El regreso

Conchi ha discutido con Pamela. Se llevan bien, se dan apoyo mutuamente, pero no pueden evitar tirarse los trastos a la cabeza con frecuencia. La discusión empezó entre Pame y el Flecky porque este bromeó con Oli llamando estrechas a las ‘repes’. Oli empezó siguiendo la broma pero era tarde, tenía sueño y decidió acostarse. Eran las once de la noche.

Conchi no se estaba enterando de nada porque limpiaba el baño, pero su hermana le reprochó a David que la faltase al respeto metiéndose con su vida privada. Flecky intentó hacerla ver que tan sólo era una broma, pero ante la insistencia de Pame a los diez minutos ya había empezado a acusarla de estar acosándole y se fue a contárselo a Ángela, que una hora más tarde había informado de la discusión uno a uno al resto de habitantes. “Se ha puesto hecho un cabalístico de esos”, le decía a su hermana. Conchi la rectificó: “Se dice un balístico”. “No, un obelisco, se dice obelisco”. En la distancia, Rodri y Melania apenas siguen la discusión, pero el ex marine no puede evitar decir en alto “un basilisco, que es como una iguana o un animal mitológico que mata con la mirada”. Se esfuerza en presumir de conocimientos, a ver si termina de conquistarla. Lucy le mataría de un vistazo, ya que le ve con la de Morella y le resulta difícil de asumir. “Le patearía la cabeza, si pudiera”, piensa de Mel la agente inmobiliaria.

Piero ocupa un sofá entero sólo para él. Mira desde hace tres horas una revista sin detenerse a leer, y a estas alturas ya ni repara en las fotos. Paula le está cantando a Coto y este le hace la competencia. Creo que canta por no escuchar. “Cantinero de Cuba, Cuba, Cuba, Cuba…”, se escucha desde dentro de la jaula. Lucy ha escuchado Cuba y se acerca a enseñarle al loro la sombra de su escote, y lo que no es la sombra. Ara acaricia el pelo a Rodri, aprovechando que Mel se ha acercado a uno de los espejos del salón con su pinza en la mano. Debe ser que le toca eliminar algún pelo inoportuno. Karen está untando crema de cacao a una enorme rebanada de pan, luego la moja en su tazón de leche y justo cuando le hinca el diente se acerca Paula cantando. La pobre no sabe si cantar o comer, no sea que se vaya a sentir anulada por la gallega, como le pasó con la de las pinzas.

En el jardín, Judit discute con Andalla sobre religiones y la organización social en el siglo XXI. Dadi piensa que se están enfadando y se acerca a decirles que el barco se hundirá si siguen discrepando, que cada uno es un eslabón de la cadena, que deben de pasar los días sin novedad. Cuando ha repetido veinte veces la palabra “barco” y otras tantas “cadena” se da cuenta de que los polemistas ya no están y no sabe donde habrán ido. Aún así sigue su discurso en un bucle peligrosamente inacabable. Al fondo del patio vaga Maite, buscando fuego para su ‘no hermana’. Lleva así días, y nadie ha reparado en su presencia. Rebeca guarda en el cuarto de maletas una botella de vodka de la última fiesta. Tiene otra en el mueble al pie de su cama, y una más enterrada en un rincón del patio, que teme descubra su ‘no hermana’. Saca la botella de la maleta y bebe un trago, y otro más. Entonces empieza a llamar Amador a Amor. Va medio desnuda.

Escuchan golpes y gritos sin lograr identificar qué dicen ni de donde vienen. Piensan que son los patosos de siempre vociferando desde el exterior, pero el ruido viene de la ’suite’, donde alguien cerró con llave sin darse cuenta de que dejaba dentro a Agustín. Eneko toma su tercer porongo de mate, sorbiendo de la bombilla con la devoción de quien consume su última matera. A su lado bebe con él Soledad, que no quiere volver a Argentina sin marcar en su cinturón el logro de una tercera conquista en Gran Hermano. De los hermanitos españoles sólo hubiera tenido ocasión con el cantante, que no fue capaz de trasnochar más que la primera noche, y ella es muy de vivir las madrugadas. “Mirá que bobo sos, Enekito, si estoy rebuena”. Pero el remero bebe y calla, manteniendo su palabra de no enrollarse en la casa porque no hay ninguna chica que le guste. “No hay ninguna que te guste. No te gusta nadie más que vos, tarado”, le espeta la argentina. Tampoco discute con ella, no discutir es otra de sus promesas cumplidas. Bruno lleva más de dos horas en el ‘confe’. Está llorando, no quiere cumplir su parte del plan. Le caen todos bien y cada vez que debe poner uno de los ganchos previstos intenta hacerlo tan liviano que ni se inmutan. Le intentan convencer de que siga, pero le cuesta, le va costando.

En todo este tiempo Amor no ha parado de revolotear por toda la casa. Se ha metido en el frigorífico, ha provocado a Andalla media docena de veces, a Ángela la ha rayado una vez más (lo cual no es de gran mérito). Ha bailado, ha metido la mano en el paquete a tres chicos, aunque a decir verdad la tercera de las veces se equivocó y era Judit, que tuvo varias veces la tentación de darse un revolcón con ella pero lo negará cuando salga. Esta campeona es capaz de negar que ha estado en la casa de Guadalix, aunque el premio ya no se lo quita nadie, eso sí. Amor es hiperactiva. Algo más que eso, es incansable y ahora mismo es la única que está deseando que este sueño termine. Quiere salir ya de mi sueño y me lo dice una y otra vez. La estoy escuchando en el interior de mi mente: “Deja de soñar, gato nostálgico. Quiero que termine tu sueño. Me-ur-ge”. Ella es así, si no dejo de soñar me terminará sacando de mis casillas, aunque no dejaré de pensar en ella como la gran bomba del último Gran Hermano, la que me dio más. Y más, y más, y más…

Me acabo de despertar. El sueño era en colores, la casa de Guadalix lo merecía. Qué bonita estaba, cuánto color y qué variado. A la mitad del sueño todo se volvió en blanco y una ilimitada gama de grises, y es que estaban en el búnker. Todo era gris como Coto. Qué grande eres, bribón. Todavía me parece escucharle: “maricón, maricón, Coto, miau”. Igual estoy perdiendo la razón desde que abandoné mi encierro, pero creo recordar haber escuchado a Coto maullar como un gato. El reencuentro con la realidad es traumático e igual me ha nublado la memoria. Nunca debí pasear por la calle Preciados, donde había más gente que en el metro en hora punta. Por cierto, el metro parecía un vertedero, lleno de basura, más aún de la que habita en los sillones de los despachos de quienes rigen los destinos del más populoso de los medios de transporte de la capital. Y luego se quejan los catalanes de cercanías y socavones. Aquí el socavón lo tienen algunos mandamases en el cerebro. La próxima vez afrontaré el final de mi encierro de otra forma, incorporándome a la vida de forma más gradual.

En mi sueño he adorado a todos los habitantes de la casa de Guadalix. Les he observado con inmenso cariño y reconocimiento. Acabado el sueño de mirar la ventanita de Gran Hermano cada día, nada más que me quedan mis sueños de las sábanas blancas. Dormido o despierto, que “ni falta que me importa”. De un modo o de otro reconozco en este grupo de gente, como en el de cada año, el insondable valor que tienen y, sobre todo, su infinita generosidad. Por eso les aprecio a todos, mis queridos personajes. Qué sería de nosotros sin vosotros. Qué sería de este gato pejiguero. Pido perdón si alguna vez, hoy mismo, he ofendido a alguno de ellos. Espero que no me lo tengan en cuenta.

Cada año nos ilusiona el regreso de Gran Hermano. Pero además el de esta última edición ha sido el de “El Regreso”, con mayúsculas. Este regreso nos ha traído muchas más tramas de las que parecía, más situaciones, más personajes y más de todo. Ahora me doy cuenta más que durante los casi cuatro meses anteriores. He buceado en miles de imágenes que realicé día a día, y con esfuerzo he logrado capturar apenas doscientas estampas, doscientas miradas, doscientos momentos. Son los que componen el vídeo que he querido preparar, como cada año, a modo de modesto homenaje (como siempre aquí a la izquierda). Buscando, seleccionando y clasificando las imágenes (también para completar nuestras galerías) han venido a mi mente decenas de recuerdos de GH IX. ¡Qué digo decenas! Centenares, quién sabe si miles. Es mi/nuestro recuerdo imborrable.

Aprovecho este abandono transitorio de la onírica para desearos a todos una feliz salida y entrada de año. Que el 2008 haga realidad nuestros deseos. Y nos traiga un nuevo Gran Hermano, claro. Ahora creo que voy a volver a soñar. Chicas… chicos… no os vayáis. Que los sueños nunca acaban, y como decía Antonio Machado: “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”.