Animada recta final
No podía terminar con mayor emoción esta edición de GH tan especial. Como es sabido no me interesan nada las historias que se suscitan fuera de la casa, ni lo que se cuenta en los programas satélite, ni la vida de cada uno de los personajes una vez terminado su encierro. Pero este fin de semana ha sido movido, y los de dentro han podido enterarse, ya que los alrededores de la casa de Guadalix han concitado a grupos de personas cuyos gritos han tenido que ser ahogados poniéndoles música a todo trapo. Los ánimos más oscuros están caldeados, aunque en tan solo unos días llegará la paz. Me hacía gracia ver anoche, en las de nuevo ‘tartamudas’ cámaras de Terra (todo un clásico), como estaban mosqueados con el jaleo de fuera, y pasaban del convencimiento sobre que esa misma noche se produciría la última expulsión a la certeza de que eso no sucedería, porque nadie les avisó de que preparasen las maletas, y además más tarde Dayron recibió confirmación en el ‘confe’. Cierto aburrimiento y hastío está empezando a minar la paciencia de los cuatro habitantes que han llegado hasta este punto, y realmente ya desean que acabe todo cuanto antes. Algo parecido le pasa a este gato nostálgico, que firmaría porque acabase mañana de no ser por lo triste que me resulta siempre el recuerdo de los más de cien días que hemos pasado juntos.
Y es que otro de los clásicos tópicos asociados a este programa es el de la acusación de ‘tongo’. Pues bien, como tal hay que asumirlo porque es parte del programa. Las reglas fueron calificadas por mí hace unos días como sujetas a una suerte de ‘justicia privada’, porque en verdad el juego que se establece está lleno de complicidades y acusa un factor humano del que nadie nos podemos sustraer. La lucha por el premio, que pasa por la decisión de parte de los espectadores, se basa además en lo que podríamos denominar una ‘democracia pirática’, como lo hiciera años atrás el viejo profesor Bueno. En esta situación se diluye el concepto de bondad y maldad, tantas veces argüido por ese ‘lado claro’, que como decía anoche Estrella está “enrabietado” y no ha sabido soltar el fardo de su odio, explicable durante el encierro, que se produce en unas condiciones hostiles que plantean una convivencia siempre difícil, pero mucho menos entendible a estas alturas, y más visto lo visto, es decir que el público de forma aplastante les ha hecho perdedores de esta historia. Las reglas del juego hacen a los habitantes de la casa (la frase más repetida por el ’súper’ durante más de tres meses) compañeros de viaje de un barco de piratas, que disponen de un botín que puede llegar a manos de cualquiera, dependiendo de un sinfín de factores. Para llegar a él, cada uno debe eliminar a los demás, y el arma definitiva es la nominación.
Son ellos mismos los ‘piratas’ que echan a los tiburones a sus compañeros, pero no tienen poder de decisión sobre cual de ellos será devorado, terminando en las siempre agradables garras de la Milá. Cada uno busca sus motivos, siempre con el objetivo final de alcanzar el botín, no lo olvidemos. No sólo buscan al que consideran más peligroso, sino también al menos afín a su condición ‘pirática’, salvando a los más cercanos y a quienes consideran menos peligrosos en esa competencia. En este caso Pepe ha sido el que vieron desde siempre como el escollo más duro de atravesar, y Dayron aquel que consideraron menos afín, el eslabón más débil, que además de ser extranjero y de piel morena resulta que fue accidentalmente el protegido del ‘poderoso’ Pepe. El maridaje entre estos dos amigos se produce de forma casual, como digo, producto de aquella bronca de las chanclas en la discoteca, que terminó con la mano del cubano vendada y una huella en la pared, que aún permanece oculta tras un pequeño cuadro. Lo que sucede es que ese botín que porta el barco pirata de GH tiene un cancerbero, alguien que ha de guardarlo hasta el día en que el barco arribe al último puerto, la noche de la final. Y ese vigía del premio se debe preservar del ataque pirata en semejante medida que el resto de navegantes, como también lo debemos hacer los espectadores. Unos y otros podemos analizar, con diferentes medios a nuestro alcance, el proceder de los ‘piratas’ y sus intentos de engañarnos, sus estratagemas, su juego sucio. No es equiparable el juego que ahí se plantea con el de una competición deportiva, por muchos puntos en común que tengan, ni mucho menos con el proceder de cualquiera de nosotros en la vida, porque eso se plantea en otro plano, y con un premio diferente. El premio de encontrar a un amigo, o crecer personalmente, como decía Pepe el otro día sobre Dayron y Raquel L., forma parte de la riqueza de la experiencia que se plantea. Pero eso no puede ser nunca un objetivo, si acaso un sueño, y no me he creído nunca que nadie entre con esa peregrina idea y no la de ganar el premio final, por muy romántico que resulte pensar en ello.
Quiero decir con todo lo anterior que me parece normal el hecho de que en medio de la batalla haya ‘daños colaterales’, y que por mucho que el botín fuera puesto más cerca de unos que de otros, al final hay tres ‘piratas’ que pueden optar a él, y la decisión democrática se ejerce tras tantas trabas como cualquier otra elección, mucho más si se ha tenido que jugar con ‘piratas’ que no sólo tuvieron que comportarse bien para ganarse a la audiencia, sino que también debieron poner a sus compañeros al borde de la quilla del barco, haciendo que temieran ser arrojados a los tiburones. Pero la elección del jueves tiene algo de especial, porque se trata de un sacrificio final ante la cercanía del botín. Ignoro si el plan era ese o no, pero se ha dado de esta forma y como paso previo ha de ser considerado. Sea quien sea el sacrificado, el premio será merecido por los dos, y así lo siente mucha gente que les apoya. Lo que debieran pensar tantas personas que se han identificado con el ‘lado oscuro’, tantos que es casi un clamor que el premio final ha de caer de ese lado, es que desde el principio ha habido un enemigo mayor (el que representaba más peligro) y un eslabón débil. Y tengo tan poca duda de que Dayron ha llegado hasta aquí no tanto por la protección de Pepe sino por el mal trato del que ha sido víctima por parte de quienes veían que debilitándole a él estaban debilitando a su protector, pudiendo dejarle sin hombres a su lado, como tampoco dudo que uno de los dos ‘oscuros’ sería más imbatible que el otro en la lucha final.
Planteo todo esto como una película, con lo cual en el fondo lo estoy desdramatizando, ya que creo que no hay que perder nunca la perspectiva sobre varios elementos importantes. Principalmente que esto es un juego, y además que aún existiendo un botín, cuyo propietario decide esa ‘democracia pirática’, tan importante o más resulta el procurarse un perfil interesante de cara a la audiencia, que pueda atraer la atención una vez finalizado el concurso. Y, no nos engañemos, como personajes desprovistos de la eventualidad de haber ganado el premio o no, unos parecen mucho más interesantes que otros, y concretamente no veo el interés que pueda tener como personaje alguien como Raquel Abad. Por eso no veo tan importante que se puedan repartir el botín los dos miembros del ‘lado oscuro’ que se enfrentan a la decisión de esa parte de la audiencia que vota, como el hecho de que ambos tendrán un destino común (”Dos hombres y un destino”), en su paso por los ‘platós’ de televisión, por mucho que sus caminos no estén unidos hasta el final durante tres días tan solo. En medio de esta ‘peli’ de piratas se ha dado este fin de semana, como contaba al principio, una especie de “Motín de la Bounty”, que curiosamente no parte de la diezmada tripulación de esa nave, sino de una audiencia que mucho me temo esperaba ver caer a Abad a los tiburones, y tendrá que contentarse con verla salir la primera el próximo domingo. Este gato pacífico prefiere el poder de los votos, también definitivo en esta ocasión, que el ruido de las masas, por muy simpáticas que me puedan parecer esas iniciativas.
Y un último apunte, relativo a la prueba del ‘Domino-Arte’ de esta semana, que más que romperles los nervios les está sumiendo en el más absoluto de los aburrimientos. Me gustó el detalle de Dayron y Pepe de dedicar una de sus composiciones a la redactora del primero, que parece ser dio a luz días atrás. Al estar de seis meses en el momento de entrar en la casa, y tras no escucharla durante algunos días, preguntaron en el ‘confe’ si ya había sido mamá, y al tener respuesta afirmativa le hicieron esa cigüeña con las fichas de dominó, y canjearon los puntos por regalos para el bebé. Sí, ya sé que todo será una pose de cara a la audiencia, para ganarse puntos, pero puntos como esos me parecen muy acertadamente ganados. Ah, y dejo vídeo de la penúltima semana, la que hace el número catorce. La prueba del dominó y la expulsión de Raquel Lo son protagonistas del mismo.