COMPÁS DE ESPERA. Se vive en la casa un cierto ambiente de compás de espera, como si el grupo estuviese esperando al próximo jueves para ver quien se marcha, parece como si necesitaran saberlo. Ese día además se notará un importante cambio en la casa, un vacío especial, y si no al tiempo. No me refiero solo a la previsible salida de Jonathan, si no a que de ocho inquilinos la casa pasará a solamente seis, algo que van a notar de manera muy especial. Comenzará entonces el momento de las nostalgias, de las añoranzas, de los recuerdos. Sucede siempre. También serán los veinte días siguientes más tendentes a actitudes individualistas. Quien tenga la posibilidad de arrimarse a alguien lo pasará más suavemente, porque en caso de no tener una persona afín, alguien con quien se hayan logrado establecer lazos de amistad, este tramo final puede hacerse muy cuesta arriba.
Teniendo en la cabeza la idea que acabo de expresar he intentado analizar las alianzas que se pueden establecer a partir de ahora. Alianzas que en este caso no son fruto de una estrategia, si no de la necesidad de sobrevivir de la mejor manera posible en un entorno al que se añadirá la soledad, la vaciedad dejada por los compañeros que les tuvieron que abandonar, al resto de condiciones que hacen de ese encierro una experiencia más dura de lo que muchos creen. Esa vaciedad se hace especialmente explícita a causa de la personalidad de algunos de los que habitan esa casa, ajustándose a la primera de las acepciones de la palabra empleada, la que define la vaciedad como simpleza, incluso necedad. Si excluyo la burda representación que protagoniza Eva, con ese “partenaire” forzado pero encantado, según parece, de haber sido agraciado con el papel que le ha correspondido en este reparto, el resto de protagonistas tiene sus afinidades poco definidas, ya que curiosamente quienes más las tenían han ido desfilando por la puerta de salida. No veo afinidades en Conrad, que más que el hombre de Cromagnon me ha parecido siempre un hombre de hielo, tampoco en Jani. La relación de Juanjo con Diana carece de las complicidades necesarias como para que pueda apreciar una predisposición a darse mutuo apoyo de manera desinteresada. Creo que los dos se necesitan uno al otro, pero Diana siente tantas veces un visceral rechazo hacia su compañero, acompañado con razonamientos a menudo incomprensibles pero alguna vez cabales y sensatos, que hace casi imposible la unión necesaria en los momentos decisivos. Creo que solo me queda Natacha, la cual ha ido progresivamente definiendo y acercando sus afectos hacia Diana, y eso me hace pensar que puede que sean estas dos concursantes las que más apoyo se puedan dar en los momentos finales. También pienso que las dos pueden llegar a la final, especialmente la argentina. No quiero ni pensar en el carrusel de temblores con que nos puede obsequiar Natacha en caso de llegar a formar parte de los tres concursantes que permanezcan en la casa hasta el último día.
No me parece sorprendente la conclusión anterior, creo que forma parte de una de las características de este gran hermano, marcado por relaciones interpersonales en las que no ha habido casi amor, ni siquiera amistad, con poquísimos afectos verdaderos. Lo reflejaba perfectamente una declaración de Bea en una publicación, al decir que no desea que gane nadie, porque le caen mal todos. No es algo muy diferente a lo que sentirán muchos de los lectores en estos momentos. Pudiera ser todo esto un fiel reflejo de una sociedad cada vez más recelosa de establecer lazos y tender puentes con los demás, pero este gato afectuoso prefiere pensar que no es así, que son otros factores los que se han dado para que lo veamos de esta forma.
Ayer vi reflejarse la imagen de ese “Barrio Sésamo” de nuestra infancia en la pantalla donde veía GH. Me hizo gracia Juanjo con sus explicaciones gráficas de parte del vocabulario que intentaban memorizara Magda. No comparto la idea de que Juanjo sea gracioso, a mi no me agradan sus actitudes, ni logra dibujar casi nunca una sonrisa en mis labios. Si acaso me reí aquella noche que le preguntaba a Nicky su nombre real, el que aún figura en su documento de identidad, y reía compulsivamente al saberlo. Pero en general el sentido del humor y las infantiles bromas del “gh predicador” ilicitano me dejan absolutamente indiferente, cuando no me rechinan claramente. Aún así le agradezco que me haya recordado ese “esto es lejos, esto es cerca” de Coco, aquel personaje azul de trapo creado por el genial Jim Hensom, que marcó a toda una generación, quien sabe si a varias. Hoy día, de toda la fauna del “Muppet Show”, los geniales “Teleñecos”, me empiezo a sentir identificado con uno de esos viejecitos que observaban el espectáculo desde un palco, con socarrona ironía y causticidad. A veces me veo siguiendo desde mi encierro las evoluciones de nuestros ratoncitos como si fuera uno de ellos.
Anoche tuvieron fiesta, una “fiesta española”, a mayor gloria de la invitada polaca (¿o era de Cuenca?, que no termino de enterarme, o más bien no termino de creérmelo). Tortilla española, jamoncito, taquitos de queso y vino de Jumilla, fueron complemento para la pasta que había preparado Eva para la cena. Uno de los objetivos de la fiesta era que durante la misma pudiesen hablar excepcionalmente en inglés con la invitada, lo cual fue muy celebrado por ella. Tras verlos unos minutos llegué a dos conclusiones, que explicaré. Primeramente que Juanjo se defiende con el inglés mejor de lo que pensaba, la verdad es que con Conrad me pareció bastante más patético, y sus canturreos a lo “Príncipe Gitano” cantando “In the Guetto” no hicieron si no reafirmarme en esa idea, pero ayer le vi hablar y entenderse con Magda bastante mejor de lo esperado. La segunda conclusión es que debemos agradecer que no le hayan permitido hablar inglés todo el rato, porque Magda habla por los codos, es incansable y su incontinencia verbal (y mi sueño) me impidieron seguir viendo la modesta fiesta que les habían preparado.
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