¿Y ahora que hago?NADA ES LO QUE PARECE. En este GH nada es lo que parece. Una actriz que decide enamorarse e intenta aproximarse cariñosamente a un concursante americano que se deja, pero que muestra cara de terror más que de sorpresa como respuesta a este acercamiento. Una concursante cubana de Logroño, que decide revelar la razón por la que el último expulsado puede estar molesto con ella, pero en lugar de contar la verdad miente flagrantemente al confesar que le nominó, pero afirmando que fue en una nominación anterior, y no en la que supuso su salida de la casa. Una invitada polaca de Cuenca, que dice no hablar ni una palabra de castellano, pero que entiende nuestro idioma a la perfección, de forma que más pareciera licenciada en filología española, y que al oír “La Marseillaise” (La Marsellesa, himno nacional de Francia) cree estar oyendo el himno de Polonia. Y por último, una concursante de Barcelona, que al caer la tarde dice estar cansada y necesitar el leve masaje que le está proporcionando un concursante paisano suyo, con lo cual pareciera que ha pasado el día realizando duros trabajos que hayan supuesto un considerable esfuerzo físico y/o mental, cuando su actividad más destacable se limita a maquillar a la de Cuenca, o sea a la polaca, o quizá debiera decir que a la chica que vino de Holanda para no quedarse más que seis días. Vaya lío.

Lo primero es más de lo mismo, la historia de esa “Bridget Jones” que hay dentro de la casa, que sigue divirtiéndose con su historia de amor, que en realidad no es amor, o su atracción sexual, que en realidad no es tal. El guión de Eva dió una vuelta de tuerca ayer domingo, como mostramos en el video que ofrecemos hoy, como hacemos con frecuencia los lunes para los menos trasnochadores. El guión se comenzaría a escribir así: Interior tarde, localización en jacuzzi, actores protagonistas Eva y Conrad, como figurantes Juanjo y Jonathan, la mayor parte del tiempo fuera de plano. Lo que viene después es la secuencia propiamente dicha, una Eva en un papel de mujer desinhibida, que juega a la seducción de forma poco prejuiciosa y acosa sexualmente a Conrad, que pasivamente acepta sus caricias, los besos en su cuello y una mano moviéndose a la altura de la mitad de su cuerpo bajo las burbujas que les rodean. Este episodio es más llamativo que los anteriores, pero el guión tiene una autoría común y la historia no hace otra cosa que seguir desarrollándose de la forma que Eva va marcando, para lo que cuenta con la colaboración innegable del “hombre de CroMagnon”, como ella mismo le llama. Conrad se deja hacer, es ya el sujeto colaborador que ha asumido por completo su papel. No se donde acabará esta historia, que sigo opinando puede perjudicar seriamente a quien está interpretando un papel desconociendo, como yo mismo, el final del mismo.

No se si Magda, la invitada que les han metido en la casa para esa prueba semanal que tan poco juego está dando, es polaca realmente o la suya es una nacionalidad de conveniencia. Lo que no me cabe duda es que sabe mucho de castellano, o quizá que su conocimiento de otras lenguas, el italiano entre ellas, le hace la tarea especialmente sencilla. Ella entiende perfectamente a los demás, se expresa con pasmosa facilidad y no identifica si quiera el himno de su país, que confunde con el de Francia. Lo más curioso no es la propia confusión, si no que cuando le ponen el himno de Polonia ni se inmuta ni lo conoce. Quizá sea que lleva demasiado tiempo viviendo en Holanda, pero todo esto me hace pensar que en esto tampoco son las cosas tal cual parecen, y que no me extrañaría que mi broma sobre que en realidad es de Cuenca no pudiera asemejarse a una especie de sorpresa final que les deparara la prueba de esta semana.

Diana no es mucho más activa que cualquiera de los otros, tampoco mucho más holgazana, pero su actitud vital, alguno de sus gestos hacen que se note mucho más que en cualquiera. Ella se rasca todo el rato, se rasca los brazos, el estómago, las piernas, y sobre todo se rasca mucho la cabeza. Cuando yo me rascaba de pequeño, mi madre me preguntaba si tenía piojos o estaba aburrido, ninguna otra opción era contemplada por ella. No insistiré en la poca afición que ella tiene al aseo personal, o al menos lo poco amiga que es de ponerse debajo de un chorro de agua, por tanto solo me cabe achacar su tendencia a refregarse la piel con el aburrimiento que cada vez atenaza más a todos. Por eso me parece que es también parte de la ficción de este gran hermano que Diana le pida a Jonathan le haga un masaje reparador en el cuello, como si su actividad fuera tan agotadora como para justificar los nudos que dice tener en su espalda. Hace tiempo recordaba como su padre la acusaba de no hacer nunca nada, me recordó a esa profesora del colegio que cuando te llamaba la atención y te justificabas diciendo: “señorita, si yo no he hecho nada”, te respondía: “pues por eso”. No hacer nada es un placer poco valorado, cuya mala prensa es toda una injusticia. Lo que parece que raya en el recochineo es decir que se está agotado tras una “dura” jornada de no hacer nada.

Lo de Jani no es lo que parece porque ella lo cubre con un manto impenetrable que solo tiene un objetivo, engañar a sus compañeros. Tras darle muchas vueltas decidió confesar a Jonathan que había nominado a Nicky. Lo hizo porque entendió el mensaje sutil que este le había enviado desde el plató, cuando le emplazó a una futura conversación fuera de la casa. A ella le llegó ese mensaje cifrado de “muy bonito el anillo”, y entonces empezó a pensarse en contar la verdad, algo que no había hecho antes, y a lo que nada ni nadie le puede obligar. No solo no terminó siendo sincera si no que mintió repetidamente. Dijo haber dado el anillo a Nicky porque él se lo había pedido, esa fue su primera mentira. Luego, en confidencia nocturna le dice a Jonathan que el enfado de su amigo esta motivado por esa nominación que le habrían descubierto en el plató, pero miente una y otra vez cuando a preguntas de él empieza diciendo no saber cuando fue esa nominación y termina diciendo claramente que no fue en la que provocó la salida de Nicky. Esto me confirma que Jani no ocultó ese hecho porque temiera una airada reacción, porque nadie podría esperar tal de Jonan. Jani miente porque ese es su carácter, miente porque quiere, con absoluto descaro, y lo que es peor miente innecesariamente. Esas son las mentiras que más odio, las que no son indispensables, las absurdas, las evitables.

Tanto es que en este GH todo está al revés, que cuando lo habitual es que sean expulsadas antes las mujeres, quedando finalmente más chicos que chicas en la casa, algo que se ha repetido en ocasiones anteriores, y que siempre intentamos explicar los que gustamos de analizar este bendito programa como la respuesta lógica motivada por una mayor tendencia de las mujeres espectadoras a participar dando sus votos, molestándose en llamar, e incluso siendo más fieles seguidoras del programa, lo cual habría producido el efecto negativo que reproduciría una tendencia habitual en mostrar más desconfianza y mayor desapego hacia el propio sexo. Pues bien, eso tampoco es así esta vez, y cuando se vaya esta semana la invitada y veamos consumarse la previsible expulsión de Jonathan, quedarán dentro de la casa tan solo dos hombres frente a cuatro chicas. Y es que en esta edición todo parece salir del revés, todo parece distinto a como aparenta ser, no descansan nunca las sorpresas, y a pesar de todo, o quizá por ello, este gato jaranero se lo está pasando mejor que nunca.

Por cierto, que Nicky estuvo en el debate ese de los domingos, y portó no solo coselete si no también pica o alabarda, quien sabe si también arcabuz. A su coraza le unió las armas ofensivas que lleva en su palabra, y arremetió con ellas fundamentalmente contra Salva, el pobre diablo que se ha especializado en la crítica sangrante y reiterativa, con inquina desmedida hacia la propia persona del gijonés. En realidad los dardos salieron en todas direcciones, y el tono de voz de Nicky alcanzó niveles inhumanos e inaceptables, pero no puedo evitar haber visto con regocijo como la pólvora que encendió su mecha rozaba al que fue su compañero durante diez días, cuando no daba en el blanco de forma certera y fastuosa, como gustaría decir él mismo. Me agradó especialmente oir eso de que: “te voy a ignorar, no sabes de que manera, para que no ganes un solo duro a mi costa”. No dijo “un solo duro” si no algo más grueso, pero se entiende igualmente. Ahora solo hace falta que eso se haga realidad, que ver discutiendo a ex concursantes en programas diversos es una de las peores secuelas de las que podemos ser testigos.