¿Matías o Paloma?SE RAYAN Y SE VUELVEN A RAYAR. Los habitantes de esta edición de GH están dando muestras preocupantes de estar siendo vencidos por la condición de aislamiento dentro de la casa. Si esto es así a los veintidós días de entrar no quiero ni pensar que será cuando lleguen a los más de cien días de que consta la prueba, algo que no todos podrán experimentar. Este gato observa a los encerrados en la “cárcel de cristal” con una mezcla de desidia y preocupación. Desidia al observar un grupo al que es difícil sentirse afín y preocupación al comprobar como ciertas ideas empiezan a resultar obsesivas para algunos de ellos. Gus se raya con “tu crees que me habrá dejado mi novia, claro que no te creas que últimamente estaban las cosas bien del todo entre nosotros”, Nacho hace lo propio con “yo no te quiero hacer daño, he sido muy claro desde el principio, no quiero nada contigo, sólo quiero tu amistad y me preocupa que tu pretendas algo más”. Son los dos casos más patentes de mentes girando una y otra vez sobre la misma idea, pero no son los únicos. Inma “la lianta” no para de desempeñar una tediosa labor de alcahueta, para lo que no repara en engaños, exageraciones y tergiversaciones varias de la realidad. Judith insiste a la menor ocasión con la idea de que “lo último que busco yo aquí es liarme con un chico”. Pedrito “Cordero” se refugia en la cuadra de forma un tanto obsesiva. Mario “pepito piscinas” dedica todo el esfuerzo que no derrocha en las labores domésticas en procurar salvarse de la expulsión a base de convertirse en “el niño en la comunión, el novio en la boda y el muerto en el entierro”, con poca fortuna, dicho sea de paso. Anna sigue desaparecida. Rafa baila todo el tiempo, como si hubiera despertado a su auténtica vocación (”ay mama, quiero ser artista…”). Desi “hipano-suiza” aprovecha el encuentro con cualquiera para soltarle aquello de “yo no voy a volver a buscarle (a Nacho claro), si él quiere que se acerque a mí” para inmediatamente meterse en la cama al lado de él. Rocío continúa vomitando (ni la sanidad pública tarda tanto en atender a un enfermo como han tardado en llevar un médico a esa casa para curar una supuesta gastroduodenitis, enfermedad de cierto calado, que más de uno ha confundido con bulimia, lo cual no está del todo claro aún). Parece que Matías “mata tías” fuera el único que no tiene una idea eje, si acaso la cocina, que ocupa buena parte de su tiempo. No me negarán que esta gente se raya mucho. Se rayan todo el tiempo. Por eso han despertado en este gato responsable la preocupación de observar algo que no se había manifestado en los anteriores encierros, y es una tendencia al monotema, una actitud egocéntrica que es capaz de anular buena parte de la personalidad en cualquiera. Si fueran mis amigos les recomendaría que visitasen un psiquiatra, que siguiesen el camino de salida marcado por la efímera (volátil, diría yo) Marilú (¿o era María?) y se liberasen de la opresión proporcionada por su condición de vida dentro de la casa, que se presenta más insana que nunca. Si siguen así el buen rollito pronto dejara paso a una tensión propia de una película de suspense. De verdad que la próxima vez que escuche a Nachete “machote” con su desesperante discurso circular, o a “Gusiluz” haciendo conjeturas sobre si su espabilada novia estaba en el estudio el día de autos, tendré que hacer serios esfuerzos por no arrojar el mando a distancia al televisor y pedir la baja por saturación extrema. A veces dudo si estoy viendo el resumen debido o me he equivocado de cinta de video.

Por su lado la vida en los últimos días nos ha traído la divertida imagen del cocinero argentino travestido en el personaje de Paloma, tras interpretar el papel de chica que rechazaron todos en la prueba del musical “Grease”. No menos divertido fue el baile de Pedro “el ovejero”, que exigió la contención de sus compañeros para que no se notara que se estaban riendo de él, más que con él. Que les dieran la prueba por buena hizo que quede aplazada la situación crítica de ver a concursantes como Mario discutir sobre la lista de la compra, con evidente egoísmo y falta de conciencia de grupo. Aunque es posible que el sujeto en cuestión no asista más a esa reunión vital en que se decide el gasto de la semana.

Y lo de Anna, la chica transparente a la que casi todos hacen el vacío. Para mi tengo que estos muchachos y muchachas no se han dado cuenta que despreciando, ignorando y ninguneando a la nueva están consiguiendo aunar las simpatías de muchos hacia la catalana. Esa actitud de marginación se está dando más de lo que nunca se dio en esa casa. La bandera de “somos diferentes, a nosotros nos va el buen rollo” que izaron horas después de entrar en la casa ha quedado hecha jirones tras el relevo habido allí dentro. Este gato encerrado se pregunta sorprendido como es posible que hayan impuesto un “apartheid” tan brutal como injusto a quien se incorporaba al grupo tan sólo once días después que los demás. De esto creo que Anna saldrá favorecida, aunque o mucho me equivoco o creo que ella aprovechará la mínima ocasión para devolverles el “favor”, y entonces si que podemos empezar a divertirnos.