A través de las persianasUn jueves sin GH

Ayer fue jueves. Fue un jueves sin GH. Que raro se me hizo. Tras tres meses y medio esperando el jueves para acudir a la cita nocturna con nuestro programa, ayer me encontré con que me faltaba algo. Qué malos son los jueves sin GH. A partir de ahora podré volver a salir los jueves, no tendré ya la obligación de fichar a las diez de la noche frente al televisor. Me he desembarazado de esa costumbre, que tenía ya la consideración de sagrada. Podía surgir cualquier cosa, el día de la semana que fuera, pero no un jueves, ’sorry’. El jueves no, tengo GH. Tenía, mejor dicho. Y que sagrada obligación más grata. Pero anoche… anoche me faltaba algo, y salí a buscarlo.

Me fui a Guadalix, buscando sombras, fantasmas. La casa estaba vacía, miré a través de las persianas, ya bajadas. Era una casa abandonada, condenada a desaparecer. Me dio pena y decidí marcharme, aún después de lo que me había costado encontrar esa casa perdida, a la que hay que acceder atravesando un camino de piedras de un par de kilómetros, lo menos. Había engañado al de seguridad que había salió de su garita con la intención de darme el alto. Era bosnio (o lo que sea) y le convencí de que era un directivo de la productora, lo cual le pareció creíble, aunque ciertamente algo debió ayudar el billete que deje caer en su mano izquierda. Tanto esfuerzo para llegar hasta allí y ni podía entrar ni realmente me apetecía hacerlo. Era como observar el paisaje después de la batalla, y esa más bien parecía haber sido una guerra química, que había dejado sin vida una casa que aún se mantenía en pie. Pero cuando ya me iba, a través de las persianas pude divisar una sombra. Era una persona. Una persona nerviosa. Y era mujer. Se trataba de una mujer nerviosa que lloraba y gesticulaba, sin parar de moverse de un lado para otro. Ahora ya la escuchaba, hablaba de un sujetador y decía tantas barbaridades que logró casi sonrojarme. No me lo podía creer, era Marusky, pidiendo a voz en grito que viniese un psicólogo a ayudarla.

Me quedé petrificado tras la ventana. Me moví un poco, levante las sedas negras que medio tapaban otra ventana al lado de la anterior, y pude ver un Shangri-La. Era como pasar del día a la noche, como encontrar un oasis en medio del desierto. En la habitación naranja reían seis personas, parecía que se lo estaban pasando bien. Eran Naiala, Laura, Dani Rubio, Dani López, Javi y Pulpillo. Se llevaban todos bien, daban la impresión de ser felices. Seguí rodeando la casa y me encontré con Kiko y Kiran en poco animada charla. Es extraño, porque cuando iba para el apartamento naranja me había parecido ver a Kiran sentado en el huevo-balancín ese del patio, solitario mirando el infinito. También me pareció raro porque Marusky estaba ahora calmada, hablando sin parar con Greta y Mimi. Mientras, Mamen iba y venía, prestando una atención relativa. Ella estaba al plato y a las tajadas, porque no paraba de vigilar a Kiko y Gema, que estaban ahora sorprendentemente acaramelados en el patio. Esta gente tiene el don de la ubicuidad, no sé que es lo que está pasando. Además, la casa debía estar vacía. ¿Qué es lo que ocurre? Voy a enloquecer. De repente vi en medio del patio el rulo aquel, repleto de arena en forma de micro-bolitas, y Kiran preocupado contando los minutos, y al momento en la habitación azul se formó un tumulto, Kiko estaba amenazando al irlandés con mandarle a la tumba. ¡Qué fuerte!, eso no lo había escuchado nunca, debe ser de aquellas cosas que nos censuran. No me lo puedo creer, de repente y sin cambiar de ventana estaba delante de la perrera, mirando a Rocinante y Gordo detrás de dos tremendas cacas, que eran ahora indeseadas protagonistas. Quise moverme, pero en seguida pasé a tener delante el ‘confe’, con Mamen y Mimi, la primera sentada en el sofá de paja verde, y la otra apoyada en su brazo. Se estaban confesando a dúo, en esa especie de dos por uno que acostumbraban.

En un instante pasé de nuevo a ver el apartamento naranja. Las cámaras miraban el techo, y en la cama de Laura le estaba Dani ’sucio’ haciendo… vaya, vaya… esto… no me estaba sintiendo bien mirando lo que nadie vio, pero de repente la luz se apagó y al volver a lucir de nuevo tenía ante mí a Kiko reaccionando impotente ante un Javi que le había ganado la mano al entrar antes que él a poner la ‘nominación inmediata’. Quise ver de nuevo el ‘confe’ y me pareció como si ese carrusel caótico de imágenes que tenía ante mí respondiese a mis deseos, pero no era Javi quien estaba dentro ahora, sino Dani Lo consumando la traición de lo que sabiamente ellos llamaron ‘nominación inversa’ y torpemente habíamos denominado aquí como ‘nominación en positivo’. Me apetecía ver ahora limpiar a un Dani R. que invento la ‘limpieza inversa’, pero esto debía estar complicado y pude observar a cuatro o cinco discutiendo con Kiran, mientras algunas de su grupo pasaban de apoyarle. En un tris tenía ante mí a Kiko discutiendo con Javi, a Kiran discutiendo con Javi, a Maru discutiendo con Javi, a Greta discutiendo con Javi. Las situaciones se sucedían al otro lado del cristal con rapidez pasmosa. Ahora era la parejita tumbada en el sofá del salón, y al momento lo mismo pero en su redonda cama del apartamento individual. Luego vi llorar a Nai, a Laura, a Greta, a Kiran, a Mimi, a Mamen y, de nuevo, a Marusky. Y, sin solución de continuidad, empecé a ver desfilar delante de mis ojos las alentadoras imágenes de todos riendo, uno a uno, una vez y otra. Cómo me gustó eso, no todo habían sido discusiones, ni llantos, ni dolos. También había muchas risas aún resonando dentro de esa casa solitaria, fría, triste y oscura.

Noté una mano fría golpeando mi hombro derecho. Era un ’segurata’, no el bosnio (o lo que sea), este parecía español, un señor de mediana edad, gordito y con bigote. Al tiempo que sentí su mano escuché sus palabras: “¿Pero que hace aquí, buen hombre? ¿Qué carajo está mirando? ¿No ve que no hay nada?, que esto está vacío desde hace días. Parece que viene usted de otro planeta, y no hubiera visto que ya se terminó todo. Vamos, venga, no me haga repetírselo dos veces. Váyase por donde ha venido, y tenga cuidado, que la maldita carretera está medio helada. A cualquier cosa llaman carretera, es que hay que ver. ¿No me está escuchando? Que aquí ya no hay nada que hacer, y menos mirar. ¿No ve que está todo oscuro y silencioso? Anda, con Dios, y Feliz Navidad, hombre”. Me había pillado por sorpresa y no tenía para él preparado otro billete con dos dobleces para poderlo depositar en su mano disimuladamente. ¡Maldita sea! Ahora que estaba yo en lo mejor. Con todo lo que estaba viendo, tantas situaciones, cuantísimos recuerdos. El pobre señor de la empresa privada de seguridad no sabía que ahí dentro seguía habiendo vida, que en apenas unos minutos había visto pasar semanas. Si no me llega a descubrir, si hubiera podido estar un rato más, habrían pasado delante de mis ojos más de tres meses, que parecen todo una vida, casi. Si el ’segurata’ supiera, pero mejor no decirle nada. Opté por volver sobre mis pasos, saludé al bosnio (o lo que sea) y volví a subir a mi coche. Era cierto que la carretera tenía placas de hielo, no anduve tranquilo hasta que cogí la nacional. Y aún no podía ni creerlo yo mismo. Había estado allí, casi dentro de la casa, delante de todos ellos. Menuda sorpresa me había llevado. Claro que esto no lo voy a poder contar a nadie. ¿Quién iba a creerme? Nadie nunca sabrá que he tenido el privilegio de haber vivido algo así. Nunca, ¿sabes? Nadie, ¿sabes?

[ Dejo vídeo recuerdo de la octava edición de GH. Se trata del álbum de fotos de GH VIII que hemos preparado como regalo navideño para todos nuestros muchos amigos. Y con este vídeo os queremos desear una feliz salida y entrada de año. Que el 2007 os sea propicio, y nosotros que lo veamos. Puedes ver el vídeo, como siempre, al pie de las columnas de la izquierda. Y también, junto al resto de vídeos de esta edición, en nuestra sección correspondiente, haciendo clic aquí. ]

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