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Raquel: Odiada y protegida¿La mala de la película?

El ‘yo concursante’ de Raquel Abad ha terminado siendo el de la mala de esta película. “Raquel Maldad”, hemos visto como se bautizaba por algunos a quien protagonizó el lamentable episodio de romper ese ‘nominator’ que se había convertido en un tótem, el símbolo de GH que dio un giro copernicano al programa, convirtiéndolo en lo que siempre debió ser. Raquel fue al brazo ejecutor que acababa con ese símbolo, y por ello era adoptada por sus afines como una heroína, sin caer en la cuenta de que con ese gesto además de acabar con el símbolo estaba cometiendo un acto de violencia mayor que aquel puñetazo en la pared de Dayron, que tanto había argumentado ella misma para echar a los tiburones al cubano.

Y es que Raquel A. es uno de los máximos exponentes de eso que yo he nombrado aquí como asimetría en los juicios y las formas, que podríamos llamar también ley del embudo, o las diferentes varas de medir. Tras tres meses nominando a Dayron, el eslabón débil del ‘lado oscuro’, con el argumento de que da puñetazos en la pared (sólo dio un par aquella noche de la segunda semana), ella comete un acto de violencia contra las cosas (como calificó el ’súper’ lo de Dayron) que cuando menos supone más peligro para uno de sus compañeros, ya que lo arroja al suelo con rabia, a escasos centímetros de un Dayron tumbado en el sillón de masaje, con lo cual fácilmente podría haberle saltado una esquirla a un ojo, por ejemplo. También argumentó una y otra vez que Dayron “se mea en la ducha”, o incluso que “hace sus necesidades” (que puede sugerir cosas más gruesas), o que lo hace “en la piscina” (algo que sólo fue un invento de Tono y Jesús), pero sin embargo le quita cualquier importancia cuando Sara le confía el secreto de que no había podido aguantarse y se había meado en la piscina, tras una fiesta, lo mismo que hace cuando su pareja en la casa le dice el otro día que ha meado contra una palmera, en el patio.

Más ejemplos de asimetría en el comportamiento y los juicios de Raquel los tenemos en escuchar como llama cerdo a Dayron estando tumbada vestida en la cama y mientras clava sus botas en el edredón, o cuando la hemos visto cocinar recién levantada sin cambiarse el pijama, o al verla enamorada junto a Javier, el concursante que más exploraciones nasales he visto realizar, algo casi enfermizo en él. Por no hablar de aquel descubrimiento que pudimos hacer cuando repara en que su cepillo de dientes está roto casi veinticuatro horas más tarde de romperlo ella misma de forma inadvertida, con lo cual supimos la inadecuada frecuencia a la que somete su aseo bucal diario esta señorita. También pudimos ver en un celebrado vídeo, que tuvimos a bien poner en este espacio, como tras escandalizarse cuando Pepe llama paleto a Jesús, espetándoselo a la cara, ella misma había dicho que era un bruto que hablaba como si ladrase, de la forma que hace mucha gente de pueblo. También fue injusta cuando criticó que un compañero (el mismo de siempre, que se convirtió en la diana de casi todos los dardos) tira a la basura una pieza de pollo medio carbonizada, cuando ella había vertido por el retrete el guiso que se le había quemado por un descuido en los fogones. Raqueliña será todo lo que queramos, pero lo que se dice justa no precisamente.

Lamento estar haciendo un juicio duro sobre esta concursante, que se limita a su papel como concursante, ya que siempre parto de la base de que todos serán excepcionales personas, cosa que nunca pondré en duda. Pero como concursante, en su vertiente ‘pirática’, me ha parecido equivocada y desagradable en muchas ocasiones. Equivocada en sus juicios, y también en la elección de sus más afines. Raquel coincidió en aquel encierro ‘matriuska’ de los primeros días con Inma, y desde entonces no se separó de ella y aún la profesa una admiración tal que ha puesto a esa concursante por encima de quien es ahora su pareja en la casa, diciendo que era la persona que más se alegraba haber conocido ahí dentro. Al lado de Inma ella parecía una ‘mosquita muerta’, lo cual el tiempo vino a desmentir con episodios con los descritos y otros, como cuando manda callar a Dayron porque si (”que te estés callado”) o escuchando los insultos repetidos hacia quienes se habían convertido en sus ‘bestias negras’ del concurso. La ‘afro gallega’ (lo cual nunca dije como una ofensa) se ha equivocado también en sus predicciones, o en casi todas sus predicciones. Estaba segura que Tono o Sara harían caer al ‘lado oscuro’, pero la realidad le hizo salir de su error. Y tengo cierto convencimiento de que quizá la única vez que haya acertado fue cuando tras la salida de Tono dijo aquella amarga frase de “ellos van a ganar, eh”.

Durante estos más de cien días he hablado en muchas ocasiones del ‘yo amoroso’ de esta concursante. Siempre he creído en lo suyo con Javier, y aún pienso que puede ser una de las relaciones más estables y duraderas de cuantas hemos visto que tenían su germen en la casa de «Gran Hermano». Las reticencias iniciales de Raquel me parecieron producto de una enorme inseguridad, una poco explorada faceta afectiva, al menos en lo amoroso, que le llevó a mostrar esa actitud frustrante y fría, apartando la cara cuando Javier se prodigaba en besos. Pero hemos podido ser testigos de su evolución en ese aspecto, y yo la veo hoy por hoy muy pillada por él, y con una actitud mucho más abierta y cariñosa. Quizá podamos decir que Raquel ha aprendido a amar, o esta aprendiendo aún, y aunque verles juntos me aburre y empalaga, creo que es bonito el poder asistir a algo como esto. Por otro lado, y en la orilla de las cosas buenas, recuerdo a Abad como una niña dulce y tranquila en los primeros días, que tenía una actitud agradable y de muy buen rollo con Pepe, por ejemplo, al que hoy dice no poder soportar, sin que mediara entre ambas actitudes absolutamente nada que lo justifique. La Abad de las primeras semanas dista mucho de lo que luego he descubierto en esta abadesa amargada de ahora, que como su tocaya la López come todo el día (quizá producto de la ansiedad), y a la que parece costarle mucho disfrutar de una experiencia como la que vive.

Pero si algo creo que destaca en el ‘yo concursante’ de Raquel A. es su dependencia de otro. Me parece muy curioso que acusara a Javier muy al principio de dejarse influír por Pepe, hasta que consiguiera apartar al malagueño del ‘lado oscuro’, cuando veo en ella alguien con necesidad de dejarse influenciar por los demás. Fue Inma primero, luego Sara o Jesús, personas que para esta concursante son un referente, un modelo del que seguir ciertas pautas de comportamiento. Creo que esa sumisión a los otros, y su emparejamiento con Javier, hizo que fuera protegida en la casa, lo cual le ha evitado la nominación en varias ocasiones, eso aparte de los errores de Pepe y Dayron, que también han tenido su parte en ello. Por eso la cara dual de Raquel se presenta con el hecho curioso de ser protegida dentro, lo cual le ha llevado a la final, con casi tanta firmeza como ha sido odiada fuera. Y no me cabe la menor duda de que una de las frustraciones más importantes del gran público seguidor de este programa, ha sido esta vez no haber podido arrojar a los tiburones a una Raquel que podría haber estado rozando, o quizá haber superado, aquel 84% de Karola (GH II), el 85% de Carla (GH V), o el 88% de Nicky (GH VI). Es esta la razón por la que tengo la completa seguridad de que Raquel saldrá la primera el próximo domingo.

Y dejo vídeo de presentación de la protagonista de nuestro monográfico de hoy, en el que ya afirmaba que necesita de los hombres que no solamente la quieran sino que la adoren, algo que da hasta pudor oírlo.

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El Gato encerrado está bajo una licencia de Creative Commons • Funciona con WordPress • Tema por laGatera • Revisado: 26.07.2009

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Fotografías y vídeos procedentes de capturas de los programas de «Gran Hermano», emitidos por el canal de televisión Telecinco, y producidos por Zeppelin TV