Las viciosasEL LÍDER PRETENDIDO. Gustavo pretendió ser líder. Lástima que ni su condición intelectual, ni su capacidad de interrelación, ni su carisma le hayan ayudado a llevar a buen puerto sus pretensiones. En la casa no hay esta vez un líder claro, aunque de no ser por su falta de disposición ese habría de ser Matías. Pero al argentino ni le interesa, ni le divierte, ni lo considera imprescindible para el objetivo de alzarse con un posible triunfo final. Cuando digo que no hay un líder me refiero a que no hay nadie que reúna las condiciones que creo necesarias para desempeñar ese papel no necesariamente estelar. Un líder debe ser escuchado en la misma medida que se debe notar su ausencia. Ha de ser alguien capaz de establecer un puente entre el resto de compañeros, logrando bruñir los fondos de recelo que se producen inevitablemente. El líder en esa casa tiene que ahuyentar el rechazo de los demás y al tiempo imponer una cierta disciplina. Quien quisiera erigirse en líder ha de saber que serlo no es garantía de ganar, que su “rol” se puede convertir en arma de doble filo. Un error, la más pequeña debilidad, puede ponerle en situación de “alto riesgo” e incluso convertirse en un pasaporte para abandonar el chalecito de Guadalix. Iván (GH I) fue líder, quizá el más claro de los habidos, y llegó hasta la final. Raquel (GH III) ejerció un liderazgo temporal, malogrado al poner en primer plano su código de fidelidades y enemistades hacia sus compañeros. No deja de resultar pueril que el ex-boxeador “Gus-gus” se haya creído en algún momento que podría pasar de ser un concursante gris y prescindible, con tendencia a depender de los demás a cada momento, para convertirse en el estratega que toma el mando de operaciones, blindándose personalmente ante el riesgo de la expulsión. De momento su torpe estrategia le está surtiendo de resultados, pero se me vislumbra que pronto se apagará hasta el último rescoldo de su estrella y se verá desposeído de la inmunidad pasajera de la que aún goza. Basta que sus compañeros, los más cercanos, el “clan Cordero”, termine por aborrecer sus “rayaduras” y se percate del doble objetivo que mueve sus pasos: Acabar con el buen rollo en la casa por la vía de dividir en grupos el colectivo, al tiempo que se asegura un futuro fuera de la casa manteniendo una cierta expectación sobre la resolución de su situación sentimental. La precipitada salida de Sonia puede hacer que esa expectación se vea considerablemente minimizada. Fue curioso escucharle comentar con Matías que ojalá Sonia estuviera armando una bien gorda “ahí fuera”, ya que eso le podía beneficiar cuando él saliese. Gustavo se cree “el rey del mambo”, un posible digno sucesor de Jesús Vázquez, su ídolo. Antes o después caerá de su nube.

Antes de la caída de Gustavo tendremos ocasión de presenciar como la corriente se lleva a otros de nuestros “ratoncitos”. Este gato encerrado, atónito como pocas veces cuando ve a Judith y su nula decisión de evitar su salida de la “cárcel de cristal”, no comparte con la mayoría de la opinión pública el rechazo hacia la concursante catalana. Judith es más espontánea, más sincera, más leal, más divertida, y más adulta en definitiva, que la mayoría de sus “compañeros de piso”. Si tengo que inclinarme por una de las “cutre-pandis” que se formaron esta vez, no tengo la más mínima duda que lo haría por la que de alguna manera lidera la visceral Judith. Ella, junto a Desi, Anna (en su momento), Rafa y de alguna manera Nacho, forman una armonía de grupo que me transmite mejores vibraciones que el heterogéneo, ínclito y pintoresco grupo formado por el “líder pretendido” y sus “gregarios” Pedro, Inma, Rocío y Matías. De este último grupo se destaca Matías, que se muestra a menudo ausente cuando en reuniones a puerta cerrada se emplean al poco edificante deporte de despellejar al resto de sus “hermanos”. No quiero decir con esto que desde el otro grupo no se repitan escenas parecidas, lo que quiero señalar es como Matías de un lado y Nacho de otro pasan de puntillas en estas situaciones, quizá por ser los que más claro tienen que no es ese el mejor camino para ganarse el favor de la audiencia. Esta semana saldrá Judith, posiblemente con un porcentaje de los votos abrumador. La verdad es que se lo está currando. Pareciera como si sabedora de su destino hubiese decidido levantar la cabeza y huir hacia delante, salpicando sus horas de aburrimiento con juegos personales como el numerito de “miss camiseta mojada” especialidad “¿Se me transparentan mucho las tetas?” con el que consiguió provocar a Matías para que repitiese su frase comodín, esa de “lo nuestro no va a ser aquí dentro, lo nuestro será ahí fuera”. Es desternillante ver a un sorprendido Matías observando a casi todas las mujeres alrededor suyo y como repite una y otra vez la misma frase, haciéndose merecedor de que alguien le dijera lo de “eso se lo dirás a todas”. Matías es un crack al que no le va a costar nada llegar a la final y devorarse a sus compañeros una vez fuera de la casa. Los “satélites” de GH se lo rifarán, si no al tiempo.

Y una mención muy de pasada al bueno de Ontiveros, el auténtico “padre” de la casa de Guadalix. Entiendo que el responsable de la cosa no puede condenar a la huelga de hambre forzada a sus chicos y chicas. Entiendo que ni ellos se lo hubieran perdonado, ni la audiencia hubiera simpatizado con una postura intransigente en un caso extremo como este. Pero en este «Gran Hermano», donde parecía que se había logrado recuperar parte del espíritu primitivo, con cierto respeto a las normas, eliminando esas absurdas situaciones de privilegios personales de la edición pasada, no debería haber claudicado tan pronto ofreciéndoles esa “repesca” de la prueba en forma de semi-maratón de baile. La ocurrencia de los últimos días de GH III, en que “el super” le ofrece a Patricia, Kiko, Javito y Estrada la posibilidad de conseguir ellos mismos la comida mediante una llamada telefónica a un desconocido del exterior, me pareció mucho más justa e imaginativa. Después de esto solo cabe esperar que estos muchachos se tomen las pruebas a coña durante la segunda mitad del concurso, que ahora comienza. Aún tiene Ontiveros una posibilidad de darle otra vuelta de tuerca a la situación. Aún puede suspenderles en este “examen de recuperación” y que se coman entre ellos, al menos la moral. Este gato encerrado ve a más de un especialista en comer la moral a los demás ahí dentro. Mientras tanto la paternal voz de Ontiveros ha sonado un poco dura estos días cuando les ha dicho eso de “prueba no superada”, seguido de su particular “danzad, danzad, malditos”.