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05.2002
Archivo mensual
Zafarrancho de combate. Todos nominados excepto Candi, Oscar y Jorge, aunque este último se quedó a las puertas con tres votos. La sorpresa de la noche la adelantábamos aquí ayer, Oscar podía nominar a Kiko. Algo debían de sospechar el dúo de moda (Patrikiko) ya que en cuanto llamaron a Oscar al “confe” para decir sus nombres y razones, Patricia marchó rauda al cuarto de baño. Es conocida una cierta incontinencia urinaria de la sevillana, pero ya advirtieron Raquel y Ania (GH I) que desde el cuarto de baño se puede oír bastante bien lo que se dice ahí dentro. La cosa queda medianamente equilibrada. Carolina y Elba de la habitación naranja. Javito, Patricia y Kiko de la azul. Candi se afana en nominar a Elba, que esta vez dejó de hacer lo propio por primera vez. Kiko acumula el mayor número de rechazos entre sus compañeros, pero como demostró la fiesta de fin de año que tenían preparada en Guadalix y dentro de la casa, el madrileño junto con Javito son parte del equipo de guionistas del programa, y un guionista nunca escribiría un final tan poco brillante para su propio personaje.
La quinta noche de nominaciones es importante no tanto por el resultado de la misma como para ver la posición de alguno de los habitantes, que según avanza el programa se ven más comprometidos a descubrir sus cartas. Daremos por supuesto que el grupo formado por Kiko, Patricia y Javito, por un lado, y el compuesto por Carolina, Jorge y Elba, por otro, se nominarán mutuamente mientras puedan. Queda, por tanto, la duda de que decisión tomarán Oscar y Candi. De por medio el morbo de ver si se nominan entre ellos después del episodio de la suite, en que Candi sorprende proponiendo un contacto sexual a Oscar de forma mucho más sutil, elegante y atractiva de lo que jamás hubiese imaginado: “Te propongo una cosa: Tu cierras los ojos y te dejas llevar”. De no haber sido por Oscar no hubiésemos podido descifrar el susurro debajo de las sábanas, pero la frase en cuestión, apenas ocho palabras que habían aparecido como puntos suspensivos en los rótulos del resumen de Tele 5 las transmitió fielmente Oscar al resto de su “pandi-guays”. Sospecho que alguno de los dos nominará al otro, tampoco es descartable que Oscar nomine a Kiko o incluso a Patri. De otro lado, Candi nominará a Javito con toda seguridad, después de la bronca de la piscina, cuando el “pornochacha” decide quitarse la pintura del jueguecito de las pistolas dándose un chapuzón. El gallego no es tan limpio y apañado con la piscina que con la cocina. Por cierto, se fijó alguien que cuando buscaban los 500 euros que les regalaron para que el hambre no les condujese al delirio colectivo, Javito mientras miraba en las estanterías altas de la casa, más que buscar el dinero parecía que estaba revisando cuanto polvo había. Sean cuales sean las otras votaciones de Oscar y Candi, parece claro que hay dos nominados seguros, que son Elba y Jorge, dos que se salvan sin ninguna duda, Oscar y Candi, y el resto que pueden ser nominados todos o alguno de ellos. ¿Mi apuesta?, vale: Elba, Jorge, Kiko y Patricia; de nuevo un empate en la quiniela. Me mojo aún más. Dentro de una semana la expulsada será Elba, sean cuantos sean sus compañeros de nominación.
Y el gato lo ve desde otra óptica. Este es su punto de vista: «Elba será nominada y expulsada. El que lleve varios días diciendo verdades como puños no evitará que quienes votan castiguen sus enrevesadas justificaciones, su resquemor y su falta de madurez. Lo más interesante de las nominaciones de hoy no es quien forme parte de la lista si no el efecto que esta decisión colectiva puede ejercer sobre ellos. La hipótesis de la nominación de Elba, Jorge y Carolina supondría un fuerte mazazo que podría conducir a la depresión del grupo acosado y vencido por las expulsiones. Por el contrario la nominación de Elba, Jorge, Kiko y Patricia, que pone un punto de equilibrio daría una semana de respiro a quienes perderán a uno de sus miembros en la próxima expulsión. Todo esto, claro, contando con que nada extraordinario pase en la casa, algo que no es del todo descartable.
Mientras llegan las nominaciones algunos lo están pasando mejor que nunca con la prueba semanal. Creo que jugar a ser presentador de televisión ha proporcionado más de una hemorragia de satisfacción a alguno, como Kiko, que ya se ve triunfante, dándole sopas con onda a esos presentadorzuelos que andan por ahí. ¡Que ilusión!, que viene de iluso».
EL ÁLAMO. Hay gente en la casa de Gran Hermano que se siente acorralada y viviendo su propio “álamo”. Y es que la situación creada me trae al recuerdo la vieja película de John Wayne, “El Álamo” (1960), y aquel grupo acorralado, cercado, derrotado antes de la rendición. Decía un personaje en la película: «No estoy de acuerdo con sus ideas, merecerían la deshonra, pero no puedo estar contra un grupo acorralado. Daría mi vida por defenderles». La cinta, que narra la historia de un grupo de norteamericanos que en 1836 defendieron la misión denominada El Álamo contra el ejército mejicano del general Santa Anna, esta trufada de ese mensaje reaccionario y patriótico que acompañó el trabajo de su director y protagonista, pero el retrato epopéyico de esos hombres cuyo destino es la derrota siempre me estremeció. Elba eligió el grupo de los débiles. Eran mayoría, pero todos en la casa saben que su destino está escrito. Las cuatro expulsiones lo delatan: Noemi, que pronto eligió sus compañeros para un insignificante viaje; Jacinto, que de forma irreflexiva se vio atraído químicamente por ese grupo; Raquel, que fue su “gurú”; y finalmente Ness, que no dudó en expresarles todo su apoyó durante el tiempo, pretendidamente corto, que allí estuviera. Ahora Elba se siente como los cercados por El Álamo, y así lo expresa a cada momento. La inseguridad, la falta de confianza en si misma, la necesidad de sentir la aprobación de los demás a cada paso, no desacredita a la catalana para sentir rechazo hacia lo que ella considera como una injusticia, algo que ya expresaría Jorge tras la expulsión de Raquel.
La sensación de que están viviendo una injusticia se extiende entre la antigua “superpandi” fundamentada en dos hechos. Como ya queda expresado, todos los expulsados (hasta el momento) salieron de ese grupo. A eso se añade algo que ellos valoran cada vez con más fuerza como una discriminación, y es ese cierto trato de favor a quienes hemos calificado aquí como “los niños bonitos”. Puede considerarse un detalle sacado de quicio, pero contrasta el trato dado a los demás en la “suite”, con esa noche de lujo plagada de pétalos de rosa, apagón de cámaras durante una hora, paseito en limousine (¿desde cuando una limousine roja? ¡que espanto!), y posterior colección de regalos. Lo decía Carolina en confidencias con Elba: “A nosotras (Raquel y ella) no nos dejaron sacar ni los pijamas, ni siquiera una barrita de incienso”. La actitud de Elba, no obstante, tiene algo de victimismo y no deja de estar encuadrada en ese rosario de maniobras que estamos viendo en los últimos días para caerse bien entre todos y despertar cierta compasión entre los espectadores. Los tonteos entre Carol y Oscar, así como las bromitas de todos con todos serían parte de esa campaña contra reloj para salvarse de la nominación. La ganadora de la prueba semanal (esa tomadura de pelo) es Carolina. Si yo fuese ella compraría la nominación.
Esta edición de Gran Hermano es la edición de las excepciones, de la burla a las reglas, de las mil vueltas de tuerca en la creación forzada de situaciones. Pero también es la edición en que se esta escenificando la mejor versión de la vida en directo. Una vida en el microcosmos agobiante y opresor del encierro en la casa, en la que se reproducen de forma comprimida, acelerada y sorprendentemente fieles, las pautas de comportamiento más comunes de la convivencia en grupo. Esta capacidad de reproducir a escala los comportamientos que en ocasiones requieren de mucho tiempo para apreciarse en un grupo de personas, convierte a este Gran Hermano, a mi juicio, en la mejor edición de las habidas hasta ahora. El artículo del domingo de Pepe Navarro es quizás algo pretencioso y no esta ausente de lugares comunes, pero viene a transmitir esa misma sensación de “imitación a la vida” que muchos vemos en el programa de este año.
Sobre los “daños colaterales” que suponen esos programas que se sitúan a la sombra de GH para hacer su propia guerra, mejor será convivir con ellos, como se a de hacer con una enfermedad. Me cuentan que en “el corrillo” van a degüello a por Elba y Jorge. Es la mandrágora creciendo a los pies del ahorcado.
Nunca me han gustado las malas noticias, por esa razón aprovecho ahora, que parece que las noticias son más que esperanzadoras, para lanzar un modesto y emocionado mensaje de ánimo a Ismael Berio, el ganador del primer Gran Hermano, que se recupera cada día de ese terrible accidente de tráfico. Ismael abrió los ojos tras varios días de coma, miró a Iván Armesto, su amigo del alma, y le cogió la mano. Estos dos personajes nos hicieron pasar momentos inolvidables hace dos veranos. Con el valor de la amistad ganaron ese concurso, pero también se ganaron nuestros corazones. Queremos verles juntos otra vez.
SEGUNDO ARTÍCULO DE PEPE NAVARRO PUBLICADO EN EL DIARIO “LA RAZÓN” SOBRE GH. Hay otro mundo, y tuvo que ser la televisión quien lo descubriera y recreara. Un mundo de 101 días colgado de una colina. Sus habitantes y sus consiguientes vidas, creados a imagen y semejanza de aquella que el conocido como Dios erigiera, al principio de todos los tiempos. Una existencia y su ciclo vital y espiritual completo, al uso de nuestra cultura judeocristiana: vida, muerte y trascendencia. Una diminuta recreación virtual que reproduce, en un centenar de jornadas, la esencia de nuestras virtudes, defectos, miedos, costumbres y creencias.
Como en todo principio hay un nacimiento a la vida que, en este nuevo microcosmos, se significa con la entrada en la casa. Júbilo, curiosidad y lágrimas de alegría, jalonan este momento en que los doce habitantes se bautizan a un tiempo, dándose la bienvenida al nuevo mundo. Pero muy pronto se rebasa ese instante de entusiasmo y comienzan a surgir las primeras hostilidades, motivadas por los complejos, la rivalidad, el miedo o la emulación. Se urden las distintas facciones. Es el momento de la pubertad, con el consiguiente desconcierto y la desubicación. Aunque la confusión no se supera, la vida dentro de la casa sigue avanzando, lo que permite que emerjan nuevos sentimientos como la complicidad, los juegos, la seducción, la incompatibilidad, la fe. Rebasada toda adolescencia (tanto aquí como allí; maqueta de emociones bajo lupa) se alcanza la madurez y, con ella, el estado más sereno de cualquier conducta. Las actitudes se van afianzando, el quien es quien de las relaciones deja de ser una conjetura para convertirse en una certeza. No se descarta un cambio de condición, ninguna mínima variación, siempre en función de los elementos dominantes del grupo. Como cualquier colectivo, unos han adoptado el rol de dominantes y otros, el de dominados aunque, a pesar de ello, se mantiene la competencia.
La cotidianeidad mina, enriquece y perfecciona, en las mismas proporciones. Esos son los únicos parámetros con los que cuentan para ser salvos o heridos. Si han sabido conjugar sus talentos y establecido unos buenos cimientos para desarrollar sus habilidades sociales, saldrán ilesos. Pero, si han cedido un ápice en su talante, les ha faltado caridad o asertividad con la que defender sus postulados, resultarán heridos de muerte, que no es otra cosa que estar nominados. La nominación, en semejante incubadora vital, es una enfermedad para la que hay pocas probabilidades de vida. No existe la analgesia del arrepentimiento, ni los opiáceos de la conversión. Sólo la providencia puede salvarles del acecho de la muerte.
De entre los «enfermos» nominados, algunos, por intercesión de Dios («GH», el público) se salvan. Sólo para uno de ellos, sin previo aviso, no hay milagro posible y acude la muerte. El moribundo (no difunto, porque no ha cruzado el umbral de la casa: momento de la muerte real) suele reaccionar de muy distintas formas. Los hay que, en un acto de valor y con una sobredosis de adrenalina, animan a sus seres queridos para que acepten el trance y afronten lo que les aguarda. Pareciera que no hubiese continuidad. Ni más vida después de la vida. Los que creen, al menos, confían en la resurrección de las almas, un hermoso tránsito, distinto a todo lo conocido. De momento, lo que todos encuentran es un túnel vertiginoso, a lo largo de 60 oscuros kilómetros, que les conduce hacia la luz. La luz… del plató, naturalmente, donde les aguarda un juicio final en el que se proyectarán los hitos más relevantes de su existencia. Lo bueno, malo y regular de una vida. Llega la contrición y el arrepentimiento o la terquedad y la obstinación… pero poco importa ya todo, cuando, ineludiblemente, es la hora del premio o el castigo. La peregrinación por todas las radios, periódicos y canales como penitencia a sus actos pasados (la fama, que en sí misma y conseguida de la nada (maldita TV) se convierte en un infierno) o el cielo de un sabio retorno a sus hogares. Puede que haya un limbo donde vayan a parar las almas puras, pero yo no lo he visto.
La única ventaja que hay en esa casa, frente a la vida, es que cuando alguien se quiere apear, puede hacerlo. Salvo que esa circunstancia nos hiciera evocar el acto del suicidio, que todos reconocemos en este lado de la existencia. Al fin y al cabo, como siempre, no inventamos nada. Todo está copiado.
[La Razón - Pepe Navarro - 26.05.02]
Según lo previsto, se fue Ness. “Yo quería estar un mesecito y luego… a ganar dinero”, le dijo a Pepe mientras se esperaba que apareciese Kamia, que había permanecido en una sala un piso por encima del estudio de Tele 5 donde se hace el directo. Era una sorpresa final, Ness pasó la entrevista sin poder ver a su negrita y cuando el programa había finalizado teóricamente apareció ella en el estudio. “Lo tenías todo preparado”, le dijo el gallego a Pepe. La respuesta de éste: “No había nada preparado, Ness”. Que gracia. No dijo mentira el “boy”, ahora empezará a ganar dinero, a explotar su fama, a recuperar el tiempo perdido. Su novia, molesta pero confiada en el fondo, aguardaba para entregarle un diario que ha venido escribiendo desde el primer día de encierro. La entrevista de Pepe volvió a ser dura, sin tapujos, y Ness tuvo que reconocer que utilizó el teléfono móvil en el viaje de ida a México tanto como en el de vuelta.
En la despedida fue afectuoso con todos. Quizá excesivamente frío con Carolina, como una manera de mandarle el mensaje de que todo había terminado entre ellos. El juego se acabó. El “pibón tinerfeño” lo encajó con elegancia. Esta concursante tiene aguante, saber estar, maneras de gran dama y madera de finalista. Lo mejor que le podía pasar a ella a estas alturas era la expulsión del “boy”.
Sobre la sorpresita de la suite (con una hora de huelga de cámaras caídas, pero con el audio abierto para oír los jadeos, como se encargó de aclarar Patricia), no sé que decir. Resulta agotador el rosario de sorpresas y situaciones fuera de las normas del programa. Está claro que todo vale si puede servir para aumentar la audiencia, aunque creo que no debieran de estar preocupados por eso. Los resúmenes diarios están cosechando mejores resultados que el año pasado, aunque el programa en directo no consiga los registros de años anteriores. Veremos que cara ponen los demás cuando se enteren del trato de favor de los “niños bonitos” del GH de este año.
El equipo “A”, la “super-pandi” de semanas pasadas, el grupo de la habitación naranja, experimenta una nueva baja en sus filas. Ahora ya son cuatro frente a cuatro. Teniendo en cuenta que Elba y Candi se han nominado mutuamente siempre, el próximo jueves de nominaciones puede estar muy reñido, resultando nominados casi todos. Aún así, es posible que las nominaciones recaigan mayoritariamente en el hasta ahora grupo mayoritario.
La frase del día es, para mi, la del “pornochacha” Javito. La pronuncia cuando Patri y Kiko acaban de salir por la puerta camino de la casa de invitados: “Dos bocas menos que alimentar”. Como la vida misma.
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