Nominados, maletas, dormitorios y un sujetador
El menú preparado por el buen equipo de Gran Hermano era ya muy completito, y por si fuera poco se encargó de completarlo Marusky, la cizañera, la sargento degradada y trasmutada anoche en guerrillera incansable. Pero vayamos por partes, como diría Jack ‘el destripador’.
Para no demorar la información ni una línea más, diré que resultaron nominados anoche Naiala frente a la parejita Gema y Kiko. Este escenario era uno de los dos que presentaba este gato inquieto (y esta noche contrariado) ayer mismo, algo que expresaba así (perdón por la auto cita): “Digo que es un gran error salvar a Naiala porque en caso de que fuera Kiran el salvado se produciría un fantástico enfrentamiento entre Naiala, por un lado, y por el otro la pareja ‘Mattel’ (Kiko y Gema), que ya hemos visto que según el propio Kiko son el guapo y la guapa de la casa, en una presunción anonadante. Pues bien, no me cabe duda de que, aún teniendo la teoría del cincuenta por ciento en su contra, la ganadora sería Naiala, con lo cual se produciría una demostración de fuerza brutal y demoledora, que sacudiría a la casa con gran virulencia”. Cámbiese Kiran por Javier y tenemos exactamente lo que sucedió, porque Javier fue el nominado al que salvó el líder, tras un supuesto sorteo en el que solamente incluyó a Naiala y Javi, sin contar con el adonis gallego, tercer nominado provisional. Daniel ‘Drovi’ comunicaba su decisión minutos más tarde de hacer una no pretendida ‘peseta’ a mi querida Milá, cuando esta se interesaba por sus maltrechos dedos, espachurrados con la puerta de su lujoso e individual dormitorio. El resultado fue, por tanto, el esperado enfrentamiento entre los autocalificados guapos de la casa y la no menos guapa Naiala, y aunque ayer partía del supuesto de que esta ganaría el combate, aún contando en su contra la mencionada teoría, entre otras cosas porque hemos visto a Naiala encabezar la lista de favoritos según nuestra encuesta, ahora mismo no estoy tan seguro de cual vaya a ser la resolución final a la que asistiremos el próximo jueves. Lo cierto es que más emocionante y espectacular no podía resultar la terna de nominados que dará con el segundo habitante fuera de la casa.
Antes de seguir el relato de algunas de las cosas que sucedieron anoche, quiero hacer una aclaración sobre nuestra encuesta, ya que parece que hay quien tiene interés en desprestigiarla o poner en duda su limpieza. Es este el motivo que me contraría y sobre el que diré algo brevísimamente. Nuestra encuesta ha logrado un prestigio avalado por su alto nivel de coincidencia con los resultados finales de las expulsiones. Esto ha sido así en las últimas ediciones de Gran Hermano (al menos las tres últimas), y esperemos que así sea en esta octava edición. La clave, a mi juicio, del éxito está relacionada con mantener un número de visitas suficiente para garantizar un volumen de votos aceptable, y al mismo tiempo las propias reglas que un complejo sistema técnico permite establecer en la encuesta. Me refiero al bloqueo que impide que desde un mismo equipo y desde una misma dirección IP se emitan votos en cantidad mayor a uno a la hora, como mucho. Esto quiere decir que si consultamos la encuesta esta madrugada entre la una y las dos, por ejemplo, todos los votos tenían procedencias distintas, y es algo que permite un bajo nivel de repetición del voto, de lo cual se aprovecha la encuesta para garantizar su fiabilidad. Nada más que este apunte informativo al respecto. Sobre los que hablan de manipulaciones y arrojan sombras sobre la decencia de este gato, no perderé ni un minuto, tan siquiera para dedicarles el más profundo de mis desprecios. Eso es así.
La reacción de los nominados fue desigual. Kiko y Naiala habían pasado ya el trago de un susto, cuando les mandaron a la sala de expulsiones sin revelarles el objeto de esa visita, para que finalmente descubrieran que se trataba de la entrada de otro perro al que tendrán que cuidar, y que habían sido elegidos ellos no en su condición de nominados (que aún desconocían) sino como cuidadores de la perrera, según la última distribución de oficios. Pero quien se lo tomó realmente mal fue Gema, a la que se le escapó un detalle importante, que estoy seguro será tenido en cuenta por buena parte de la audiencia. Cuando se entera de que su chico está nominado su reacción es absolutamente contenida, pero es justo en el momento en que le comunican que es ella la que sustituiría a Javier en la terna de nominados cuando rompe a llorar, y se muestra auténticamente compungida. Curiosa reacción.
Si hiciéramos un análisis atendiendo a cuestiones morales, o a la valoración como personas de los concursantes nominados, probablemente discreparíamos de forma sonora, además de estar estableciendo un injusto análisis que va más allá de mis objetivos. Ahora bien, si lo hacemos de acuerdo con criterios prácticos, considerando que en definitiva esto se trata de un espectáculo, no me cabe duda que interesa la expulsión de Kiko, para mantener a las dos hembras dominantes en la casa. Realmente allí los machos se limitan a fanfarronear como si estuvieran en una típica reunión de tasca, vedada a sus compañeras o amadas, de las que tanto dependen, a las que tanto idolatran, y que llenan buena parte de sus conversaciones; mientras que las mujeres de la casa ponen orden o desorden, a partes iguales. Me atrevo a decir que excepto la bronca de Kiko y Kiran (que parece vuelven a vivir su particular ‘idilio’), el momento que más cerca estuvo de desestabilizar la casa, el resto de sucesos importantes han sido protagonizados por mujeres. A mi modesto juicio, es importante que tanto Gema como Naiala se queden en la casa, y continúen ejerciendo sus papeles de líderes, sometiéndoles a ellos y manteniéndoles en su papel de ‘varones domados’, como rezaba aquel libro (antifeminista y bastante reaccionario) de Esther Vilar en los años setenta. Es por esto que yo prefiero que se vaya Kiko, y porque la actitud del gallego, su impostura, esa presunción bastante insólita de que deben ser los que más minutos de programa están copando, refiriéndose a él mismo y Gema, o simplemente que no se quite el traje y el ‘foulard’ ni para ir al baño, son detalles que convierten a este concursante en uno de los que más antipáticos me resultan en mucho tiempo. Si añadimos a esto su desmedida reacción en la noche de la prueba del rulo, y aún peor, el hecho de que al inicio de esta prueba ‘plutoniana’ de ahora insistiera repetidamente en la dificultad de llevarla a buen fin, sugiriendo que la dieran por perdida no entregándose a tope al pedaleo, algo inexplicable y que supone una variación curiosa en su predisposición ante una prueba y otra. En cualquier caso, todo parece indicar que las votaciones de esta semana se van a polarizar entre Gema y Naiala, siendo de nuevo esta opción la que más interesa al espectáculo.
Aparte de las nominaciones y el mosqueo que vivieron durante algunos minutos, con Naiala y Kiko en la sala de expulsiones, les tenían reservada otra sorpresa. Al comienzo del programa les avisaron que hiciesen sus maletas, con lo cual se dispararon las conjeturas sobre lo que sucedería, algo a añadir a las muchas sospechas de que habría expulsión en la noche del jueves. Finalmente lo de las maletas fue un nuevo amago, una de mosqueo, que se dice, y simplemente les ofrecieron cambiar de habitación en un trueque entre aquellos que lo desearan y en el caso de encontrar alguien dispuesto al cambio. Nadie lo planteo y con esto terminó una gala en la que consiguieron que la madre de Greta corrigiese la injuria de la semana anterior, y lograron evitar que en la casa escucharan lo que se desarrollaba en plató. Bien por ambas cosas, aunque a mi particularmente me sigue molestando el ruido y las pancartas de esas peñas improvisadas para apoyar a un concursante u otro. No lo veo, no.
Si tuviera que destacar un momento de la noche me quedo con dos. Uno sería cuando Kiko y Naiala salen con el perro de la sala de expulsiones, alegres y eufóricos por no haber sido expulsados, ni nada similar. Me emocionó el momento. Y después cuando Milá saluda a Javier y este le pide su número de teléfono, a lo cual ella reacciona con gran agilidad contestando que le queda mucha mili para conseguir ese dato. La respuesta es rápida y hubiera sido demoledora, de no ser porque Javier no se anduvo con chiquitas y apostilló: “Dime que cuartel y cuando empiezo”. Aunque el momento cumbre de la noche no habría de venir con las nominaciones, ni con las maletas innecesariamente hechas, ni con el rechazado cambio de dormitorios, sino con el sujetador de Marusky.
Marusky es un dolor. Su forma de hablar atropellada, el continuo traqueteo de sus piernas, y el tono que adopta, habitualmente quejumbroso, hacen que me ponga de los nervios si la escucho durante mucho rato seguido. Esto es así siempre, pero anoche se convirtió en una auténtica ‘Gran Damme’, la reina de la escena en el teatro de Guadalix. Terminada la gala Maru se va a su cuarto y echa en falta un sujetador negro, el sujetador del que no me cabe duda que se va a hablar profusamente en los próximos días. En seguida Greta malmete culpando a Daniel ‘Estrella Dam’, que es imputado automáticamente, por la vía rápida, sin juez y sin letrado. La ‘Gran Damme’ contra ‘Estrella Dam’. Más le vale a Dani cuidarse de tener defensa alguna, porque los abogados son como el dolor, que cuanto más lejos mejor, y además porque seguramente sería una causa perdida la suya. La madrugada clave de este gran hermano, hace casi una semana, del viernes al sábado pasado, mientras que tapaban orificios en el rulo al tiempo que participaban de la fiesta medieval, Javier y él hacían planes en tono de broma. Tanto es así que nunca creí que los fueran a llevar a la práctica, y tengo la convicción de que Javier no recuerda la situación, ya que el nivel de alcohol que llevaba en sangre hubiera fundido un alcoholímetro. Los planes consistían en ir robando prendas interiores a las chicas de la casa para ponerlas en venta, una vez salieran de la casa, en eBay (web de subastas de gran fama en Internet). No creo que Dani haya quedado con muchas ganas de seguir sustrayendo sostenes y braguitas, lo cual le equipara a Pulpillo en rijosería. En todo caso Marusky podría haberlo interpretado como una broma, lo que no veo posible es que hubiera reaccionado de forma más escandalosa. Temí por ella en algún momento, en que la voz empezaba a escucharse temblorosa y la vena de su cuello superaba en grosor a las piernas de Mimi. Pero llenar plano ya lo creo que llenó, y durante largo rato fue la gran estrella de la noche, llegando a repetir varios centenares de veces la palabra sujetador. Tanto guionista devanándose el cerebro para que luego el gran momento de la noche venga de la mano de un sostén robado. O sustraído, o perdido, quien sabe. Una pena.
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