El Gato encerrado
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A través de las persianasUn jueves sin GH

Ayer fue jueves. Fue un jueves sin GH. Que raro se me hizo. Tras tres meses y medio esperando el jueves para acudir a la cita nocturna con nuestro programa, ayer me encontré con que me faltaba algo. Qué malos son los jueves sin GH. A partir de ahora podré volver a salir los jueves, no tendré ya la obligación de fichar a las diez de la noche frente al televisor. Me he desembarazado de esa costumbre, que tenía ya la consideración de sagrada. Podía surgir cualquier cosa, el día de la semana que fuera, pero no un jueves, ’sorry’. El jueves no, tengo GH. Tenía, mejor dicho. Y que sagrada obligación más grata. Pero anoche… anoche me faltaba algo, y salí a buscarlo.

Me fui a Guadalix, buscando sombras, fantasmas. La casa estaba vacía, miré a través de las persianas, ya bajadas. Era una casa abandonada, condenada a desaparecer. Me dio pena y decidí marcharme, aún después de lo que me había costado encontrar esa casa perdida, a la que hay que acceder atravesando un camino de piedras de un par de kilómetros, lo menos. Había engañado al de seguridad que había salió de su garita con la intención de darme el alto. Era bosnio (o lo que sea) y le convencí de que era un directivo de la productora, lo cual le pareció creíble, aunque ciertamente algo debió ayudar el billete que deje caer en su mano izquierda. Tanto esfuerzo para llegar hasta allí y ni podía entrar ni realmente me apetecía hacerlo. Era como observar el paisaje después de la batalla, y esa más bien parecía haber sido una guerra química, que había dejado sin vida una casa que aún se mantenía en pie. Pero cuando ya me iba, a través de las persianas pude divisar una sombra. Era una persona. Una persona nerviosa. Y era mujer. Se trataba de una mujer nerviosa que lloraba y gesticulaba, sin parar de moverse de un lado para otro. Ahora ya la escuchaba, hablaba de un sujetador y decía tantas barbaridades que logró casi sonrojarme. No me lo podía creer, era Marusky, pidiendo a voz en grito que viniese un psicólogo a ayudarla.

Me quedé petrificado tras la ventana. Me moví un poco, levante las sedas negras que medio tapaban otra ventana al lado de la anterior, y pude ver un Shangri-La. Era como pasar del día a la noche, como encontrar un oasis en medio del desierto. En la habitación naranja reían seis personas, parecía que se lo estaban pasando bien. Eran Naiala, Laura, Dani Rubio, Dani López, Javi y Pulpillo. Se llevaban todos bien, daban la impresión de ser felices. Seguí rodeando la casa y me encontré con Kiko y Kiran en poco animada charla. Es extraño, porque cuando iba para el apartamento naranja me había parecido ver a Kiran sentado en el huevo-balancín ese del patio, solitario mirando el infinito. También me pareció raro porque Marusky estaba ahora calmada, hablando sin parar con Greta y Mimi. Mientras, Mamen iba y venía, prestando una atención relativa. Ella estaba al plato y a las tajadas, porque no paraba de vigilar a Kiko y Gema, que estaban ahora sorprendentemente acaramelados en el patio. Esta gente tiene el don de la ubicuidad, no sé que es lo que está pasando. Además, la casa debía estar vacía. ¿Qué es lo que ocurre? Voy a enloquecer. De repente vi en medio del patio el rulo aquel, repleto de arena en forma de micro-bolitas, y Kiran preocupado contando los minutos, y al momento en la habitación azul se formó un tumulto, Kiko estaba amenazando al irlandés con mandarle a la tumba. ¡Qué fuerte!, eso no lo había escuchado nunca, debe ser de aquellas cosas que nos censuran. No me lo puedo creer, de repente y sin cambiar de ventana estaba delante de la perrera, mirando a Rocinante y Gordo detrás de dos tremendas cacas, que eran ahora indeseadas protagonistas. Quise moverme, pero en seguida pasé a tener delante el ‘confe’, con Mamen y Mimi, la primera sentada en el sofá de paja verde, y la otra apoyada en su brazo. Se estaban confesando a dúo, en esa especie de dos por uno que acostumbraban.

En un instante pasé de nuevo a ver el apartamento naranja. Las cámaras miraban el techo, y en la cama de Laura le estaba Dani ’sucio’ haciendo… vaya, vaya… esto… no me estaba sintiendo bien mirando lo que nadie vio, pero de repente la luz se apagó y al volver a lucir de nuevo tenía ante mí a Kiko reaccionando impotente ante un Javi que le había ganado la mano al entrar antes que él a poner la ‘nominación inmediata’. Quise ver de nuevo el ‘confe’ y me pareció como si ese carrusel caótico de imágenes que tenía ante mí respondiese a mis deseos, pero no era Javi quien estaba dentro ahora, sino Dani Lo consumando la traición de lo que sabiamente ellos llamaron ‘nominación inversa’ y torpemente habíamos denominado aquí como ‘nominación en positivo’. Me apetecía ver ahora limpiar a un Dani R. que invento la ‘limpieza inversa’, pero esto debía estar complicado y pude observar a cuatro o cinco discutiendo con Kiran, mientras algunas de su grupo pasaban de apoyarle. En un tris tenía ante mí a Kiko discutiendo con Javi, a Kiran discutiendo con Javi, a Maru discutiendo con Javi, a Greta discutiendo con Javi. Las situaciones se sucedían al otro lado del cristal con rapidez pasmosa. Ahora era la parejita tumbada en el sofá del salón, y al momento lo mismo pero en su redonda cama del apartamento individual. Luego vi llorar a Nai, a Laura, a Greta, a Kiran, a Mimi, a Mamen y, de nuevo, a Marusky. Y, sin solución de continuidad, empecé a ver desfilar delante de mis ojos las alentadoras imágenes de todos riendo, uno a uno, una vez y otra. Cómo me gustó eso, no todo habían sido discusiones, ni llantos, ni dolos. También había muchas risas aún resonando dentro de esa casa solitaria, fría, triste y oscura.

Noté una mano fría golpeando mi hombro derecho. Era un ’segurata’, no el bosnio (o lo que sea), este parecía español, un señor de mediana edad, gordito y con bigote. Al tiempo que sentí su mano escuché sus palabras: “¿Pero que hace aquí, buen hombre? ¿Qué carajo está mirando? ¿No ve que no hay nada?, que esto está vacío desde hace días. Parece que viene usted de otro planeta, y no hubiera visto que ya se terminó todo. Vamos, venga, no me haga repetírselo dos veces. Váyase por donde ha venido, y tenga cuidado, que la maldita carretera está medio helada. A cualquier cosa llaman carretera, es que hay que ver. ¿No me está escuchando? Que aquí ya no hay nada que hacer, y menos mirar. ¿No ve que está todo oscuro y silencioso? Anda, con Dios, y Feliz Navidad, hombre”. Me había pillado por sorpresa y no tenía para él preparado otro billete con dos dobleces para poderlo depositar en su mano disimuladamente. ¡Maldita sea! Ahora que estaba yo en lo mejor. Con todo lo que estaba viendo, tantas situaciones, cuantísimos recuerdos. El pobre señor de la empresa privada de seguridad no sabía que ahí dentro seguía habiendo vida, que en apenas unos minutos había visto pasar semanas. Si no me llega a descubrir, si hubiera podido estar un rato más, habrían pasado delante de mis ojos más de tres meses, que parecen todo una vida, casi. Si el ’segurata’ supiera, pero mejor no decirle nada. Opté por volver sobre mis pasos, saludé al bosnio (o lo que sea) y volví a subir a mi coche. Era cierto que la carretera tenía placas de hielo, no anduve tranquilo hasta que cogí la nacional. Y aún no podía ni creerlo yo mismo. Había estado allí, casi dentro de la casa, delante de todos ellos. Menuda sorpresa me había llevado. Claro que esto no lo voy a poder contar a nadie. ¿Quién iba a creerme? Nadie nunca sabrá que he tenido el privilegio de haber vivido algo así. Nunca, ¿sabes? Nadie, ¿sabes?

[ Dejo vídeo recuerdo de la octava edición de GH. Se trata del álbum de fotos de GH VIII que hemos preparado como regalo navideño para todos nuestros muchos amigos. Y con este vídeo os queremos desear una feliz salida y entrada de año. Que el 2007 os sea propicio, y nosotros que lo veamos. Puedes ver el vídeo, como siempre, al pie de las columnas de la izquierda. Y también, junto al resto de vídeos de esta edición, en nuestra sección correspondiente, haciendo clic aquí. ]

Nuevo hilo de comentarios.

Sobre el tópico de la convivencia

Uno de los grandes tópicos de Gran Hermano es el que lo define como un programa de convivencia. En este primer artículo de post-programa pretendo hacer una reflexión lo más ajustada posible a lo que pienso a este respecto, intentando evitar hacerme excesivamente pesado. Hablo del tópico de la convivencia porque se trata de una de esas expresiones acuñadas vete a saber por quien y que se repite insistentemente edición tras edición. ¿Es realmente Gran Hermano un programa de convivencia? En principio, creo que no admite otra respuesta que la afirmativa, porque evidentemente la prueba consiste en reunir a un colectivo superior en poco a la docena de personas para que convivan durante un tiempo máximo que estaría en torno a los cien días y en la misma casa, que tiene habitualmente entre dos y cuatro dormitorios y un conjunto de servicios comunes que han de compartir todos los habitantes. Si convivencia supone vivir en compañía de otro u otros, como reza el DRAE, está claro que la experiencia de Gran Hermano se fundamenta en un grupo de gente conviviendo, a lo que se añaden otros condicionantes como la presencia de cámaras y micrófonos vigilantes, el importantísimo factor del aislamiento o unas condiciones de vida que imponen ciertas carencias así como una cesión de la individualidad, que se ve casi anulada a favor de la vida en colectividad. No se puede dudar, por tanto, que no solamente se está poniendo a prueba a cada uno de los individuos sino la capacidad del conjunto para convivir con el resto, y hacerlo además en las condiciones dadas. Ahora bien, se trata de convivir, eso es cierto, pero no necesariamente se está planteando la necesidad de una buena convivencia.

La torpeza declarada de los concursantes que en esta edición han planteado una convivencia no necesariamente buena, les ha llevado a explicar, a justificar sus actos, con el argumento de que en el manual del programa no se dice que este sea un concurso de convivencia. Es torpe y revela una cortedad de miras escandalosa, porque no es algo que deba figurar en ninguna guía al tratarse de una cuestión tan radical, que afecta al propio fundamento de la experiencia propuesta. Lo que podrían haber explicado es que entre esas normas que pone el programa y son de obligado cumplimiento por los concursantes, no hay realmente reglas de buena convivencia, dejando a su libre albedrío como plantean su vida, cual es la actitud que desean tener. Del comportamiento de cada uno, unido a su atractivo personal y otros factores, depende como les vea el público votante, que en último término tiene en su mano el destino de todos y la decisión final de quien tiene el privilegio de engrosar la nómina de ganadores. En ese manual se establecen unas normas de comportamiento en las que se dice lo que se puede y no se puede hacer, estableciéndose unas obligaciones para todos. Lo que no figura ahí es como deben afrontar esa convivencia, no se les dice que deban ser justos y benéficos, como proclamaba la Constitución Española de 1812. Es la audiencia (o esa parte de la audiencia que vota, como suelo decir) la que hace ese juicio. Es más, la audiencia decide si aprueba al justo y benéfico o, por el contrario, decide darle su apoyo a quien demuestra ser todo lo contrario. Tengo dicho que la opinión que cada uno nos formamos sobre los habitantes de la casa de Guadalix es fundamentalmente caprichosa, además de responder en cada caso a motivaciones distintas. Hay quien simpatiza con quien se siente más identificado, otros que buscan conductas ejemplares y también puede haber una parte que reclaman algo nuevo, un comportamiento distinto de lo ya visto y conocido.

En el último grupo están quienes tras unas ediciones que giraron en torno a parejas y amoríos, piden algo diferente. El juego de estrategia planteado por Pepe, que en mi opinión estaba generado por un análisis reposado y a fondo de las personalidades y actitudes de todos, incluidas las propias, tuvo el refrendo de una aplastante mayoría como reacción a una cierta anquilosis que sufría el programa. Algunos intentos anteriores no habían tenido la brillantez ni el acierto que sí tuvo en este caso Pepe, además de su propia personalidad atrayente para la mayoría. Estoy convencido de que si se repite un planteamiento como este en más de una edición, la audiencia demandará de nuevo algo distinto, muy probablemente dando por bueno el juego de romances que algunos no han dejado de pretender nunca para este programa. Pero Gran Hermano es mucho más que eso, es más que una crónica social rosa y también más que un juego en el que alguien planifica con acierto como se ha de resolver el siguiente acto. Es difícil decir qué es Gran Hermano, pero sí podemos decir que no es, y tengo la completa certeza de que no es un salón de té victoriano, ni una puñetera Disneylandia, como diría un viejo conocido de la red. No se les exige que sean amables con sus compañeros, ni que sonrían complacidos, ni siquiera que sean generosos y ayuden al prójimo, mucho menos que le quieran como a sí mismos. Con esto no quiero decir que se les deba invitar a todo lo contrario, sino que tanto una actitud como otra son válidas, teniendo la audiencia el poder exclusivo de aprobarlas o no. Naturalmente que todos podemos hacer nuestros juicios basados en lo que vemos, incluso el propio programa o su presentadora, que tiene el papel de enfrentar a cada concursante con ese espejo del que siempre hablo, en el que se refleja la que ha sido su actitud en la casa, ante la que los espectadores tenemos el derecho de ver como responde, y el propio concursante el derecho a responder. Que no se exija una buena convivencia no quiere decir que no tengan que rendir cuentas y explicar las razones que les han llevado a tener ciertos comportamientos hacia algunos de sus compañeros.

A modo de resumen diré que todo lo dicho, que puede parecer una gran obviedad pero la experiencia me indica que no lo es tanto, nos llevaría a concluir que este es un concurso en el que se pone a prueba a un colectivo de personas que han de convivir durante un tiempo en unas condiciones conocidas por todos, en líneas generales, hecho ante el cual cada uno plantea esa convivencia de la forma que desea, sabiendo que cada cosa que hagan supondrá un elemento de juicio más para la audiencia votante. A partir de ahí nadie puede impedir que alguien se plantee intentar desequilibrar al contrario, actitud tan lícita como cualquier otra. Y, de igual forma, no podrá impedir nadie que en orden a lo visto la audiencia de su veredicto, y que todos hagamos nuestro propio juicio libremente. Lo que no comparto es la demonización de quien decide no convertirse en un ser ejemplar en la casa, primero porque no soy partidario de demonizar a nadie, y después porque tengo el suficiente poder para decidir acabar con determinadas situadas provocadas por un concursante. Por esto, cuando alguien nos quiere recordar que este es un juego de convivencia, pretendiendo ejemplificar la buena convivencia, yo solamente le puedo decir que no se exige una convivencia que entendamos como buena, ya que la auténticamente buena será la que obtenga el refrendo del público. Es algo parecido a lo de la lotería, que hace unos días nos ha vuelto a dar la espalda, y en donde el número bonito es aquel que resulta premiado, por más que no nos guste a priori. Esto sin entrar a la valorar la falsedad e hipocresía de quienes pretenden convertirse en los súper héroes defensores de las buenas causas, cuando todos sabemos que actuaron en muchas ocasiones movidos por los mismos valores contra los que dijeron ir. Y es que, en definitiva, todos somos tan justos y benéficos a veces, como injustos y dañinos otras.

Prometí para estas fechas de la Navidad, en esta semana posterior a la gran final de GH VIII, adelantar a nuestros queridos lectores que será lo que haremos a partir de ahora en esta página. Habitualmente hacemos un parón de meses, que supone en enorme paréntesis entre una edición y la siguiente. Aun cuando nunca sé que sucederá en la próxima edición, en esta ocasión me dispongo a proponeros una alternativa a ese paréntesis, que posibilitará mantener el contacto establecido durante los últimos meses por muchos amigos en nuestro panel diario de comentarios. De esta forma, puedo anunciaros ya que la próxima semana, si no hay novedad en el frente y nos respeta el fuego enemigo de los ‘crackers’ (que no son galletas saladas sino esos ‘angelitos’ que se dedican a violar la seguridad de sistemas informáticos con el fin de hacer daño a un objetivo), pondremos en marcha un foro en «El Gato encerrado». Será un foro un tanto singular, que de alguna forma intenta conservar algo de la sencillez de nuestro panel de comentarios, pero con las comodidades y ventajas que un entorno de auténtico foro nos puede deportar. El objeto de este foro será comentar Gran Hermano y por extensión otros formatos semejantes, dentro del amplio catálogo de ‘realitys’ que nos ofrece la televisión de nuestro país. Salvo los ‘off-topic’ que se permitan de forma puntual, no hablaremos de otros asuntos, que para eso hay muchos foros y lugares a lo largo y ancho de esta enorme red que es Internet. La cita más próxima será ‘La casa de tu vida’, que se está construyendo desde hace semanas a escasos metros de la casa de GH. Os emplazo a que dentro de unos días asistáis a nuestro lado al nacimiento de ese foro.

Por otra parte, durante los próximos meses intentaremos recuperar algún viejo proyecto para esta página, como es la sección dedicada a los ‘Big Brother’ de otros países, esperando que en esta ocasión podamos llevar a buen puerto ese ansiado proyecto. Pero antes de todo esto, os esperamos en los próximos días, en los que ofreceremos algunas reflexiones más, que aún tenemos pendientes sobre este nuestro programa, aparte de otros contenidos, entre los que habrá alguna que otra sorpresa. Seguimos trabajando durante algunos días más, por tanto. Aquí nos vemos.

Más capturas de la final

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Capturas de la final del día 21-12-2006

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Naiala ganadoraFinal del juego

Aclaración previa: Esta página web ha sido objeto durante las últimas horas, y desde el día jueves 21 de diciembre, de un ataque DoS (o ataque de denegación de servicio). Este es un ataque típico de los ‘crackers’ en Internet para dejar servidores fuera de servicio. Consiste en atacar un sistema de ordenadores o una red, causando que un recurso sea inaccesible a los usuarios legítimos. Se genera mediante la saturación de los puertos con flujo de información, haciendo que el servidor se sobrecargue y no pueda seguir prestando servicios, por eso se le dice “denegación”, pues hace que el servidor no de abasto a la cantidad de usuarios supuestamente generada. Esto, obviamente, no es morir de éxito, no ha sido este gato enterrado en vida por un alojador de Internet, como a lo largo de la noche del jueves pude pensar, sino que se trata de una inoportuna piedra en el camino puesta por un/os necio/s. Hubiera preferido que nada de esto hubiera sucedido y haber podido asistir a la cita diaria en el que era precisamente el último día, el más decisivo e importante de todos. Pero este tropiezo fue ajeno a nuestro servidor y mucho más a quien esto escribe, y supone un interés malsano de tales proporciones que no deja de avivar mi vanidad, al significar que hay quien/es se toma/n una molestia tal. Me han hecho el honor de ser víctima de un ataque como este, que es todo un nivelón. Espero que nuestro alojador de buenos pasos en la investigación abierta, lo cual les conduzca a evitar que la situación se repita, así como a darnos las pistas que esperamos. De forma que si algún otro día, amigo lector, ves que no puedes acceder a nuestra web, que aparece de nuevo el “Account suspended” (cuenta suspendida), que el servidor necesita como recurso para que no sean víctimas otras webs de este mundo global que es Internet, pues ya sabéis que alguien se tomó la molestia una vez más de poner otra piedra en nuestro camino. Hay quien dispara a la rama equivocada, aquella donde no está el pájaro, y no se da cuenta de que es imposible derribar un árbol que creció con cariño y dedicación, que muchos cuidan cada día, y que además goza de una salud envidiable. Disparan con balines de juguete, perdigones, o incluso vulgares balas de fogueo. Y además tienen una puntería pésima. En todo caso, pido disculpéis las molestias que los ‘crackers’ nos han ocasionado a todos, y os confirmo mi gratitud inmensa por estar ahí, como siempre.

La noche de la final vino acompañada de magia, aunque nada comparable con la magia de Gran Hermano. Lástima que las cosas empezasen mal, con tensión y necedad por parte de algunos. No nos merecíamos un comienzo así, lleno de tensión e incomprensión, falto de educación y con un extraño concepto de lo que es oportuno y aquello que no lo es en absoluto. No entendí la queja de Laura Sevillano, que lleva callada tres meses y quiso tener su minuto de gloria para, con voz temblorosa, hacer unas reclamaciones absurdas e injustas. Es sencillamente mentira que no le hayan dado la palabra en ninguna gala, rotundamente falso. Otra cosa es que haya sabido aprovechar sus oportunidades, que las ha tenido, o incluso que no acostumbrase a pedir la palabra y prefiriese la comodidad de ver el programa como un espectador más. Tampoco entiendo que Javi persevere en su postura de víctima, que él mismo propició el martes cuando se le recordó que si quería se podía marchar del plató, cosa que hizo. Ahora las pía y afirma que se siente maltratado, en una utilización perversa del lenguaje, ya que debió decir que no ha sido bien tratado a su juicio, que vienen a ser cosas bien distintas. Es difícil no caer en provocaciones así, y a pesar de todo Milá supo levantar con profesionalidad envidiable un programa que empezaba de la peor forma posible, y lo hizo con la excelencia a la que nos tiene acostumbrados, haciendo tres jugosísimas entrevistas en un programa largo e intenso. Mantener esa intensidad durante tanto tiempo, y según había comenzado el programa, no es nada fácil, y yo no quiero dejar pasar la oportunidad de decir, le pese a quien le pese, e independientemente de las críticas que he hecho esta edición (ayer mismo, sin ir más lejos), que admiro el trabajo de Milá, su competencia indiscutible, la enorme capacidad de trabajo que demuestra, el grado de implicación y la pasión que pone en todo lo que hace. Ella nunca va a cubrir el expediente, sino que va mucho más allá. Con sus aciertos, y sus errores, que todos tenemos. Lo cierto es que la primera entrevistada tampoco ayudó en nada, ya que es muy complicado sacarle jugo a quien a la pregunta “¿Quizá es que eres demasiado egoísta, no?”, te responde: “Pues puede ser, no sé”. De donde no hay no se puede sacar, eso está claro.

Afortunadamente la noche mejoró tras ese comienzo tenso e incierto, y después también de la entrevista a la anodina Mimi. La posición de tercera finalista de esta fue comunicada por un niño de San Ildefonso cantando mientras salía de una bola gigante en el patio. Tras la canora cantada solamente quedaban en la casa las dos reinas, y fue la magia de Jorge Blas la que nos desveló el nombre de Naiala con letras luminosas en el pañuelo negro del mago. Mi sospecha de la primera semana, que mantuve durante más de cien días, se veía así confirmada. También tuvo su refrendo nuestra encuesta, que había ordenado correctamente los cuatro finalistas en el orden que resultó de los votos finales. Ha sido esta una temporada en que la encuesta parece que lo estaba teniendo más difícil que nunca, pero al fin y a la postre terminó acertando, frente a otras que señalaban a Mimi, la tercera clasificada, como ganadora. Eso sí, la diferencia entre la ganadora y el segundo puesto fue mucho más abultado de lo que marcaba nuestra encuesta, ya que Nai obtuvo el 54.6% de los votos y Laura el 27.9%, mientras que Mimi solamente logró concitar el 17.5%, el porcentaje en que se aproximó más a la realidad. Las tres finalistas salieron de la casa a pie y por la misma puerta por donde habían entrado, donde les esperaba un camello a cuyo lomo hicieron un breve trayecto para comenzar después a darse ese baño de gente que comenzaba con los que aguardaban a las puertas de la casa de Guadalix y terminaba con los que rodeaban la pasarela de entrada al plató de Telecinco. En los dos sitios nevaba, en la puerta de la casa por arte de magia, y en ambos casos gracias a los efectos especiales de rigor. Traspasadas las puertas del estudio, y tras los besos, abrazos y achuchones de amigos, familia y los que fueron sus compañeros, se enfrentaban a su propio espejo, algo que hicieron con nervios, me atrevería a decir que con el profundo vértigo que da eso, hasta con miedo. La magia de los efectos especiales tenía que ser sustituida en ese momento por la magia que pudiera irradiar cada una de nuestras reinas particulares, y he de decir que a mi juicio las dos estuvieron bien en la entrevista, pasando bruscamente de un estado de nervios que bloquearía a cualquiera a la sorprendente entereza de contestar con coherencia y hasta con acierto en muchas ocasiones.

Me gustó especialmente Laura, que estuvo segura, madura, alegre y encantadora. Nuestra reina blanca no podía decepcionarnos y no lo hizo en absoluto. Tanto ella como Nai se taparon media cara ante algunas imágenes, sintiendo más vergüenza al ver sus respectivas escenas de cama que las discusiones o la colección de improperios que soltaron ambas en estos más de cien días. Esto es algo que hizo notar con sorpresa Milá, aunque yo lo entiendo desde el punto de vista de los comportamientos públicos y privados de cada uno. Discutimos y nos peleamos en público generalmente, salvo cuando lo hacemos con familiares o amigos, lavando la ropa sucia en casa. Pero en el trabajo, a menudo con los amigos, y en otras muchas ocasiones, nos peleamos en un ámbito público. Sin embargo, casi nadie estamos acostumbrados a mostrarnos sexualmente delante de los demás, reservando a nuestro espacio más privado, el que queda encerrado por las cuatro paredes de un dormitorio, los comportamientos que tienen que ver con la expresión más explicita de nuestro amor, la pasión amorosa o en ocasiones simplemente la necesidad de ese intercambio en el que dos personas coinciden en intereses a la hora de disfrutar del sexo en compañía uno del otro. Esto es lo que les lleva a sentir mayor o menor grado de vergüenza a la hora de ver como el espejo de su paso por la casa les muestra unos comportamientos u otros. No porque se estén avergonzando realmente de lo que hicieron, ni porque se arrepientan de haberlo hecho, sino porque se tratan de actos íntimos, que no estamos acostumbrados a que se muestren a los demás. Me parece llamativo, por otra parte, que una concursante que entra como un flan, nerviosa y con una nula perspectiva de lo que se ha visto y como se vio por el público espectador del programa, tome conciencia con tanta rapidez de que le están enseñando ese espejo del que hablo en el que se puede ver, apreciando por vez primera el juicio popular que de alguna forma es este programa. Y aún más me sorprende que sea capaz de dar respuestas coherentes y hasta bien argumentadas, expresadas con firmeza y serenidad. Esto lo vi anoche en Laura y en la ganadora Naiala, y me gustó apreciar como ellas sí que fueron bien elegidas por tener esa facilidad para pasar de estar en un estado casi ausente y de gran nerviosismo a un radicalmente opuesto estado de sensatez en el que se les está exigiendo que justifiquen sus comportamientos durante tres meses y medio. A juicio de este gato crítico, las dos reinas salieron con notable de esta prueba.

Con todo, el rostro de Naiala en muchos momentos expresaba preocupación y amargura. Vi como se tragaba sus lágrimas y salía para adelante, no sé si como una muestra de firmeza o de inconsciencia. Fue un momento único cuando le mostraron sin filtro alguno las imágenes de lo que tantas veces repitió Dani Lo ante los que fueron sus amigos y aliados, asegurando que estaba con Nai por la guita, que solo el parné le llevaba a mantener esa relación. Más tarde este tuvo ocasión de matizar lo matizable, y aclarar que todo aquello fue en una primera fase del encierro, pero hasta que pudo encontrar un punto de tranquilidad al respecto ella supo responder con gran entereza, disimulando que tragaba y tragaba lágrimas. Las dos coincidieron en no pedir disculpas por su actitud, justificándola Nai con el argumento posibilista de que ella entró para ganar e hizo lo posible por conseguirlo. No tuvo pudor en reconocer que pensó que todo valía, al menos dentro de unos límites, repitiendo la valiente frase de: “Si no hubiera hecho lo que hice tal vez no estaría aquí”. Yo creo que hubiera llegado a la final igualmente, e incluso que la habría ganado, pero su argumento me convence, al menos antes de llegar hasta el punto de someter su actuación a juicio. Laura estuvo más relajada en su entrevista, sonriente, mostrando una especial complicidad con Milá. Su entrevista fue gozosamente entretenida, y nos mostró a una Laura inteligente, que supo defender su opinión y sus actos con respeto y corrección. Naiala estuvo algo más esquiva, menos sincera, y la vi perdida en algún momento, pero no me defraudó tampoco en absoluto.

Lo que no termino de entender es ese especie de apoyo casi unánime que le ofrecieron los ‘morales’ a Naiala, cuando había sido durante mucho tiempo su ‘bestia negra’ en lugar de reina negra, la más odiada con diferencia. Claro que a estos se les desmonta el argumento con muy poquito esfuerzo, ya que bastó con alguna intervención de Pulpi, las propias respuestas de Laura o incluso una simple pregunta de Milá a Marusky, para ver a esta reconociendo que ella también jugó a engañar o a hacer daño utilizando el tabaco de forma nociva; o con preguntas a Gema, que convocó al resto de chicas para ir contra una concursante que simplemente le había caído mal y a la que envidió sin límites. Es más difícil de desengancharse del vicio de ver la paja en el ojo ajeno sin apreciar la viga en el propio que del tabaco. Y si no véase la explicación que daba Mimi, la tercera finalista, a pocos días de la final, cuando se le reclamó que explicara porque merecía ganar GH VIII. La amante del ‘manga’ acumuló una serie de argumentos negativos para los otros finalistas, en los que afeaba comportamientos en los que ella misma ha caído, como mentir o robar comida, y no digamos nada sobre el saber o no convivir. Por otro lado, Pepe estuvo inmenso cuando a la comparación entre su juego de estrategia inteligente y el protagonizado por algunos concursantes de esta edición respondió: “Es que yo jugué al tenis y ellos han jugado al pin-pon”. Y, como siempre, sabias sus palabras en las que, lejos de convertirse en juez de los comportamientos ajenos, lanza el mensaje de que es el propio concursante el que pasado un año podrá decir si piensa que mereció la pena su comportamiento, ya que su devenir a partir de ahora está condicionado por esos actos. Lo de menos es el premio, sin duda tentador, pero cuya importancia es mínima ante la imagen que el paso de un concursante deja en el público. Primero de todo hay que invertir en uno mismo, para poder después plantearse la lucha contra todos los demás. Siempre da gusto escuchar a Pepe Herrero, y yo pensaba anoche que es curioso como los que ahora critican a los ‘calaveras’ dicen que Pepe hizo su estrategia de forma elegante y sin dañar a los demás, pero sin embargo lo que ellos dicen se parece mucho a lo que yo escuché a Sarita, Jesús, Saray y compañía sobre ese ’señor de los récords’, como aquí le llamamos. He evitado caer en la torpeza de comparar ambas ediciones (incomparables), pero la presencia ayer de Pepe en el plató me ha llevado a ello excepcionalmente.

Mucho más se puede comentar de la final y algunas reflexiones se me han quedado en el tintero en torno a esta edición de GH y la propia esencia de esta experiencia. Por esto, os emplazo a seguir con nosotros durante unos días, para terminar de rematar lo pendiente, que serán esas reflexiones así como algún otro regalo a modo de recuerdo de esta octava edición del concurso. No hay lugar para despedidas aún, ya que aún no hemos dicho todo, y además en los próximos días os propondremos algún modo de dar continuidad a nuestro contacto, con el objeto de no interrumpirlo aquí hasta una hipotética próxima edición. Lo cierto es que este gato nostálgico no sabe nunca a la hora del final de una edición, si volverá a someterse a su propio encierro la próxima vez, esto es algo que suelo decidir sobre la marcha. Sea como sea, seguro que seguiremos en contacto, y en todo caso estoy seguro de que nos veremos cualquier día en cualquier parte. Os deseo unas muy Felices Navidades, y felicidad por siempre para todos. Fue un placer inmenso.

[ Dejo vídeo de la final, con una duración mayor de la habitual, al pie de las columnas de la izquierda. Puedes verlo también, junto al resto de vídeos de esta edición, en nuestra sección correspondiente, haciendo clic aquí. ]

Imágenes del resumen del día 20-12-2006

Fotos del resumen del día 20-12-2006

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El Gato encerrado está bajo una licencia de Creative Commons • Funciona con WordPress • Tema por laGatera • Revisado: 26.07.2009

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Fotografías y vídeos procedentes de capturas de los programas de «Gran Hermano», emitidos por el canal de televisión Telecinco, y producidos por Zeppelin TV