El azar de GH
Muchas cosas pasaron ayer en la casa, dramatizaron un cuento de Poe, no les dieron por buena la prueba, pasaron la habitación del pánico, hubo pequeña fiesta, discusiones sobre el alcohol y otras cuestiones, y un colofón final con los tres nominados como protagonistas. Pero hoy me gustaría ahondar en algo de mi comentario de ayer, que me apetece abordar con cierta calma.
Afeaba ayer la afirmación de Dani R. que venía a decir que si se queda en la casa quiere que sea para ganar, y prefería marcharse ya en caso de que no fuera a llevarse el premio final. En mi tesis eso es una reacción de mal jugador, o más bien supone la propia negación del juego, y me gustaría extenderme un poco en este tema. A mi juicio los concursantes de este programa no están jugando una partida de cartas o de ajedrez al uso, ya que su destino no depende de la jugada que cada uno presente y las del resto de sus compañeros, sino que hay un factor externo inédito, que no interviene en ningún juego tradicional, que es la decisión de la audiencia. Una decisión que puede ser tan caprichosa, tan injusta incluso, como para sancionar a quien lleva la mejor jugada, aupando hasta la final a aquel que jamás hizo un rojo par y pasa, el fracasado de la ruleta, quien menos fortuna acreditó. El factor externo es tan importante que hace del propio juego una aventura. ¿De qué vale sacar la carta más alta si el ganador puede ser el que tenga la más baja? O cualquier otro, porque aquí ciertas reglas no son ni públicas ni constantes, y esa parte de la audiencia que vota se arroga el derecho de salvar hoy a Javi de igual forma que lo puede poner en la picota días más tarde, siempre sin dar explicaciones. Cuando hacía ayer un paralelismo entre esta aventura y un juego de azar lo hacía en la confianza de que los habitantes de la casa de Guadalix no son dueños de su destino y jamás conocerán la fórmula infalible para ganar, ni siquiera para permanecer más tiempo en liza.
Si tuviera que elegir un juego que me resultase representante de lo que supone esta experiencia creo que me decidiría por una partida de dados, no en vano el artículo del día que comenzaba la presente edición, el pasado siete de septiembre, lo titulé ‘¡Que rueden los dados!’, y me hizo gracia escuchar a Jordi González decir tres días más tarde en su programa que “ya están rodando los dados”. En una partida de dados no todo es azar, como sí sucede en un sorteo de la lotería primitiva, que fue mi comparación de ayer, ya que requiere la intervención del jugador, influye su suerte, la mano que demuestre tener tirando los dados, su resistencia, la astucia en la apuesta, el juego psicológico en el enfrentamiento con el contrario. Pero sí, realmente hay algo definitivo que está por encima de todo lo demás, y es ese dado movido por una fuerza incontrolable y desconocida. En GH la mano que mueve la cuna, esa fuerza externa y decisoria es incontrolable también y desconocida solo en parte, ya que sin poder conocer las individualidades que la componen sabemos, sin embargo, que se trata de la audiencia votante. La escenografía, la predisposición de los jugadores y su pose, harían pensar que la mano que lanza los dados tiene un secreto que solamente los dados conocen. ¿Hay buenos y malos jugadores de dados? Pues seguramente sí, pero tanto unos como otros dependen de una suerte externa que mueve los dados sobre el tapete. Y aún más, la extraña condición de este juego estriba en que puede ganar la puntuación más alta o la más baja, y el jugador no solamente debe conseguir que los dados queden de la forma que desea al lanzarlos, sino que está obligado a adivinar la combinación que hará esa mano ganadora. Combinación ganadora de nuevo, como en un juego neutro de azar, como en una lotería. Esta es la gran diferencia entre este juego y otros muchos, lo que le aparta del esquema de un juego de cartas, donde todos conocen las reglas antes de comenzar la partida, y saben que combinación de cartas les puede hacer dueños de la apuesta.
En definitiva, el jugador de GH sabe cual es su decisión pero no la del contrario, no solamente en las nominaciones sino en cuanto a los comportamientos en el día a día, y ninguno de ellos sabe cual será la decisión de la audiencia que vota, ni mucho menos sus argumentos o razonamientos para tomarla. La decisión de cada uno está hecha, por tanto, en función del estado de cosas que ellos desearían, en lo que algunos psicólogos denominan ‘pensamiento casi mágico’. Según cuenta Massimo Piatelli Palmarini en su obra ‘Los túneles de la mente’, esto se manifiesta de forma clara en el jugador de dados (graciosamente) «que lanza un dado con más fuerza si espera que salga un cinco o un seis, y que lo lanza con delicadeza si espera, en cambio, que salga un uno o un dos. La realidad de esta diferencia en la potencia de tirada de los dados ha sido demostrada experimentalmente con todos los requisitos. El jugador sabe perfectamente que la probabilidad de que salgan los números deseados no depende de la fuerza con que los tire, pero no puede dejar de ‘intentarlo’ igualmente. Sus mandos musculares obedecen secretamente a la casi magia de su psique subterránea». En el tirador de dados de la casa de Guadalix las probabilidades son tantas como las que hacen caer los dados sobre una cara u otra, con la dificultad añadida de que este jugador nuestro hace su tirada deseando sacar una determinada puntuación sin saber cual será la que le haga ganador, añadiendo un componente semejante al azar puro, sin serlo.
Dicho lo cual, recupero mi argumento original de que como espectador y comentarista este gato cabezota exije a los tiradores de dados de esa casa que no duden en seguir jugando, ya que el buen jugador os puedo asegurar que jamás desea que el juego acabe para él, aún sabiendo que no será acreedor del premio final. Esto es lo que yo censuro, porque el placer ha de estar en el juego mismo y no en su recompensa, y esto si que aparta brutamente este de muchos otros juegos, especialmente los de azar. El propio placer de jugar debería hacer que nadie deseara que todo acabara para él, a no ser que esté manejando la trampa de continuar el juego de otro modo en otra parte (platós, programas, polémicas de fuera, etc.) Insisto en que condicionar al resultado final el deseo de continuar o levantarse de la mesa supone, a mi modesto juicio, poner por encima la rentabilidad del juego al propio placer de participar. No se trata de reivindicar aquí al barón de Coubertin y su olímpico “lo importante es participar”, sino que simplemente apelo al privilegio que supone, a los ojos de muchos, estar ahí dentro durante todo el tiempo posible.
He querido aprovechar este día festivo en todo el país para contar esto que me apetecía, dejando a un lado la propia actividad de los ratoncitos en la casa, algo que recuperaremos mañana, con el permiso del lector. Solo un apunte para cerrar este artículo, y es relativo a la discusión que tuvieron en el patio que tuvo su comienzo en uno de los comentarios patosillos de Pulpi, que son bastante continuos, en este caso bromeando sobre comerse los chorizos y morcillas que les dieron como premio al equipo que quedó mejor situado en la prueba, y después fumarse un cigarrito, lo cual provocó una pequeña crisis en Naiala porque sabido es que no le queda nada de tabaco en la casa, y lo del cigarro era una broma que secundó, por cierto, Javier. Dani Lo le decía algo después a su compañera de cama que le había recordado a Mimi el día que lloró por una tableta de chocolate y, sin que sirva de precedente, creo que en esta ocasión no le faltaba razón, aunque el tabaco provoca una dependencia tal que tampoco me extraña la sensibilidad de Naiala al respecto. El caso es que las que parecen querer convertirse en las nuevas amigas de la brasileño-valenciana-tinerfeña, respondieron a Pulpi con una barrabasada que de haber salido de boca de Javier o Dani ‘Dam’ hubieran puesto ellas mismas el grito en el cielo. Greta, apoyada por Maru en todo momento, le espetó a Pulpi: “que te quemen tus olivos, que te quemen tus olivos”. Sin comentarios. Tras eso vendría la discusión de los tres nominados en la habitación de dos, pero esto será tema para mañana. Buen día de fiesta para todos.
[ Dejo vídeo de la discusión en la que Greta desea que le quemen los olivos a Pulpillo, gracias a Marga, en la parte baja de las columnas de la izquierda. Puedes ver también todos los vídeos de esta edición en nuestra sección correspondiente, haciendo clic aquí. ]