Tres en lizaLA DECISIÓN EN TUS MANOS. Este gato lleva más de tres meses haciendo lo único que sabe hacer, decir lo que piensa, con independencia y sin intención ninguna de influir en la opinión de los demás. En este tiempo y durante más de ochenta comentarios he pretendido siempre dar mi visión de lo que pasaba, contar un pedazo de esa realidad que se nos estaba mostrando, opinando sobre lo que veía. No he escatimado en ningún momento mi subjetiva apreciación de los hechos y los personajes que se expusieron al juicio público, incluso rectificando o matizando mi sentir sobre ellos. Es una de las cosas que me gustan de GH, la posibilidad de analizar a un grupo de personas a quienes no conocemos de nada, que se nos van mostrando en infinidad de situaciones y a los que vamos poco a poco valorando y apreciando muchos aspectos de su personalidad. Por eso no tengo especial simpatía hacia otros formatos similares, derivados de este, donde los personajes son públicos y conocidos, pues aunque se tenga la posibilidad de verles en situaciones distintas de las habituales, aproximando nuestra lupa de forma no común para poderles conocer más de cerca, no deja de tratarse de grupos de famosos, con lo cual se pierde casi todo el atractivo que para mi tiene poder observarles sin prejuicios e ir modelando mi propia opinión sobre ellos. Llegado este momento quizá debiera dar mi veredicto, dictar sentencia y decidir quien merece cada uno de los puestos que se conocerán mañana, en definitiva mojarme con respecto a quien deseo que gane la cosa, quien creo que merece el honor de pasar unos minutos en soledad dentro de esa casa que he venido observando con tanto cariño y durante tanto tiempo. No sé si debo hacerlo, la verdad.

Entre tanto decido si guardarme mi opinión sobre cual debe ser la resolución final de esta historia, comentaré que en estos días tristes en que la soledad se va apoderando de la casa (como ya he señalado en alguna ocasión), presentándonos una convivencia triste y nostálgica en la que lo sucedido en el pasado va retumbando en las paredes para rebotar en buena parte de las conversaciones que los tres “supervivientes” mantienen para espantar su propia soledad, una decisión inteligente les propuso matar el tiempo imitando a los que han sido sus compañeros de piso. Fue un ejercicio divertido, sin el cual hubieran tenido más difícil la tarea de montar el resumen diario que con tanto acierto nos han ido brindando día tras día, y que en estas horas debe ser complicado llenar de contenidos. Esas imitaciones cumplieron el doble objetivo de ofrecernos imágenes y momentos impagables, a la vez que les servía para ocupar el tiempo de los finalistas en algo, de forma que el paso de las horas se les hiciera más llevadero. Junto a interpretaciones irónicas y algo maliciosas, como la que vi en el veinticuatro horas con Conrad haciendo de Jonathan y convirtiéndole en un cerebro racional de precisa mente matemática, pudimos ver otros momentos hilarantes, como ese Juanjo travestido en su propia dulcinea, para lo cual eligió con acierto el momento crítico del despertar de Diana, sus dudas sobre como vestirse, esa mirada lánguida al espejo tras su cama, el comentario en torno a sus granos, el caminar cansino y todo lo demás. Estuvo muy gracioso Juanjo, aunque ya nos hubiéramos reído con tan solo ver su aspecto al meterse en el minúsculo vestido que le prestó Natacha.

Ayer pusieron fin a la prueba de esta semana con una representación del cuento infantil que llevan días ensayando y para el que Natacha preparó un vestuario fantástico en un trabajo de gran valor. Esta escenificación contó con un público de excepción, unos niños que tuvieron el privilegio de visitar la casa para el final de la prueba, la última prueba, que no tendrá otro premio que entretener a tan reconfortante audiencia. A partir de ahora solo cabe esperar el momento final, que llegará no exento de angustia mañana mismo.

Volviendo a la final que se aproxima y haciendo conjeturas sobre lo que puede suceder, se me ocurre recordar la apuesta que hicieron desde el plató los que fueron saliendo de la casa. Si la opinión de esos concursantes fuera representativa de lo que será la decisión final que está expresando con las llamadas esa parte de audiencia que vota, podríamos decir que esta edición tendrá ganadora en lugar de ganador. Seis de ellos se decidieron por la argentina, mientras que solo tres lo hacían por Juanjo y tan solo Eva mencionaba como ganador a su querido Conrad. Lo que expresaron fue exactamente esto:

Eva: Conrad, Juanjo, Natacha
Jani: Juanjo, Conrad, Natacha
Jonathan: Natacha, Conrad, Juanjo
Nicky: Natacha y después me da igual
Bea: Creo que va a ganar Juanjo
Miguel: No voy a decir nada
Sandra: Natacha
Cristal: Natacha, Conrad, Juanjo
Eloísa: Natacha, Conrad, Juanjo
Salvador: Juanjo
Ángel: Que la audiencia lo decida (obviedad: palabra de ocho letras)

Hay un compromiso desigual, ya que al menos dos de ellos se reservaron la opinión, otros solo mencionaron a su favorito y concretamente Bea no se mojó, haciendo una previsión sobre quien piensa que se llevará el gato (con perdón) al agua. A Diana no le preguntaron.

¿Y que opina este gato pesado que tanto ha escrito durante este tiempo? Pues bien, no me fío de las encuestas en esta ocasión, ni siquiera de la que acompaña estas líneas, que tanto se ha aproximado en todas las expulsiones, ya que el público que vota no es exactamente el mismo, ni hay los mismos condicionantes para hacerlo que en las votaciones reales de las llamadas telefónicas. Me da la impresión que Natacha va en una posición más retrasada en las encuestas de lo que puede desvelarnos mañana el resultado final, y creo que la distancia entre los tres será bastante menor de lo esperado. No me atrevo a adivinar el resultado final, tengo dicho que cometí el error de no graduarme en el curso de formación como pitoniso de Rappel, con lo cual me resulta complicado hacerlo. En cualquier caso, de tener esa capacidad la invertiría en comprar el número que puede haber sido cantado ya (cuando leas estas líneas) en el sorteo de la lotería, y que llevará a muchos la alegría con la que se recibe un dinero que no nos hace felices, pero con el que se pueden hacer muchas cosas, y no me cabe duda que mucha gente invertiría de muy buena manera. Pero tampoco en eso creo que haya acertado en esta ocasión, con lo cual mucho menos me arriesgaré a dar un vaticinio sobre el ganador de GH VI.

Quien haya seguido estos comentarios habrá podido sacar sus propias conclusiones sobre por quienes he podido tener más o menos simpatías. No me parecería bien utilizar este modesto espacio para intentar influir en la opinión de nadie, y menos a unas horas de la resolución final, pero sería demasiado presuntuoso si pensase que puedo tener tamaño poder y en definitiva se puede ejercer la misma influencia con el puñado de juicios que he ido expresando cada día como el que podría tener con una recomendación sobre a quien votar. Diré por tanto que Conrad me ha parecido el más normal y equilibrado de todos, que Natacha puso sal y pimienta en muchas ocasiones y que Juanjo fue durante bastante tiempo quien pensé que podía ganar esta edición. Para quien piense que este gato no se moja con esto lo suficiente, le diré que “gato escaldado del agua fría huye”. Y ayer llegó el invierno, ya hace bastante frío ahí fuera y mi encierro está a punto de acabar, algo que me entristece y me preocupa mucho más que quien pueda terminar siendo el ganador.