Naiala sufreEl dilema del prisionero

Me quedé con ganas ayer de incidir en el episodio de la ‘habitación del pánico’, que lejos de una bobada me pareció un buen problema de ‘teoría de juegos’, en una modalidad que puede dar pie a muchas reflexiones. En seguida me vino a la mente el ‘dilema del prisionero’ y el espacio que dedica a ese juego Punset en su imprescindible (y recomendable) libro ‘El viaje a la felicidad’. Luego pude comprobar con una hemorragia de satisfacción como algunos de nuestros comentaristas discutían sobre esto mismo.

Según Punset: “en la vida corriente, la gente suele pensar que el resultado obtenido es fruto del esfuerzo individual y, como mucho, de la suerte. Pero la historia de la evolución muestra que tanto nosotros como el resto de animales, estamos inmersos en un «juego» en el que, por más que nos empeñemos en lo contrario, el resultado está supeditado al comportamiento de los demás. El premio anhelado puede ser codiciado por otro con el mismo ahínco pero más suerte. El final del proceso no sólo depende de uno mismo, sino también de lo que haga el otro y, para complicar más las cosas —esa suele ser una de las constricciones de la vida— no se pueden controlar las decisiones del socio o adversario.” De forma que con el juego se plantean una serie de alternativas que pueden ser beneficiosas para los dos o catastróficas para ambos. En el ‘dilema del prisionero’ (juego que se estudia en todas las escuelas de administración y dirección de empresas), se plantea la situación de dos sospechosos de un robo que tras ser detenidos por la policía, que no posee pruebas suficientes para acusar a ninguno de los dos, ven como les plantean por separado un dilema. A los dos les proponen el mismo trato: si uno se convierte en delator y el otro no confiesa nada, el que no diga nada será condenado a treinta años y el que confiese será absuelto. Si los dos callan, al seguir siendo insuficientes las pruebas, se les condenará a seis meses cada uno por cargos menores como la posesión de armas. Si los dos confiesan, se les sentenciará a diez años de cárcel. El dilema lleva, por tanto, a cooperar o desertar. Es decir, o cooperar con su cómplice y callar, o desertar traicionando al otro y confesar. Si se piensa bien en las posibilidades podemos ver como la lógica de la búsqueda del máximo beneficio individual lleva a renunciar al beneficio mutuo de la cooperación. Para el conjunto (dos en este caso) lo menos gravoso es declararse ambos inocentes, ya que entre los dos solamente cumplirían un año de condena, mientras que en cualquiera de los otros supuestos la condena suma 20 o 30 años, por más que en dos de los casos uno de ellos quedara libre. Voy a resumirlo en un cuadro descriptivo muy esclarecedor.

Tú lo niegas Tú confiesas
Él lo niega Ambos sois condenados a 6 meses Él es condenado a 10 años; tú sales libre
Él confiesa Él sale libre; tú eres condenado a 10 años Ambos sois condenados a 6 años

Nuestro caso es otro juego social como el que acabo de explicar, en el que se enfrenta el destino inmediato de uno de los integrantes de la comunidad con el que afectará durante un periodo de tiempo (el aprovechamiento o no de los bienes de la despensa) a todos ellos, incluido el primero. A este le plantean que debe conseguir que sus compañeros le abran la puerta, y lo tiene que hacer chillando, con lo cual es consciente de que si desobedece la orden se quedarían sin comida aún cuando sus compañeros intentaran abrir por extrañeza de no verlo ni saber nada de él. Digamos que no le queda otra opción, con lo cual la decisión del resto de sus compañeros es definitiva, tienen en sus manos el destino de la comunidad en su conjunto. Su predisposición a colaborar, a defender el interés común es definitiva. Y aquí viene la parte a la que realmente me interesaba llegar. Los habitantes que permanecen fuera de la ‘habitación del pánico’ toman sus decisiones movidos por su inteligencia, que les dice que pueden estar siendo víctimas de una trampa. Al escuchar los ruegos en forma de gritos y golpes por parte de su compañero, pueden tomar la decisión de prescindir de la conciencia de defensa del bien común y abrir de inmediato la puerta, simplemente por hacer caso al encerrado, que puede ser cooperante en el engaño y posible beneficiario por ello. Pero también pueden evaluar la conveniencia de mirar por el interés común, que no solamente es el de la mayoría, sino que salvo engaño también lo sería el de su compañero. De alguna forma pueden pensar que el ’sacrificio’ de este puede facilitar el beneficio a la comunidad.

Y ahora viene mi pregunta al aire. ¿Que comportamiento estaría revelando una mayor conciencia de cooperar buscando el interés común? Creo que la respuesta es complicada. El beneficio de la comunidad está en hacer lo que consideren les puede asegurar la comida, independientemente de lo agradable o no que pueda estar siendo la experiencia de su compañero, que igualmente se beneficiaría de este hecho. Pero también el bien común se basa en la auto-protección, en garantizar que todos y cada uno de sus miembros tienen un devenir igualmente cómodo o seguro. Sin contemplar en ningún momento que esa ‘habitación del pánico’ sea una sala de torturas, ya que no se puede considerar que los responsables del programa traspasasen jamás esa barrera, si es cierto que no pueden tener dato alguno que les indique en que grado la experiencia es agradable para su compañero. En definitiva, con esta prueba se puede ver quien puede considerar que el fin justifica los medios y, de momento ayer, la mayoría no tuvo duda alguna, ya que al tiempo que estaban planteándose el bien de la comunidad a ninguno le supuso problema moral alguno esa especie de ’sacrificio’. Al final, la mayoría confío en el papel de Javier como el de un ’salvador’, es decir confiaron tanto en la suerte como en el esfuerzo individual de uno de ellos.

Los únicos que se lo cuestionaron fueron Kiko, más como opción estratégica que otra cosa, y Naiala, que fue en este caso la única que contempló la posibilidad de prescindir de los posibles beneficios para todos en aras de procurar el bienestar de uno de ellos, lo cual me lleva a una reflexión. Creo que si fue ella precisamente quien decidió no justificar los medios, es principalmente porque se trata de la habitante que se siente más cercana a su compañero. Pensar que cuando nos enteramos de un desastre natural que ha producido miles de víctimas, aún cuando lo lamentemos en todo caso, el sentimiento de pesar es mayor en la medida que la zona del desastre se encuentra más cercana a nosotros. Nos duele más, de alguna forma, el sufrimiento de los vecinos que el de los que forman parte de otro colectivo, la proximidad hace que se incremente el interés por los otros. Si a esto le sumamos la corriente de simpatía que claramente hay entre los dos, estaría explicado que solamente uno de los habitantes considerase prioritario proteger a su vecino.

A mi el juego me parece apasionante, como decía ayer, y posible fuente de millones de reflexiones, considerándolo desde un punto de vista de la economía, la política, la sociología, la psicología e incluso la biología (el instinto de supervivencia del ser humano, compartido por buena parte del reino animal).

Hoy viviremos la primera noche de nominaciones, y lo hacemos con una líder (Laura, ‘la 733′) y los tradicionales e inevitables grupos perfilándose en la casa. De momento, el formado por Naiala, Javier, Laura y Drovi planeaba anoche una especie de pacto parcial consistente en nominar principalmente a la líder, con el fin de que esta se auto-salvara y quedasen nominados algunos otros que les interesan más, como es el caso de Mahme o Gemma. Tras dudar si compartir con alguno más (Kiko y Kiran, fundamentalmente) su estrategia, al final deciden no hacerlo para evitar filtraciones al otro grupo. Sospecho que tras la primera expulsión, y en orden a como se resuelva, se terminarán de definir los grupos, si bien ya es evidentísimo el enfrentamiento entre los cuatro mencionados con ellas dos, y podríamos sumarles a Laura F. o Mimi (cuatro chicas). Será interesante ver como queda el cuadro de nominados, pero veo casi seguras en el mismo a Naiala y Mahme. Este gato escaldado no duda en ponerse en este punto y hora del lado de Naiala, por una razón bien simple que voy a explicar. Aprecio cierto tufo a linchamiento injusto (siempre lo es) en el comportamiento de Gemma y sus amigas. Sus acusaciones son tan gratuitas, injustas e incluso falsas como cuando se acusaba al bueno de Dayron de mearse en la ducha o robar comida. Cuando un grupo numeroso se decide a acorralar, cercar y derrotar a otro, tiendo a ponerme del lado de quien experimenta esa opresión. No me gusta ser testigo de que nadie pueda sufrir su ‘álamo’ particular, como he dicho aquí otras veces recordando la película ‘El Álamo’, de John Wayne, y esa frase de uno de sus protagonistas: “No estoy de acuerdo con sus ideas, merecerían la deshonra, pero no puedo estar contra un grupo acorralado. Daría mi vida por defenderles”. El retrato epopéyico de esos hombres cuyo destino es la derrota siempre me estremeció.