Mucha verdad
He hablado, en estos cuarenta días que llevamos de encierro, varias veces sobre la mentira, con mayor o menor acierto. Hoy quiero hacer un comentario en positivo, y voy a empezar hablando de verdades, de la verdad que encierra esta experiencia, de lo mucho que hay de verdad en todo esto. Como decía Mercedes Milá en el programa de presentación del primer “Gran Hermano”, en aquella lejana primavera del 2000, “¿por qué nos cuesta tanto compartir ciertas facetas de nuestra intimidad? ¿Por qué cuando vamos a hacer determinadas necesidades le cerramos a nuestra pareja la puerta del cuarto de baño?”. En este programa podemos introducirnos en la intimidad de quienes de forma voluntaria se prestan a ello, compartiéndolo todo, por eso nos prometieron en esa presentación que podríamos ver “cómo ríen, cómo lloran, cómo se enfadan, cómo se reconcilian, cómo se desesperan y, a veces, quién sabe, cómo se enamoran”. No les faltaba razón, de igual modo que acertaban cuando Mercedes nos avisaba de que “este programa marcará un antes y un después en la historia de la televisión en España”. La predicción era una premonición absoluta. Y estaremos muchos de acuerdo en que a veces se nos niega contemplar la realidad en el mismo momento que sucede, que la selección de imágenes, la elección de cuales son las situaciones que se nos ofrecen, está realizada siempre de una manera subjetiva, igual que yo mismo decido de qué hablo, o aquello a lo que doy mayor importancia. Pero con todo, con sus censuras, con lo equivocado que a veces nos puedan parecer los enfoques de esa realidad, lo que es innegable es que todo, absolutamente todo lo que se nos muestra, ha sucedido de verdad. Es la pura y llana realidad. Hay mucha más verdad en este programa que en miles de horas de muchos otros contenidos televisivos, y esa es su gran clave. Aún conscientes de la presencia de decenas de cámaras en su derredor, quienes comparten su vida durante el encierro son, en muchas ocasiones, ellos mismos. Por eso me gusta GH, por lo mucho que hay de verdad detrás de todo.
Los tres nominados de hoy se comportan como son, en buena medida. Sara es impulsiva, intolerante muchas veces, un tanto egocéntrica, derrochando ganas de pelea casi siempre y excesivamente malhumorada. Pero es así, ella es de ese modo. Javier es pausado y susceptible, con un alto concepto de si mismo, no demasiado capacitado para adaptar su comportamiento a las necesidades del momento. Mayte es tranquila y le gusta enredar, parece amiga de provocar situaciones ante las que se queda expectante, tras una privilegiada barrera, en butaca de preferente, y además es perezosa, no demasiado acostumbrada al sacrificio. Así es como yo veo a los tres nominados, uno de los cuales abandonará la casa hoy. Naturalmente cada uno de ellos me sugiere muchas otras reflexiones, pero estas las veo con claridad, y todas ellas me sugieren que se comportan con muchísima frecuencia tal como son. Mientras que otros habitantes dan muestra de tener muchos más dobleces, como Saray, como Tono, y algunos otros, en el caso de los nominados de esta semana creo que coincide que ponen en juego su propia verdad la mayor parte de las veces. Y eso, para bien o para mal, es un valor a tener en cuenta. Yo prefiero encararme a Sara, a quien puedo prever por donde saldrá, porque deja ver casi siempre por donde va, que a otros cuyas reacciones son mucho menos predecibles, y sus intenciones puede que sean mucho menos claras y nobles.
Decía al principio que pretendía hacer un comentario en positivo, y para ello echaré mano de un recurso que he repetido casi siempre, probablemente en cada edición. Se trata de hacer el ejercicio de destacar algo positivo en cada uno de los habitantes, sin intención de pontificar, no pretendiendo seleccionar lo mejor, sino solamente destacando aquello que con mayor prontitud se me viene a la cabeza cuando miro con ojos de ver cosas positivas. Al lío.
Javier: Me gusta su firmeza, la serenidad que transmite en momentos de debilidad, como cuando se ha podido sentir rechazado por Raquel A., o incluso herido en su orgullo, que estoy seguro que es inmenso. Sabe interiorizar muy bien lo que siente y no por ello lo oculta, simplemente logra dulcificarlo de forma afectuosa y sencilla.
Sara: No tiene dobleces, como dije antes. Lo que muestra es lo que hay, y se la ve venir siempre.
Mayte: Tiene un carácter tranquilo y dialogante. Creo que le gusta observar y analizar a los demás.
Estrella: Es alegre y natural. De esas mujeres que llevan en su rostro retazos de su vida que le proporcionan el atractivo de las cosas reales.
Bea: Es la que más sabe de pashminas de España y parte del extranjero. Sabe ser divina sin serlo.
Inma: Estoy seguro que dentro de ese volcán que expulsa lava en forma de insultos, y esparce cenizas capaces de pardear su entorno, se esconde un buen corazón, una persona creativa, capaz de dar mucho por los demás. Pero estoy aplicando una lente de aumento fabricada con glucosa, quizá endulzando en exceso y fabulando tontamente.
Raquel A.: Me gusta su prudencia, el cuidado con el que da cada uno de sus pasos. Creo que es cariñosa y afable, a pesar de la dificultad que tiene muchas veces para mostrarlo.
Raquel L.: Sabe encajar las derrotas. Su capacidad para asumir una situación incómoda e incluso dolorosa, y a partir de ahí quitar la piel desagradable y disfrutar del corazón de esa fruta, me parece inteligente y algo de lo que puede uno sacar toda una enseñanza. Además es discreta y educada.
Pepe: Intuitivo, divertido e inteligente. Como he hablado mucho más bien que mal de él, quizá debiera dejarlo aquí. Me parece un buen concursante, demasiado obvio muchas veces, pero es un gran jugador, al que no creo que ganar la partida le llevara nunca a traicionar su permanente disposición a facilitar la convivencia. Y esto me parece muy importante.
Tono: Bueno, digamos que sabe rectificar.
Saray: Como dije ayer mismo es una de las personalidades más enigmáticas para mi, y con frecuencia no sé muy bien qué pensar de ella. Diré que me parece independiente, poco amiga de dejarse moldear al gusto de los demás, sin necesidad de complacer.
Jesús: Comprensivo, paciente y perseverante. Sabe ocultar bien sus carencias.
Arturo: Es educado. Se equivoca pocas veces, manteniendo una actitud afable y positiva para los demás. Además creo que sabe lo que es la discreción y, contradiciendo mi propio pronóstico, no parece amigo de exhibirse ni ha utilizado hasta el momento ningún drama personal para provocar lástima. Le veo íntegro.
Dayron: Es leal, humilde y sensible. Le veo incapaz de traicionar a un amigo, ni a una idea. También me parece íntegro.
Valga esto como un ejercicio arriesgado y audaz, basado en un pálpito o una bienintencionada impresión personal más que en otra cosa. Y ya está bien por hoy.









































