Iván, bonhomía cegadora

Termino hoy con Iván nuestros daguerrotipos dedicados a los concursantes que han llegado hasta estos últimos días, y aguardan el momento de la decisión final de la audiencia votante. Antes de eso recordar que esta noche uno de ellos abandonará la casa de Guadalix y se habrá quedado a las puertas de la gran final, lo cual según algunos concursantes han expresado puede ser el peor de los escenarios que se les puede presentar, aunque no hay duda de que su protagonismo en la gala de esta noche no habrá de ser compartido con otros dos compañeros, como sucede con aquellos que quedan en segundo y tercer lugar.

La gala de esta noche puede tener momentos tensos, tanto si es Liz la expulsada como si lo es Orlando. Este último tendrá que enfrentarse a una Nany que después de mostrarse molesta por el tonteo de este en la casa con Liz me cuentan que está teniendo una historia con uno de los amigos de Iván, aquel que le defiende en plató. Liz, por su parte, tiene la oportunidad de tomar su venganza a Julito esta misma noche o tendrá que esperar a dentro de unos días, cuando quiera que sea la final.

Además, tendremos en esa fila cero tan alborotada la pasada semana a Carlos H. sentado al lado de Loli, la mujer que le ha acusado de mentiroso, esa misma que afirma ser muy distinta de como se mostró en la casa, usar bikinis e ir a fiestas con sus amigas. Jo, tía, que tope guay, ¿no?

El resto de argumentos de esta noche los desconocemos, aunque espero que nos logren animar más de lo que están los cuatro finalistas y ese añadido un tanto perdido que anda como un pulpo en un garaje esperando que le lleven de Madrid a Roma a entrar en la que será su casa italiana. Anoche mismo, montaron una fiesta en la que cada uno se disfrazó como pudo y vi a Leo ponerse con desgana un pantalón blanco de Iván y unas alitas, para luego estar apartada del resto durante toda la fiesta. Entre los demás hubo las ya tradicionales discusiones entre Iván y Almudena, que parecen dos hermanos disputando los mismos juguetes siempre, con un Orlando que les pica y provoca quien sabe si para intentar sacar algo en claro. Como dice el refrán: “A río revuelto ganancia de pescadores”, y el feriante no para de tender la caña una y otra vez, lo cual no queda en balde, ya que anoche Iván le llamaba “caradura”, recordándole como la noche anterior había estado proponiéndole que le hiciera ciertas bromas a Chiqui para después censurarle que se las gastase.

La noche del martes, Orlando estaba más perdido que nunca, mirando en la distancia parecía como si estuviera esperando el momento en que algo sucediera que le pudiera hacer caer en sus manos sin gran esfuerzo el maletín del premio. Con el micrófono quitado le dijo a Iván que no tratase a Almudena como un bufón, lo cual oímos a duras penas y afortunadamente el modelo no se lo tomó muy a mal, porque una discusión fuerte a estas alturas le podría perjudicar seriamente. Anoche le pinchaba a Iván para que repartiese con Almudena las copas que quedaban, cuando él ya se había servido cuatro mientras que ellos dos apenas tenían otras seis entre ambos, con lo cual o cada uno bebía tres o era la cartagenera la que se quedaba con la peor parte del reparto con solamente dos. Luego de encender la discusión entre los dos finalistas, estaba intentando poner paz asociándose a una Almudena a la que iba poco a poco camelando para compartir la copa de esta. Menudo listo este Orlando.

Pero cuando se disponían a brindar con el cava, a modo de despedida adelantada de uno de los nominados, vimos un momento significativo. Liz se llevó a un aparte a Almudena e Iván para dedicarles bonitas palabras a ambos. A Iván le dijo que aunque es muy testarudo ella sabe que es muy buena persona y que se alegraba mucho de que tras haber deseado conocerle (haciendo referencia a ese contacto visual que tuvieron en un casting en Madrid) lo hubiera conseguido, de lo cual estaba muy orgullosa y se alegraba mucho. Palabras parecidas tuvo con Chiqui, de quien también dijo alegrarse de haberla conocido. Tras su brindis volvían al lado de Orlando, a quien entre bromas y veras le dijo que a él no le decía nada.

Creo que la dominicana está molesta desde que Orlando, haciendo caso de las insinuaciones de Ana, dejó de darle juego en el tonteo que ambos se llevaban. Este concursante ha demostrado ser bastante pusilánime, siendo el último gran enigma de la casa, que como fue el caso de Loli (a la que sorprendentemente Liz dedicó buenas palabras en dos ocasiones anoche) condiciona su comportamiento a la supuesta opinión de la audiencia. Tanto Liz como Iván se han dado cuenta de esto, posiblemente más tarde que muchos aquí afuera, y anoche lo vi más claro que nunca. Hay concursantes que no pueden evitar mostrarse en algún momento, dejando ver lo peor de sí mismos.

Recuerdo el año pasado como Rodrigo se destapó la última semana amenazando con quitar el adhesivo con el teléfono para votar por Judit (GH IX) y poniendo en su lugar el suyo, con lo cual tiró por la borda toda posibilidad de ganar el concurso. Es en los momentos finales cuando algunos más fácilmente dejan entrever su yo auténtico, digamos que no pudiéndose aguantar más. Es como cuando está uno haciéndose pis y aguanta justo hasta el momento de meter la llave en la cerradura de la puerta de casa, momento que a pesar de estar tan cerca de poder llegar al baño no puedes aguantar más y te lo haces encima. El concursante mencionado de la pasada edición se lo hizo encima en el último momento, y algo parecido le puede estar pasando a Orlando.

Y voy con nuestro urogallo, el pirata que más cerca ha tenido el triunfo final de esta historia. Iván ha sido el eje de esta edición de Gran Hermano y solo por esto merecería salir el último, cumpliendo su deseo expresado en más ocasiones que nadie y evidenciado por sus actos, de vivirlo hasta el último minuto con gran intensidad. Casi todo giró en torno a él, tanto lo bueno como lo malo. Sus aciertos posiblemente brillaron más que los de nadie y también fuimos testigos más directos de sus errores. Los focos le iluminaban a él, precisamente quien tanto ha repetido ese discurso de la “luz propia” que alguno pensará es el de un iluminado. Su frase clave es: “Quien no tiene luz propia tiene mala sombra”, lo cual no deja de ser todo un descubrimiento, pero posiblemente poca cosa para convertirlo en un leitmotiv, como lo fue para este concursante.

El caso es que el foco no dejó de arrojar luz sobre quien estuvieron siempre puestas todas las atenciones, hasta el punto de darse una circunstancia bastante singular, posiblemente similar a la vivida anteriormente con Pepe Herrero (GH VII) pero con ninguno más. Me refiero a que la opinión de los espectadores se divida entre los que son ‘ivanistas’ y los ‘anti-ivanistas’, sin que ningún otro concursante haya suscitado suficiente interés como para tener apoyo organizado alguno. Aparte de que el concepto de ‘anti-ivanista’ pareciera significar más un enfrentamiento con sus seguidores que con el propio concursante, no deja de resultar llamativo que haya quien defina su postura ante el concurso no mostrando su simpatía o preferencia hacia uno de los contendientes sino precisamente lo contrario, centrando en uno de ellos su rechazo y antipatía.

Esto que cuento es posible solamente porque Iván ha sido el gran protagonista de esta edición. Es curioso porque ni él mismo ha podido con ello, ni su insistencia machacona cuando analizaba el comportamiento de sus compañeros con alguno de ellos, generalmente en el jacuzzi; ni sus bucles interminables con frases repetidas como mensajes fijos; ni su tendencia a no dejar hablar a los demás, ofendiéndose cuando no puede mantener la palabra durante un buen rato, y convirtiendo la conversación en un monólogo muchas veces. A pesar de todo esto, ni él mismo pudo con la atracción que sobre muchos estaba ejerciendo su propia personalidad, posiblemente ni aquello mismo que le podemos cuestionar.

El urogallo que hacía escuchar su canto en las madrugadas, ave nocturna según Mirentxu, trajo a esta casa un pequeño milagro, el del concursante virgen, desconocedor de los intríngulis del programa, que se muestra tal cual es, sin simulaciones ni ocultamientos, a pesar de lo cual llega a la final con posibilidades ciertas de ganar. Es algo más que una rara avis, es lo que muchos espectadores estábamos esperando tras observar a tanto concursante condicionado en sus actuaciones por la imagen que proyectase hacia fuera, o los que van con un papel aprendido en la confianza de que les favorecerá en su lucha por el botín. Este es un pirata atípico, que en la medida que más se ha acercado al botín con mayor desinterés lo ignoró, mucho más interesado por pasarlo bien y disfrutar la cascada de sensaciones que le ha dado esta experiencia.

Lo que más me consiguió atrapar en Iván fueron sus charlas de la madrugada, la sensación de ensoñación lúdica y muy sensorial que tuve muchas veces cuando contaba experiencias vividas, el entusiasmo que logró transmitirme o la facilidad con la que provocaba la participación en quienes compartían la conversación con él. Tengo dicho que somos muchos los amantes de Gran Hermano que cada vez pedimos algo distinto, posiblemente en contraste con lo que nos han dado en ediciones anteriores. Tras una edición de amoríos agradecemos una de estrategias compartidas en el juego, y tras este por qué no una con concursantes suicidas y así suma y sigue. Iván nos ha dado algo que muchos sentimos necesario, una edición con conversación, algo que tantas veces he echado de menos. El amor por la conversación, la despreocupación sincera y blanca de este concursante y su bonhomía son las características que más destaco en él como concursante.

La bonhomía de Iván, definida en el diccionario de la Real Academia como “afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento” nos ha deslumbrado a muchos hasta cegarnos. Tan extraño nos pareció, tanto despreciamos la posibilidad de encontrar a estas alturas un concursante así, que en algunas ocasiones perdimos el norte defendiéndole a capa y espada, hasta cuando pudo perder la razón. Porque precisamente esa bonhomía en el carácter y comportamiento le hace tremendamente imperfecto, algo que nos ayudó a sentirnos cercanos a él. Otros decidieron aprovechar estas características para abusar de un concursante tan transparente, en quien pronto apreciaron una fragilidad que le convertía en víctima propiciatoria de quienes mostraban menos escrúpulos que él en lo referente al juego. Por eso insistieron algunos en señalar que se había enfrentado y había discutido con todos, o casi todos, sus compañeros, aunque quizá la realidad sea justo la contraria: muchos discutieron con él y le provocaron intentando sacar lo peor de su interior.

¿Por qué este concursante se convirtió en la bestia negra de muchos compañeros? ¿Acaso lo merecía? Iván empezó discretamente en la casa vieja, organizando las reuniones nocturnas que tanto le gustan, en aquel momento en un grupo obligado por la prueba que les mantenía atados por los pies. Junto a él, Raquel, Loli y Gisela compartían momentos nocturnos adorables. Su enfrentamiento con Carlos H., previo a la entrada de ambos en la casa, no había trascendido más allá de algún eventual comentario. Tras el paso a la casa nueva de Orlando, apenas dos días después de la gala de presentación, se produjo el trasvase de casa del otro cántabro, que aprovechó para poner en antecedentes sobre Iván a Gema, Carlitos y el propio Orlando.

Iván sería precisamente el próximo en cambiar de casa, y fue recibido en un ambiente poco grato. El matrimonio compartía charlas de madrugada tras las que salían acomplejados de haberse medido a una persona que tenía cosas que contar. Probablemente en la primera noche Iván contó más cosas de interés de las que le escuchamos nunca al defensor de la absurda teoría de “un hombre un voto” para un concurso televisivo.

La semilla del odio había empezado a germinar, a lo que se unía un cierto sentimiento de complejo en los que eran entonces sus escasos compañeros, algo que quizá diferenciaba a Orlando del resto, ya que este fue quien mejor acogió al nuevo habitante. Pero llegó la prueba perdida por un descuido de Iván y a un tiempo aquella discusión sobre el capricho personal en la compra, calificado por Carlos H. como “una posible fuente de conflictos”, aunque semanas más tarde se mostraba como su principal defensor. En ambos episodios Orlando debió decepcionar a un Iván cuya inocencia evitó que lo apreciase. Primero porque la prueba la habían perdido también por culpa del feriante, y después porque tras proponer este la idea del capricho personal se mantenía silencioso ante la mala acogida que tuvo, recayendo injustamente en Iván toda la responsabilidad de esa iniciativa.

Ahí empezó una espiral que se vio incrementada cuando los nuevos habitantes fueron viendo como Iván era nominado y regresaba siempre indemne, sin darse cuenta de que eso significaba que tenía el apoyo de la mayoría de la audiencia votante. No saber leer ese importante detalle les llevó a salir de la casa uno a uno y en grupos bien definidos. Primero Gema, luego Carlos H., el sembrador; más tarde Loli, Nany y Gisela, el trío de supernenas; para tras la salida de Carlitos producirse la caída en bloque del trío de la fregona, compuesto por Mirentxu, Palomares y Julito. Los enemigos de Iván caían uno a uno, sin que este se pavoneara en exceso por ello. Y es que ha sido blanco (diría que tonto) hasta para eso, despidiendo a todos con tristeza y buenas formas no correspondidas.

Esta es la historia de Iván en este Gran Hermano, que tenía interés en resumir consciente de la dificultad de hacerlo de forma tan sucinta. El resto es aún más complicado de contar, consiste más en sentirlo y haberlo disfrutado durante estos cuatro meses. Cuando escucho que no limpia y es poco trabajador pienso en Loli y su desgastada cama. Si me hablan de humildad, egoísmo y prepotencia se me aparece la imagen de Mirentxu.

Afortunadamente fueron muchos los que no se dejaron engañar con argumentos tan débiles, y sin embargo compartieron la sensación de estar ante un amante del “vive y deja vivir”, afable, sencillo, bondadoso y honrado. Además de divertido, charlatán y bastante inocente. Claro está que también es imperfecto, testarudo y exasperante muchas veces, pero también eso nos ayudó a darnos cuenta de que este sí que es uno de los nuestros de verdad.

Esta noche tenemos una penúltima fiesta (¡ays!), con Mercedes Milá como perfecta maestra de ceremonia. Espero que los resentidos de la fila cero no le/nos amarguen la fiesta una vez más.

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