Finalmente llegó la final

¿Quién ganará?Hoy es día de fiesta. No lo es en la oficialidad del calendario pero sí para los seguidores de Gran Hermano. La fiesta de la gran final, el momento cumbre de la última gala de la temporada. Propongo aplazar hoy las despedidas, aparcar el momento último, que aún no ha de llegar, detener por unas horas la inevitable tristeza del adiós. Hoy es un día alegre, esta noche tenemos una cita con la gran fiesta de la final, y eso solamente nos puede traer alegría y buen humor. Gane quien gane hoy es nuestro día, nuestro gran día.

Nada sabemos, como es costumbre, de cómo será la gran final. Imagino que pueden volver a la casa, vencidos los alienígenas atacantes, y tiempo han tenido durante toda una semana para hacer algún tipo de transformación en la misma. Pero son tan solo imaginaciones de este gato soñador. Me gustaría que fuese una final algo más íntima que otras veces, sin tirolinas ni camellos. La salida de la casa en GH I y en GH IV fueron dos buenos ejemplos, con ese So lonely de Police acompañando el baño de multitudes de Ismael, o el bailote mega cool que se marcó Rafa, el seminarista. Intuyo que habrá una buena masa de gente a la puerta para recibir a los ganadores de esta edición, que aguantarán estoicamente el frío de la noche en Guadalix. En GH II un haz de luz con el nombre de Sabrina proyectado sobre un abanico de agua puso una nota visual llamativa al momento crucial en que se da a conocer el ganador, ganadora o incluso en este caso ganadoras. Otras veces fue menos espectacular, como lo de aquel halcón tan dubitativo y despreocupado como el presentador de GH III, o ese sobre gigante que comunicaba el tercer puesto en GH VII, o el nombre de no recuerdo cual de los finalistas pintado en el lomo de la vaca Antonia en GH V. El año pasado Jorge Blas y un niño de San Ildefonso llevaron la magia a la final, y en GH IV, quizá la edición que en algunos aspectos más se pareció a la de este año, las ovejas acompañaron a Pedro en sus últimos minutos. Yo querría que Coto tuviera algún protagonismo en la final de hoy, porque lo tuvo durante estos ciento diez días en que la magia de Gran Hermano nos atrapó de nuevo.

En lo visto estos últimos días pareciera que el resto de finalistas estuvieran empeñados en darle el premio a Judit. En la cena de Nochebuena pudimos ver como las gemelitas hacían ascos al cochinillo que les dieron, pudiendo escuchar a Conchi quejarse porque tuvieran que hacer la cena en lugar de dársela hecha. Es algo que le debería haber dado igual, ya que fueron Rodrigo y Óliver los encargados de la cocina, y al final el asado tenía aspecto de estar bien sabroso, a pesar de lo cual no quisieron ni probarlo. No han comido nunca cochinillo, y no saben lo que se pierden. No me hubiera importado cambiar mi cena por la de ese búnker, a donde llegó finalmente la pata de jamón que ayer tarde estaba prácticamente en el hueso. Eso sí ha gustado a todos, según parece. A pesar de los errores y torpezas de algunos en los que puede sustentarse finalmente el triunfo de esta noche, he de decir que no veo tan exagerado como veo contar a veces la marginación de nadie, ni siquiera esa cierta manía que parece evidente le tienen los demás a la gallega. Aún siendo así, veo que mantienen una relación más cordial de lo que a veces pudiera parecer, aunque inevitablemente tengan más y mejor relación entre los demás.

No solamente veo la relación más cordial sino que no la veo exenta de cariño entre todos. El momento en que abrían los pequeños detalles que recibieron de sus familias a modo de regalo navideño pude apreciar como todos se apoyaban mutuamente, sin grandes diferencias de trato, con cariño y buen rollo auténtico. Y una vez más pude comprobar cómo Judit es un témpano de hielo, la que con menos emoción y sentimiento recibió sus regalos. Rodrigo tampoco se mostró muy expresivo, todo lo contrario que las gemelas y Óliver, que se muestran mucho más cálidos casi siempre. Quizá tenga que ver el hecho de que sean los tres sureños, mientras que Judit es del norte y Rodrigo medio gringo. Por otro lado, he visto a Rodrigo hablar con las gemelitas más en estos días que en todo el tiempo anterior, lo cual me ha agradado especialmente. Las conversaciones ahora parecen más despojadas de prejuicios, como si todos se hubieran relajado un poco y se estuvieran mostrando mucho más auténticos y creíbles. A decir verdad me gustan más sí, pero que mucho más. Como me lleva pasando en toda la recta final de esta edición, y casi de alguna manera desde el principio, no detesto a ninguno de ellos, todos me tocan alguna fibra y despiertan mis simpatías en algunos momentos y por razones dispares. Por eso esta noche me alegraré por el ganador, sea quien sea, importándome mucho más la entrevista posterior que el orden en que queden clasificados finalmente.

Dando por probable que ganará una mujer (o dos, en su caso), el Gran Hermano español se convertirá en el de más mujeres ganadoras, con cuatro (sumando la que presuntamente gane hoy a las anteriores, que fueron Sabrina, Fresita y Naiala). Como me apunta Edu, ciertamente somos el país que más ediciones llevamos, pero tan solo Italia y Estados Unidos (con 7 ediciones) se acercarían a nuestra marca, ya que atesoran 3 ganadoras femeninas. También con tres están Bélgica, Holanda, México y Suecia; con dos Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Filipinas, Hungría, Noruega, Polonia, Reino Unido y Suecia/Noruega; mientras que una sola hubo en África, Bulgaria, Colombia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Portugal, Rusia, Suiza y Tailandia. El resto de países donde hicieron alguna edición de Gran Hermano no hubo ganadora femenina. Como dato significativo comentar que Grecia y Croacia (con 4 ediciones) ostentan el récord de menos ganadoras con el mayor número de ediciones. Esto quiere decir que en el resto de países al menos en la cuarta edición ya contaban con una ganadora.

Esta noche puede ser la primera vez que se proclamen no uno, sino dos ganadores, en este caso ganadoras. Serían las gemelas del sur, Conchi y Pamela, embajadoras de Los Palacios, pequeña población al sur de Sevilla. En tal caso sería la tercera vez que el premio corresponde a un concursante de Andalucía (antes lo fueron Ismael y Sabrina, en las dos primeras ediciones). La segunda que el ganador procede de Galicia sería si es Judit la última en salir de la casa (antes fue Javito, el ganador de la tercera edición). No hay precedentes de concursantes oriundos de las Islas Canarias, como es el caso de Óliver, aunque sí con residencia en las islas (la brasileña Naiala). Si ganase Rodrigo sería el segundo residente en la Comunidad de Madrid (tras el gran Pepe Herrero), pero nunca antes lo hizo alguien nacido en los USA. Junto a los triunfadores mencionados hubo también en la pequeña historia de GH una procedente de Cataluña (Fresita y “su” Salou), otro de Aragón (Pedro Cordero) y también uno de la Comunidad Valenciana (Juanjo). Por tanto, prácticamente habrá repetición gane quien gane.

Lo que puede ser absolutamente inédito es que ganase alguien que no entró el primer día en la casa, o sea un concursante reserva, como es el caso de Judit. Solamente dos reservas llegaron a la final, ambos en la sexta edición, aunque ninguno de ellos terminara ganando. Se trata de Natacha y Conrad, que entraron con una semana de diferencia y permanecieron muchos días en la casa, como también sucede con la gallega este año. Hay una creencia equivocada de que los reservas salen inmediatamente, que permanecen poco tiempo en la casa precisamente por su particular condición. No es cierto, ya que los mencionados aguantaron 98 y 91 días, mientras en esa misma edición Eva estuvo 49 días. Ya en la primera, que fue más corta que las siguientes (solo 90 días), Koldo estuvo 57 días, Íñigo y Mabel 36, aunque Mónica tuvo que marcharse voluntariamente a los 13 días. Roberto, en GH II, estuvo 14 días, los mismos que Estrada en GH III, si bien ambos entraron muy avanzado el programa. La bella Anna en GH IV pudo completar casi un mes, 28 días exactamente, y Maite en GH VII apenas aguantó 20 días. Laura Sevillano fue una concursante que no entró el primer día aún no siendo reserva sino la concursante al azar que entró unos días más tarde que los demás, y fue precisamente la que menos tiempo estuvo en la casa de entre quienes no entraron con todos los demás, solamente 11 días. Por cierto, que tras su cagada en la última final fue lo suficientemente torpe para presentarse como espectadora a la gala de expulsión de Andalla. Ella ayuda a bajar la media, que no es ni con mucho tan exigua como a veces se cree.

Lo cierto es que en las reglas básicas que han funcionado en GH desde el principio figura una anotación referente a los reservas que ignoro si sigue estando vigente. Esta dice así: “Cuando, tras la salida voluntaria se produzca la entrada de un nuevo concursante, éste no podrá contar nada del exterior y nunca podrá optar al premio final, sino a una cantidad proporcional a sus días de estancia.” Bueno, Amor contó del exterior más de lo que hubiera tenido que contar, aunque ella no era reserva exactamente. Pero la duda me asalta en lo relativo al premio. En otro párrafo de las normas difundidas por el programa en alguna ocasión, y que insisto que no sé si son aplicables en este momento, se dice lo siguiente: “Al final sólo un ocupante podrá ganar el primer premio. Si el nuevo ocupante o recién llegado resulta ganador, este premio estará en consonancia con el número total de días de su estancia, es decir, restando de la suma total la cantidad correspondiente a los días que estuvo ausente desde el día en que entraron en la casa. Los dos ocupantes que lleguen hasta el final junto con este ganador compartirán la suma restante, hasta el monto total del premio.” En este caso serían tres y no dos los compañeros con quienes Judit habría de compartir sus 300.000 euros. Teniendo en cuenta que esta concursante entró cuando llevaban 11 días de convivencia en la casa, y esta noche completarán 109 días, al premio deberían de sustraerle 30.275 euros, con lo cual el montante final del mismo sería de 269.725 euros (unos 45 millones de pesetas). Los otros cinco millones tendrían que ser repartidos entre los otros tres finalistas. Pero insisto en que no sé si esto será así, o quizá el plan de Gran Hermano tenga reservado un reparto distinto del premio final.

Todas nuestras dudas quedarán resueltas esta misma noche. He de confesar que en cada de expulsión, cuando escucho las ya clásicas palabras “la audiencia ha decidido que debe abandonar la casa…”, no puedo evitar ponerme nervioso, casi como si yo mismo me sentara en el sillón de los nominados. Es como una pequeña descarga de adrenalina, que se produce inevitablemente, esté más o menos claro cuál será el nombre que habremos de escuchar. Esto mismo me pasará esta noche, cuando nuestra querida Milá nos vaya comunicando el orden en que irán saliendo de la casa, y aún más en el momento en que conozcamos al ganador. Esto es siempre así, ya tenga más o menos interés en que gane uno u otro, que en esta ocasión me da bastante igual. Es la magia de Gran Hermano, y estamos a unas horas de sentirla en su momento culminante. Hoy es un gran día de fiesta, y vamos a vivirlo como merece. Esta noche es la cita. Finalmente llegó la final.