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11.2008
Archivo mensual
Tanto va el ‘cántabro’ a la fuente…
¿Por qué lloraba Nany la misma noche del martes? Era poco después de haber sabido que estaba nominada, también de que saliera Loli, la que fue su mentora, el gran apoyo que tuvo en la casa, con quien decidió pasar la mayor parte del tiempo durante el día (en la madrugada está Orlando, con quien compartir juegos de cama). ¿Tenía más pena por lo primero o por lo segundo? ¿Se estaba arrepintiendo quizá de haber elegido mal sus amistades en la casa? A pesar de que ella puso la excusa de estar preocupada por la conversación que estaba teniendo Gisela con tres compañeros (Almudena, Iván y Liz), yo creo que lloraba porque se estaba viendo fuera de la casa, siguiendo los pasos de Loli.
Iván y Liz también habían estado nominados en semanas anteriores, junto a la ‘reina de las camas’ granadina y Carlos ’soylarepera también fuera’, habiendo superado ambos tragos. Cualquiera en ese caso pensaría que su cuenta atrás para volver de Guadalix terminaría en tan solo unos días. Por eso pienso que lloraba, y porque ya sabemos que llorar ablanda corazones, y ahora Nany parece pedir árnica. Por eso no estaría de más que esta semana las cosas cambiaran, que su actitud se serenase y quizá sería conveniente que intentara acercarse a quienes han sido objeto de sus más acerados comentarios, aquellos a quien ha reprobado, vituperado, despellejado, enjuiciado y criticado en murmuraciones y comentarios continuos. Eso sí que era machacar a alguien, por mucho que ahora le cueste verlo. Pero no lo hará.
En lugar de acercarse a Liz y preocuparse de por qué pasó lo que pasó, decide perseverar en su error, quizá aceptando que es tarde para restañar esa hemorragia. El daño ya ha sido hecho, eso es cierto, pero aún estaría a tiempo de rectificar, aunque fuese a modo de compensación a alguien que se sintió justamente desplazada, como si fuera una leprosa de la cual huir. Algo parecido podría hacer con Iván, y si fuera más y mejor observadora se daría cuenta de que el cántabro sabría asumir de buen grado cualquier acercamiento, olvidando rencillas pasadas. Pero no, ella prefiere seguir en sus trece, y quedarse con el consuelo de Orlando, que parecía incómodo con la situación, como si desease darle un beso y marcharse a otro lugar; o el de Carlitos, que al menos se esforzó por decirle cuatro palabras, bastante más de las que pronunció el chico con el que se acuesta.
Decía aquí ayer chansongh que Nany no ha hecho otra cosa desde su entrada en la casa que lamer las migajas, y no le falta razón. Esto venía a cuento por la tarta que preparó Iván el miércoles, con la ayuda de Orlando y Chiqui. Por la noche, Nany lamía el plato como si acabara de comer el mayor de los manjares, pero ni siquiera se le ocurría reconocerlo ante los reposteros, cosa que sí hicieron Mirentxu y Gisela. Es una muestra de hasta qué punto es desagradecida, además de mal educada. Esto último tanto por su poca consideración ante quienes habían hecho la tarta como por el hecho en sí de lamer un plato sentada ante la mesa delante del resto. Pero el símil de lamer las migajas tiene muchas lecturas, Nany se ha lamido la envidia a Iván por ser capaz de ejercer mayor atracción sobre Orlando, quien le prefirió en muchos momentos antes que estar con ella, a pesar de haber entrado en la casa con la idea fija de arrimarse a quien era uno de los claros favoritos, convencida de que se lo ganaría. Ella ha lamido también su ira y su odio hacia una Liz a quien decidió hacer el feo declarado de levantarse en bloque junto a sus dos grandes y ocasionales amigas, evidenciando que la querían dejar sola, apartándose como de la peste, ya digo. Y ahora se lame las heridas de saberse posible expulsada dentro de unos días.
Claro que la audiencia soberana es la que tiene la palabra, y las lágrimas de Nany pueden enmascarar algunas realidades, enturbiar nuestras miradas y quien sabe si doblegar el impulso primero de algunos votantes. Al final, y sin poderlo prever, podemos terminar presenciando impávidos y sorprendidos una reedición del cuento de la lechera, y quizá tengamos que acordarnos de la frase popular que dice: “Tanto va el cántaro a la fuente… que al final se rompe”, solo que cambiando ‘cántaro’ por ‘cántabro’. Quiero decir que a Iván le pueden pasar dos cosas, consecuencia de acudir al matadero semana tras semana. O que termine con la cerviz doblada y servido en bandeja a una Milá siempre hambrienta de respuestas, o que al final compre el matadero y se quede a vivir dentro. Siempre he mantenido que la repetida visita a la sala de expulsión puede dotar a un concursante de la protección necesaria para convertirse en firme candidato al triunfo final. Pero claro está, el riesgo está ahí, y no vale confiarse.
En definitiva es la historia de siempre, un grupo numeroso en la casa atrapando a uno de ellos, con el convencimiento de que tras visitar el matadero una y otra vez conseguirán quitárselo de encima. Pero en ese singular matadero de Gran Hermano solo cae una pieza cada vez, quedando liberados el resto para que puedan volver a echarse al monte. Los que participan de esa singular cacería no tienen en cuenta el factor del retroceso de la escopeta. Puntería han tenido para disparar de forma certera, eso no se les puede negar. Por eso ya van cuatro semanas que logran sentar en el banquillo a Iván y dos a Liz, a quienes veo cada vez más a gusto en la mutua compañía.
Luego de haber disparado, los ‘cazadores’ sentirán la fuerza con la que la escopeta se mueve en sentido opuesto tras el disparo, y puede que noten pronto la picazón en su hombro. Es una especie de fuerza de acción-reacción, que coincide con la ley formulada por Newton en que es en dirección opuesta a la acción, pero cuya fuerza en lugar de ser de idéntica magnitud puede que sea aún más violenta y letal que el propio impacto del proyectil. O sea, que siguiendo con el símil del matadero, las presas ‘indultadas’ por la audiencia puede que se vayan recubriendo de una segunda piel que hace cada vez menos letal el disparo, para al final terminar convirtiéndose en los dueños del matadero, como decía antes.
Volviendo a la noche del llanto de Nany, me interesa resaltar al rebufo de mi escrito de ayer, que tuvimos varios ejemplos a un tiempo de la realidad reformateada de la que hablaba en el mismo. Los concursantes, según mi tesis, deciden reformatear la realidad para mostrarla a su antojo. Y lo hacen en una doble vertiente, por un lado para el consumo interno, dentro de esa casa, y por otro para su exportación, con la audiencia como destinatarios de excepción. Así tuvimos a Nany lanzando el mensaje fuera de la casa de estar doblemente compungida, por haber sido nominada y peligrar su relación con Orlando, además de por una amable conversación en la que cuatro personas compartían sus impresiones de forma flexible y nada dogmática, como le gusta a este gato parlanchín. Todos estaban anteponiendo un educado “me parece a mí”, “creo yo”, o expresión similar, además de estar hablando de igual a igual, con lo cual aún no he logrado entender la preocupación que acreditaban tener tanto Nany como Carlitos.
La conversación de marras fue objeto también del debido reformateo. En este caso solo válido para el consumo doméstico, y sin tener en cuenta que aquí fuera estamos siendo testigos de su maniobra. Para ser sincero, me pareció ridículo el modo que Gisela se lo relata a su amiga (dudé si poner comillas, porque con la canaria nada está demasiado claro). Todos habíamos podido ver cómo su tono había sido suave y condescendiente en la charla, si bien aparentaba no estar especialmente a gusto. Pero nada que se pueda parecer al tono enérgico y corajudo mostrado ante Nany el día después. No habrá mejor prueba de este reformateo de la realidad que ponerle cuando salga el vídeo de cómo fue la conversación auténtica. Ella flipará tanto como nosotros, no me cabe duda.
La prueba de esta semana, una especie de karaoke que de nuevo promociona una consola de videojuegos (la temporada navideña ya llegó), espero que sirva para algo más que destrozar nuestros oídos y minar nuestra paciencia. Digo que lo espero, aunque no sé, no sé. De momento ya ha servido para ver que Palomares no canta una mierda, con perdón. Siento ser ordinario, pero es que ya le vale tenernos engañados durante dos meses, insistiendo tanto en el teatrillo esperpéntico que se ha montado con Julito y el dúo que bautizara Mirentxu como ‘Los Julja’, e incluso que haya llegado a decir eso de “creo que después de salir de aquí podré grabar un disco, es mi sueño”. Pues sería más sencillo que se fuera a cumplir si soñase con una noche loca al lado de Scarlett Johansson, o quien sea de su agrado. Porque lo que se dice afinar no afina mucho, realmente. También nos ha servido para saber que Orlando no canta mal y junto a Julito son los que más facilidad tienen para afinar. De momento son ellos dos los que han conseguido las primeras consolas de regalo. Ah, y también sabemos ya que Nany pone cara de interesante cuando canta, como si fuera una gran estrella del pop, lo cual resulta medianamente patético.
Termino con un hecho sucedido ayer, que corrobora algo contado por este gato y que ha sido puesto en duda, además de un instante delicioso de un diario pasado, que me dejé en el tintero días atrás. Ayer Mirentxu le ponía tres paletadas de comida a sus protegidos (Palomares y Julito) y dos tanto a las chicas como a Orlando e Iván. Además, y para más inri, reparte tres sardinas para cada uno, mientras a Palomares le dice: “Tú cógete cuatro o cinco…” Es un detalle cuya importancia minimiza el propio Iván, pero a mí me llama la atención lo suficiente como para contarlo aquí, sin que me resulte agradable ver como se me llama mentiroso por ello. Y lo que quiero rescatar del pasado es ese momento en que Iván le pregunta a Liz: “¿Tan cabrón soy?”, y esta le responde: “No, lo que eres es un cabezota”. Lo dicho, entre estos dos veo cada vez más sintonía, especialmente en uno de los dos sentidos, o sea, de Liz hacia Iván. Entre modelos anda el juego esta vez.
[Quiero agradecer las muchas muestras de cariño que cada día recibo por decenas de lectores. Ayer fue un día especialmente agradecido en ese aspecto durante algunas horas. La deuda de gratitud para tantos y tantos que ayudáis a que esta aventura sea aún mejor es impagable. Simplemente gracias. Y un saludo a Loli, que aparte de siete teléfonos con los que mandar mensajes cortos también tiene ordenador. O sea.]
Realidad reformateada
Hablaba hace unos días de la información distribuida, o cómo la mayoría de habitantes desean elegir a cuáles de sus compañeros les llega determinada información y a quiénes no. También hablé muy al principio (al día siguiente del estreno) de la realidad formateada, o cómo se podría encuadrar este programa dentro de ese concepto de hiperrealidad modificada al antojo de alguien, quien pretende reproducir un entorno no real que se adapte a lo que necesita el productor (ellos, habitantes de la casa de Gran Hermano) y el consumidor (nosotros).
Hoy mezclo ambos conceptos (simplificando, la realidad y la información) para parir un nuevo concepto: la realidad reformateada. Digamos que me quiero referir a cómo algunos concursantes parecen sentir la necesidad de exportar (distribuir al exterior) una información formateada a su antojo, que no se corresponde con la realidad de lo que estamos viendo desde aquí fuera, con la excusa de que ellos lo están viviendo o lo han vivido desde dentro. Pongamos un caso: muchos vemos en Iván una persona normal, algo ‘brasas’ cuando protagoniza sus monólogos de medianoche, pero que no ha dañado nunca a ningún compañero sino más bien se ha interesado por aquellos que estaban pasando un mal momento, afable con casi todos los demás y que trata a Mirentxu, por ejemplo, con cariño y respeto (a pesar de que le nomina cada vez con la máxima puntuación). Esto que acabo de hacer es una simplificación necesaria en este nivel de análisis, claro está. Pues bien, varios concursantes se han ocupado de referirse a su compañero como alguien con quien no se puede convivir, prepotente y egoísta, sin ser capaces de argumentar mínimamente el motivo de su inquina.
Se vuelve a formatear la realidad y se intenta colocar esa nueva versión ante el auditorio elegido (la audiencia sagrada). Se trata de la revisión de una realidad de por sí deformada, al estar desarrollándose en un entorno que imita la realidad. Y así nace la realidad reformateada, en la que no es tan importante presentar unos hechos auténticos como simplemente creíbles. Voy a poner otro ejemplo, en este caso menos genérico pero muy representativo de lo que quiero decir. Carlos H. es quizá el concursante del que más habré de hablar tras su salida de la casa porque, como escribí ayer, creo que fue quien sembró y cultivó con esmero esa negatividad que tanto ha determinado el desarrollo de la historia en la casa de Guadalix. Pues bien, este concursante se ha encargado de repetir por activa y por pasiva, en todos los foros donde ha sido llamado (a Milá el día de su salida, en el debate, en programas satélites o hasta en el encuentro digital de esta casa, donde al igual que Gema dijo que el gato era cuando menos corresponsable de su expulsión) que Iván le habrá ganado en el concurso pero que mientras él puede presumir de haber tenido una buena relación con todos menos uno en la casa, aquel no puede decir nada, al encontrarse prácticamente solo o, si acaso, apoyado por Orlando exclusivamente.
La revisión de la realidad supone un tuneo de la misma que puede resultar convincente para muchos, estoy convencido que para la mayoría de espectadores, o al menos aquellos que asisten al espectáculo de forma más fragmentada, sin apenas mucha más información de la que nos facilitan las propias galas, que aún siendo bastante no es suficiente para hacerse un juicio propio. Lo que sucede es que cuando analizamos la realidad reformateada por Carlos Hoya, nos damos cuenta de que algo falla. Veamos, si fuera cierto que el de Santoña tuvo el favor de todos sus compañeros no parece lógico que resultara expulsado, lo cual es producto de haber sido sentado en el banquillo de los nominados. Son sus propios compañeros los que le ‘exponen’, utilizando la expresión acuñada por Loli. Por tanto, de las doce personas que entonces habitaban la casa (once si le excluimos a él), hay uno con quien no se llevaba y del resto hubo una mayoría que le eligió a él mismo, puestos a decidir tres personas para sentarse al borde del barco pirata, esperando que un ente superior (la audiencia votante) empuje a uno de ellos, lanzándole a los tiburones (la muerte virtual).
El motivo por el que presume Carlos H. se desmorona en cuanto pensamos en algo tan sencillo y evidente como que por algo estaría nominado, lo cual terminó con el poco feliz final de su salida de la casa. Una salida tan pronta, además, que es la segunda de un concursante de pleno derecho (habitante de la casa 10). Antes había salido Gema, que utilizó un argumento semejante, lo cual es curioso porque ambos concursantes no habían tenido opción de pactar lo que dirían, o no hasta este detalle al menos. También pretendía Gema que se nos escapase ese pequeño e insignificante detalle: fueron sus propios compañeros los que la nominaron, esos con los que ella decía llevarse tan bien, para escarnio de otro nominado, un Iván que la mayoría rechaza no solamente al nominarle sino incluso en otros episodios de esa vida.
Cuando Iván protesta levemente de que Mirentxu le sirve menos comida que a algunos de los demás, está relatando un hecho grave al que aparenta querer restar importancia. Su conformista conclusión es que intentará servirse él mismo, lo cual hace solo cuando puede, a juicio de este gato observador para no provocar una fricción en la casa basada en algo no tan trascendente. Lo que sucede es que la importancia de ese hecho es relativa y puede estar resultando determinante para algo en lo que podemos haber reparado algunos. Mientras que algunos concursantes en apariencia mantienen su peso (caso de Palomares o Julito); y otros (otras principalmente) lo han aumentado de forma evidente (iba a decir palpable, que también, y a poner el nombre de Gisela, lo cual resulta innecesario por obvio); hay algunos que, por el contrario, están cada día más delgados (es el caso de Orlando e Iván). Para el observador se trata de una realidad desnuda, que difícilmente nos podrá reformatear nadie.
Si depositamos nuestra mirada en el momento clave, aquel que puede confirmarnos el motivo de nuestra sospecha sobre por qué unos engordan mientras otros adelgazan, podemos observar como Mirentxu sirve dos paletadas bien colmadas de arroz a sus protegidos, algo menos a las mujeres de la casa, y apenas una (escasa y medio roñosa) tanto a Iván como a Orlando. La abuela se muestra selectiva también en esto, lo cual nos puede resultar útil para saber que no solamente detesta comprar en las tiendas de las subclases sino que proporciona más o menos comida selectivamente, en orden a sus preferencias o caprichos. Ni siquiera su acción está movida por un deseo de justicia, que sin alguna duda determinaría que Iván (por peso y estatura) debería recibir la ración mayor, y Chiqui (por razones evidentes) o ella misma (por lo avanzado de su edad) la más pequeña.
Nany, una de las nominadas de esta semana, también pretende mostrarnos una información reformateada, en su más puro estado además. No se trata, en este caso, de adornar o enmascarar la propia realidad, sino simplemente de formatearla dejándola en blanco, como si de un disco duro se tratara. Su opción es similar a la de aquellos dictadores soviéticos que decidieron borrar episodios de su historia, o incluso personas, que desaparecían de las fotos milagrosamente (y sin Photoshop, que aún faltaba mucho para que fuera inventado). Cuando en el ‘confe’ preguntan a esta concursante sobre Liz su respuesta pasa por varias fases: primero es dubitativa, luego repara en lo que se debe estar diciendo sobre ella, para finalmente negar que sea cierto su aislamiento e incluso llegar a acusarla de victimista. Es lo del latinajo famoso: “Excusatio non petita acusatio manifesta”, o lo que viene a ser que no te excuses si no es preciso o te estarás acusando tú mismo.
Negar una evidencia es la mayor de las torpezas, porque en este caso deberían de tener presente obligatoriamente hasta qué punto somos testigos de todo lo que pasa, y hemos visto cómo durante todo el fin de semana dejaban a su compañera de lado, incluso ese momento en que el trío de ‘brujitas’ (como dice Chiqui) se llegaban a levantar en bloque, como accionadas por un resorte, cuando llegaba Liz con la intención de unirse a la tertulia en el jardín. Resulta tan evidente que hasta ofende su negación. A esa actitud poco amable con ella le acompañaba, además, una labor de despelleje sin igual. Pocas veces he visto a un grupo de habitantes de esa casa criticar de forma tan dura e insistente a un compañero, y con tan poca base además.
No podría hacer un relato pormenorizado de los ejemplos de reformateo de la realidad en esa casa, pero casos hay a espuertas. Mencionaré uno más en relación con las dos últimas concursantes (o los tres) de quienes he hablado. Liz le dice un día a Carlos H. algo como esto: “Pienso que Loli sí estaría realmente interesada por ti, y fuera de aquí puede que quiera tener algo contigo”. Repárese en el condicional que utilizo y de qué manera empiezo la frase, ese “pienso” denota claramente que se trata de una impresión personal. La frase no es textual, a pesar de las comillas, ya que suelo citar de memoria, pero se corresponde fielmente al espíritu de esa realidad. A lo dicho por Liz se le da un sentido asertivo que no tiene, ya que simplemente está dando su opinión, igual que el martes lo hace en la gala Milá. Nany medio crucifica a la modelo por decir su opinión, como si fuera eso un pecado. No sé de qué me suena esa historia, opinar está muy sancionado últimamente, incluso en un blog de opinión, como el que tiene el lector delante.
Termino con tres apuntes, dos relativos a cosas que suceden en la casa y sobre las que expresaré mis dudas y otro relativo a algo sucedido fuera. El trío más singular de esta edición, formado por Mirentxu, Julito y Palomares, decidieron dormir en el cuarto de maletas, algo que resultaba obligatorio para tres habitantes, ya que eran trece y solamente diez camas en el dormitorio. Según fueron saliendo los expulsados de esa casa muchos entendimos que no se dividiera el grupo y continuasen los tres durmiendo separados del resto. Ahora ya son diez (como los negritos de Agatha Christie), y siguen manteniendo el mismo estatus a la hora de dormir. Realmente creo que se equivocan al querer perpetuar esa distancia del resto. Alguien les debería decir que eso sí que afecta negativamente a la convivencia, que deberían desmontar ese gueto y fundirse con los demás en el dormitorio.
No termino de entender muy bien que no respetar una orden dada, contraviniendo las reglas que les imponen, tenga la misma consecuencia que respetarla de forma obediente. Es decir, ninguna. El martes les advirtieron que no podían decir nada sobre el misterio que encerraba cada puerta en las nominaciones, y luego nos revelaron que algunos sí lo habían comentado (parece ser que Nany, Gisela y no sé si alguien más). No hubo consecuencia alguna derivada de esta acción, con lo cual se explicará que en lo sucesivo sigan sin atender a las peticiones que les hagan.
Y termino con una brevísima reflexión sobre la entrevista que hizo Milá este martes, y sobre la que ayer se vertieron ríos de tinta, algunos elogiosos y otros incisivamente críticos. Sobre estos últimos decir que están en su derecho de expresar lo que opinan, a pesar de que sería deseable emplear un tono más moderado y respetuoso con alguien a quien tanto y tanto respetamos la mayoría. Pero en todo caso, les invito a que imaginen un Gran Hermano sin alguien a su frente, dando la cara e incluso siendo la cara del programa, que viva esto de forma tan arrolladoramente intensa como lo vive ella. Nada de esto sería igual en ese caso y, personalmente, agradezco que entienda esto de tal forma. En esta ocasión estoy de acuerdo en todo con ella, pero también se lo he agradecido cuando no lo he estado, como en aquella entrevista con Javier (”Javi, por favor”) de la octava edición. ¿No queríamos que GH nos hiciera sentir? Pues no veo una mejor manera.
[Dejo cartelera, con las tres jóvenes que quedan en la casa en ‘Los años desnudos’.]
Contradictoria Loli
Anoche me dio la impresión de que Loli no fue capaz de procesar toda la información que le fueron entregando, tanto a través de los vídeos que reflejaban su paso por la casa como por las palabras de una Mercedes Milá que firmó una de sus mejores entrevistas en Gran Hermano. Estuvo extraordinariamente bien Milá, respondiendo a todas las expectativas que teníamos depositadas en la entrevista a la concursante expulsada y recogiendo buena parte de las peticiones que le habíamos hecho. A pesar de ello, Loli estuvo hermética la mayor parte del tiempo, como dubitativa entre creer que realmente estaba viviendo eso o le estaban gastando una broma pesada. Puedo asegurar que tuve la sensación a veces de que la granadina no salía de su asombro, y quizá por esto no fue capaz de responder a algunas cosas, negando la mayor de forma absurda.
Es cierto que Loli no ha dado un palo al agua, lo cual no hace sino confirmar el famoso refrán castellano de “unos llevan la fama y otros cardan la lana”. También lo es que pasó más tiempo en la cama que haciendo cualquier otra actividad, dando esa triste sensación que a la mayoría nos causó verla incluso haciendo trenzas a los flecos de la manta. Y, sobre todo, Milá lo clavó cuando le comentó su influencia sobre Nany y Gisela, esa especie de cohorte que enigmáticamente parecían hipnotizadas (o idiotizadas) ante la presencia de su ama, una Loli poderosa e influyente, a la que hacían caso ciegamente. Incluso llegó casi a uniformar a sus súbditas, proporcionándoles una imagen común e intercambiable. Anoche parecían más gemelas que nunca. Mismo peinado, mismo tinte en el pelo, mismo rouge en los labios.
Aparte de echar balones fuera, negando tantas cosas, lo más característico de la entrevista fue la contradicción permanente en la que entró la expulsada. Intentó mantener la calma, con la serenidad que le hemos visto casi siempre en la casa, igual que en su despedida a Iván en la sala de expulsiones, al que llegó a besar dos veces deseándole suerte. Pero tranquilamente nos estaba intentando hacer un lío la criatura. La Loli más contradictoria posible argumentaba una cosa y la contraria, algo similar a lo que ha venido haciendo en sus más de dos meses en Guadalix. A preguntas de Milá dijo que en la casa había sido como es ella en realidad, al cien por cien, cuando la hemos oído por activa y por pasiva afirmar que ella allí no se comportaba como en la vida real, avisando a algunos de sus compañeros (como Carlos H.) de que no la terminarían de conocer porque ella es diferente a como se estaba mostrando allí y así sería siempre. Además ya le pusieron el vídeo en el que afirma que “aquí nada es verdad”, lo cual hace sus afirmaciones doblemente contradictorias.
También me resultó muy contradictoria su posición sobre si habría abandonado o no en caso de no existir la penalización que muy bien explicó Milá con detenimiento. A preguntas de la presentadora afirmó tajantemente que si no hubiera existido tal penalización (doce mil euros) se habría marchado voluntariamente del programa. Pero a renglón seguido dice que jamás se hubiera ido salvo en caso de sufrir una crisis imposible de superar. Dijo en la casa que no tenía problemas en pagar tal cantidad de dinero pero en plató afirma no tenerlo, aunque añade que se puede conseguir con facilidad. Por favor, que me diga pronto dónde dan ese dinero con tanta alegría. Es justo lo que decía Chiqui en una de las deliciosas escenas de jacuzzi que tanto la descuadraron, un “me quiero ir pero no me gustaría”, que nadie ha llegado a entender. Si bien anoche tuve la confirmación a mi gran sospecha, y llegado el momento dijo aquello de “nunca sabré si he sido expulsada con un 61,9 por ciento de los votos porque no me quieren o porque yo pedí salir”. Solo por pronunciar esas palabras he de pensar que montó el paripé de “nominadme, por favor” para poder irse de rositas la noche que fuera expulsada.
Contradictoria Loli cuando explica el “culebrón venezolano”, según lo definió Carlos. Nos había vendido la moto de que no era su tipo, que le gustaban algunas cosas de él pero no otras, rechazando toda posibilidad por un mar de cosas. Sin embargo anoche toda su explicación pasó porque ella había pensado siempre que era Gisela quien le gustaba y eso había impedido que pudieran tener nada ellos dos. La vi especialmente poco sincera en este pasaje de la entrevista, como queriendo manejar cierta ambigüedad calculada con algún fin espurio que hasta anoche se me había escapado.
Además de verla contradictoria creo que no dijo la verdad en muchas ocasiones, como cuando intenta hacernos creer que ella había promovido el que empezaran a hacer el vacío a Liz a partir del momento que Nany le revela algo que le había contado Carlos. Se trata de aquello que le dijo tras la puerta verde durante las nominaciones que pudieron ver juntos, y es que Liz le había expresado a él cierta convicción de que a Loli le gustaba y podía tener posibilidades con ella. Carlos le pide a Nany que no le diga nada de esto a Loli, pero falta a su palabra y se lo cuenta el pasado sábado, si no me falla la memoria. El caso es que ellas habían empezado a hacer el vacío a la dominicana como una semana antes, por lo menos. No tenía relación, por tanto, la otra historia, utilizada a modo de coartada. La razón auténtica fue su tímido acercamiento a Iván, fundamentalmente.
Loli se debatió anoche entre la perplejidad y la negación de la realidad. Con una cara casi permanente de no estar muy conforme con el olor de su propio perfume, esa especie de mueca como de asco que tanto le hemos visto en la casa durante todo este tiempo. Hay, no obstante, algo con lo que no estoy de acuerdo entre las cosas que le dijo Milá. Yo no creo que el odio y la semilla del mal rollo germinara por culpa de Loli, sino que tengo claro que había sido cultivada con mimo por un Carlos H. que envenenó lo suficiente al resto de sus compañeros contra su paisano, y aún siguen arrastrando ese virus. Se han ido traspasando de unos a otros unos argumentos que no son capaces de explicar o desarrollar mínimamente, no saliendo del “es egoísta”, “es mal compañero”, “no se puede convivir con él”, y similares. Ni una justificación, ni una explicación convincente que nos impida pensar que los motivos de la inquina son reales en lugar de heredados.
En cuanto a las nominaciones, nos sorprendieron con una versión vacilona de la sala de las tres puertas, ya que todas ellas guardaban la misma sorpresa. Esta consistía en que pudieran anular las nominaciones de uno de sus compañeros, cosa que decidían tras las propias. Este gato intuitivo lo entendió desde el primer momento, si bien alguno de ellos posiblemente no llegó a enterarse bien y Pepa tuvo que empezar a explicarlo con mayor detalle e infinita paciencia. Curiosamente Nany y Almudena decidieron anular las nominaciones de Almudena y Palomares, respectivamente, siendo que estos dos les dieron a ellas sus tres puntos. Pero posiblemente fuera casual porque no sé si ellas (las dos primeras en nominar) lo interpretaron bien. Igualmente parecía un tanto insólito que Palomares, Julito y Mirentxu se eligiesen entre sí (Palomares a Julito y los otros dos al propio Javi), pero fue la donostiarra quien nos sacó de dudas al explicar que hacía esa elección sabiendo lo poco que le gustaba tener que nominar y cargar con esa responsabilidad tan importante. Liz anuló las de Nany, y esta pienso que sí lo entendió bien. A partir de ahí, Gisela anula las de Orlando, este las de Julito, mientras que Carlitos e Iván se las anulan recíprocamente.
Al final solo contaron las nominaciones de Liz, Gisela y Mirentxu, a pesar de lo cual Nany formó parte de la terna de nominados. En caso de no haber introducido ese factor innovador en el juego, los nominados habrían sido igualmente Iván, Liz y Nany, a los que se habría añadido Almudena. Atendiendo a las votaciones reales, Iván habría tenido 14 puntos, de 6 compañeros; Nany 12, de 5; Almudena 7, de 4; misma puntuación que Liz, solo que esta procedente de solo 3 compañeros. Tras estos concursantes irían Mirentxu y Gisela con 6 puntos, y Palomares con 3, recibiendo estos sus nominaciones de tres compañeros. Un solo compañero votó por Julito, Carlitos (recibiendo ambos 2 puntos) y Orlando (con tan solo 1 punto). Esta semana no se salvó nadie de recibir alguna nominación.
Me resultó destacable que Orlando votase al trío formado por Mirentxu, Julito y Palomares. Almudena también incluyó a dos de ellos en sus nominaciones, no a Julito obviamente, y a Nany. Mirentxu, por su parte, excluyó esta vez a Orlando de su terna, sustituyéndole por Almudena y manteniendo a Iván y Nany (el piercing más nominado en la historia de GH). Los ‘Julja’ coincidieron nominando a Iván y Gisela, aunque el canario completó con Nany y su amigo con Almudena. Iván incluyó está vez a Palomares entre sus elegidos, supuestamente tras esa jugosa charla del domingo. Liz le dio un punto a Mirentxu, ignoro si sabiendo que se quiere marchar o por alguna otra razón que se nos escapa. Por último, tanto Nany, como Carlitos o Gisela nominaron a Iván y sus amigos (Liz y Almudena los dos primeros y Orlando esta última, con el modelo en primer lugar también para aquellos y la dominicana en la nominación de la canaria).
De entre los nominados, en principio Nany debería ser depositaria de la herencia de Loli, con lo cual tiene más papeletas que los otros dos, dado lo sucedido anoche. Además, las imágenes del trío de “brujitas”, como decían Chiqui y Liz, le han dañado lo suficiente como para despertar suficiente rechazo en estos momentos entre la audiencia votante. Esta concursante que entró como ‘intrusa’ un mes después de comenzado el programa, ha ido a degüello a por Orlando, teniendo sobrado conocimiento de que era uno de los favoritos en el momento de entrar en la casa, si bien también lo era Loli y posteriormente fue descubierta y repudiada, como la granadina gustaba de decir. Nany fue abducida después por ese vasallaje de Loli, convirtiéndose en su fiel servidora, si bien anoche no la vi excesivamente afectada por la salida de esta, manteniendo en todo momento la sonrisa, lo cual no significa nada porque ya hemos podido comprobar que es impostada, de quita y pon, más falsa que un euro de madera.
Pero en lo referente a las votaciones de la audiencia no hay nunca nada seguro. Los vaivenes de la convivencia, la influencia de infinidad de factores externos, así como la acumulación de votos en las primeras y últimas horas del periodo fijado, hacen que no se pueda saber nada de cierto hasta el momento en que Milá abre el sobre y dice el nombre del expulsado. Lo veremos la próxima semana, en que nos tienen reservado otro clásico, esa gala con sorpresas de los amigos y familiares en Guadalix. Hasta entonces seguiremos observando a través de la ‘ventanita’ una casa en la que apenas ha cambiado nada a pesar de la salida de Carlos H. y Loli en semanas consecutivas. Solo tras la salida de Nany veremos movimientos importantes, la convicción por parte de todos de que la audiencia apoya mayoritariamente a Iván y una interesante reubicación de algún habitante como Gisela, que moverá ficha de forma presumiblemente estratégica. Pero eso es otra historia, y “realmente mañana será otro día”, como dijera Scarlett O’Hara en ‘Lo que el viento se llevó’. Fin.
[Os dejo vídeo con el momento de la salida de Loli, que podéis encontrar también en MiTele, desde donde se puede llevar a cualquier blog o web, así como enviarlo a un teléfono móvil.]
Carta a los Reyes
Como bien decían ayer Mirentxu y Chiqui, los lunes se respira buen rollo en la casa porque al día siguiente (o sea, hoy) habrán de nominar, con lo cual parece que se andan con especial cuidado. Ayer, ni siquiera la pinza que forman en torno a Gisela sus dos amigas, Loli y Nany, se atrevieron a instigar a la canaria para que monte un pollo en la casa, como hicieran días atrás. Es como el amo que intenta achuchar a su mascota en contra de otro perro, hasta que se da cuenta de que pretende enfrentar un pequinés contra un mastín.
Entiéndase el símil, que estoy seguro me agradecería la propia Gisela al no haberla equiparado a un boxer, teniendo en cuenta lo mucho que le ofende el tema de los supuestos kilos de más, algo para nada importante y que podrá resolver sin mucho esfuerzo en cuanto salga de la casa. Aunque mirando a Gema, la verdad es que a ella le ha pasado justo lo contrario, dentro era un palillo (de anchas espaldas, eso sí) y en apenas cinco días después de su expulsión (en el debate de ese domingo) ya la vi bastante más recia, valga la expresión.
Dado el compás de espera que se vive en la casa ante la importante expulsión de esta noche y la nueva ronda de nominaciones, me dispongo a hacer mi particular (y clásica) carta a los Reyes (hoy que estamos a un mes justo del día de Navidad). Naturalmente me refiero a los Reyes Magos, sus majestades holgazanas, que solo trabajan una vez al año (y es mentira). Haría también carta a los otros Reyes, teniendo la convicción de que el Rey debe ser seguidor de Gran Hermano. Pero lo voy a obviar por dos razones, primero porque quiero seguir escribiendo al menos hasta el día de Reyes (precisamente) y porque igual a la Reina no le iba a gustar mucho mi misiva. Ya sabemos que ella tiene cierto desapego. Y no sigo por ahí.
Naturalmente, en mi carta a los Reyes pediré para los que son y han sido concursantes de esta edición, así como aquellos que se quedaron en aspirantes, si bien habitaron en la casa vieja. Por cierto, que me cuentan por ahí que el papel de concursante falso que representó Ismael Beiro en la gala de presentación iba destinado a Pepe Herrero, que estuvo durante una semana preparando su caracterización (creo que llegó a dejarse crecer la barba), pero al final algo hizo que se malograse el intento. Y así salió como salió.
En todo caso, antes de mi carta me gustaría destacar algo de ayer. Nany e Iván discuten antes de la compra, que hicieron ayer Miren y Carlitos (no sin esfuerzo por parte de este, que se tuvo que pelear con el ordenador, al que igual odia a partir de ahora y lo critica por irónico) al haberles dado por superada la prueba semanal. El modelo pedía tres paquetes de tabaco, dos de la parte común y otro de su presupuesto para capricho personal. Más tarde propone subir a seis euros el presupuesto de capricho y sigue la discusión. Finalmente, todos votan a favor de esta opción y, curiosamente, la madrileña decide comprar también tres paquetes como único capricho. De “es que no va a ser así porque tú lo digas” pasó a ser porque a ella le dio la gana. Lo de siempre, en definitiva.
Y al lío:
Almudena: Para ella pido un book hecho por un fotógrafo profesional. El catálogo completo de Victoria’s Secret. Y una réplica del brazo de Julito, para que siga acariciando. Aunque más le deseo un novio al que dé todo el amor del mundo y sea debidamente correspondida.
Ana: Un costurero de la señorita Pepis, para que haga vestiditos a las ‘Barbies’ y deje de utilizar como conejillo de indias su propio cuerpo. El papel estelar en un remake de la película ‘Ana la loca… de vez en cuando’ del sin par Ozores. Y un Germán de juguete, porque el de verdad ha pasado de ella como de concursar en Gran Hermano.
Carlitos: Un saco de boxeo contra el que pueda descargar su rabia y odio contenido hacia Iván. Un secador de pelo para que siga cuidándose la cresta. Un poco de ironía, para ver que no es tan mala. Y un antibiótico contra el virus de la envidia, tan extendido.
Carlos: Una fiesta privada repleta de playmates para él solo. Otro saco como el de su tocayo para que alivie sus ganas de pegar a alguien, esas que le entran cada diez años. El DVD de la película ‘Operación Ogro’, sobre el asesinato de Carrero Blanco, ese prohombre de Santoña. Y un asesor de imagen, por lo que más quiera.
Eva: Otra oportunidad en un reality como este, porque esta vez nos quedamos con las ganas.
Gema: Un litro y medio de leche diario durante un año. Pero de buena leche, que de la mala anda bien servida. Una casa de muñecas en la que mandar sin que nadie rechiste. Y una relación estable y duradera con Carlitos, tal como les desea este gato bienintencionado.
Germán: Un programa de televisión (otro). Sí o no, ¿eh? ¿sí o no?
Gisela: Un juego de extensiones (prometo que lo he visto, pero para que las niñas se pongan extensiones, no el ‘max extender’ ese, o como se llame, que anuncian de madrugada y es para agrandar otra cosa). Una baraja de póquer para poder demostrar que sabe jugar mejor de lo que aquí ha demostrado. Y un buen contrato como modelo de fotografía.
Iván: Un contrato como monologuista, una madrugada para él solo (y nosotros, si eso), un plumas nuevo porque el suyo lo está desgastando bien, un Orlando para su jacuzzi y una Almudena que le enseñe siempre la ‘cara B’. Ah, y una linterna, por si un día su luz falla.
Julito: Una vida adulta de verdad. Unos calzoncillos nuevos para sus momentos de stripper doméstico. Y suerte en las oposiciones, aunque por si acaso que le traigan un kit policial de fiesta, con porra de regaliz y esposas de plástico.
Li: Como las bolas chinas ya se las regaló Jorge Javier, sólo se me ocurre una colección de los últimos éxitos en la industria de los videojuegos, a los que son adictos ella y su novio.
Liz: Una amiga que no le tenga envidia.
Loli: Una cama de agua, una cama nido, una cama eléctrica (he dicho cama, no silla), una cama plegable, una cama turca, una cama elástica, un sofá cama, una litera, una cuna. Y, ¿por qué no? una cama redonda, hombre ya.
Mirentxu: El libro de las 1001 recetas, para que le recuerde su paso por el programa. Y 1001 leggings. Y 1001 motivos para seguir sonriendo de forma tan contagiosa.
Nany: Un juego de mesa en el que no cuente con ventaja. O un juego de cartas sin marcar.
Orlando: Un saco de la risa, por si algún día se le entristece el rictus. Una feria sin vanidades, en la que aprenda a diferenciar entre los buenos y los malos. Y una relación (he dicho relación, no felación) seria, como la que él desea.
Palomares: Una escoba mágica con la que barriera tanta tramoya como parece esconder su auténtica personalidad. Un abrillantador para sus ideas. Un desincrustante con el que lograse eliminar las barreras que le impiden portarse bien con quien lo merece. Y el resto del kit para que limpie su conciencia.
Raquel: Un futbolín para que se entretenga con tanto jugador. Dos equipos siempre serán mejor que uno.
Esta noche tenemos fiesta, o sea hay gala. Mercedes Milá recibirá a Loli (o quizá a Iván, quién sabe si a Nany) en el plató, y estoy seguro que hará una gran entrevista. Puedo asegurar que la expectación es mucha y no podrá ser defraudada. Ayer, Orlando demostró ser astuto y le pidió a Loli que le cortase el pelo (también hizo lo propio con otros habitantes), no vaya a ser que a partir de ahora se quede sin peluquera.
Por cierto, analizo siempre el lenguaje gestual que se puede leer en la imagen que pongo los días de expulsión, aunque nunca digo nada al respecto. Se trata de la instantánea del momento en que les comunican su nominación, y en la de hoy es curioso reseñar cómo observamos a una Loli con cara de pavor, una Nany que aprieta los labios y un Iván sonriente. Es solo una fugaz impresión fruto de una no menos fugaz mirada, pero me parece más que significativo. Loli está cagueta, y yo deseo dedicarle solo una palabra más: Fuchi.
[Dejo un nuevo vídeo de la casa de Guadalix en 3D planteando cómo puede ir la expulsión de esta noche, gracias a AFFLECKDAVID y que podéis encontrar también en MiTele, desde donde se puede llevar a cualquier blog o web, así como enviarlo a un teléfono móvil. Música del vídeo: ‘War’ (Guerra), de Edmin Staar.]
Caza y captura a Liz
Se ha decretado la caza y captura de la modelo dominicana que se atrevió a simpatizar levemente con Iván. Ha bastado que pasara algunos ratos fugaces con su colega modelo en el rincón de pensar, o que compartiera con él y Almudena algunos jacuzzis, para que el trío formado por Loli, Nany y Gisela la pusieran en su punto de mira.
La excusa puesta por la canaria es que la ha llamado gorda. Aparte de no ser exacto, parece injusto que le dé tanta importancia a lo dicho por Liz y, sin embargo, pase por algo cosas similares que le ha dicho Mirentxu. La ‘yaya’ le ha llegado a decir a Gisela que había debido coger unos cinco kilos desde que entró en la casa, y lo hizo en medio de una protesta porque las chicas pidan ensalada para comer pero luego se pasen el día comiendo galletas con crema de cacao o bocadillos de mortadela.
Según Miren: “comen y comen y comen, y no paran de comer”, lo cual es una descripción bastante ajustada a la realidad. La ansiedad provocada por el encierro lleva a algunas personas a comer mucho más de lo que lo hacen en su vida real, algo que según mi observación en estos años afecta especialmente a las mujeres. Gisela ha explicado que en su vida normal come mucho menos, dándose muchos días cuenta de que no ha comido a las cinco de la tarde. Está claro que su obsesión (o la de sus dos nuevas e inseparables amigas, Loli y Nany) por la crema de cacao y las galletas queda determinada por ciertos aspectos de sus condiciones de vida.
En los dos casos mencionados, no obstante, me parece extraña esa afición por las galletas y la crema de cacao. En el primero porque ha seguido consumiendo ese tipo de comida los días que estaba recibiendo una dieta blanda por prescripción facultativa, comiéndolo incluso de forma compulsiva; y en el segundo caso porque al padecer una hipercolesterolemia de carácter hereditario (según ha contado ella misma en la casa y que debe ser por lo que está permanentemente medicada) se me antoja poco o nada recomendable.
Otras personas, como Mirentxu, probablemente están comiendo también cosas que nunca comerían en su casa, aunque en este caso por motivos diferentes. Por razón de su edad es probable que no tenga Nutella en la nevera, pero es que además a ella solo le van los productos de primera. Ha contado, por ejemplo, que come chocolate habitualmente, pero siempre “chocolate del bueno”, no de ese que venden en los grandes almacenes de la clase media-baja. Lo mismo dijo de la ropa de cierto fabricante español de éxito internacional, o incluso de los garbanzos con los que perpetró un plato incomible. La alimentación es básica en la convivencia de la casa de Guadalix, especialmente teniendo en cuenta que ni pueden disfrutar de todo aquello que desearían, ni tienen posibilidad de elegir calidades, ya que lo ajustado del presupuesto les obliga a decantarse por la de precio más bajo.
No creo que sean los ‘michelines’ de más de Gisela, o más bien los comentarios que estos hayan suscitado en Liz, lo que ha hecho que las ‘tres marías’ se pongan en su contra. No hay duda de que esta ha sido la protagonista de la fiesta de anoche, con Iván como defensor de causas perdidas. O no tan perdidas. Pero la cacería empezó contra Liz el pasado viernes, o al menos se intensificó de forma dramática. En realidad estoy hablando de un trío aunque quizá debiera decir que dos de ellas hacen una especie de pinza en la que atrapan a todos los demás, especialmente al resto de chicas. Las dos articulaciones de dicha pinza están movidas por Loli y Nany, uña y carne desde hace un par de semanas. Prueba de esto que cuento la tuvimos el sábado por la noche, cuando tras la sesión de despelleje en vivo a Liz en la que participaron las ‘tres marías’, bastó con que se quedase dormida Gisela para que las otras dos salieran al salón para cambiar el objeto de sus hirientes comentarios. Loli y Nany comenzaron entonces a hacerle un traje a la propia Gisela, y nada bonito, por cierto.
Ya el viernes por la noche intentó Nany extender a Orlando la inquina que muestran hacia Liz. Afortunadamente, el feriante no defraudó en esta ocasión, demostrando que su tibieza es calculada y gestionada a su antojo, lo cual es un punto a su favor para este gato rebuscado. El tono de Nany era bastante despectivo hacia el chico con el que se acuesta, diciéndole que no se daba cuenta de lo que se cocía en la casa porque siempre iba a su aire. Si esto mismo se lo dice Iván y le llama ambiguo es que casi le está insultando, sin embargo, siendo Nany es un comentario cariñoso.
Para mí que le estaba intentando pinchar, o incluso manipular su propia opinión. Orlando primero tira balones fuera: “A lo mejor no es que yo pase, sino que vosotras os fijáis demasiado”. Nany le explica la actitud de Liz, sus supuestos pecados gravísimos e irremisibles. Al final el feriante hila fino, cantándole a Nany las verdades del barquero: “Igual eso (las críticas) no es lo mejor para ti. Estáis ahí run-run todo el día”. Ella dice que le da igual, pero Orlando le sigue contestando con gran tino: “No, no te da igual. No te da igual porque entonces no hablarías de ello todo el tiempo y no estarías sacándole punta… A mí me cae bien. No me ha dado ninguna mala contestación y no he visto nada raro. Si lo veo te lo diré”. Mas claro, agua.
Después de la despedida de soltero que prepararon a Palomares, Iván le contaba a Almudena que había sorprendido a Liz llorando sola en el cuarto de maletas. Los dos coinciden en que le están haciendo el vacío e Iván piensa que es por envidia, lo mismo que le contó esta misma madrugada a un Orlando poco empático en este caso. Gisela tiene al modelo desconcertado, y ya se ha dado cuenta de que Nany hace lo que dice Loli. Realmente Iván y Chiqui están leyendo muy bien lo que pasa a su alrededor, aunque no terminan de darse cuenta de hasta qué punto pasan algunas de las cosas que ellos apuntan. Digamos que la realidad es aún más cruda que lo percibido por ellos.
La capacidad demostrada por Loli para condicionar las acciones de sus dos amigas es mucho mayor de lo que parecería justificable, y tampoco sé si es algo que ella controla o se trata de un poder oculto. Anoche mismo, tras una de cena de hamburguesería y la entrega de unas condecoraciones, corona y banda incluida, de mises y místers, empezaron bailando en el pequeño tablado de la prueba musical, mientras que la granadina se quedaba sentada al borde de la vitrocerámica. Minutos después tenía a Nany y Gisela a su alrededor, con lo cual había conseguido cortarles el rollo pero bien, una vez más. Parece como si adoraran a una compañera sin que alcance a entender la razón.
Loli no ha sido una buena compañera para Gisela, la ha traicionado repetidamente, se ha burlado de ella delante de Carlos (como cuando dijo aquello de que “habrá más chicos ahí fuera que sepan tocar el piano”), ha mentido, criticado y depreciado a casi todos. Eso aparte de llevar dos meses sin dar un palo al agua, comiendo de forma desmedida, tumbada en la cama casi todo el tiempo y quejándose de padecimientos varios, desde sus problemas intestinales hasta dolores de espalda que requerían de masajes. Loli ha sido un cero a la izquierda. O peor: una lacra. A pesar de lo cual aún hay dos compañeras que la tienen entre algodones. No lo comprendo.
A Iván le queman las injusticias, por eso fue anoche a contarles lo que está viendo sobre Liz, que no aplaudieran cuando le ponían la banda de ‘Miss Bikini’ (en el acto presentado por Iván), que hayan decidido hacerle el vacío, pasando de ella con el fin de hacerle daño. Pero si la otra tarde hasta la dejaban sola en el jardín para inmediatamente después decir que seguro estaba quejándose porque la habían abandonado y criticarla por victimista. Anoche Iván le contaba la situación a Palomares, que no quiere saber nada y le contestó dando una muestra de egoísmo monumental: “A mí poca gente me ha defendido en mi vida, y por eso yo tampoco voy a hacerlo a nadie”, dijo este concursante hipócrita y teatrero, con ese hablar entrecortado más propio de un infante. Luego se lo contó a Orlando, como ya dije, y terminó dando compañía a la propia Liz, con Almudena en el jacuzzi.
Si de Liz destacaron lo bien que le sienta el traje de baño, en una banda entregada por Iván, las demás bandas impuestas fueron en estas otras direcciones: Miss Elegancia para Mirentxu (entregado por Palomares), Coqueta para Loli (que no quiso mini-entrevista y entregada por Carlitos), Sonrisa Bonita para Nany (por Orlando), Fotogenia para Gisela (por Julito) y Simpatía para Almudena (por Orlando de nuevo, todo un detalle). En cuanto a los chicos, quedó así: Míster Limpio para Palomares (por Liz), Candelario para Julito (por Gisela), Prudente (¿?) para Carlitos (por Mirentxu), Sonrisa para Orlando (por Nany) y Elegancia para Iván (por Chiqui).
Aún se viven los ecos de esa iniciativa que tuvieron Mirentxu y Loli la semana pasada ante las nominaciones. Me hace gracia que Miren aproveche ahora cualquier oportunidad para dejar claro que no volverá a pedir ser nominada. No sé si es torpeza o astucia, porque cada vez que lo aclara (”Ya no lo voy a decir más veces”) está recordando a sus compañeros el que era su deseo. Por otro lado, Loli tiene bastante asumido que se irá, a pesar de haber pronunciado la misma noche del martes aquella frase increíble: “Si no salgo el martes, no me nominéis”. Sacada del contexto podría pasar por una de las frases más impactantes nunca dichas en Gran Hermano. No creo que tengan ocasión de decidir no nominarla, al menos si los porcentajes ciegos que nos comunicaron anoche son como esperamos: un 62,9% (supuestamente para Loli), frente al 28,7% y un escaso 8,4%. Por cierto, que Carlos H. en el debate dejó el look de cantante de tango desahuciado por el de vendedor de El Corte Inglés. Y de fundamento no dijo apenas nada, salvo que su familia le ha contado que Loli no es trigo limpio.
Y termino con un apunte caprichoso, por mi parte. Escuchando al grupo hacer la prueba de la banda de rock decadente en la que no es tan importante interpretar bien un tema como saber contentar a la consola de videojuegos, me ha llamado la atención Iván cuando le ha tocado hacer de solista. Su singular modo de tararear las canciones, empleando solo la vocal ‘U’, me ha confirmado una vez más el símil animal que hice. Eso sí que era el auténtico canto del urogallo.
[Hoy a las 12.30, Carlos H. te responde en un nuevo Encuentro digital, para el que puedes dejar ya tus preguntas. Y dejo cartelera, con una Nany convertida en Joker de Batman.]
Información distribuida
Una de las cosas que más se dan en la casa más famosa de Guadalix es lo que podríamos denominar como ‘información distribuida’. En distintas ocasiones, casi todos sus habitantes deciden a quien quieren hacer llegar determinada información, en la presunción de que esta será negada a los demás simplemente por su deseo expreso. Esto evidentemente no es así, y al final la información vuela, en ocasiones por distintos canales.
El caso más destacado de esto que cuento fue cuando Carlos H. entró en esa espiral de primero reconocer que le gustaba Loli, luego darle a esa inocente afirmación una categoría de declaración, para finalmente contárselo a Gisela. Pero al rato de su confesión a la canaria volvió a ella con el objetivo de evitar la distribución de la información que le acababa de transmitir. Se le escapaba el que había al menos dos personas más en posesión de ese secreto, uno era Palomares y, por supuesto, la propia interesada que corrió a contárselo a Nany bajo el edredón, si bien se lo negó después a Carlos. Naturalmente Gisela también lo contó a quien quiso, de nuevo aplicando la teoría de la información distribuida, y las circunstancias evitaron que Palomín hiciese lo propio.
Una vez que todo el colectivo tenía conocimiento de esa información, aquellos que tuvieron en su momento el privilegio de saber lo que no conocía la mayoría pierden poder, tirando por la borda ese cuestionable privilegio. Por eso Palomares, en el caso que he tomado como ejemplo, no pudo contarle a nadie lo sucedido, aunque no me cabe duda de que lo hubiera hecho a su estilo, como cuando nada más pisar la casa nueva le contó a Loli aquello de la nominación de Gisela, a lo que tanta importancia dio la ‘Dolorosa’. Ayer vimos un nuevo ejemplo de información distribuida, como siempre pretendidamente, ya que al final todos se terminan enterando de todo, quizá haciendo la salvedad de Orlando, que vive la feria (nunca mejor dicho) a su modo.
En este caso es Liz quien intenta evitar que se distribuya la información más allá de sus elegidos. Gisela es la persona a la que decide confiar su secreto, que dejará de serlo apenas unos minutos después, en que esta se lo larga a Almudena, con idéntica confianza de confidencialidad. Las dos están convencidas de que pueden controlar el modo como se distribuye la información en la casa, y también ambas coinciden al confiar en que la persona elegida por ellas mantendrá el secreto de forma íntegra. Así se termina formando una cadena que dado lo limitado del grupo (once personas ahora mismo) tiene su fin justamente cuando todo el mundo tiene conocimiento de esa determinada información.
En un grupo más numeroso hay un momento en que se rompe la cadena, difuminándose la información tras llegar al conocimiento de un cierto número de personas. En ocasiones esto es suficiente como para que se pueda considerar vox populi. Pero si el grupo es reducido todos terminarán conociéndola, como es el caso. Basta con que cada uno confíe en la discreción de otro, solamente uno, al que le transmitirá la información. De este modo, en un corto periodo de tiempo la información será completamente pública, a pesar de los esfuerzos empleados por todos por decidir de qué modo se distribuía esta.
El caso es que, según Liz, Julito se le ha declarado. Es curioso como en esta casa se entienden determinados comentarios como una declaración de amor, dándole una categoría que igual no le corresponde. ¡Cuántas veces no habré dicho yo a alguien que me gusta! sin que nunca haya tenido la repercusión que parece tener ahí. No creo que haya imágenes de lo que cuenta la dominicana, si es que es cierto, porque las habríamos visto. Pero no me cabe duda de que el bueno de Julito, que tiene en muchas ocasiones un comportamiento infantil, se ha dejado ir de nuevo, en un impulso por pretender que alguna chica le haga caso, sin conseguirlo. No sé qué habría hecho si lo consigue con alguna, pero me da la impresión de que si una le dice que sí el canario se caga, con perdón.
La noche de ayer estuvo inundada por los efluvios del amoniaco, y teñida por el tinte del pelo que Loli aplicó a algunas de sus compañeras, al tiempo que les cortaba un poco el pelo. Me temo que no quedaron muy contentas, aunque para mí tengo que el placer en este caso lo encuentran en el trayecto y no en el destino. Es decir, que es la charla y el acto en sí del teñido y la peluquería, lo que les hace sentirse bien, y no los propios resultados que se manifiestan en el pelo de las víctimas. El amoniaco coloca, aunque algunos y algunas no lo precisen, y en este caso creo que se le metió en la cabeza a Gisela hasta tocar su neurona, o más bien diría que es de las últimas, y no precisa de su efecto.
Estaba muy graciosa Gisela anoche, haciendo comentarios difíciles de explicar e imposibles de justificar. En un momento afirmó que cuando se quita las extensiones nota como que tiene menos pelo. Bueno, y sin el como. Luego expuso su teoría de que la tierra no es verde y azul sino marrón y azul (será la desertización que nos aqueja). Pero cuando este gato cachondón no pudo reprimir la carcajada fue el momento en que Nany había contado cómo sacó dos niños del agua siendo socorrista en una piscina. La respuesta de la canaria es insuperable: “a mí lo máximo que se me ha caído al agua fueron mis pequeños perritos”. Flipante, que diría Pierino.
Lo más enervante de la conversación establecida entre Loli, Nany y Gisela, son esos latiguillos que la van salpicando, ejerciendo un papel retardante y castrador. Cualquier cosa que cuenten aparenta ser mucho más larga de lo que es en realidad, ya que una vez que se le quitan los “tía”, “¿sabes?” y similar se quedan en nada. Diría que Nany es más de “¿sabes?” y Loli de “tía”. Gisela tiene su propio catálogo de latiguillos y lugares comunes, si bien utiliza más la risa nerviosa para prolongar la conversación inexplicablemente, con lo cual bien pensado son preferibles las palabras mencionadas, porque la risa de la canaria no hay quien la soporte. Esto es insoportable, tía. No hay quien lo aguante, ¿sabes?
Aparte de decidir quién debe saber según qué cosas, hay algunos habitantes empeñados en determinar con quién se deben relacionar otros y en qué. Me parece extraño que Carlitos, Nany y Loli pretendan tasar el tiempo que Orlando puede o debe pasar con Iván. Especialmente llamativo que no aprecien en qué medida hay otros concursantes que limitan sus interrelaciones mucho más que el feriante, y sin embargo en esos otros casos no intervienen, ni siquiera los utilizan como argumento para compensar su postura censuradora. Cierto que otros no lo han preguntado y Orlando sí, pero cuando este les hace decir si piensan que se ha apartado del grupo bien podrían decir que algo sí es cierto pero no mucho más de lo que han podido observar en Palomares, por ejemplo. Aunque no hace falta que vayan mucho más lejos, la propia Loli con Nany han hecho alianza que las une durante buena parte del tiempo cada día, más de lo que pasa Iván con Orlando.
Pero claro, hay que intentar apartar a los amigos de la bestia, en una labor apostólica de proselitismo desinteresado. En realidad pretenden exorcizar a todo aquel que tenga contacto continuo con el ‘maligno’. Carlitos ‘viudín’ responde a Orlando esta vez de la misma forma que le he visto hacer en otras anteriores. Es un sí pero no, quiero decirte esto pero no sé si decirte lo otro. Casi hace lo del albanés (o el griego o quienquiera que tenga tan extraña costumbre), es decir, afirmar de palabra y negar con el gesto. O lo contrario. Por otro lado, parece el único que está empezando a darse cuenta que el acoso y derribo hacia un concursante solo puede traer beneficios al acosado. Naturalmente hablo desde el punto de vista del concurso, porque personalmente sigo pensando que es una prueba demasiado dura.
Y termino con un comentario intrascendente de Loli que me ha ocupado un rato esta madrugada. Es algo de por la mañana, que suscitó una conversación de este gato con su gatita y me hizo después bucear por las procelosas aguas de Internet. O sea, que tiré de ‘San Google’ y a correr. Cuenta la del instituto de belleza y estudiante de ciencias biológicas que la leche de consumo humano, la de los bricks del supermercado, sufre en ocasiones varios procesos de pasteurización. Según esto, la leche caducada, que no ha tenido salida en los puntos de venta, es devuelta al fabricante que la repasteurizaría (el pasteurizador que la repasteurize buen repasteurizador será) para volverla a poner a la venta, y así hasta cinco veces.
El detalle de que los bricks tienen un numerito en su base que indica cuántos procesos de pasteurización ha experimentado es la clave de hasta qué punto algunos se lo creen todo. Es un hoax, un bulo, una leyenda urbana. Lo que me parece mentira es que alguien que va para bióloga se crea algo así. No quisiera aprovecharme de su candidez, pero no puedo evitar pensar si no va a ser esta una Obregón cualquiera, la cual afirmaba hace años que sus notas eran de matrícula de honor para arriba. Ahí es nada.
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