El Gato encerrado
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MiláMÁS QUE PALABRAS. El debate prometido para la víspera de la Nochevieja no fue tal. En realidad consistió en un resumen trabajadísimo de los tres meses largos de convivencia en la casa de Guadalix, un repaso por bloques temáticos en el que no faltó prácticamente nada, y donde pudimos ver aquellas imágenes que todos recordamos, pero también otras que no estaban tan en nuestro recuerdo. La parte de debate era tan solo un fondo, el acompañamiento necesario y en este caso imprescindible. Me lo pasé bien viendo este programa.
Agradecí que se trataran los temas sin tapujos, que todos tuvieran posibilidad de expresarse, de explicar aquellas cosas que les inquietan y contar la feria según le ha ido a cada uno. Obviando la salida de pata de banco de Nicky, que pierde las formas con gran facilidad y me da la impresión de que se con la misma se arrepiente, los demás dijeron lo que quisieron con naturalidad, expresando quejas hacia alguno de sus compañeros e incluso hacia el propio programa, con ese eterno reproche relativo a la selección de imágenes o a lo que puede llegar a condicionar el desarrollo del programa la forma en que se trate a unos o a otros, algo más achacable a los programas parásitos de este. Todos tuvieron ocasión de decir lo que quisieron, algo que utilizó con profusión Jonathan, también Miguel, los más críticos con el programa y aquello que le rodea, partiendo del hecho de sentirse maltratados, o quizá será mejor decir no demasiado bien tratados. El reproche tendrá para algunos de injusto lo que para otros de certero, pero no se puede negar que Jonathan tiene la suficiente personalidad y claridad de ideas como para expresar lo que piensa sin autocensuras, sin tener en cuenta lo que pueda beneficiarle de cara a guardar su propia imagen o las simpatías que pueda despertar en los demás. Lo que me distancia de él es esa sonrisa amable y complaciente, que no abandona ni cuando está haciendo una crítica feroz, cuando está expresando con dureza lo que piensa. Puedo estar de acuerdo o no con lo que dice, pero me gusta que lo diga, solo que prefiero tan solo escucharle antes de ver ese rostro amable que no se corresponde con lo que está expresando. En esto Jonathan sigue siendo un vendedor de pisos (hay quien pensó que me equivocaba de oficio cuando escribí esto las primeras veces, creo que no supe explicar bien que era una imagen, tan solo una metáfora) que ya te esté vendiendo el chollo de tu vida o una pocilga inhabitable, siempre lo hará con una irritante sonrisa.
Tuvo cabida en esa selección de imágenes lo mejor y lo peor de lo ocurrido. Los momentos de tensión, los rebotes graciosísimos de Bea, las discusiones y borderíos varios. Pero también las muestras de amistad, los recortes de diversión y unos pedacitos de amor. Eran más difíciles de encontrar estas últimas cosas, pero para el equipo que hace ese programa no hay nada imposible. Cuando hace días titulé mi comentario “109 días de soledad”, me faltó señalar que parte de esa soledad fue impuesta por las circunstancias, que provocaron la separación de algunos de los protagonistas en el momento que se había producido una especial sintonía. Esa pesadumbre expresada por el “Último Mohicano” Jonathan a causa de que hubieran ido saliendo todas sus amistades en la casa tenía una base absolutamente real, y a mi juicio impidió que viéramos un poquito más de compañía, más muestras de amistad, una complicidad mayor entre personas que días antes de entrar en la casa no se conocen de nada. Lamento que este GH haya sido complicado en ese aspecto, porque ver surgir amistades sinceras que nacen de la nada, poder ser testigos de eso, es todo un privilegio.
Tampoco hubo esta vez “edredoning”, un neologismo que los ilustres señores de la Real Academia deberán estudiar algún día, porque es ya parte de nuestro vocabulario. También lamento esto, no porque busque estímulo ninguno de ese tipo viendo este programa, pero si porque sería algo que acercaría la vida en la casa de GH a lo que sucede a diario en nuestras vidas. El deseo sexual mueve parte de nuestra existencia, es algo en torno a lo que giran comportamientos y negocios, y no es del todo natural ver a un grupo de personas tan aguantaditos durante tanto tiempo. Claro que puede que esté yo equivocado y la mayoría de la gente no vea girar a su alrededor lo mismo que yo veo.
A la hora de hacer un resumen, cuando tengo que echar el cierre, algo que hago con pesadumbre y nostalgia, me apetecería hacer un comentario absolutamente personal, reflexionar sobre lo que supone este programa, lo que esta experiencia puede aportar a los que entran y a los que seguimos todo desde fuera. No hay nada comparable a una experiencia como esta, y esto es algo que me gustaría no se perdiera nunca de vista. Puede ser un lugar común esta reflexión, pero creo que explica lo que decía anoche mi admirada Milá, citando a este humilde gato, y es que es esta una experiencia mucho más dura de lo que muchos imaginan. Un futbolista famoso, por poner un ejemplo, está acostumbrado a vivir delante de las cámaras de televisión y las de los fotógrafos de prensa. Ellos entrenan ante las cámaras, luego comparecen en rueda de prensa ante las cámaras, abandonan su lugar de trabajo ante aficionados que les esperan para conseguir un autógrafo, algo que hacen ante las cámaras. También cuando salen a divertirse, a cenar con los amigos, al cine o a una discoteca, es fácil que se encuentren también ante las cámaras de los “paparazzis”. Y, como no, cuando les toca el momento álgido de su trabajo, el día del partido, saben que todo quedará registrado para disfrute de los forofos de ese deporte, porque siempre juegan ante las cámaras. Pero estos personajes saben que tienen un momento de intimidad, todo un mundo de intimidad que nadie conocerá nunca si ellos así lo desean. De forma que cuando hablan con sus parejas, sus hijos, amigos o compañeros de trabajo, no hay una cámara delante, no todo lo hacen ante el juicio implacable y temible de miles de personas que están, sin ser vistas, detrás del ojo de esas cámaras. En la casa de GH no hay un solo gesto que pueda escapar a ese juicio, y somos muchos los que disfrutamos compartiendo nuestras opiniones con los demás, mirando y comentando con interés lo que allí pasa, y sobre todo entreteniéndonos con esta experiencia, disfrutando como enanos cuando hacemos de socio-psicólogos que miramos por esa ventanita la vida de un grupo de personas que están siempre vigilados, al menos durante unos meses, viviendo siempre ante las cámaras, siempre.
Este gato encerrado abandona hoy su encierro. Lo hago feliz, con una sonrisa en mi boca, satisfecho y agradecido. No se cuando volveré a atravesar mi gatera para meterme en mi guarida y observar de nuevo a mis ratoncitos. A esta hora, en el momento del comentario final, nunca lo tengo claro, y siempre dudo que haya una próxima vez. Sea como fuere agradezco el día que decidí compartir esta experiencia contigo, no me hubiera gustado perderme tantas cosas, no quiero ni pensarlo. Por eso mi sonrisa, que espero me acompañe mucho tiempo, recordando este bendito GH VI. Feliz Año 2005, y sonríe siempre, siempre, siempre.

Ganó JuanjoLOS VOTOS PARA JUANJO. Los votos de la audiencia dieron el triunfo de este “Gran Hermano” a Juanjo, esto es incontestable, y la decisión del pueblo es soberana. Quien quiera lanzar sombras sobre esto que lo haga, pero a este gato no le cabe duda sobre el resultado, entre otras cosas porque una vez más coincidió con el de nuestra encuesta, de forma casi milimétrica en esta ocasión. Felicidades, por tanto, para el “taxista Dundee”, el “predicador del confesionario”, este “majaraja” ilicitano que fue para mi gusto un mal concursante, aunque claro está que convenció a más de la mitad de esa parte de audiencia que vota (el 57,3%), y por eso le habremos de dar la enhorabuena.

La frase más importante del programa de anoche, la gala final que tendrá una coda, un estrambote, en ese debate del próximo jueves, víspera del día de Nochevieja, fue pronunciada por la Milá, que acertadísima le espetó al ganador: “No es agradable, Juanjo, por mucho que hayas ganado el ‘Gran Hermano 6′, de que has ganado el programa pero no has ganado dentro de la casa, no has ganado, para entendernos, a tus compañeros, a todos tus compañeros en la convivencia. Es desagradable, pero es así”. La cara de Juanjo era todo un poema mientras escuchaba estas palabras, por las que a mi me cuesta titular “Juanjo ganador”. No, ganador no, ha conseguido más votos que los demás, cierto que eso le da el triunfo, pero no se podrá considerar ganador alguien de quien no habló bien casi ninguno de sus compañeros, que fue perdiendo apoyos dentro de la casa, recolectando enemistades, decepciones, enfrentamientos. Ya lo creo que tiene que ser duro, pero eso es así.

Con gran celeridad se produjo la salida de los tres finalistas, supongo que para evitar lo que pasó otros años, y es que la entrevista al ganador era casi inexistente. Muy rápido salió Natacha, la tercera clasificada, con un 15,2% de los votos. En el exterior de la casa le esperaba un trineo con el que bajar una pequeña pendiente, que parecía sacado del catálogo de ‘Playmobil’, todo muy pequeñito. Luego le esperaba ese pasillo en el que darse un baño de multitudes y en el mismo se encontraba su primo-amante, que le recibió con un apasionado beso, muy cinematográfico todo. Ya en el plató sorprendieron a Nata con la presencia de su padre, momento en que la emoción de la argentina se hizo especialmente patente, lo cual es explicable. Tensó los músculos de su rostro más que nunca, a pesar de lo cual estuvo relajada durante buena parte de le entrevista, incluso cuando le comunicaban algunas de las cosas que se habían dicho, sobre ella y su primo, al que se llegó a calificar como su “chulo”. Negó con tranquilidad y sosiego todo eso, afirmando que él nunca la maltrató. Entiendo que incluso en una final salgan a relucir estos asuntos, tratados en esos programas parásitos (me niego a seguirles llamando satélites) que tanto daño hacen a veces, lo entiendo porque no hay mejor sitio que ese para darle la oportunidad a un concursante para defenderse de esas cosas, y porque no sería justo que se tuviera que enterar después de lo que se ha comentado durante su encierro. Esa es su casa, y es de esperar que cuando llegas a tu casa tras una experiencia como la que han vivido, te lo cuenten todo, y te dejen dar las explicaciones oportunas.

Tras la salida de Nata pudimos asistir a ese momento en que el segundo clasificado tiene el privilegio de celebrar con el ganador su triunfo, tras ese momento en que ambos conocen la resolución final. Conrad y Juanjo se abrazaban, se besaban, se expresaban mucho cariño, más o menos sincero, pero bonito en cualquier caso. Desde una pantalla gigante la Milá les comunicaba el nombre del ganador, y un efecto de luces proyectadas sobre unos globos dorados rubricaban lo dicho por la presentadora, Juanjo era el ganador y por tanto Conrad había de abandonar la casa, lo que hizo también rápidamente. Con Conrad no hubo casi entrevista, y eso fue así porque creo que el americano se deja poco. Mantengo la teoría de que el problema de comunicación de este concursante no está provocado por su limitado dominio del idioma castellano, si no que creo ver otro condicionante evitando una comunicación fluida e inteligible, y para mi ese condicionante es un decidido hermetismo que evita salgan las palabras con normalidad. Le pasaría lo mismo si hablase en inglés, porque él no se quiere explicar, juega con expresar argumentos parciales e interpretables, para que cada cual piense lo que desee. Bueno, la táctica no le ha salido nada mal, y estoy seguro que de no haber sido porque entró como reserva y no es español este hubiera sido el ganador, su perfil responde absolutamente ya que es discreto y no entró en discusiones, pero se tuvo que quedar a las puertas, que tampoco está nada mal.

Juanjo pasó pocos minutos en soledad dentro de la casa, durante los cuales pronunció en alto (muy alto) el nombre de Roberto, en muchas ocasiones. Parece claro que Juanjo siente una deuda de gratitud muy grande por el “súper” y le expresaba así su cariño. También leyo los nombres del resto de concursantes, sin excepción, de una inscripción que había realizado en la mesa del comedor. Corrió, saltó, saludó a los cámaras y resto de gente del equipo que estaban en el patio de la casa trabajando, volvió a dar las gracias a Roberto y con ese nombre en la boca abandonó la casa, que quedó finalmente deshabitada. La imagen de la casa solitaria hizo que un escalofrío me recorriera la espalda, que tristeza, que desasosiego. En un par de planos imagine las muchas horas, infinidad de situaciones, innumerables sensaciones vividas observando esa casa. Juanjo bajó también la pequeña rampa en el trineo, como sus dos compañeros, y se dió su baño de multitudes encantado, con el histrionismo del que hizo gala dentro de la casa, ese dominio escénico que no creímos pudiera tener en un principio. Ya en el plató siguió estando desenvuelto, y entonces empezó un pequeño calvario en el que tocaba mostrarle sus imágenes, y entre ellas estaban sus enfrentamientos, la violencia que destiló con algunos de sus compañeros, en esas aproximaciones intimidatorias, nariz con nariz (y la del de Alicante es de dimensiones considerables, no en vano fue comparado con Cyrano de Bergerac por la presentadora, y no creo que fuera por su poética delicada), su arrebato estampador de cervezas y ‘bricks’ de leche contra el suelo. Tantos y tantos momentos complicados, compañeros expresando en conversaciones con otros un juicio crítico contra él, otros que lo hicieron en el confesionario, profanando su púlpito en un sacrilegio total. Llegó un momento que Juanjo expresó su queja, le parecía que solo le estaban enseñando cosas malas, y entonces fue cuando la Milá debió pensar “abre los ojos, muchacho”, y le hizo la reflexión que reproduzco al principio de estas líneas, en un entrecomillado textual. No estaba siendo agradable para él, a pesar de que sus compañeros renunciaban a rememorar aquello, más por respetar el día alegre de la fiesta del ganador que por cobardía. Se equivoca ese concursante tramposo y aprovechado, ávido de fama y relumbrón, que censura casi cada jueves lo que hacen sus compañeros, pensando el ladrón que todos han de ser de su condición. Si hay un personaje cobarde entre los dieciséis que tomaron la recta de salida esta vez, ese es Ángel, el metrosexual de las narices, que es tan falso como para vendernos ahora que está “conociendo” a la ex de Conrad, tras otros montajitos similares con damas refinadas como Sonia Arenas. ¿Y es este sujeto quien pide a los demás que sean sinceros y digan a Juanjo a la cara lo que piensan? Este no han sido nunca sincero ni consigo mismo, y no entiende que hay algo llamado educación y respeto, que es lo que los demás quisieron tener ayer para con el concursante ganador, respetando ese su momento de gloria.

Me pareció que Juanjo no se sentía dañado con las duras imágenes que le mostraron, vi en él disposición a olvidarse de todo e intentar entablar una relación afectuosa con todos. En otro plano, producto de otra vida, que es la que vivimos aquí fuera. No es muy distinto lo que puedan vivir dentro que lo que aquí vivamos, quizá la diferencia fundamental es que aquí podemos censurar a un conocido sin que una cámara lo esté registrando y se lo vaya a mostrar después al criticado. Eso hace que aunque sepamos que algo así puede suceder, y nos conste que no caemos bien a alguien, pasemos esto por alto y decidamos llevarnos bien, que la vida son cuatro días y dos salen nublados. El caso es no enterarnos, no ver aquello que puede dañarnos seriamente. Creo que Juanjo mantendrá buena relación con todos, es más pienso que lo está deseando, personalmente creo que lo necesita. De ahí sus abrazos con su “primo” Miguel, y las expresiones cariñosas que tuvo para ellos. Sobre Diana, su dulcinea, que ayer aparecía con el pelo planchado y sobre todo limpio, muy guapa y elegante, dijo que nunca pretendió enamorarla, que solo quiso ver en ella la gran amiga que ya es, y argumentó esto diciendo que él aún tiene alguien fuera, dio a entender que es alguien a quien aún pretender reconquistar, o eso me pareció entender. Esto entraba en absoluta contradicción con lo que dijo al empezar la entrevista, y es que le hubiera gustado encontrar una mujer a quien amar dentro de la casa. Este muchacho sigue poco centrado, y con el cheque que le entregó en la casa la Fresita ganadora del pasado año creo que tenía más difícil centrarse.

Los 300.000 euros del premio le darán para comprarse un taxi nuevo, quizá unos de esos Mercedes que tanto se ven en la costa levantina, aunque no se si seguirá por mucho tiempo conduciendo un taxi, no me hago a la idea de si es alguien dispuesto a entrar en la dinámica de comentarista ’showman’ televisivo. Los ’shows’ ya vimos que se le dan muy bien, aunque en esta ocasión tendrá que lidiar en plazas más complicadas que ese confesionario donde representó siempre el mismo libreto, un monólogo largo e impetuoso, sin público ni crítica, solo un “súper” al que él adora, aguantando estoicamente el sermón. Pero el suyo no fue el sermón de la montaña, porque no solo contó con la aprobación de sus fieles, que los apóstoles de Juanjo fueron los muchos que votaron para conseguir su triunfo, algo por lo que habrá que darle una vez más la enhorabuena.

Como suelo decir en estos casos, tiempo tendremos de seguir comentando lo que sucedió ayer y reflexionar sobre esta sexta edición de GH. A veces he prometido esto sin cumplirlo, pero esta vez no habrá de dudar nadie que el lunes seguiremos aquí, pues aún hay mucho que comentar. El jueves que viene, como ya dije, habrá un debate con todos los concursantes, aunque no creo que esté la efímera Mercedes y espero que no falte Nicky, que ayer no asistió al plató por un supuesto problema familiar. Por tanto, aún estará vivo unos días este “Gran Hermano”. De momento, este gato charlatán se callará durante unas horas, y antes de ello quiere desearos a todos una muy feliz Navidad. Este GH ha sido para mi un sueño, me reencontré y encontré durante el mismo grandes cosas, que me dieron mucha satisfacción. Guardaré un recuerdo imborrable de estos meses. Buena noche. Sed felices.

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Juanjo entra en plató.
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Y hasta el año que viene.

La Final109 DÍAS DE SOLEDAD. Quien no respeta las tradiciones está perdido, pero también es cierto que las tradiciones están para ser transgredidas, algo que puedo asegurar da mucho gustito. Con todo esto quiero avisar que este comentario será extraordinariamente corto, justo lo contrario de lo que hemos venido haciendo durante estos ciento nueve días de GH VI.

Sintetizaré por tanto, no vaya a ser que una vez avisado me termine extendiendo y salga un ladrillo de los habituales. Los ciento nueve días que hemos presenciado esta experiencia de convivencia han tenido casi de todo, pero han faltado algunas cosas que a este gato sentimental le hubiera gustado ver. No ha habido en esa casa amor, tampoco amistades verdaderas, el respeto por el otro escaseó tantas veces y no hemos podido ser testigos de grandes momentos de emoción, ni siquiera en el crucial momento de una expulsión. Por eso he titulado este comentario del día de la final como lo he hecho, porque los vividos han sido “109 días de soledad”. A pesar de eso la experiencia ha estado cargada de situaciones que concentraron nuestra atención, llamativas discusiones, enfrentamientos entre grupos, ingredientes ideales que consiguieron de este GH un seguimiento superior al del último, mejores resultados de audiencia y que en la calle se siguiera hablando (y mucho) de lo que estaba sucediendo en la casa de Guadalix. Se repitió la habitual situación de mucha gente negando ver el programa pero con conocimiento detallado de todo lo que sucedía, con precisa información de todos y cada uno de los personajes que habitaban la casa. Podremos criticar la elección de los personajes, un tanto “frikies” muchos de ellos, y nos parecerá que este ha sido mejor o peor GH, pero lo que no tiene discusión es que una vez más el programa fue un éxito y logró mantener la atención durante esos muchos días que hoy terminan.

Ahora solo cabe ser testigos de lo que suceda esta noche, ver salir al tercer clasificado, más tarde vivir el momento en que los dos primeros sepan quien es el ganador, seguido de la salida del segundo, y finalmente ver esos minutos de un ganador nervioso esperando hacer su salida triunfal de la casa. A esta hora deseo que gane el mejor, aunque esa es expresión más futbolera o deportiva que otra cosa, y que nos regalen una final con interés y emoción, donde podamos disfrutar de unas buenas entrevistas. “Alea jacta est”, que aunque aún estén sonando los teléfonos, la suerte está en buena medida echada.

Mañana comentaremos la gala de esta noche. Culminaremos de ese modo estos casi cuatro meses en que hemos disfrutado haciendo esto, y terminaremos nuestra labor con más alegría que nostalgia. Atrás dejamos más de ochenta comentarios, casi cuatro mil fotografías capturadas de la pantalla de Tele 5 en programas y resúmenes, más de cuarenta carteles cinematográficos que se convirtieron en mi debilidad y me sacaron una sonrisa casi cada día, cientos de noticias, y todo ello elaborado con cariño y entusiasmo durante miles de horas, de nuestras horas. Tiempo tendremos de añadir reflexiones al momento final, lo cual dejaré para después de la gala de esta noche, pero hoy solo quería aprovechar para decir que fue todo un placer, recompensado con creces con el seguimiento arrollador de miles de internautas. Gracias a todos por ello.

Y con la alegría ya declarada, queda este gato comodón a la espera de sentarse esta noche ante la tele para ver el episodio final. Conrad, Natacha y Juanjo tendrán todo el protagonismo, algo que contaremos aquí (por supuesto) mañana.

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Tres en lizaLA DECISIÓN EN TUS MANOS. Este gato lleva más de tres meses haciendo lo único que sabe hacer, decir lo que piensa, con independencia y sin intención ninguna de influir en la opinión de los demás. En este tiempo y durante más de ochenta comentarios he pretendido siempre dar mi visión de lo que pasaba, contar un pedazo de esa realidad que se nos estaba mostrando, opinando sobre lo que veía. No he escatimado en ningún momento mi subjetiva apreciación de los hechos y los personajes que se expusieron al juicio público, incluso rectificando o matizando mi sentir sobre ellos. Es una de las cosas que me gustan de GH, la posibilidad de analizar a un grupo de personas a quienes no conocemos de nada, que se nos van mostrando en infinidad de situaciones y a los que vamos poco a poco valorando y apreciando muchos aspectos de su personalidad. Por eso no tengo especial simpatía hacia otros formatos similares, derivados de este, donde los personajes son públicos y conocidos, pues aunque se tenga la posibilidad de verles en situaciones distintas de las habituales, aproximando nuestra lupa de forma no común para poderles conocer más de cerca, no deja de tratarse de grupos de famosos, con lo cual se pierde casi todo el atractivo que para mi tiene poder observarles sin prejuicios e ir modelando mi propia opinión sobre ellos. Llegado este momento quizá debiera dar mi veredicto, dictar sentencia y decidir quien merece cada uno de los puestos que se conocerán mañana, en definitiva mojarme con respecto a quien deseo que gane la cosa, quien creo que merece el honor de pasar unos minutos en soledad dentro de esa casa que he venido observando con tanto cariño y durante tanto tiempo. No sé si debo hacerlo, la verdad.

Entre tanto decido si guardarme mi opinión sobre cual debe ser la resolución final de esta historia, comentaré que en estos días tristes en que la soledad se va apoderando de la casa (como ya he señalado en alguna ocasión), presentándonos una convivencia triste y nostálgica en la que lo sucedido en el pasado va retumbando en las paredes para rebotar en buena parte de las conversaciones que los tres “supervivientes” mantienen para espantar su propia soledad, una decisión inteligente les propuso matar el tiempo imitando a los que han sido sus compañeros de piso. Fue un ejercicio divertido, sin el cual hubieran tenido más difícil la tarea de montar el resumen diario que con tanto acierto nos han ido brindando día tras día, y que en estas horas debe ser complicado llenar de contenidos. Esas imitaciones cumplieron el doble objetivo de ofrecernos imágenes y momentos impagables, a la vez que les servía para ocupar el tiempo de los finalistas en algo, de forma que el paso de las horas se les hiciera más llevadero. Junto a interpretaciones irónicas y algo maliciosas, como la que vi en el veinticuatro horas con Conrad haciendo de Jonathan y convirtiéndole en un cerebro racional de precisa mente matemática, pudimos ver otros momentos hilarantes, como ese Juanjo travestido en su propia dulcinea, para lo cual eligió con acierto el momento crítico del despertar de Diana, sus dudas sobre como vestirse, esa mirada lánguida al espejo tras su cama, el comentario en torno a sus granos, el caminar cansino y todo lo demás. Estuvo muy gracioso Juanjo, aunque ya nos hubiéramos reído con tan solo ver su aspecto al meterse en el minúsculo vestido que le prestó Natacha.

Ayer pusieron fin a la prueba de esta semana con una representación del cuento infantil que llevan días ensayando y para el que Natacha preparó un vestuario fantástico en un trabajo de gran valor. Esta escenificación contó con un público de excepción, unos niños que tuvieron el privilegio de visitar la casa para el final de la prueba, la última prueba, que no tendrá otro premio que entretener a tan reconfortante audiencia. A partir de ahora solo cabe esperar el momento final, que llegará no exento de angustia mañana mismo.

Volviendo a la final que se aproxima y haciendo conjeturas sobre lo que puede suceder, se me ocurre recordar la apuesta que hicieron desde el plató los que fueron saliendo de la casa. Si la opinión de esos concursantes fuera representativa de lo que será la decisión final que está expresando con las llamadas esa parte de audiencia que vota, podríamos decir que esta edición tendrá ganadora en lugar de ganador. Seis de ellos se decidieron por la argentina, mientras que solo tres lo hacían por Juanjo y tan solo Eva mencionaba como ganador a su querido Conrad. Lo que expresaron fue exactamente esto:

Eva: Conrad, Juanjo, Natacha
Jani: Juanjo, Conrad, Natacha
Jonathan: Natacha, Conrad, Juanjo
Nicky: Natacha y después me da igual
Bea: Creo que va a ganar Juanjo
Miguel: No voy a decir nada
Sandra: Natacha
Cristal: Natacha, Conrad, Juanjo
Eloísa: Natacha, Conrad, Juanjo
Salvador: Juanjo
Ángel: Que la audiencia lo decida (obviedad: palabra de ocho letras)

Hay un compromiso desigual, ya que al menos dos de ellos se reservaron la opinión, otros solo mencionaron a su favorito y concretamente Bea no se mojó, haciendo una previsión sobre quien piensa que se llevará el gato (con perdón) al agua. A Diana no le preguntaron.

¿Y que opina este gato pesado que tanto ha escrito durante este tiempo? Pues bien, no me fío de las encuestas en esta ocasión, ni siquiera de la que acompaña estas líneas, que tanto se ha aproximado en todas las expulsiones, ya que el público que vota no es exactamente el mismo, ni hay los mismos condicionantes para hacerlo que en las votaciones reales de las llamadas telefónicas. Me da la impresión que Natacha va en una posición más retrasada en las encuestas de lo que puede desvelarnos mañana el resultado final, y creo que la distancia entre los tres será bastante menor de lo esperado. No me atrevo a adivinar el resultado final, tengo dicho que cometí el error de no graduarme en el curso de formación como pitoniso de Rappel, con lo cual me resulta complicado hacerlo. En cualquier caso, de tener esa capacidad la invertiría en comprar el número que puede haber sido cantado ya (cuando leas estas líneas) en el sorteo de la lotería, y que llevará a muchos la alegría con la que se recibe un dinero que no nos hace felices, pero con el que se pueden hacer muchas cosas, y no me cabe duda que mucha gente invertiría de muy buena manera. Pero tampoco en eso creo que haya acertado en esta ocasión, con lo cual mucho menos me arriesgaré a dar un vaticinio sobre el ganador de GH VI.

Quien haya seguido estos comentarios habrá podido sacar sus propias conclusiones sobre por quienes he podido tener más o menos simpatías. No me parecería bien utilizar este modesto espacio para intentar influir en la opinión de nadie, y menos a unas horas de la resolución final, pero sería demasiado presuntuoso si pensase que puedo tener tamaño poder y en definitiva se puede ejercer la misma influencia con el puñado de juicios que he ido expresando cada día como el que podría tener con una recomendación sobre a quien votar. Diré por tanto que Conrad me ha parecido el más normal y equilibrado de todos, que Natacha puso sal y pimienta en muchas ocasiones y que Juanjo fue durante bastante tiempo quien pensé que podía ganar esta edición. Para quien piense que este gato no se moja con esto lo suficiente, le diré que “gato escaldado del agua fría huye”. Y ayer llegó el invierno, ya hace bastante frío ahí fuera y mi encierro está a punto de acabar, algo que me entristece y me preocupa mucho más que quien pueda terminar siendo el ganador.

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Fotografías y vídeos procedentes de capturas de los programas de «Gran Hermano», emitidos por el canal de televisión Telecinco, y producidos por Zeppelin TV