EL ÁLAMO. Hay gente en la casa de Gran Hermano que se siente acorralada y viviendo su propio “álamo”. Y es que la situación creada me trae al recuerdo la vieja película de John Wayne, “El Álamo” (1960), y aquel grupo acorralado, cercado, derrotado antes de la rendición. Decía un personaje en la película: «No estoy de acuerdo con sus ideas, merecerían la deshonra, pero no puedo estar contra un grupo acorralado. Daría mi vida por defenderles». La cinta, que narra la historia de un grupo de norteamericanos que en 1836 defendieron la misión denominada El Álamo contra el ejército mejicano del general Santa Anna, esta trufada de ese mensaje reaccionario y patriótico que acompañó el trabajo de su director y protagonista, pero el retrato epopéyico de esos hombres cuyo destino es la derrota siempre me estremeció. Elba eligió el grupo de los débiles. Eran mayoría, pero todos en la casa saben que su destino está escrito. Las cuatro expulsiones lo delatan: Noemi, que pronto eligió sus compañeros para un insignificante viaje; Jacinto, que de forma irreflexiva se vio atraído químicamente por ese grupo; Raquel, que fue su “gurú”; y finalmente Ness, que no dudó en expresarles todo su apoyó durante el tiempo, pretendidamente corto, que allí estuviera. Ahora Elba se siente como los cercados por El Álamo, y así lo expresa a cada momento. La inseguridad, la falta de confianza en si misma, la necesidad de sentir la aprobación de los demás a cada paso, no desacredita a la catalana para sentir rechazo hacia lo que ella considera como una injusticia, algo que ya expresaría Jorge tras la expulsión de Raquel.
La sensación de que están viviendo una injusticia se extiende entre la antigua “superpandi” fundamentada en dos hechos. Como ya queda expresado, todos los expulsados (hasta el momento) salieron de ese grupo. A eso se añade algo que ellos valoran cada vez con más fuerza como una discriminación, y es ese cierto trato de favor a quienes hemos calificado aquí como “los niños bonitos”. Puede considerarse un detalle sacado de quicio, pero contrasta el trato dado a los demás en la “suite”, con esa noche de lujo plagada de pétalos de rosa, apagón de cámaras durante una hora, paseito en limousine (¿desde cuando una limousine roja? ¡que espanto!), y posterior colección de regalos. Lo decía Carolina en confidencias con Elba: “A nosotras (Raquel y ella) no nos dejaron sacar ni los pijamas, ni siquiera una barrita de incienso”. La actitud de Elba, no obstante, tiene algo de victimismo y no deja de estar encuadrada en ese rosario de maniobras que estamos viendo en los últimos días para caerse bien entre todos y despertar cierta compasión entre los espectadores. Los tonteos entre Carol y Oscar, así como las bromitas de todos con todos serían parte de esa campaña contra reloj para salvarse de la nominación. La ganadora de la prueba semanal (esa tomadura de pelo) es Carolina. Si yo fuese ella compraría la nominación.
Esta edición de Gran Hermano es la edición de las excepciones, de la burla a las reglas, de las mil vueltas de tuerca en la creación forzada de situaciones. Pero también es la edición en que se esta escenificando la mejor versión de la vida en directo. Una vida en el microcosmos agobiante y opresor del encierro en la casa, en la que se reproducen de forma comprimida, acelerada y sorprendentemente fieles, las pautas de comportamiento más comunes de la convivencia en grupo. Esta capacidad de reproducir a escala los comportamientos que en ocasiones requieren de mucho tiempo para apreciarse en un grupo de personas, convierte a este Gran Hermano, a mi juicio, en la mejor edición de las habidas hasta ahora. El artículo del domingo de Pepe Navarro es quizás algo pretencioso y no esta ausente de lugares comunes, pero viene a transmitir esa misma sensación de “imitación a la vida” que muchos vemos en el programa de este año.
Sobre los “daños colaterales” que suponen esos programas que se sitúan a la sombra de GH para hacer su propia guerra, mejor será convivir con ellos, como se a de hacer con una enfermedad. Me cuentan que en “el corrillo” van a degüello a por Elba y Jorge. Es la mandrágora creciendo a los pies del ahorcado.
![]() |










































