El sepulturero
Hace unos años leí la noticia de un sucedido en Chile, que no me resistí a conservar y que contaba la historia del sepulturero de un cementerio que quedó atrapado en la fosa que estaba cavando. Pudo ser el viento y la lluvia que provocaron el derrumbe de la tierra a su alrededor, justo en el momento en que estaba terminado de cavar la fosa. Una placa de cemento, junto al lodo y las piedras lo sepultaron vivo. El sepulturero del cementerio del Parque de la Esperanza se cavó su propia fosa, algo mucho más macabro que lo de aquel Juan Simón, de la copla española que cantaba Antonio Molina, que enterraba a su propia hija: “soy enterrador y vengo, soy enterrador y vengo, de enterrar mi corazón”. Pues bien, Tono, el de apariencia tranquila y bonachona, ha seguido los pasos del sepulturero chileno, y se está cavando su propia tumba virtual.
Lo peor de un concursante de GH no es maniobrar, ni urdir estrategias (las malhadadas estrategias), ni mantener una pose artificial, ni intentar provocar situaciones en su propio beneficio, ni mentir. Nada de eso, lo peor, sin ninguna duda, es que todo eso se note, que sea evidente ante los ojos de la audiencia. Eso si que supone ser un mal concursante, y Tono está demostrando serlo tan pésimo que casi da pena. Aceptamos que se comporte como un púber emocionado ante la cercanía amable de sus compañeras, podemos pasarle que demuestre un compañerismo más que discutible cuando le pone a Jesús las cosas complicadas en aquella noche de la fiesta mexicana, en que el de Tomelloso quería meter en su cama a Saray, pasemos por alto igualmente el pretendido reparto del ‘ganado’ que le había propuesto antes, y hasta puedo entender que habiendo identificado a sus máximos rivales en el concurso, se decida a ir en contra de ellos, para sacar la mayor de las ventajas. La audiencia puede ir olvidando estos y otras cuantas decenas de detalles significativos, pero lo que se asimila con dificultad es una mentira flagrante, demostrable y demostrada.
El resumen de ayer fue de los que hacen época. Al tiempo que reflejaba a la perfección el ambiente que llevo días percibiendo, incluso se ve como cierta parte de la casa recupera en buena medida la alegría, y bromean entre ellos, en el dormitorio azul, cuando en otra parte de la casa Tono y Mayte se quitan la piel de cordero, esa que nunca llevó puesta Sara. Con todo, veo la motera mucho más clara que ellos dos, ya que dice lo que piensa, de forma abrupta y con gran exaltación, gritando casi siempre, pero sin dobleces. Era muy curioso ver a estos tres hablando con Saray e intentando envenenarla en contra de Pepe y lo que ellos llaman “el trío la, la, la”, mientras las risas se hacían presa de ese dormitorio donde Arturo, Raquel L., Pepe y Dayron se divierten abiertamente. Pero el momento definitivo del resumen viene cuando el sepulturero Tono niega tres veces, cual San Pedro en el pasaje bíblico del evangelio, y la moviola de sus propias palabras demuestra que miente.
Merece contarlo con cierto detenimiento, aunque me obligue a dejar para mañana otros relatos de lo sucedido en la casa. Tono le dice a Saray que no entiende como ahora se lleva bien con ‘los chicos de Pepe’, cuando resulta que tras las nominaciones los tres la estaban poniendo a parir, “pero a parir parir” remarca. Afirma, así mismo, que esto lo hacían delante de Jesús, en algo que no puedo dejar de pensar que se trata de una especie de venganza africana hacia su amigo por haberle quitado la chica que le gustó desde el principio, y a la que ahora denigra repetidamente, delante de Mayte. Con su afirmación está dejando a Jesús a la altura del betún, ya que se supone que este no salió en defensa de su amada en ningún momento. Saray le cuenta la conversación a Jesús, lo cual provoca que vaya a pedir explicaciones al gallego. Delante de Jesús, sacando brillo a un plato como muestra de un evidente nerviosismo, lo niega todo. “No, yo no lo dije, eso se lo dijeron Sara y Mayte”, le contesta, y en ese momento podemos presenciar el ‘flashback’ que nos recuerda las palabras de Tono. Sí lo había dicho, y además era mentira lo que contaba. Antes de eso le había casi implorado a Saray que no planteara la cuestión en la mesa redonda ante todos sus compañeros, insistiendo en su temeroso deseo de correr un tupido velo. Una manta de Palencia le hubiera hecho falta para tapar lo patético de su pusilánime actitud. Tono se está cavando lentamente su propia tumba, entró como vendedor de tractores y puede terminar saliendo hecho todo un experimentado sepulturero.
Y el vídeo de la semana número cinco. El amor naciendo entre Raquel y Javier, los líos en la ducha, la expulsión de Inma, la prueba del reloj, el polígrafo de Pepe, y muchas cosas más.