FINALISTAS. Este gato encerrado ha tenido el acierto de atar hoy de pies y manos al que me hace las entradillas. El pobre lleva tres meses intentando evitar mis ejercicios prácticos sobre nominaciones, de los que tanto se ha hablado, y mis predicciones sobre las noches de expulsión. Sin ir más lejos este mismo lunes tuve que aprovechar un despiste suyo para hacer la crónica adelantada de los dos últimos programas de este año, o para mejor decir, los dos últimos programas de esta tercera edición de GH. Su tesis se sustenta en que no acierto nunca mis predicciones. De momento, en esa crónica del final de este GH ya me puedo apuntar el acierto sobre el primer episodio, el que apuntaba a que hoy se iría Estrada, último en incorporarse a la casa. El segundo episodio tendremos el gusto de comentarlo aquí el domingo. Pero esa fama de no dar ni una en las predicciones es injusta. En el primer comentario, el ya lejano 9 de abril, decía yo: “Noemí es la más “fashion”, pero esas gafas de “la mosca” y su moreno de rayos UVA no impedirán que sea expulsada pronto” y en el comentario del siguiente día (10 de abril) escribía esto: “De todas formas yo creo que va a salir la “Carrefour fashion”, a la que no le va a dar tiempo de poner de moda sus gafas de la mosca”. Era un buen comienzo. Después acertaríamos en la expulsión de Candi, la de Carolina y, como queda dicho, la de esta semana. En la expulsión de Jacinto tuve un “soplo”, pero ni le otorgue la credibilidad que merecía (según pude comprobar después) ni me hubiera parecido ético aprovechar la confidencia para simular un acierto espectacular, ya que casi nadie se esperaba la salida del de Cintruénigo. En las quinielas sobre las nominaciones sólo tuve aproximaciones, pero en definitiva su objetivo no era acertar, sino aproximarme de esa manera al sentir de la casa, y eso lo doy por conseguido. Este gato suscribe lo que escribió en el primer comentario y no tiene la sensación de haber dado palos de ciego. Lo que es indudable es que este GH ha sido el de las sorpresas, con esas mismas palabras llevan muchos días hartándose a describirlo los últimos habitantes de la casa.
El penúltimo programa fue emotivo y entrañable (por una vez pongo dos adjetivos seguidos en lugar de tres, ¿que me estará pasando?, ¿será el cansancio de los casi cien días?), gracias a Ismael Beiro, el tío grande que ganó el primer GH. Delgado, demacrado y en silla de ruedas, Ismael entró en la casa derrochando vitalidad, energía y buenas vibraciones. Este fenómeno me transmite alegría de vivir. Su actitud positiva contrastó con la actitud de algún concursante que influenciado por los gritos de cuatro desalmados que se dedican a insultar a gritos desde fuera de la casa, más pareciera que estaban viviendo un día triste que el gozoso día de saberse en la final. Lo de los que van a Guadalix para decir burradas no tiene nombre, y si hay algo que deben llevar aprendidos los concursantes que hoy realizan las pruebas para el GH IV, cuarta edición del programa y segunda de este año (que comenzará en octubre, como hemos podido saber estos días) es que lo que digan estos descerebrados desde las inmediaciones de la casa sólo debe ser tomado como la muestra de estupidez que es. Fue bonito ver a Ismael dentro de la casa. El programa comenzó con una buena entrevista de Pepe y termino con Ismael compartiendo el momento en que los finalistas descubrían en el almacén la comida que les habían preparado las madres (la abuela, en el caso de Javito).
Y la entrevista con “el nuevo”, Estrada, Javier, el suplente. Antes que nuevo o suplente declaró considerarse “el sometido”. Con esta calificación, que sugiere una estricta disciplina sadomasoquista, Javier quiso definir su papel en la casa. Tuvo que someterse al resto de concursantes, se debió “someter a unas reglas ya establecidas de un grupo que además se lleva bien”. Como dije desde la primera expulsión (la de la fugaz y rebelde Noemi) no deja de sorprenderme la seguridad, la entereza y la personalidad que han demostrado todos, sin excepción, en la entrevista de su expulsión. Esto me conduce a la reflexión sobre que la selección de concursantes, además de buscar arquetipos, busca gente con carácter fuerte y dotada para encarar con gran fortuna la entrevista en el plató. Ver a Javier decirle a Pepe en un tono de gran autoridad: “Estoy hablando, perdona, déjame terminar” me corrobora lo dicho.
El domingo conoceremos quien de los finalistas sale el último de la casa. Después vendrá un verano de bolos y fiestas patronales varias. Mientras eso llega yo seguiré recordando un rato ese momento del primer ganador de GH, ese que hoy sigue alegrándonos con su presencia, el gran Ismael.
Ahora voy a desatar a este colega. De su parte digo que gane el mejor, que todos se lo merecen, aunque bien sabe el Altísimo que algunos estamos convencidos de quien no debe ganar. Y para octubre que llamen a la Milá, por lo que más quieran.
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