajes de ‘Matrix’, uno de los filmes en cuestión. Los otros tres son ‘Misión imposible’, ‘Spideman’ y ‘E.T. El extraterrestre’. El resultado me recuerda a un viejo vídeo que circulaba por la red procedente de un concurso japonés, donde escenificaban una partida de ping-pong en la que se ralentizaba la imagen y se llegaba a girar la pista, todo ello hecho con una técnica similar a la que emplearán en esta prueba. Los papeles de ‘Misión imposible’ serán encarnados por Iván y Orlando, Julito hará de ‘Spiderman’, Almudena protagonizará ‘E.T.’ y Palomares hace de un Neo en ‘Matrix’ un poco pasadito de crema de cacao, convenientemente depositada en su barriga. Ya se sabe que hay placeres que duran un minuto en el paladar y toda la vida en la cadera.

Pero si la prueba va de realidades virtuales a mí me gustaría hoy hablar de aquello que me creo. Si hace un par de días enumeraba cosas que me hacían no creer a algunos concursantes, ahora me apetece (para bien o para mal) poner el contrapunto a ese análisis. Por ejemplo, me creo a Iván y la disculpa ofrecida a Liz el lunes pasado. Su reacción fue muy Iván, distante y cálida a un tiempo. No creo que le influyera el comentario de Gisela una semana antes, sin el cual opino que hubiera reaccionado de igual forma, pero lo cierto es que gracias a su disculpa pudo conseguir que Carlitos quedara en ridículo cuando se subió al carro oportunista de reprocharle su incapacidad para pedir perdón. La cara del ‘viudín’ fue todo un poema cuando Mercedes Milá le explicó que el día anterior se había producido lo que este negaba en medio de esa escena de reconciliación.

Decía un viejo adagio muy de moda en los años ochenta que: “Amar es no decir nunca lo siento”. Pues bien, precisamente esa fue la fórmula utilizada por un Iván que me gustó más que nunca cuando le dice a Liz: “Estoy muy cabreado contigo”. Pero aún más cuando se autocalificó como un necio y un burro, en una muestra de humildad cuyo único fin era propiciar ese entendimiento entre ambos. El gesto fue bonito y yo me creo que entre ellos hay un cariño especial, que les condujo inevitablemente a esa reconciliación. También me creí a Liz cuando le dijo el viernes anterior: “Estoy muy nerviosa, Iván, no puedo hablar ahora, mira como tengo el corazón”, y cogiendo la mano de su compañero la puso en su pecho para que pudiera comprobar lo que decía.

Creo que Iván tiene un defecto con el que me identifico plenamente. Yo también tiendo a intentar arreglar las cosas en el momento, siendo capaz de ser odiosamente insistente y sin darme cuenta que a veces no hay nada como dejar pasar el momento, procurar que se enfríe la situación y las aguas vuelvan a su cauce, por usar este símil. La premura a la hora de intentar aclarar un malentendido, o rectificar una actitud, no es aconsejable muchas veces. El propio paso del tiempo es a veces suficiente y el mejor de los consejeros, por mucho que a veces este nos hace sumirnos en una angustia desesperada por conseguir el fin propuesto. Nada como pasar por el congelador algunas situaciones para dejar que se asienten y así conseguir que adquieran la importancia que debieron tener siempre, en lugar de la mucho más exagerada que a veces le damos.

Me creo igualmente a un Orlando (’La ciudad no es para mí’ le va que ni pintada) que se emociona de verdad y le dice a Carlitos “te quiero”, durante la conexión de despedida. No me cabe duda de que si dentro de quince días le pregunta alguien si echa de menos a ese concursante responderá que mucho. Obsérvese la diferencia entre estas reacciones y las mostradas por el feriante en estos días. Aparte de que preguntado por Almudena dijo que echaba de menos a Nany solo a ratos, lo cual es cualquier cosa menos una respuesta amable y delicada, no recuerdo a Orlando diciéndole a Nany palabra cariñosa de ningún tipo, ni siquiera durante su despedida desde el plató. Tampoco entonces le vi emocionarse tan sinceramente como la noche del martes, en que se tragó las lágrimas literalmente.

Aunque para algunos sea difícil de entender, también me creo a Almudena. La ‘cría’, como le llama cariñosamente Iván, tiene ese carácter complicado que le hace saltar con frecuencia, dando muestras evidentes de mala educación, pero al tiempo es un amor. La pequeña Chiqui ha mostrado en esa casa algo que en esta edición ha sido escaso, y es la capacidad de derrochar cariño. Por muy raro que parezca, la relación casi filial entre Mirentxu y sus dos nietos adoptivos está fundamentada en el respeto y la obediencia unívoca. Julito y Palomares le expresan a aquella lo importante que es para ellos y se consideran intocables los unos para los otros, si bien en este aspecto ya sabemos que perdería el canario, ya que en caso de plantearles que nominasen a uno de los otros dos, tanto Mirentxu como Palomares le elegirían a él. Pero no he visto en ningún momento más cariño que el expresado tímidamente por un abrazo. Poco más que gestos tradicionalmente utilizados en una relación afectiva, eso es lo que he visto entre estos tres concursantes.

También ha habido cariño en el matrimonio, si bien la contención a la que les obligaba el compromiso de mantener el engaño hizo que entre ellos predominaran los celos y la desconfianza, cuando no la amenaza del abandono o hasta de contar a España “cómo eres en realidad”, que le dijo Gema a Carlitos. No estoy poniendo en duda que haya existido cariño entre algunos concursantes, sino que lo hayan demostrado con la debida claridad. Estoy seguro, por tanto, que este matrimonio está fundamentado en un cariño infinito, y hasta puede que se adoren infinitamente. Pero salvo cuando fueron liberados del compromiso de ocultar su relación, el resto del tiempo tuvieron que ocultarlo. En el caso ya mencionado de Carlitos y Orlando simplemente nos han privado de apreciar todo el cariño que han llegado a tenerse, y que solamente podemos conocer porque ellos así nos lo han contado.

Ya he hablado que también veo cariño entre Iván y Liz, aunque dado el carácter algo ciclotímico de esta tampoco es algo muy evidente, o al menos no durante todo el tiempo. Sin embargo, Almudena ha tenido cariño a raudales para varios de los que han sido y son sus compañeros. Convirtió a Gisela en su ‘princesita’ y aunque a veces fuera dura con ella mantuvo su relación de cariño no condicionado por casi nada de lo que accesoriamente pudiera suceder en torno a la misma. Tener cariño a alguien no significa negarse ciegamente a analizar los defectos del otro. Más bien al contrario, muchas veces somos más duros y exigentes con aquel a quien queremos. También Chiqui ha tenido cariño para repartir entre Li (quizá la primera, con quien dormía muchos días), Carlos, Loli, Carlitos, Orlando (a quien se declaró) y especialmente Julito (y particularmente su brazo).

Pero la relación de cariño que personalmente más me ha llamado la atención ha sido la establecida entre Iván y Almudena. Como dice Senador, el gigante y la pequeña. Es una relación totalmente desinteresada, no exenta de una crítica mutua, diría que incluso ha existido un marcaje continuo entre ambos, por lo cual a veces no se han pasado ni una. Entre ellos no hay un intercambio de palabras bonitas y gestos de cara a la galería, sino el más desnudo y honesto de los cariños.

De acuerdo que Chiqui puede resultar molesta por ser grosera, chabacana y mostrar poca educación a menudo. Entiendo que a buena parte de la audiencia le moleste escuchar eso de “Que le folle un pez muerto”, lo cual no es precisamente un ejemplo de finura y buenas maneras. Si me apuran diré que personalmente tampoco soporto que alguien pretenda ser aceptado en un colectivo no mostrando el más mínimo esfuerzo por reprimir unas expresiones que a muchos pueden molestar. A pesar de todo esto, Almudena me tiene absolutamente entregado, porque lo que yo he comprado ha sido su corazón. Y ese es el corazón que quiero seguir sintiendo dentro de la casa.

[Dejo cartelera, con un Orlando enfrentado a la hostil ciudad.]

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Mucha espuma y poco chocolate

Liz definió a Julito de esta forma: “Mucha espuma y poco chocolate”. La frase es un acierto de definición, y personalmente no la había escuchado nunca. Yo hubiera dicho “Mucho ruido y pocas nueces”, como la obra de Shakespeare. Ambas expresiones serían válidas no solamente para Julito, sino también para otros habitantes de este Gran Hermano, como por ejemplo Carlitos, expulsado ayer.

Pienso que se ha magnificado el engaño del matrimonio, que ciertamente supieron llevar con bastante acierto, aunque también es verdad que se aprovecharon de la torpeza y falta de atención de algunos, como es el caso de un Orlando incapaz de ver más allá de sus narices. Con compañeros como este hubieran podido ‘jincar’ encima de la mesa del comedor sin que sospecharan nada. En cualquier caso, todo lo bien que llevaron el encargo de su engaño lo tiraron después por la borda al resultar expulsada Gema en una temprana nominación. Su marido, el ‘viudín’ de Guadalix, nuestro ‘Pantojo’ particular, ha aguantado dentro de la casa justo hasta resultar nominado.

Durante las seis semanas que Carlos Fernández pasó en la casa sin Gema, vimos a un concursante que poco a poco se iba relajando, mostrando mejor humor cada día, llegando a ser el primero que captó el mensaje de la audiencia, evidente desde el punto y hora que veían volver a Iván de la sala de expulsión cada semana. Pero no por evidente su mérito es menor, ya que fue el primero al que escuché hacer estas dos observaciones: parece que la audiencia está pudiendo ver las cosas de forma diferente a como las apreciamos algunos aquí dentro, en primer lugar; y además puede que estemos beneficiando a Iván al intentar aislarlo y posicionarnos todos en su contra, como segunda conclusión. Estos dos pensamientos que pongo en su boca eran acertados, lo cual no sirvió para verle un cambio importante en su actitud, aunque es cierto que pareció relajar un tanto su odio visceral hacia ese concursante sobre el que parecía girar toda su vida en la casa.

Anoche, por el contrario, volvió a incidir en el error, insistiendo en la idea de que Iván no ha pedido nunca perdón, la misma que pudo escuchar contar al modelo la semana pasada como el reproche que le había hecho Gisela en su despedida en privado. Lo que no ha podido escuchar el ayer expulsado ha sido el rosario de matizaciones y rectificaciones hechas por esta ex concursante. A diferencia de su tocayo Carlos Hoya, este no enterró el hacha de guerra tras su salida, ni siquiera fue capaz de responder a la reflexión que le hacía Mercedes Milá, más guapa que nunca anoche, sobre que han ido saliendo todos, uno a uno, e Iván está ahí dentro, y cada vez con una mejor y más cómoda posición, ahora que por segunda semana consecutiva descansa de la nominación.

Lo peor que se puede decir de Carlitos es que no hay mucho que decir. Este no aguanta ni media entrevista, y anoche me hizo sufrir comprobar como quedaban tres cuartos de hora de programa y Milá aún tenía por delante todo ese tiempo con el de Sant Vicenç dels Horts sentado a su lado. Afortunadamente había otros argumentos que ocuparon su tiempo, como la trama de la repesca, y también echaron mano de una conexión entre el expulsado y su mujer, que acababa de entrar en la reabierta y refundada casa vieja. Ahí vimos el anverso de la moneda, ya que en este caso la que se deshacía en lágrimas era Gema en lugar de su pareja, y además ella no tenía a mano las carísimas gafas antifaz de Palomares.

La verdad es que la expulsión de Carlitos tenía el morbo de ver como se cruzaba con Gema, uno saliendo y la otra regresando. Aunque no creo que esto justifique el alto porcentaje con el que se debió producir ayer su salida, aunque nos debemos guiar por los porcentajes ciegos ofrecidos en el debate ya que anoche no nos dieron ese dato. El domingo Carlos F. tenía casi un 80% de los votos, lo cual es mucho. Aparte de ese odio tan dañino, tanto para quien lo siente como para los que hemos sido testigos del mismo, observadores contagiados de tanto negativismo y resentimiento sin sentido, este concursante no ha merecido un castigo tan ejemplar. Por esto se me ocurre que realmente haya recibido un castigo derivado de su propia esposa, o incluso de los que fueron sus amigos en la casa, que están dando fuera ese espectáculo tan poco edificante de tirarse los trastos a la cabeza, con graves acusaciones como las hechas por Gisela esta última semana. El argumento de que Iván se ha peleado en la casa más que nadie se podía extrapolar a lo sucedido fuera, con un Carlos que no se habla con una de sus mejores amigas en la casa, de la que ni siquiera se despide al terminar la gala de la pasada semana.

En cuanto a las nominaciones, como había previsto ayer este gato observador, fueron completamente normales, y aún así nos sorprendió que Iván no resultara nominado tampoco así. Influyó en ello la reconciliación entre Liz e Iván, que no habíamos podido ver en el directo y nos habían reservado para la gala tras varios días de ver insistentemente la discusión de ambos. Es probablemente la bronca más repetida de la historia de Gran Hermano, sobre todo teniendo en cuenta que fue el pasado viernes, y en la gala de ayer nos volvían a ofrecer un resumen. El caso es que tras el bonito abrazo entre los dos contendientes, a cual más cabezota, los grupos se volvían a redefinir en la casa, lo cual se trasladó a las nominaciones. En este juego de equilibrios, especialmente destacado en la nominación de anoche, es especialmente delicado el papel desempeñado por Orlando y la propia Liz.

La alianza entre Iván, Almudena y Liz parece muy estable, lo mismo que sucede con el ‘clan de la fregona’ formado por Mirentxu, Palomares y Julito. En medio se podría encontrar un Orlando que se ha llevado bien con casi todo el mundo, lo cual se corresponde con su personalidad amable y enemiga de los problemas. Es cierto que no tiene un buen feeling con Mirentxu, pero con los demás ha tenido un buen trato siempre. A pesar de esto, ayer recibió nominaciones de uno y otro lado, ya que Liz no puede nominar a Mirentxu, después de tanto insistir estos días en la idea de que es ella a quien más quiere. Pero la gran sorpresa no fue la nominación de Liz a Orlando con dos puntos, sino precisamente la de Mirentxu a la propia Liz, con la menor de las puntuaciones en este caso.

Mirentxu también ha repetido hasta la saciedad que quiere mucho a Liz, a pesar de lo cual ayer decide meterle un punto en sus nominaciones, eligiéndola a ella en lugar de a Orlando, a quien ha nominado en varias ocasiones y con el que tampoco ella tiene una relación fluida. No cambió nada esta extraña decisión de la más longeva de la casa, ya que en caso de haberse decantado por el feriante este habría obtenido cinco puntos y la dominicana tres, en lugar de los cuatro y uno que tuvieron, en todo caso insuficientes para que se temiera que fueran a estar ambos en la terna de nominados. Más cerca estuvo Palomares (con cinco puntos), aunque igualmente quedó fuera, y el propio Iván libró esta vez por la mínima, al recibir siete puntos. Los nominados fueron Mirentxu (con nueve puntos), junto con Almudena y Julito (ocho puntos cada uno).

Interesante me parece el dato de que Orlando nominó de forma inequívoca en el grupo de Iván, incluso repartiendo sus puntos exactamente igual que este (Mirentxu, Julito y Palomares). Casi igual nominó Almudena (Mirentxu, Palomares y Julito), y Liz optó por dar su máxima puntuación a Julito, aclarando sin pudor alguno que desea ponerlo en la palestra, dando sus dos puntos a Orlando (al que ronea de forma insistente estos días) y el solitario punto para Palomares. Por su parte, Julito y Palomares casi coinciden también, salvo en que el primero le reserva su máxima puntuación a Iván y su amigo a Almudena, dando los dos el punto a Orlando. Y Mirentxu, como ya he comentado, le da sus puntos a Almudena, Iván y Liz, no correspondiendo a esta, que no la ha nominado nunca. Lo curioso es que la explicación de la ‘yaya’ es que “se va estrechando el círculo”, como si los demás fuéramos tontos y no pudiéramos darnos cuenta de que falta Orlando.

Aunque hay otra lectura de las nominaciones que me parece igualmente interesante. Si prescindimos del dato de las puntuaciones otorgadas y solamente atendemos al número de compañeros que nominaron a cada uno de ellos, tenemos que Liz es la que se está mostrando como mejor jugadora, al ser nombrada ayer solamente una vez. Tres compañeros nombraron a Orlando, Iván y Almudena, resultando solo nominada la pequeña. Y, finalmente, cuatro compañeros incluyeron entre sus nominados a Mirentxu y Julito. Teniendo este dato en cuenta estos dos últimos serían los menos queridos en la casa, aunque si miramos los primeros resultados de nuestra encuesta, tras los primeros mil votos el 56% de los encuestados se decantan por Mirentxu, un 39% por Chiqui y solamente el 5% restante por Julito.

No hace falta ni mencionar las ventajas que, según este gato, tendría la expulsión de Mirentxu, la cual poco más puede ofrecer en esta experiencia y, sin embargo, nos dejaría ver a sus nietos adoptivos liberados de su yugo opresor, del mismo modo que este sería levantado para el resto de habitantes. Además, el drama al que asistiríamos el martes próximo sería inigualable, con un Palomares posiblemente más sobreactuado que nunca, convirtiendo esa expulsión en un auténtico drama. Mirentxu volvería a su casa, justo en la víspera del día de Nochebuena, y así cumpliría su objetivo declarado de pasar esas fechas al lado de su hija Susana, con quien pudo hablar anoche por teléfono, y el resto de su familia. Incluso con el ‘aita’, su marido, por quien tampoco ayer preguntó y tuvo que ser su hija quien le contase que estaba bien.

Y termino con lo de la repesca. Anoche lmedina planteaba como conjetura que la elección de la ex concursante que vuelva a incorporarse al juego la realizarían las ovejas que tienen como compañía Gema, Ana y Eva. Incluso llegaba a decir, entre bromas y veras, que podría tener que ver con la cantidad de leche que ordeñe cada una. Podría ser cualquier cosa, y a lo mejor haríamos bien en ponernos en el más absurdo de los supuestos si lo que pretendemos es acertar. Las tres más votadas fueron aquellas que poníamos en la parte superior de nuestra imagen de ayer, lo cual era precisamente una velada apuesta. Todo indica que la decisión final no estará en nuestras manos sino, como digo, en las de las ovejas, precisamente tres, que han venido a ocupar el sitio de las gallinas.

Toca decir, por tanto, que sea lo que el mamífero ungulado (y rumiante) quiera. O todo lo contrario. El caso es que en el momento que viven en la casa de al lado se me antoja un sacrilegio que entrara Ana Toro y sus locuras cada vez menos graciosas. La perspectiva que tienen por delante es tan plácida que no hace gracia una intromisión como esta, ahora que se pueden quitar de encima a esa habitante que permanece en la cama casi doce horas diarias (y del tirón), aunque solamente duerma unas pocas, lo cual la hace acreedora de un premio que disputaría a Loli, la otra gran experta en desgastar el colchón.

Ni Gema ni Eva perturbarían tanto la paz y el buen rollo de esa casa, aunque por muchas razones creo que sería esta última la que debería entrar. La principal es que ella nunca ha estado allí, por lo cual me parece injusto que tuviera una segunda oportunidad de ser concursante de pleno derecho Gema, en lugar de darle la primera oportunidad a la vaquera gallega, que además tuvo tan temprano fin, teniendo que abandonar esta aventura sin que apenas pudiéramos llegar a conocerla.

Aunque ahora nuestra batalla está en otro lado, y esta vez es casi una labor humanitaria. Devolvamos a Mirentxu a su hábitat, dejemos que vuelva a probar chocolate del caro y pueda dormir por fin todas las horas que desee. Le vamos a hacer un bien, por humanidad.

[Dejo vídeo con el momento de la expulsión de Carlitos, que podéis encontrar también en MiTele, desde donde se puede llevar a cualquier blog o web, así como enviarlo a un teléfono móvil.]

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La palanca del poder

La gala de esta noche tiene el aliciente de ver tirándose de las extensiones a Gisela y Loli, todo ello ante la mirada impasible de un Carlos que no interviene porque tiene compromisos profesionales ineludibles y una Nany que bastante tiene con hacerle el vudú a Lizzfany Emiliano Vázquez (le falta el ‘de Todos los Santos’).

Está claro que en el plató de Mercedes Milá se mascará la tensión mucho más que en la casa de Guadalix, donde pasaron ayer un día de los de paz de cementerio, tranquilidad solo rota por Almudena e Iván, los dos más vivos de esta historia, que desnudaron ‘globalitas’, les pusieron una especie de máscara como de luchador de Wrestling y las estuvieron colgando de esa guisa de una lámpara, con un cartel que decía “La mano negra de la casa os persigue”. Tengo dicho que sin estos dos nos hubiéramos aburrido mucho más.

Esta noche sabremos quiénes son las tres mujeres que volverán a entrar en la casa vieja, veremos salir a un Carlitos posiblemente desolado cuando descubra que no puede ver a su mujercita porque ha vuelto a Guadalix, y presumiblemente nominarán. No haré hoy previsión de nominaciones ante la eventualidad de que fuera tan baldía como de costumbre, ya que se nos pueden cruzar las puertas y darnos en las narices, dejando sin valor cualquier quiniela. De todas formas hoy tocan nominaciones normales, y realmente sí he hecho mis quinielas. Concretamente tres quinielas distintas, que a este gato ‘jugón’ le gusta apostar para ganar.

La principal conclusión que saco tras este triple ejercicio de previsión nominatoria es que en los tres casos sale nominada Mirentxu. En una de las quinielas sale con Iván y Liz; en otra con Iván, Orlando y Almudena; y en la tercera con Liz y Palomares, si bien he de advertir que en esta he confundido mis deseos con la realidad. En todo caso, el que la abuela represora, enemiga de la diversión en Guadalix, esté indudablemente nominada es toda una garantía, y particularmente me tranquiliza ante lo que suceda en esta noche de gala y de fiesta donde las haya.

Les propondría a los habitantes de la casa que cantaran aquello de ‘Vamos a contar mentiras’, dado que hay tantas cosas que no terminan de cuadrar que esto parece el cuento del pastorcito mentiroso. Por ejemplo, no me creo a esa Mirentxu que ha insistido tanto en que se quería marchar para estar con sus nietos durante la Navidad, cuando su propio hijo le dijo sin ambages desde ese frigorífico simulado de la gala de las sorpresas algo como esto: “Pero si tú no estás nunca en Navidades en casa”. La dama hará alguno de sus viajes durante estas fechas, aunque ahora decidiera utilizar ese argumento de presión. Menos mal que su hijo es ‘ivanista’, según propia confesión. También Mirentxu diría aquello que soltó la mañana de ayer, sobre que jamás en la vida se ha emborrachado, cuando en aquella ya lejana fiesta de la muy china Li daba vueltas por el patio de la casa vieja hasta dar con sus huesos en el suelo, y después de eso daba vueltas como una peonza en el baño, con los ojos casi en blanco. Por eso yo a esta abuela no me la creo.

Liz debería contar su método para llorar de forma tan obvia, que a veces pareciera como si las lágrimas brotaran por aspersión. Y además la historia esa de que está separada de su hijita por su participación en Gran Hermano, cuando ya sabemos que lleva meses sin verla porque de un concurso de modelos que le llevó a China se fue a Holanda de marcha una semana, convencida por una amiga, y allí conoció a un chico del País Vasco tras el que llegó a nuestro país. Esto lo contó ayer Gisela en AR, y por todo ello a esta modelo internacional no me la creo. Tampoco me creo a un Julito que empezó entrando a todas las chicas, diciendo que si terminaba la noche sin haber conseguido el teléfono de alguna mujer no le había merecido la pena salir o haciendo un striptease a la primera de cambio. Pero ahora está pegado a las faldas de su abuela postiza, atendiendo a sus ordenes, haciendo caso a la indicación amenazante de: “Cuidadito con lo que haces”, que le hizo Mirentxu la noche del domingo. A este buen chico tan formal tampoco me lo creo.

A los demás les creo a veces sí y otras no tanto. Lo de Palomares es realmente tan singular que hasta puede ser verdad. A Almudena le sobra que insista tanto en que ella es clara y va con la verdad por delante porque ya la hemos visto como decía una cosa a las espaldas de Gisela y otra delante de ella, y lo mismo en otras ocasiones. Iván creo que exagera a veces sus buenas intenciones, lo cual ni le beneficia ni creo que lo necesite. Y a Orlando me lo creo siempre, para su desgracia. También me creo siempre a todos cuando ante una discusión en la que el impulso natural parece el de intentar mediar y templar los ánimos, todos permanecen silentes, como si nada de lo que pasara a su alrededor fuera de su incumbencia. Dirán que no va con ellos porque es la discusión de otros, pero está provocada por algo importante para todos, y además si mediando se puede ayudar a dos compañeros no está justificado tanto silencio. Pero algunos tienen un instinto de supervivencia tan desarrollado que personalmente me deja pasmado.

Como siempre pasa, hay algunos de los contendientes de esta lucha por el botín que adoptan un papel de comparsa y otros que deciden ejercer el poder. Hay muchas formas distintas de ejercer este, y también infinidad de motivaciones para decidirse a luchar por el poder. Menciona siempre Eduard Punset el llamado ‘Experimento de Seligman’, una muestra clara de hasta qué punto puede ser útil ostentar el poder. Este experimento, realizado por el psicólogo Martin Seligman, consistía en lo siguiente:

«(…) someter a cinco ratones, cada uno en su cubículo, a una intensa descarga eléctrica totalmente aleatoria, es decir, impredecible para los ratones. Sin embargo, uno de ellos tenía en su espacio una palanca que, movida con acierto, desconectaba la corriente eléctrica de todos los ratones. En otras palabras, la única diferencia entre los cinco ratones era que uno de ellos tenía una palanca y, a veces, le daba la sensación de que, de alguna manera, controlaba la situación. Pero al final del experimento, todos los ratones habían recibido el mismo número de descargas y de la misma intensidad. (…) A las seis semanas, el sistema inmunitario de cuatro ratones se había desmoronado, su sistema emocional estaba exhausto y la depresión acabó con sus vidas. El ratón que disponía de la palanca y que, ocasionalmente, podía tener sensación de que ejercía un amago de control sobre lo que se le venía encima a él y a sus compañeros de cautiverio murió igual que los demás, pero muchos meses después».

Está claro que algunos en esta casa habrían renunciado a ejercer ese supuesto privilegio de mover la palanca del poder, mientras que otros lo harían con sumo gusto. La actitud de los primeros sería equiparable a la de la indefensión aprendida, o adquirida, que es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, la persona permanece pasiva frente a una situación dolorosa o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias. Quienes optaran por esta vía, no ejercerían el poder sino que se protegerían de los ataques ajenos mediante la asunción de esa realidad.

¿Quiénes serían víctimas y quiénes presuntos verdugos en Guadalix? Si soy sincero creo que claramente algunos como Mirentxu o Liz se asirían a la palanca del poder de forma firme y convencida, sin soltarla nunca. Mientras que Orlando o Iván se ejercitarían en aprender a creerse indefensos. Y otros, como es natural, simplemente asistirían al derrumbe irremisible de su sistema inmunitario. Estos últimos son aquellos que simplemente están, pero no actúan si no es en cosas de importancia relativa, como es el mantenimiento o la intendencia.

Hay otros experimentos que muestran más a las claras la tendencia a ejercer el poder de forma opresora, incluso llegando a convertirse en auténticos tiranos torturadores, como el ‘Experimento de la cárcel de Stanford‘. Para su desarrollo se reclutaron voluntarios que desempeñarían los roles de ‘guardias’ y ‘prisioneros’ en una prisión ficticia rodeada de cámaras (como en Gran Hermano), lo cual demostró el celo auténticamente sádico de la mayoría de aquellos que tenían el rol de guardias. Llegaron incluso a enfadarse seriamente cuando el experimento fue cancelado al comprobar que se les había escapado de las manos. Las consecuencias violentas y desagradables de este experimento hacen que personalmente prefiera otro, a mi juicio más interesante, que además describiría mucho mejor el papel sumiso de quienes ni accionarían la palanca de poder ni se ejercitarían en la indefensión aprendida, o sea los obedientes (Julito y Palomares).

Me refiero al ‘Experimento de Milgram‘, realizado en los años sesenta por el joven psicólogo Stanley Milgram. Consistió en poner un anuncio en prensa solicitando voluntarios para el experimento que en teoría tenía como objeto evaluar la memoria pero realmente pretendía poner a prueba la obediencia o la resistencia a la autoridad de los participantes. Se empareja en habitaciones separadas a los voluntarios, dándoles el rol de ‘profesor’ y ‘aprendiz’. El ‘profesor’ formula una pregunta y debe castigar al ‘aprendiz’ por cada respuesta incorrecta con una descarga eléctrica, que ve incrementada su potencia cada vez. El investigador va dando las instrucciones, convirtiéndose por tanto en autoridad de referencia para los participantes. La tarea del ‘profesor’ se vuelve cada vez más dura, en la medida que aparecen los primeros gritos y, por consiguiente, la conciencia de estar infringiendo dolor. Cuando algún participante dice querer abandonar, el investigador insiste relajadamente diciendo: “El experimento requiere que continúes”; o simplemente: “Venga, continúa”. Estas simples frases son suficientes para que un 65% de los participantes lleven el experimento hasta el final, decidiendo abandonar tan solo unos pocos, a pesar del progresivo aumento de los gritos de los ‘aprendices’.

El secreto de este experimento es que el ‘profesor’ voluntario no sabe que el ‘aprendiz’ a quien teóricamente está maltratando es un actor, cuyos gritos y supuesto sufrimiento es pura comedia. Muchos expertos consideran que el experimento que cuento ofrece una explicación a la obediencia ciega de la mayoría de alemanes durante el nazismo. La escenografía era además un factor muy importante, ya que al situar a los participantes en habitaciones separadas había un factor de distancia tan importante como el de la autoridad. En la medida que el sufrimiento que estén infringiendo con sus actos se manifieste en alguien más alejado todo se torna más fácil. En definitiva sufrimos más por las consecuencias de una catástrofe natural cercana, por ejemplo, que si esta se da en el otro extremo del planeta. Aunque en nuestro experimento real todos comparten espacio, y además son ellos los que tienen la palanca más importante, pudiendo decidir si ejercen el poder y de qué manera, o si prefieren ejercitarse en la indefensión aprendida, o igual lo suyo es pura obediencia debida, que de todo hay.

Y termino recuperando la costumbre de apuntar dos detalles que me han llamado la atención de lo sucedido en las últimas horas. Ayer, Liz decidió cocinar ella un plato tradicional caribeño, ocasión que nos brindó la extraña situación repetida en más de una ocasión de que Mirentxu se prepare su propia comida, por lo general unas pechugas de pollo. Me resulta llamativo porque parece como si la donostiarra no quisiera comer nada que no haya cocinado ella, pero especialmente porque está en contradicción clara con su predicamento del otro día sobre que había que tener un orden en la cocina y Liz no podía comer hamburguesas cuando los demás comerían una vez más croquetas. El otro detalle nos muestra un fino dominio de la ironía tanto en Iván como en Mirentxu. Cuando esta se iba a acostar anoche aquel le deseaba buena noche diciéndole: “Que descanses, Mirentxu”; a lo que ella respondía: “Si me dejáis”. Adorable, ¿que no?

[Dejo nuevo vídeo en 3D, como siempre obra de AFFLECKDAVID, que en este caso aborda el asunto de la repesca, y que también puedes encontrar en MiTele, desde donde te lo puedes llevar a tu web o blog e incluso mandarlo por correo electrónico.]

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El terremoto y sus réplicas

La bronca que comentábamos el viernes entre Liz e Iván tuvo su réplica un día más tarde, como sucede con muchos terremotos. El segundo seísmo fue de mayor intensidad, aunque igualmente absurdo, a pesar de lo cual habremos de comentarlo, entre otras cosas porque algo nos dice sobre la situación que están viviendo en la casa de Guadalix, al menos según lo ve este gato.

Es el argumento más importante de lo sucedido en las últimas horas, dado que poco se puede sacar del visionado de una película (’Batman’, en este caso), que les proporcionaron ayer mismo y tantas veces habían pedido; o de la repetida broma de aspirar helio, que más de un médico se ha preocupado en advertirme de su peligrosidad. Parece que la inhalación de helio de forma repetida hace que este “desplace al oxígeno en el sistema respiratorio, causando asfixia”, según un correo electrónico recibido, lo cual confirmaba Orlando ayer, al decir que si aspiraba cuatro veces luego se sentía como mareado. Otro argumento importante es el de esta última noche, que tuvo nueva fiesta, en este caso hippy, al tiempo que fue una noche de cuchillos largos. Haciendo honor al nombre de la fiesta, la noche supuso toda una liberación para parte de los habitantes, que plantaron cara a la aguafiestas de Mirentxu.

Volveré a lo de esta madrugada, pero antes me gustaría comentar algo sucedido en el debate de anoche. Gisela era la invitada, al ser esta la última expulsada, y no sé por qué extraña razón no tuvo el mismo tratamiento que otros invitados anteriores. No tuvo apenas entrevista al comienzo con el presentador, ni la vimos en el centro de Madrid preguntando a los viandantes por su expulsión, ni tampoco a sus vecinos hablando de ella. Todos los expulsados anteriores han parecido merecer una atención mayor que la canaria, lo cual me parece impresentable. Soy consciente de que el programa de anoche empezó más tarde que nunca y, por el contrario, siempre termina a la misma hora, pero estas diferencias en el trato a unos concursantes y otros me parecen lamentables. A Gema la vimos en su casa, en casa de sus padres, y escuchamos las opiniones de sus vecinos por las calles. Nada de esto vimos con Gisela como protagonista.

Y eso que esta concursante protagonizó ayer el único hecho noticioso habido probablemente en ese programa durante toda la actual temporada. Gisela casi se declara ‘ivanista’ anoche, tras haber visto vídeos y, es de suponer, haber sido convenientemente aleccionada por familiares y amigos. Dijo que Carlos le “había alimentado a ella las ilusiones” y que se quedó a cuadros cuando se enteró de lo que tenía con Loli. A Carlos H. le llamó “prepotente” y dijo haber descubierto en él a una persona que “no tenía nada que ver con el que yo había conocido en la casa”. “Yo esperaba que el martes, ya que no me fueron sinceros en el plató, lo hicieran después del plató, pero Carlos ni se despidió de mí”, continuó diciendo Gisela.

También dijo la última expulsada que había sido injusta con Iván porque en ocasiones se había portado muy bien con ella y no se lo había agradecido. Aparte de que cuando le pidieron opinión sobre situaciones vistas en vídeos en los que participaba el modelo, siempre opinó a favor de este. Lo dicho, que Gisela se ha vuelto ‘ivanista’, lo cual tiene cierta lógica. No en vano pensemos en lo incómoda que sería su situación si hubiera decidido defender lo mismo que Loli o Carlos. El trío de ’supernenas’ formado por Loli, Nany y Gisela parece que se rompe. Ahora mismo, esta última reniega de forma clara, Nany debe estar al borde de la erupción al ver el tonteo de Orlando con Liz, y a Loli se la ve por ahí besándose apasionadamente con Carlos, lo cual me hace temer por el estado de su delicado estómago.

Ahora Loli dice que no tuvo nada con Carlos en la casa por respeto a Gisela, pero esto no fue lo que dijo nunca en la casa, ni a ninguno de sus compañeros ni tampoco en la sala de confesiones, donde nada le hubiera impedido sincerarse. Esto demuestra, a mí juicio, que o Loli no dice la verdad o está tan mal de la cabeza como de su maltratado estómago. Lo que no termino de comprender es eso que dijo el presentador del debate de que habían invitado a Carlos y Loli, pero estos declinaron la invitación. Pero vamos a ver, ¿no tienen un contrato de imagen que les liga al programa y les obligaría a ir donde les manden? ¿acaso han roto ya su contrato? Particularmente no entiendo nada.

Aunque relativo a este programa de los domingos reconozco mi torpeza porque no soy capaz de comprender muchas cosas. Esta semana habían citado en la ‘Plaza del Dos de mayo’ de Madrid a los seguidores del programa para que dieran su opinión, pero anoche no vimos ni una sola imagen de esto. De acuerdo que la convocatoria no fue muy exitosa, pero me consta que gente había. Lo cierto es que no esperarían una respuesta multitudinaria, dado que la mayoría de los seguidores de Gran Hermano o trabajan o estudian, razón por la cual les resulta complicado estar en ningún lado un miércoles a las diez. Además, al ser el día posterior a la gala, aquellos que sí pudieran estar encuentran el freno de que es una temprana cita teniendo en cuenta las horas a las que acaba el programa la noche anterior.

Sea como fuere, con que solamente hubieran ido dos personas deberían haber sacado sus opiniones en el programa, porque lo contrario parece una tomadura de pelo en toda regla. Esta semana la cita es en la ‘Plaza de San Ildefonso’, también en Madrid, y es de esperar que nadie se preste a una farsa de tal calibre.

Lo de anoche fue de traca, y llegó a provocar que Mirentxu se fuera con Julito a dormir al vestidor, desoyendo la orden recibida del ’súper’ sobre que debían dormir todos en el dormitorio. Pero ni Almudena, ni Iván, ni Orlando, estaban dispuestos a ponérselo fácil, para solaz y divertimento de los espectadores que trasnochaban para ver el directo. La noche fue divertida, con bromas y un buen humor que a muchos nos resulta contagioso. Ver a Chiqui gritando como una posesa porque han hecho desaparecer su colchón, al tiempo que Orlando dice: “¡Ya está bien!”, imitando a la ‘yaya’ y esta se termina levantando diciendo lo mismo que su imitador, es una de las secuencias de la noche más tronchante que he vivido nunca en las diez ediciones habidas.

Afortunadamente, hay quien no se pliega al absolutismo castrante de Mirentxu, que anoche volvió a amenazar con marcharse. Lo hizo, además, con el peor de los estilos, ya que su aspiración es contar con la complicidad de la organización del programa para imponer el orden por ella deseado, que ha quedado suficientemente claro no es lo mismo que desean todos los demás. Su frase fue más o menos esta: “Si mañana el súper no pone orden en esta casa yo me marcho porque no aguanto más esto”, como si realmente la hora a la que algunos van a dormir, o su forma de vivir las fiestas, debiera ser regulado fuera de la propia organización pactada entre los propios concursantes. Lo que pretende la donostiarra es inequívocamente un régimen opresor que se inmiscuya en la propia organización individual y grupal de la casa, y eso todos sabemos a qué suena.

Por otra parte, la historia de Liz es un poco la de ‘El zorro y las uvas’, la fábula de Esopo. Sabido es que tengo una cierta debilidad por este fabulista, y a diferencia de Schopenhauer no me he comprometido a dejar de citarle, ya que aquel no parece una fuente tan presuntuosa como este. En este caso he vuelto a reasignar el sexo del animal de la historia por no ser malinterpretado. Esta fábula es especialmente corta, pudiéndose contar en apenas una línea:

«Estaba un zorro con mucha hambre, y al ver colgados de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose: “¡Ni me agradan, están tan verdes…!”»

La moraleja es, en este caso, que “nunca se ha de trasladar a los demás la culpa de lo que no eres capaz de alcanzar”. Liz muestra su contrariedad cuando piensa que algo no está a su alcance, y eso le hace ponerse en contra de quien sea o enfrentada a cualquier situación. De ser yo Orlando estaría temblando ahora mismo, porque si la modelo no consigue sus propósitos con él no dudará en despreciarle como el zorro hace con las uvas. Además, esta concursante tiene una tendencia natural a ser bastante lianta, lo cual hace que sea complicado confiar en ella.

No sé si con Iván habrá pasado lo mismo que con Orlando, pero tengo claro que cuando aquel le paró los pies a su pretensión de ser líder esta se la juró para siempre. Según dice la propia Liz, ella es siempre líder del grupo en que se encuentra, y le puede estar provocando cierta frustración el no conseguirlo en esta casa. Además, la situación de esta semana, en la que salvo Iván el resto ignoran quiénes son los nominados, hace que esté especialmente susceptible, y esto la está llevando a enfrentamientos probablemente no buscados pero resueltos con cierta torpeza algunos de ellos.

Si bien el terremoto primero sí fue bien gestionado por Liz, su correspondiente réplica terminó sacándola de sus casillas, al responder de forma desmesurada, como bien le señaló un Iván conciliador, que se preocupó en todo momento por el disgusto de su compañera y colega. La discusión comenzó con la petición que le hizo Iván de que diera una alternativa cuando hacía críticas a la planificación del informativo de la prueba, y eso desencadenó un monólogo de la dominicana realmente aterrador: “Ni tú ni ninguna puta gente… si te estás volviendo loco y si tanto te jode, ¡ala!… Me tienes cansada… me tienes harta porque ayer yo no hice nada y vienes… y me tratas como si fueras mi padre, ¡ni mi padre me habla así!, y voy a venir yo a un reality show a España ¿eh?, y va a venir Iván a mí a hacerme sentir como una puta mierda… Mirentxu me merece respeto y no tengo que discutir con ella, si algo tengo yo es que nunca me voy a comer la comida de nadie, y eso que él dice me jode porque no es cierto… viene sacando putas conjeturas sin saber qué es lo que tiene la gente dentro y viene hablando mierda, pero Iván encima de mí no se caga en este puto concurso… y no le voy a seguir su puto juego”. Ruego disculpen lo grueso de algunas expresiones.

Creo que en ella se mezcla la preocupación por la posibilidad de estar nominada con su necesidad de destacar y la impotencia que le produce no poder llegar donde desea. Razón por la cual no solo desprecia a sus objetivos sino que decide convertirse en kamikaze y, si es necesario, morir matando. Lo cierto es que Iván no tenía razón con su reproche de la miradita del primer día y saltó de forma innecesaria ante las críticas de Liz este segundo día. Pero este segundo error queda claramente minimizado con una respuesta tan desproporcionada, que dejó a todos en la casa con el alma en vilo.

Por cierto, los porcentajes ciegos que nos comunicaron anoche arrojan estos resultados: 79,4%, 17,5% y 3,1%. Aunque de aquí al martes el más votado bajara unos cuantos puntos, como suele suceder, está claro que su distancia es mayor de la esperada, acercándose peligrosamente a los puestos de cabeza de aquellos que ostentan el récord de concursantes con más porcentaje estando nominados tres concursantes (posiciones encabezadas por Ángela -GH IX-, 92.69%; Carla -GH V-, 85.00%; y Luhay -GH V-, 83%). Carlitos (o el ‘gemito’, como le llaman muchos) puede quedarse cerca de batir una marca de dudoso gusto.

[Hoy a las 12.30, Gisela te responde en un nuevo Encuentro digital, para el que puedes dejar ya tus preguntas. Dejo cartelera, con Carlitos convertido en Ratatouille.]

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De hamburguesas, croquetas y mucho vino

El día de ayer tuvo muchos ingredientes, aparte de una mañana dormilona dado que los habitantes estuvieron trabajando de forma intensiva en una maratón benéfica, firmando tarjetas y embolsándolas junto a las ‘globalitas’ (la muñeca de Global Humanitaria). Estos packs se ponen a la venta hoy mismo, tanto en Internet (yo ya me he comprado una) como en distintas localizaciones correspondientes a las ciudades de procedencia de los concursantes que trasnocharon para hacer todo esto posible.

Más tarde tuvimos una discusión entre Liz y Mirentxu a cuenta de una hamburguesa, la ya tradicional estampa de esta última haciendo croquetas con la ayuda de sus ‘pajes’, un pique absurdo e inexplicable de Iván con Liz, y una noche en la que la modelo internacional (dice ella) parecía haber cenado lengua pero posiblemente fue el vino lo que le había descontrolado la suya propia.

Antes de todo esto que adelanto se produjo una de esas estampas irrepetibles a la par que insoportables. Nunca creí ver tal divismo por parte de una ‘prima donna’ venida a menos como es Palomares. La verdad es que el muchacho apuntaba maneras, pero lo de la mañana de ayer fue indescriptible. Pongámonos en situación, porque en caso contrario no se entenderá nada. Salvo el ‘clan de Mirentxu‘, también conocido como ‘comando fregona’, todos los demás habían terminado ya sus mil paquetes con tarjetas y ‘globalitas’ de cada uno. Ahí quedaban rezagados Julito, Palomares y Mirentxu, los más tardones para completar la tarea propuesta. Al alba habían terminado y se marchaban a la cama todos menos nuestro ‘Farinelli’ particular, que aducía no poder dormir durante el día.

Palomares se quedaba entonces con toda la casa para él solo, y entonces decidió aprovecharlo. Ya lo creo que lo aprovechó, ahora bien otra cosa es que lo hiciera para su lucimiento personal, como probablemente pretendía, o para hacer el más clamoroso de los ridículos. Yo sé que estos shows quedan muy bien en un vídeo de un minuto, dando colorido en las galas o debates, además de contribuir a descargar estos programas de la tensión de otras imágenes y situaciones. Pero me supera ver a este ‘pavo’ desayunando opíparamente primero, luego limpiando y hasta planchando, para terminar con un infame soliloquio dedicado sin pudor alguno a las cámaras. Al final se acostó, claro, que aquí (salvo este gato) todo el mundo duerme.

Tras despegar el ojo sobre las tres de la tarde se pusieron a plantear la segunda fase de la prueba benéfica de esta semana, en la que deberán hacer una serie de programas televisivos para hablar de la labor humanitaria en cuestión. Antes de eso tocaba almorzar, y Liz dijo que ella quería comer una hamburguesa. Ya contaré luego como en la madrugada hablaba de sus preferencias culinarias y hasta relataba alguna anécdota que confieso no llegué a entender. El caso es que a Mirentxu no le parece bien que tome carne ella sola y le dice que tendrá que esperar a que la coman todos. Liz contesta que cada uno tiene derecho a comer lo que quiera, lo cual le niega la dueña de la cocina, que inmediatamente le va con el cuento a Palomares.

La dominicana se enfada porque Mirentxu vaya a criticarla con su nietísimo, y esta sale detrás de ella al jardín para aclararla que ella no la critica, que “Javi me ha hecho una seña para saber qué pasaba y se lo he contado”. La abuela membrillo ataca de nuevo, acusando al pobre de Palomares de ser el culpable de que le haya ido a contar la disputa que acababan de tener. Además, dispara con bala: “Yo te digo a la cara lo que sea, criticar por la espalda lo puedes hacer tú pero yo nunca”. Los entrecomillados de la donostiarra son siempre aproximados porque ella no pone ni un solo tiempo verbal en condiciones.

Al cabo de un rato, Palomares vuelve a hablar del tema con su ‘yaya’ y le dice que Liz la aprecia, aunque últimamente está algo crecida. Mirentxu opina que eso era antes, pero ahora ha cambiado mogollón (a ella le gusta utilizar palabras que piensa son super modernas), y su interlocutor le hace una curiosa pregunta: “¿Tú estás alterada?”, recibiendo una negativa por respuesta. Palomares aconseja a Mirentxu que hable con Liz, aunque todavía más tarde es él mismo quien lo hace.

En la siguiente conversación, Liz le dice que el tema de fondo no es la carne: “Desde el día de la gala no me habla, ¿tú crees que voy a discutir con ella por comer carne o no?”. Él piensa que está nerviosa e igualmente le recomienda que hable con ella (como la película de Almodóvar). Por una vez veo a Palomares correcto en el papel conciliador que desempeña en esta disputa. Eso sí, sus frases quedan siempre entrecortadas, como si dijera sin decir pero todo lo contrario.

Por la tarde la vida transcurre en Guadalix sin mucha novedad. Es decir, Mirentxu haciendo croquetas, lo cual me hace pensar que con todas las croquetas hechas durante los últimos tres meses en esa casa se podría haber alimentado a media África subsahariana. Por su parte, Almudena anda todo el día acompañada por la muñeca ‘globalita’, no sé si para suplir el puesto que dejó el martes Gisela, lo cual querría decir que ha cambiado a su princesita por un trozo de trapo, con la ventaja de que esta no habla, no ríe estrepitosamente y no se alisa el pelo. En medio de toda esta paz que proporcionan las muñecas, se produce la segunda pequeña bronca del día, esta vez también con Liz y su colega de profesión Iván.

En esta ocasión a Liz le pilla todo por sorpresa, porque se trata de una salida de pata de banco de Iván realmente incomprensible. Estaban empezando a plantear cómo hacer las entrevistas del programa de televisión que preparan sobre las labores de la ONG y en un momento dado le espeta él a ella: “Oye, a mí no me mires así”. “¡Pero si no te estaba ni mirando!”, contesta airada ella. “Oye, que yo aquí también puedo opinar, y ya sé como son esas miraditas”. A Liz le molesta esa extraña reacción de Iván pero su respuesta es pacífica e inteligente. Con su silencio consigue no agravar la situación y dejar que pase rápido. Más tarde comenta con Carlitos que viendo esto ya sabe que no podrá ser amiga de Iván, lo cual no quiere decir que le vaya a nominar porque le tiene aprecio.

Almudena deja fugazmente a su muñeca para ir a darle un poco de lechuga al gusano que cuidan desde hace unos días, momento en el que descubre que el animal ha estirado sus anillos, o sea, que está muerto. Orlando propone echarlo a la ensalada para que así esta tenga más sustancia. Supongo que luego se dan cuenta de que la carne que reclamaba Liz no era precisamente esa y se olvidan de la broma del feriante, que es una feria en sí mismo. Además, Chiqui tiene que volver a coger a su pequeña muñeca, que se lleva consigo al cuarto de maletas. Por cierto, que una de las muñecas grandes (como un metro veinte de estatura) ha sido colocada a horcajadas en la cabeza de una de las vacas, entre los dos cuernos, lo cual proporciona una estampa algo surrealista.

Si alguien no suficientemente enganchado a este programa ha logrado llegar hasta aquí, en este relato relativamente ordenado que podríamos llamar “Un día en Guadalix”, seguramente no habrá sido capaz de entender “de la misa la mitad”, que decía mi madre. Lo cierto es que me he decidido a hacer este relato de semejante forma porque el día de ayer tuvo algo de hipnótico para mí. La clave creo que fue el momento en que hasta el ‘viudín’ me pareció caer bien, aunque yo creo que fue porque ni yo mismo estaba entendiendo casi nada. Esto fue por la noche, en las primeras horas de la madrugada, y con una Liz que se me vislumbra había llenado más de lo acostumbrado su copa de vino, lo cual le hizo empezar a hablar sin parar.

Empezó con Orlando y Carlitos en el rincón de pensar, que en este caso fue el de alucinar, para terminar con Iván y Almudena en el jacuzzi, hasta que me empezó a girar la cabeza de forma preocupante. Lo de después fue una conversación medio inteligible sobre las cárceles de su país y los bares holandeses, pero puedo asegurar que peor fue la primera parte. En esta hablaba de cómo se iba a cenar sola muchas veces en su país, contando el menú y los nada discretos precios (cenas a cien euros, si no entendí mal, que todo es posible), pero lo más inexplicable es que contaba que muchos días la cena le salía gratis porque algún otro cliente del restaurante la invitaba. En fin, no quisiera descontextualizar sus palabras porque si ya parecían raras en su contexto no te digo lo que resultan fuera.

Con todas estas cosas que pasan en la casa de Gran Hermano, no me podrá acusar el lector de dejarme cosas en el tintero, porque es que no puedo con la vida. Me dejo con frecuencia, por ejemplo, hablar de Méndez de Vigo y sus ‘tuneos’ maravillosos, así como su no menos interesante blog, donde esta “estilista de guardia” comparte con nosotros todo el proceso de elaboración de los modelos que nos trae cada semana Mercedes Milá, aparte de responder todas las consultas de sus lectores, lo cual para mí que es un trabajo exclusivo en el mundo, y una lección de la que podrían tomar nota tantos y tantos. Ella también es un lujo para este programa, otra de esas suertes que tenemos.

También me estoy dejando esta semana el asunto de la repesca, que engañaría vilmente si no dijera la pereza que me da. Quizá por eso lo he ido dejando, con lo cual leyendo estas líneas pudiera parecer que nada de esto pasa, y no debería ser así. También me está influyendo la incógnita sobre cómo van a plantear esa vuelta, la forma en que entrarán en acción. En principio, da la impresión de que pudiera ser algo semejante a lo que pasó el año pasado. Es decir, que la selección que ahora se está haciendo (también en una encuesta de esta misma web, sin ir más lejos) servirá para seleccionar algunos aspirantes, pongamos que tres, que entrarían en la casa vieja y ahí se abrirá proceso de llamadas y mensajes cortos para elegir a uno de ellos para incorporarse al conjunto del grupo.

Por tanto, el primer round de este combate es la selección inicial, esa en la que estamos. En la misma veo a Ana Toro y a Eva con muchas posibilidades de ser dos de las elegidas, y naturalmente Germán habría sido el otro en caso de haber podido optar a ello. Las otras dos que no estuvieron nunca en la casa nueva son una Raquel que se debió dejar el atractivo en la cola de algún avión y la china Li que ya ha demostrado estar un poco chalada pero además sin mucha gracia. De entre los expulsados que fueron concursantes de pleno derecho (Gema, Loli, Nany y Gisela, porque Carlos H. no se atreve) solo veo con posibilidades a Gema, más que nada por el delirante morbo de verla entrar justo cuando salga su maridito, y volver a ver por tanto el llanto desconsolado de este, solo que esta vez sin las gafas de Prada que le arrebata en tales ocasiones a Palomares.

Mi apuesta es por Eva, en todo caso. No obstante, en mi carta a los Reyes Magos, que escribí hará ya casi veinte días, le deseaba esto a la gallega: “Otra oportunidad en un reality como este, porque esta vez nos quedamos con las ganas”. Viéndola en algunas galas, en las que ha tenido el uso de la palabra, esas ganas se acrecientan. Además, Ana no deja de ser un gracioso esperpento con un cierto desequilibrio, con lo cual el tema no admite discusión, según lo ve este gato. En este caso el regalo de Reyes sería en realidad para muchos de nosotros.

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Fotografías y vídeos procedentes de capturas de los programas de «Gran Hermano», emitidos por el canal de televisión Telecinco, y producidos por Zeppelin TV