LA VUELTA DEL GATO. Este gato encerrado lleva apartado del mundanal ruido algo más de un mes. Ha sido un periodo de reflexión en el que debía decidir si volvía a comentar lo que pasa en la cárcel televisiva de «Gran Hermano». El gato tomó su decisión. El programa empieza en octubre, hemos supuesto que el día 1 (no hagan caso de la cuenta atrás que figura encima de estas letras, es un suponer), y desde ya mismo empezamos a dar la paliza. En la distancia, a miles de kilómetros, este gato encerrado, fuera de su encierro, decidió repetir experiencia. Espero que sea para bien.
Atrás dejamos un GH III lleno de emociones y observamos con hastío la estela que van dejando algunos de sus protagonistas. Otros en un (¿voluntario?) segundo plano es posible que acechen en el momento menos esperado. Personalmente me provoca un cierto cansancio, una sensación de “deja vú” (que asquerosamente cursi, puaj) todo lo que se mueve alrededor de GH una vez que sale por la puerta el último de sus moradores. La curva del interés derrapa en un descenso acelerado que no lo igualaría ni el Perico Delgado de sus tiempos gloriosos en el descenso a los lagos de Covadonga (que vértigo, dios mío). Es por esto que una vez finalizada la anterior edición del programa, se me hizo muy difícil continuar con los comentarios e incluso dejé pendiente algún que otro compromiso, que espero cumplir en los días que restan hasta el estreno de GH IV. Así aprovecharé en estos días para hacer alguna reflexión, a modo de conclusión, de lo que fueron esos 100 días de convivencia, y terminaremos de elucubrar sobre el futuro de sus protagonistas. También comentaremos alguna de las cosas que han pasado durante este mes largo del verano. De momento parece claro el futuro de uno de sus protagonistas, Pepe Navarro, que desde las primeras horas, después de conocerse la precipitada nueva edición del programa, fue claramente descartado como presentador de la misma. No repetirá Pepe, y es casi seguro que volverá Mercedes Milá. Desde este gato encerrado hemos criticado con dureza el trabajo del periodista, pero no quiero dejar de repetir en esta hora los elogios que aquí mismo hicimos a un Pepe Navarro que necesita, en mi opinión, de más libertad para plasmar su personalidad y dejar que el éxito le acompañe. Como dijimos aquí el éxito no va con él, sino que es él mismo. Para este periodista valiente y conocedor del medio como pocos, sólo podemos desear que vuelva a demostrarlo pronto. En cuanto a la vuelta de la Milá yo me alegro. Aunque es apostar sobre seguro, o quizá por eso mismo, creo que era la mejor de las opciones. Su entusiasmo, su respeto por los chicos y chicas (por igual en todos los casos), su mano izquierda con los familiares y su implicación en las anteriores ediciones, suponen un aval para ponerse al frente de la cosa una vez más. Otro asunto será lo que hagan con el resto de colaboradores, presentadores de resúmenes y demás, que deben cumplir con discreción su papel obligadamente secundario.
Se anuncia un GH de invierno (el primero de los habidos), con piscina climatizada, gimnasio y la casa convertida en un dúplex de decoración moderna. Seguirá habiendo cuadra, habrá chimenea y la sala vip será más vip todavía. Pero todo esto es sólo una anécdota, el atrezzo necesario, el fondo del retrato, donde lo importante es el propio perfil del retratado. De ahí la importancia de los castings, donde un grupo de especialistas, con espíritu de entomólogo, han de analizar a los aspirantes, situándoles debajo de una enorme lupa, para dividirlos en castas, de acuerdo con su carácter, sus costumbres, su pasado y sus aspiraciones. En esta labor de selección está la auténtica clave del programa. Los doce elegidos deben responder a un objetivo e igualarse a los arquetipos buscados. Es como si pusieran encima de la mesa un puñado de retratos-robot y empezaran a buscar entonces quien se parece. Aunque parezca difícil es en ese momento cuando elaboran el tan comentado guión no escrito, pudiendo llegar a prever con bastante precisión lo que pasará en esos tres meses largos de convivencia. No hay menoscabo de la espontaneidad de los concursantes, es simplemente trabajo de laboratorio. Puestos a pedir, este gato encerrado pediría personas con un pasado interesante, amantes de la buena conversación y con capacidad para sorprenderse, entusiasmarse o emocionarse por lo que les rodea. Puede que las cosas vayan más o menos por ahí, aunque creo que se habrán fijado fundamentalmente en la capacidad para enamorarse, que en definitiva es lo que vende.
Tiempo tendremos de comentar lo que viene y, como dije antes, recordar algo de lo que pasó. Intentaremos ahora aprobar la asignatura que el cansancio nos hizo dejar pendiente a finales del pasado mes de julio. Todo ello en un «Gato encerrado» nuevo y renovado, como habréis podido ver. Me siento a gusto en mi nueva casa. Espero que a vosotros, “gato-adictos”, os pase lo mismo. Si estáis bien aquí, os invito a que nos visitéis siempre que queráis. El esfuerzo de renovar esta nuestra casa se verá recompensado con vuestra compañía. Este gato encerrado, desde su nueva celda, está contento de estar aquí de nuevo. Nos queda un largo camino que recorrer. Bien hallados todos.


































