Sobre el tópico de la convivencia
Uno de los grandes tópicos de Gran Hermano es el que lo define como un programa de convivencia. En este primer artículo de post-programa pretendo hacer una reflexión lo más ajustada posible a lo que pienso a este respecto, intentando evitar hacerme excesivamente pesado. Hablo del tópico de la convivencia porque se trata de una de esas expresiones acuñadas vete a saber por quien y que se repite insistentemente edición tras edición. ¿Es realmente Gran Hermano un programa de convivencia? En principio, creo que no admite otra respuesta que la afirmativa, porque evidentemente la prueba consiste en reunir a un colectivo superior en poco a la docena de personas para que convivan durante un tiempo máximo que estaría en torno a los cien días y en la misma casa, que tiene habitualmente entre dos y cuatro dormitorios y un conjunto de servicios comunes que han de compartir todos los habitantes. Si convivencia supone vivir en compañía de otro u otros, como reza el DRAE, está claro que la experiencia de Gran Hermano se fundamenta en un grupo de gente conviviendo, a lo que se añaden otros condicionantes como la presencia de cámaras y micrófonos vigilantes, el importantísimo factor del aislamiento o unas condiciones de vida que imponen ciertas carencias así como una cesión de la individualidad, que se ve casi anulada a favor de la vida en colectividad. No se puede dudar, por tanto, que no solamente se está poniendo a prueba a cada uno de los individuos sino la capacidad del conjunto para convivir con el resto, y hacerlo además en las condiciones dadas. Ahora bien, se trata de convivir, eso es cierto, pero no necesariamente se está planteando la necesidad de una buena convivencia.
La torpeza declarada de los concursantes que en esta edición han planteado una convivencia no necesariamente buena, les ha llevado a explicar, a justificar sus actos, con el argumento de que en el manual del programa no se dice que este sea un concurso de convivencia. Es torpe y revela una cortedad de miras escandalosa, porque no es algo que deba figurar en ninguna guía al tratarse de una cuestión tan radical, que afecta al propio fundamento de la experiencia propuesta. Lo que podrían haber explicado es que entre esas normas que pone el programa y son de obligado cumplimiento por los concursantes, no hay realmente reglas de buena convivencia, dejando a su libre albedrío como plantean su vida, cual es la actitud que desean tener. Del comportamiento de cada uno, unido a su atractivo personal y otros factores, depende como les vea el público votante, que en último término tiene en su mano el destino de todos y la decisión final de quien tiene el privilegio de engrosar la nómina de ganadores. En ese manual se establecen unas normas de comportamiento en las que se dice lo que se puede y no se puede hacer, estableciéndose unas obligaciones para todos. Lo que no figura ahí es como deben afrontar esa convivencia, no se les dice que deban ser justos y benéficos, como proclamaba la Constitución Española de 1812. Es la audiencia (o esa parte de la audiencia que vota, como suelo decir) la que hace ese juicio. Es más, la audiencia decide si aprueba al justo y benéfico o, por el contrario, decide darle su apoyo a quien demuestra ser todo lo contrario. Tengo dicho que la opinión que cada uno nos formamos sobre los habitantes de la casa de Guadalix es fundamentalmente caprichosa, además de responder en cada caso a motivaciones distintas. Hay quien simpatiza con quien se siente más identificado, otros que buscan conductas ejemplares y también puede haber una parte que reclaman algo nuevo, un comportamiento distinto de lo ya visto y conocido.
En el último grupo están quienes tras unas ediciones que giraron en torno a parejas y amoríos, piden algo diferente. El juego de estrategia planteado por Pepe, que en mi opinión estaba generado por un análisis reposado y a fondo de las personalidades y actitudes de todos, incluidas las propias, tuvo el refrendo de una aplastante mayoría como reacción a una cierta anquilosis que sufría el programa. Algunos intentos anteriores no habían tenido la brillantez ni el acierto que sí tuvo en este caso Pepe, además de su propia personalidad atrayente para la mayoría. Estoy convencido de que si se repite un planteamiento como este en más de una edición, la audiencia demandará de nuevo algo distinto, muy probablemente dando por bueno el juego de romances que algunos no han dejado de pretender nunca para este programa. Pero Gran Hermano es mucho más que eso, es más que una crónica social rosa y también más que un juego en el que alguien planifica con acierto como se ha de resolver el siguiente acto. Es difícil decir qué es Gran Hermano, pero sí podemos decir que no es, y tengo la completa certeza de que no es un salón de té victoriano, ni una puñetera Disneylandia, como diría un viejo conocido de la red. No se les exige que sean amables con sus compañeros, ni que sonrían complacidos, ni siquiera que sean generosos y ayuden al prójimo, mucho menos que le quieran como a sí mismos. Con esto no quiero decir que se les deba invitar a todo lo contrario, sino que tanto una actitud como otra son válidas, teniendo la audiencia el poder exclusivo de aprobarlas o no. Naturalmente que todos podemos hacer nuestros juicios basados en lo que vemos, incluso el propio programa o su presentadora, que tiene el papel de enfrentar a cada concursante con ese espejo del que siempre hablo, en el que se refleja la que ha sido su actitud en la casa, ante la que los espectadores tenemos el derecho de ver como responde, y el propio concursante el derecho a responder. Que no se exija una buena convivencia no quiere decir que no tengan que rendir cuentas y explicar las razones que les han llevado a tener ciertos comportamientos hacia algunos de sus compañeros.
A modo de resumen diré que todo lo dicho, que puede parecer una gran obviedad pero la experiencia me indica que no lo es tanto, nos llevaría a concluir que este es un concurso en el que se pone a prueba a un colectivo de personas que han de convivir durante un tiempo en unas condiciones conocidas por todos, en líneas generales, hecho ante el cual cada uno plantea esa convivencia de la forma que desea, sabiendo que cada cosa que hagan supondrá un elemento de juicio más para la audiencia votante. A partir de ahí nadie puede impedir que alguien se plantee intentar desequilibrar al contrario, actitud tan lícita como cualquier otra. Y, de igual forma, no podrá impedir nadie que en orden a lo visto la audiencia de su veredicto, y que todos hagamos nuestro propio juicio libremente. Lo que no comparto es la demonización de quien decide no convertirse en un ser ejemplar en la casa, primero porque no soy partidario de demonizar a nadie, y después porque tengo el suficiente poder para decidir acabar con determinadas situadas provocadas por un concursante. Por esto, cuando alguien nos quiere recordar que este es un juego de convivencia, pretendiendo ejemplificar la buena convivencia, yo solamente le puedo decir que no se exige una convivencia que entendamos como buena, ya que la auténticamente buena será la que obtenga el refrendo del público. Es algo parecido a lo de la lotería, que hace unos días nos ha vuelto a dar la espalda, y en donde el número bonito es aquel que resulta premiado, por más que no nos guste a priori. Esto sin entrar a la valorar la falsedad e hipocresía de quienes pretenden convertirse en los súper héroes defensores de las buenas causas, cuando todos sabemos que actuaron en muchas ocasiones movidos por los mismos valores contra los que dijeron ir. Y es que, en definitiva, todos somos tan justos y benéficos a veces, como injustos y dañinos otras.
Prometí para estas fechas de la Navidad, en esta semana posterior a la gran final de GH VIII, adelantar a nuestros queridos lectores que será lo que haremos a partir de ahora en esta página. Habitualmente hacemos un parón de meses, que supone en enorme paréntesis entre una edición y la siguiente. Aun cuando nunca sé que sucederá en la próxima edición, en esta ocasión me dispongo a proponeros una alternativa a ese paréntesis, que posibilitará mantener el contacto establecido durante los últimos meses por muchos amigos en nuestro panel diario de comentarios. De esta forma, puedo anunciaros ya que la próxima semana, si no hay novedad en el frente y nos respeta el fuego enemigo de los ‘crackers’ (que no son galletas saladas sino esos ‘angelitos’ que se dedican a violar la seguridad de sistemas informáticos con el fin de hacer daño a un objetivo), pondremos en marcha un foro en «El Gato encerrado». Será un foro un tanto singular, que de alguna forma intenta conservar algo de la sencillez de nuestro panel de comentarios, pero con las comodidades y ventajas que un entorno de auténtico foro nos puede deportar. El objeto de este foro será comentar Gran Hermano y por extensión otros formatos semejantes, dentro del amplio catálogo de ‘realitys’ que nos ofrece la televisión de nuestro país. Salvo los ‘off-topic’ que se permitan de forma puntual, no hablaremos de otros asuntos, que para eso hay muchos foros y lugares a lo largo y ancho de esta enorme red que es Internet. La cita más próxima será ‘La casa de tu vida’, que se está construyendo desde hace semanas a escasos metros de la casa de GH. Os emplazo a que dentro de unos días asistáis a nuestro lado al nacimiento de ese foro.
Por otra parte, durante los próximos meses intentaremos recuperar algún viejo proyecto para esta página, como es la sección dedicada a los ‘Big Brother’ de otros países, esperando que en esta ocasión podamos llevar a buen puerto ese ansiado proyecto. Pero antes de todo esto, os esperamos en los próximos días, en los que ofreceremos algunas reflexiones más, que aún tenemos pendientes sobre este nuestro programa, aparte de otros contenidos, entre los que habrá alguna que otra sorpresa. Seguimos trabajando durante algunos días más, por tanto. Aquí nos vemos.
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