Sólo queda un día

El pasado puesto al día

«Diariamente y casi minuto a minuto, el pasado era puesto al día.»
— George Orwell, 1984.

[Te toca escribir, gato. Ya no queda nada. Tan solo un par de artículos más, y luego eso que tú sueles hacer los días posteriores, con el álbum de fotos en vídeo y las últimas reflexiones, que parecen unas últimas voluntades. En la casa, bueno el búnker ese, aún están despiertos, y eso que son pasadas las dos de la madrugada. Parece que te acompañan hoy a la hora de escribir, al menos los trillizos, que hablan poco pero están despiertos. ¿Te cuesta, no? ¡Qué jodido el gato! Los últimos son los más difíciles, igual no sabes qué contar, o tienes tantas cosas que te gustaría decir que no sabes por dónde empezar. A saber qué está pasando por tu mente. Veo que has cambiado las velas de vainilla por unas barritas de incienso, que queman rápido y dan intenso olor. Dijeron que te flipabas con la vainilla, ahora igual te ven beatificado, como Judit, con tanto incienso. ¿Sabes? Cada año pienso que será tu último encierro, y al siguiente me sorprendes haciéndolo de nuevo. Antes no entendía qué tendría esto para que te engancharas año tras año, durmiendo poco, viviendo casi solo para esto. Poco a poco lo he ido comprendiendo, y ahora ya sé por qué lo haces, bribón. Te gusta sentirte querido, y también acompañado. Darías lo que fuera por tener tanta buena gente a tu lado durante todo el año, ¿a qué sí? Eso te debe compensar todo. No es que den incienso ni te lleven bajo palio, porque no es así. Yo sé que agradeces tanto las críticas positivas como las negativas, las opiniones coincidentes como las discrepantes. El caso es que están a tu lado, acompañando tu encierro, compartiendo tu pasión, reconociendo tu esfuerzo.

Te sientes acompañado de un lado y de otro. Por todas partes, amigo gato. Yo lo sé y me alegro que así sea. Aunque alguna vez tendrá que ser la última. Plantéatelo, gato, que no se te pase pensar en ello. Pero hoy no es el día, aún hay vida en Guadalix, como tú dices cuando te quieres referir a esa casa enclavada en un lugar medio inaccesible de ese pueblo en la sierra madrileña. Aún quedan un par de días por vivir, dos mañanas que presenciar, una noche para verlos dormir (aparte de la de hoy). Y luego la gran final, claro. Te mereces vivirlo como los más de cien días anteriores. El caso es que en todos estos años escribiste 464 (cada vez más largos) artículos (esta temporada van 82, contando este, si es que lo escribes), hiciste más de 13.000 capturas de la casa, publicaste más de 135 encuestas o el mismo número de carteles de cine. Y tu gente, tu gente hizo más de 160.000 comentarios en las últimas tres temporadas. Menos mal que cuentas con ellos, ¿verdad? Gato, no serías nada sin tanta gente, como Maripili que volvió a ser correctora oficial, además de la ayuda tempranera de Vicky, Petra, Expumuky y algunos más. O sin UnoMás, su documentación precisa y su virtual compañía; sin Marga y sus imprescindibles vídeos; y está claro que tampoco sin Montse y sus ya clásicos carteles de cine. Pero muchos más te ayudaron en todo esto, y aunque sería imposible mencionar a todos sé que te gustará que al menos hable de Edu (y sus estadísticas), de Imedina (que completó nuestros audios), David Martín (el artista de los GH SIMS), el-nazgûl (y su GH Quiz, que completaremos hoy mismo con los concursantes de las dos últimas ediciones). En la moderación del foro te ayudó la dulce Jazmín y tuviste el especial placer (solo vosotros dos sabéis por qué) de incorporar a Cameron, que hicieron una labor impagable.

Y claro, serías injusto si no estuvieras inmensamente agradecido a Mercedes Milá por tanto y tanto. Otra cosa eres, pero desagradecido nunca. Siempre la has admirado, y ahora además la quieres, que yo lo sé. De las plumas que honran este espacio no hay forma de hablar porque son tantas y tan valiosas que basta con leer esos comentarios que te hacen pequeño tantas veces. La lista sería interminable y yo sé que tú piensas que ellos son los más importantes en todo esto, los auténticamente importantes. Ellos son los putos amos, querido gato. Siempre me ha parecido increíble que puedas tener tanto cariño por gente a la que casi no conoces. Es una suerte, gato. Una inmensa suerte. Tras tanto problema técnico, tantas dificultades, tanto trabajo, tanto desvelo, lo que queda es el cariño. El enorme cariño de la gente y a la gente. En eso eres millonario, gato, y da envidia. Ya lo creo que la da.

Y ahora escribe, no seas flojo. Olvídate del nudo en tu garganta, enjúgate las lágrimas, enciende otra vara de incienso, pega otro trago a esa Coca light que es la segunda de tus drogas (la primera me pienso que será escribir) y ponte al tajo. Haz lo que tanto te gusta una vez más, que nunca se sabe cuándo será la última. Como te diría el inefable Coto, gran protagonista de lo de este año, “escribe ya, maricón”.]

La frase que encabeza este artículo de la víspera de la final de GH IX posiblemente está bastardeada en el contexto en que la voy a comentar. El caso es que releyendo la dura obra de Orwell me sugirió que algo así es lo que hacemos aquí. Casi minuto a minuto venimos a observar y comentar lo que pasa en la casa, y cuando lo repasamos ya estamos hablando de un pasado inmediato, que ponemos al día con nuestros análisis y reflexiones. Pido a la memoria del autor el perdón por hacer esta reinterpretación interesada de la frase de su novela. El caso es que a esta hora se me antoja hacer una reflexión a modo de resumen de los perfiles que he venido publicando sobre cada uno de los finalistas, relacionándolos en algún aspecto. Al tratarse de un resumen ha de ser obligatoriamente conciso, por lo cual comenzaré con aquello de “seré breve”, que dicen (y nunca cumplen) los conferenciantes coñazo.

Como la mayoría de los seres vivos, tenemos necesidad de afrontar el reto de nuestras vidas con la ayuda de otros. Buscamos un semejante para establecer una relación amorosa, la que se supone mayor ayuda, y en ocasiones otro tipo de compañías que puedan colaborar igualmente viendo pasar la vida a nuestro lado. Como dice Punset en El camino del amor, hace millones de años en una charca infecta, lo primero que hizo una célula fue expulsar una sustancia para pedir ayuda porque sola pensó que no podría sobrevivir. En la experiencia (experimento sociológico, antropológico, o lo que sea) que es Gran Hermano, los habitantes necesitan igualmente de los otros, siendo algo inevitable y una de las pocas reglas fijas observables. El que consigan un acercamiento, de alguna manera una cierta comunión, con más o menos compañeros (o que esta sea más estrecha o menos, aún siendo con uno solo), no determina una mayor o menor posibilidad de hacerse con el premio final, pero sí influye en poder llegar más fácilmente a la final (el caso de Óliver o Rodrigo). Ni que decir tiene que con lo que más relacionado está es con la propia felicidad del concursante, siendo decisivo para que el paso por la casa sea lo menos tortuoso posible, al disponer de esa ayuda de la que hablo, de forma paralela a lo que nos sucede durante el transcurso de nuestra propia vida.

El concursante que establece menos lazos de unión con otros, o cuyos lazos son más débiles, es posible que sea nominado más veces, y por tanto vive más momentos críticos en los que corre el peligro de ser expulsado. Pero si supera esos momentos de riesgo, puede llegar a comprobar cómo está siendo más eficaz al seducir a la audiencia, encontrando más complicidad con esta que son sus propios compañeros. En definitiva es mi vieja teoría del matadero o del factor de retroceso de la escopeta. Cuando un grupo de habitantes deciden disparar de forma repetida, insistente y hasta obsesiva contra uno de sus compañeros, terminan notando una picazón en su hombro que no es otra cosa que la huella de la escopeta al moverse en sentido opuesto al disparo. El linchamiento de alguien dentro de la casa puede fortalecer a esa persona en proporción directa a lo debilitados que pueden terminar los linchadores. Cada disparo a la pretendida víctima (el caso de Judit) puede dotar a esta de la protección necesaria para hacerse menos sensible al disparo, de igual forma que tras tanta visita al matadero (el sofá de los nominados), saliendo ileso y sin deshuesar, puede terminar convirtiéndose en el amo del mismo, candidato al triunfo final. ¿Vale de mucho ganar ante los compañeros pero no hacerlo ante la audiencia votante? Pues si ponemos el objetivo en ese triunfo no, aunque sí sea válido (y casi imprescindible) para hacer su estancia más feliz.

No creo que a estas alturas nada que no fuera extraordinariamente importante pueda ayudar a ganar a uno u otro. De entre los finalistas quien menos apego tuvo con sus compañeros fue Judit, que comparte con las gemelas un buen número de nominaciones, es decir que en ambos casos visitaron repetidamente el matadero. Son, de acuerdo con las teorías que acabo de apuntar, las más firmes candidatas al premio final. A partir de aquí de poco vale plantearse si atesora más méritos para ganar una parte u otra. Como tampoco sirve de mucho que contemos con más detalle los gestos feos que se han seguido repitiendo para con Judit. Que al recuperar pertenencias de los equipajes le traigan a ella menos cosas, que le quiten su edredón para tapar una ventana con el fin de que Coto no despierte tan temprano y haga despertar a los demás, así como una actitud más bien desconsiderada con ella; son detalles que pueden ayudar pero no son determinantes para llevarse el botín. Si aún así Judit no tuviera el apoyo del público, labrado durante casi cien días, ya pueden seguir disparándole que no terminaría ganando. De igual forma no les habrá de ayudar a las gemelas en ese objetivo el que hayan sido capaces de conseguir mayores apegos. En definitiva este es un juego de simpatías y afinidades que tiene mucho de caprichoso, como tengo dicho, y eso pesa mucho más que cualquier otra cosa. Y también intento entender los gestos negativos de los que hablo, porque se trata simplemente de que no tragan a Judit, así de claro. No la tragan, y como nos pasaría a cualquiera eso es algo difícil de ocultar, e incluso diría que poco recomendable.

Cuando sólo queda ya un día, me encuentro más triste que nervioso o expectante ante lo que pueda pasar. La magia se acaba, y solamente los que la disfrutamos sabemos lo que se siente en esta hora. Dejaremos de vivir la semana de jueves a jueves. Qué mal.

[Ves como no costaba tanto. Por una vez fuiste breve, enhorabuena por ello. Se te acaba el chollo, gato. Tus más de tres meses de gloria llegan a su fin. No quiero meter el dedo en la llaga, pero es así. Mañana se cerrará la casa (siempre será “la casa”) hasta el próximo año, tal vez. Se habrá acabado aquello que empezaste con tanta ilusión el mes de agosto, pasando toda la base de datos a un nuevo sistema de publicación, haciendo ajustes en el diseño, tratando esto con ese espíritu de “artesano de Internet”, como te llamó el gran Litio hace muchos años, o ese “relojero de los de antes”, en definición del no menos grande Senador, de esos que te imaginas abriendo el mecanismo de un reloj y tratando con delicadeza cada una de las partes, con una pinzas y una lente de aumento. Y yo tengo hoy la debilidad de decir que no está tan mal esa lente, que me ha gustado mirar por ella, que en definitiva era como mirar a través de tu mirada.

Tío, yo sé que hoy estás pensando en los que no están, de igual forma que piensas en ella cada día. Y sé que tu sabes que eso mismo le pasa a algunos de los tuyos, no en vano este año nos emocionamos con Barbatransparente y su coraje de no abandonar nunca su chispa y buen humor, ni siquiera en los peores momentos. Ellas y ellos estarían orgullosos de nosotros. Lo están. Pero este año el final de Gran Hermano te va a traer más cosas buenas que malas, no como otras veces, y eso también será tu premio. Tú sabes que será así, y si no lo sabes ya te lo digo yo. Aunque ya reconocías el viernes pasado que tienes premio cada año, por estas mismas fechas. Te cae más simpático Papa Noel que los Reyes Magos, quizá seas republicano, pero a todos ellos dejas descansar porque tu regalo te viene por esta ventanita, mucho más cálida de lo que puede parecer. Por eso te terminé entendiendo, porque ahora ya sé lo mucho que te ha dado Gran Hermano. Y lo mucho que lo disfrutas. Y la pasión con la que lo vives. Eso no te lo podrá quitar nunca nadie. Nunca, ¿sabes? Nadie, ¿sabes?]