Que buena estáEL CAMAROTE DE LOS HERMANOS MARX. Por un momento el dormitorio se convirtió en una especie de camarote de los hermanos Marx, o quizá en una de esas comedias de enredo del teatro de la posguerra, al estilo de Alfonso Paso. Las situaciones entrecruzadas vividas en esa habitación en las primeras horas de la madrugada nos dejaron un momento divertido digno de un guionista amigo del surrealismo. Mientras un Nicky enérgico y militroncho exigía silencio para poder dormir hasta que las obligaciones con la vaca le llamaran a la cuadra a la mañana siguiente, Bea aparecía en escena pidiéndole al “taxista Dundee” un cigarrillo, repitiendo la cantinela más oída estos días, y este no paraba de enredar, sin ganas de dormir y con muchos deseos de coña. El resto de protagonistas no se quedaba atrás, Diana intentaba poner orden, pero la sonrisa le delataba y “perdía su credibilidad” como patrona, según le dijo Nicky. El “gitanillo” Miguel aparecía en escena por la puerta de la izquierda preguntando que había pasado y antes de hacer mutis por la puerta de la derecha del espectador volvía a pedir que alguien le preguntara que había pasado en los cinco minutos que estuvo “entre cajas”. Nicanor seguía repitiendo con enfado, pero también con cierto cachondeo mal disimulado, eso de “si en cinco minutos no esta todo el mundo en su cama callado y las luces apagadas la monto”. Todo esto pasaba simultáneamente, como fragmentos inconexos que solo tenían en común lo bien que se lo estaban pasando todos. Este acto de la comedia de enredo que relato resultó divertido y nos hizo contemplar un grupo que se empieza a soportar con agrado, o eso al menos le lograron transmitir a este gato complaciente.

Las disputas de tono elevado han sido sustituidas por el diálogo dentro de la casa, no lo digo por la escena que acabo de relatar, si no más bien por esa especie de democracia asamblearia que improvisaron con el fin de cuestionarse quien debía ser el próximo patrón. Que curioso que una decisión que han de votar en las próximas horas sea motivo de diálogo e intercambio de pareceres, algo que nadie les había sugerido e hicieron de forma improvisada. De nuevo la situación fue agradable y de muy buen rollo, y mientras Diana instituía una nueva expresión coloquial, que me pareció todo un hallazgo, ese gracioso “tío-tía” que de nuevo les hizo reir, no quedó atrás Miguel cuando cuestionó la descripción que de él mismo había hecho Juanji, que le llamó equitativo. Según el sevillano, su “primo” se ha aprendido cuatro expresiones aparentes y las suelta cuando tiene ocasión. Más curioso me resulta que nadie parece querer ser patrón, y quien lo desea se lo calla. De momento contamos con Juanjo y Miguel, que han renunciado a ello con más rapidez que la de Camacho dejando el banquillo del Madrid, lo cual derivó en un nuevo candidato, el recién llegado Conrad. Algunos no ven bien que Conrado sea el depositario de esa responsabilidad, al haber sido el último en sumarse al grupo, entre quien se encuentra Bea, que reconoció en el “confe” que le gustaría ser patrona, aunque “no lo voy a decir”, añadió. Al final el voto de la mayoría decidirá, como en cualquier democracia que se precie.

En medio de las situaciones que comento se encontraban siempre dos de las mayores ausentes de esa casa, una Jani que anda como sonámbula de una conversación a otra, sin hacerse notar y con la actitud permanente de dar la razón a quien tiene en frente, como en un acto reflejo y poco interesado. Es la cubana de esos concursantes que una amiga llama “setas”, alguien cuya ausencia podría notarse dentro, pero que al menos fuera es más un cero a la izquierda que otra cosa. No le va a la zaga el “bombón” argentino, que parece que pierde gas cuando le sacan de su interpretación en la radio, donde se masajea las tetas mientras pone voz sugerente, como disfrutando de sus minutos de gloria en la casa. El atractivo de esta mujer parece reducirse a una cara atractiva y a aquello que según Gómez de la Serna es el orgullo de algunas mujeres, aquellas que se piensan que lo más interesante que tienen está en la sombra de su escote, ese canalillo entre dos prótesis (en este caso), o la “calle de las dos hermanas”, que dice otra buena amiga. La verdad es que si observamos a Natacha de espaldas, no es extraño que la confundamos con la “legionaria”, pues a pesar de su acaramelada voz y sus modos aparentemente refinados, no puede evitar moverse con semejante ordinariez (”¿ordinaria yo?, pues no me llama ordinaria”, que diría Bea).

Juanjo sigue jugando su papel de buen chico sensato, un rol que le viene “como a un Cristo dos pistolas”, que dice mi madre (hoy le debo royalties a mucha gente). No me creo que sus comentarios sean improvisados ni con toda la buena intención que se le podría suponer, ni creo tampoco que sea el más indicado para censurar a sus compañeros por trabajar poco y tener la casa cual pocilga, presumiendo de haber trasnochado para tener la ropa de todos limpia, algo que precisamente hubo de hacer por no haber cumplido con esa obligación en tiempo y hora, cuando lo hubiera tenido que hacer. Además su voz me hace recordar a la del alto de “Faemino y Cansado”, en una de esas parodias en las que interpreta el papel de pobre hombre, y eso me distancia mucho de lo que dice.

Y un apunte para terminar, relativo a uno de los asuntos polémicos de estos días. Este gato crítico e independiente ha censurado con frecuencia que se nos prive en ocasiones de conocer lo que sucede en algunos momentos dentro de la casa. Es una censura que se presupone a veces tiene como objetivo preservar para los resúmenes y programas nocturnos los momentos de mayor intensidad, aunque no siempre sea exactamente así. Es el caso de la confesión de Cristal, ese momento de domingo en que le revela a Jonathan que abortó una semana antes de empezar la convivencia, algo que recogió el canal de veinticuatro horas, justo instantes antes de cambiar de plano y obviar el resto de la conversación. Es este un momento que no ha sido recogido después en ninguno de los programas, lo cual parece cuando menos extraño, aunque se puede suponer una buena intención a la hora de ocultarlo. Partiendo de la base de que todo el que entra en este juego sabe que está cediendo su privacidad, y considerando que si Cristal no hubiera deseado que se conociera ese dato debiera habérselo callado, entiendo que ha sido obviado al tratarse de algo suficientemente íntimo, perteneciente a la historia previa a la condición de concursante de GH y que tiene como protagonista a la más joven de la casa. Un episodio probablemente traumático, o como ella misma le describió a su amigo Jonhy “un palo de la hostia”. No estoy justificando que se censure este hecho, simplemente intento aproximarse a las razones que han llevado a ello, y en cualquier caso aquí lo hemos comentado, como en muchos otros lugares de Internet, e incluso ofrecemos la posibilidad de escuchar el fragmento de sonido de ese breve momento de la confesión de Cristal, con el objeto de que cada cual saque sus propias conclusiones.