EL ÁLAMO FUE VENCIDO. El “álamo” fue vencido, derrotado y humillado con la expulsión de Carolina. En paráfrasis castrense: “Cautiva y desarmada la minipandi, las tropas de Patricia han alcanzado sus últimos objetivos militares. Viva la minipandi, arriba Patricia” (en realidad como se decía en nuestro foro uno de estos días la “minipandi” ha terminado siendo una “monopandi” a la que sólo pertenece de pleno derecho la propia Patricia, aunque conserve la disciplina de voto de Kiko y Javito).
En el plazo de los últimos diez días se marcharon de la casa tres auténticos favoritos. Basta mirar la encuesta sobre estas líneas para ver hasta que punto Carolina contaba con la confianza de buena parte de los seguidores de Gran Hermano sobre su posible triunfo. Al final resistieron el dúo Patri-Kiko (esa historia de telenovela), el honesto Javito (“Cocinero, cocinero, enciende bien la candela/ y prepara con esmero un arroz con habichuelas/ Cocinero, cocinero, aprovecha la ocasión/ que el futuro es muy oscuro, que el futuro es muy oscuro/ ay, ay, ay, trabajando en el carbón…”), y el nuevo Javier (fugaz, pero no tanto como la bella Noemi, que tuvo una agarradilla ayer con Pepe). Según abría el sobre con los datos de los porcentajes, Pepe revelaba el nombre del notario que dio fe de las llamadas. No sé si me pareció a mí o hubo una especie de sutil sonrisa, media mueca (comparándolo con las muecas deformantes de Jorge apenas unos cuantos músculos algo más tensos de lo normal), cuando Pepe nombraba al notario, de apellido Monedero. No sé porque pienso estas cosas. En el plató Carolina estuvo nerviosa pero se supo defender con naturalidad. Esta chica está mucho más atractiva cuando es ella misma, sin la pose de entrevistada. No funcionó (una vez más, ¡me “cáchis”!) el truco infame de avisar al recién expulsado que probablemente el programa disponga de imágenes que ni él mismo imagina que puedan existir sobre su comportamiento dentro de la casa. Una vez más el recién llegado respondió con un “ponlo, pon lo que quieras”. Nos habíamos acostumbrado demasiado mal (o bien, ¿quien sabe?) a que el expulsado fuera bien tratado y el presentador del programa semanal defendiese a los concursantes. ¿Donde ha quedado ese “a mis chicos/as que ni me los toquen”, de Mercedes Milá en años anteriores?, ¿Por que ya no obsequian al entrevistado estrella del día, que goza en ese momento de su auténtico y amargo momento de gloria, con ese ya típico vídeo de “tus mejores momentos dentro de la casa”? Pero en fin había hecho yo un pacto con el gato sobre de que no estableceríamos comparaciones entre presentadores, como no lo hacemos entre concursantes, así como que no mencionaríamos la palabra “tongo” en estos comentarios. Yo, por mi parte, lo pienso cumplir.
El programa de ayer comenzó con la entrevista a Óscar, restituyendo así parte del daño que el destino quiso infligir al de Puertollano con su obligada y trágica salida. Me gustó ese detalle de la dirección de reproducir la escenografía del expulsado, con entrada en el plató por la “puerta grande”, los saludos de sus compañeros y demás. Óscar dio muestras de su inteligencia y su buen talante. En realidad él era el concursante ideal de GH, poco polémico, contemporizador, trabajador, guapete, estratega y discreto. No sé si las circunstancias, por así decirlo, le hubieran dejado llegar a ganar el concurso, y no me refiero a las tristes e inesperadas circunstancias que le hicieron abandonar Guadalix.
Fruto de las últimas nominaciones resultó elegida finalista la concursante que peor relación ha tenido con el resto de compañeros. Es la tercera nominación consecutiva que Patricia se libra de resultar nominada. En esta ocasión ni siquiera la decisión de Estrada (el nuevo) de nominar a la pareja, en coherencia con sus primeras nominaciones, pudo exponer a la sevillana a una posible expulsión previa a la final. Javito volvió a respetar a su amiga, con la que no conviviría (a punto estuvo de decirla que con ella no se iría ni a tomar un café) con el consecuente argumento que estuvieron juntos desde el principio. Ese gesto de Javito revela, a mi juicio, su integridad y su hombría de bien. Un Javito que podría haberse quedado en el cocinillas de la casa (“Cocinando me doy una maña que no hay en España quien guise mejor…”) es hoy por hoy el candidato de muchos a ganar el concurso de este año. Si he de ser sincero, aún cuando sea por eliminación, también es el mío, aunque ya dije que ninguno de mis favoritos llegó a la final. Es previsible que el expulsado se dispute entre “Javinew” y el “vaguete” de Kiko.
La actividad en la casa durante los últimos días se prevé escasa, aparte del cuidado de los bebés de silicona y policloruro de polivinilo (o seasé, de puro plástico). Eso y presenciar el hambre que van a sufrir los cuatro supervivientes será de lo poco que puede mantener cierto interés. Aprovecharemos aquí para empezar a hacer balance. Como un adelanto repetiré algo que hemos dejado aquí escrito en más de una ocasión, y es que a pesar del caótico programa de los jueves, a pesar de lo surrealista y peculiar de muchas de las situaciones que se han planteado este año, ha sido este el mejor Gran Hermano de los habidos, con imágenes antológicas de un grupo de gente que con su comportamiento natural, espontáneo y desinhibido en muchas ocasiones, consiguieron trasladarnos un pedazo de vida que consiguiera emocionarnos, reírnos, detestar, identificarnos y, sobre todo, discurrir y discutir sobre comportamientos humanos. Enhorabuena por ello a todos, sin excepción.
Y el gato se pasa por sus bigotes hoy el pacto de no hablar de “tongo” y nos trae una información que yo personalmente asimilaría con total cautela, antes de su plena confirmación. Esta es su información: «Me cuentan que alguien del programa es tío de Patricia. Aquí nunca mencionamos los apellidos de los concursantes que están dentro de la casa, no hacemos lo mismo con los de años anteriores, y así mientras que Patricia es Patricia y no Patricia Ledesma, Iván Armesto es Iván Armesto. Es una especie de regla no escrita. Pues bien, se dice que Juan Romero Ledesma, responsable de los resúmenes de GH es familia de Encarni, la madre de Patricia. El lío de apellidos no me cuadra mucho, pero esto se cuenta por Internet. La historia se complica aún más ya que se remata con el dato de que este Ledesma estaría casado con una prima de María Teresa Campos, de nombre María Ruán Campos. Que chusco es todo esto. La tésis de que el apoyo del corrillo de la Campos estaría motivado por estas intrincadas relaciones familiares deberá contar previamente con la confirmación de esta especie de árbol genealógico que les acabo de relatar. Estaremos al tanto».