El Gato encerrado
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Todo sobre «Gran Hermano»
 Pasaron 109 días en la casa. Terminó GH IX. 

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[ LUN - VIE Telecinco ]
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Presenta: Óscar Martínez

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El regreso

Conchi ha discutido con Pamela. Se llevan bien, se dan apoyo mutuamente, pero no pueden evitar tirarse los trastos a la cabeza con frecuencia. La discusión empezó entre Pame y el Flecky porque este bromeó con Oli llamando estrechas a las ‘repes’. Oli empezó siguiendo la broma pero era tarde, tenía sueño y decidió acostarse. Eran las once de la noche.

Conchi no se estaba enterando de nada porque limpiaba el baño, pero su hermana le reprochó a David que la faltase al respeto metiéndose con su vida privada. Flecky intentó hacerla ver que tan sólo era una broma, pero ante la insistencia de Pame a los diez minutos ya había empezado a acusarla de estar acosándole y se fue a contárselo a Ángela, que una hora más tarde había informado de la discusión uno a uno al resto de habitantes. “Se ha puesto hecho un cabalístico de esos”, le decía a su hermana. Conchi la rectificó: “Se dice un balístico”. “No, un obelisco, se dice obelisco”. En la distancia, Rodri y Melania apenas siguen la discusión, pero el ex marine no puede evitar decir en alto “un basilisco, que es como una iguana o un animal mitológico que mata con la mirada”. Se esfuerza en presumir de conocimientos, a ver si termina de conquistarla. Lucy le mataría de un vistazo, ya que le ve con la de Morella y le resulta difícil de asumir. “Le patearía la cabeza, si pudiera”, piensa de Mel la agente inmobiliaria.

Piero ocupa un sofá entero sólo para él. Mira desde hace tres horas una revista sin detenerse a leer, y a estas alturas ya ni repara en las fotos. Paula le está cantando a Coto y este le hace la competencia. Creo que canta por no escuchar. “Cantinero de Cuba, Cuba, Cuba, Cuba…”, se escucha desde dentro de la jaula. Lucy ha escuchado Cuba y se acerca a enseñarle al loro la sombra de su escote, y lo que no es la sombra. Ara acaricia el pelo a Rodri, aprovechando que Mel se ha acercado a uno de los espejos del salón con su pinza en la mano. Debe ser que le toca eliminar algún pelo inoportuno. Karen está untando crema de cacao a una enorme rebanada de pan, luego la moja en su tazón de leche y justo cuando le hinca el diente se acerca Paula cantando. La pobre no sabe si cantar o comer, no sea que se vaya a sentir anulada por la gallega, como le pasó con la de las pinzas.

En el jardín, Judit discute con Andalla sobre religiones y la organización social en el siglo XXI. Dadi piensa que se están enfadando y se acerca a decirles que el barco se hundirá si siguen discrepando, que cada uno es un eslabón de la cadena, que deben de pasar los días sin novedad. Cuando ha repetido veinte veces la palabra “barco” y otras tantas “cadena” se da cuenta de que los polemistas ya no están y no sabe donde habrán ido. Aún así sigue su discurso en un bucle peligrosamente inacabable. Al fondo del patio vaga Maite, buscando fuego para su ‘no hermana’. Lleva así días, y nadie ha reparado en su presencia. Rebeca guarda en el cuarto de maletas una botella de vodka de la última fiesta. Tiene otra en el mueble al pie de su cama, y una más enterrada en un rincón del patio, que teme descubra su ‘no hermana’. Saca la botella de la maleta y bebe un trago, y otro más. Entonces empieza a llamar Amador a Amor. Va medio desnuda.

Escuchan golpes y gritos sin lograr identificar qué dicen ni de donde vienen. Piensan que son los patosos de siempre vociferando desde el exterior, pero el ruido viene de la ’suite’, donde alguien cerró con llave sin darse cuenta de que dejaba dentro a Agustín. Eneko toma su tercer porongo de mate, sorbiendo de la bombilla con la devoción de quien consume su última matera. A su lado bebe con él Soledad, que no quiere volver a Argentina sin marcar en su cinturón el logro de una tercera conquista en Gran Hermano. De los hermanitos españoles sólo hubiera tenido ocasión con el cantante, que no fue capaz de trasnochar más que la primera noche, y ella es muy de vivir las madrugadas. “Mirá que bobo sos, Enekito, si estoy rebuena”. Pero el remero bebe y calla, manteniendo su palabra de no enrollarse en la casa porque no hay ninguna chica que le guste. “No hay ninguna que te guste. No te gusta nadie más que vos, tarado”, le espeta la argentina. Tampoco discute con ella, no discutir es otra de sus promesas cumplidas. Bruno lleva más de dos horas en el ‘confe’. Está llorando, no quiere cumplir su parte del plan. Le caen todos bien y cada vez que debe poner uno de los ganchos previstos intenta hacerlo tan liviano que ni se inmutan. Le intentan convencer de que siga, pero le cuesta, le va costando.

En todo este tiempo Amor no ha parado de revolotear por toda la casa. Se ha metido en el frigorífico, ha provocado a Andalla media docena de veces, a Ángela la ha rayado una vez más (lo cual no es de gran mérito). Ha bailado, ha metido la mano en el paquete a tres chicos, aunque a decir verdad la tercera de las veces se equivocó y era Judit, que tuvo varias veces la tentación de darse un revolcón con ella pero lo negará cuando salga. Esta campeona es capaz de negar que ha estado en la casa de Guadalix, aunque el premio ya no se lo quita nadie, eso sí. Amor es hiperactiva. Algo más que eso, es incansable y ahora mismo es la única que está deseando que este sueño termine. Quiere salir ya de mi sueño y me lo dice una y otra vez. La estoy escuchando en el interior de mi mente: “Deja de soñar, gato nostálgico. Quiero que termine tu sueño. Me-ur-ge”. Ella es así, si no dejo de soñar me terminará sacando de mis casillas, aunque no dejaré de pensar en ella como la gran bomba del último Gran Hermano, la que me dio más. Y más, y más, y más…

Me acabo de despertar. El sueño era en colores, la casa de Guadalix lo merecía. Qué bonita estaba, cuánto color y qué variado. A la mitad del sueño todo se volvió en blanco y una ilimitada gama de grises, y es que estaban en el búnker. Todo era gris como Coto. Qué grande eres, bribón. Todavía me parece escucharle: “maricón, maricón, Coto, miau”. Igual estoy perdiendo la razón desde que abandoné mi encierro, pero creo recordar haber escuchado a Coto maullar como un gato. El reencuentro con la realidad es traumático e igual me ha nublado la memoria. Nunca debí pasear por la calle Preciados, donde había más gente que en el metro en hora punta. Por cierto, el metro parecía un vertedero, lleno de basura, más aún de la que habita en los sillones de los despachos de quienes rigen los destinos del más populoso de los medios de transporte de la capital. Y luego se quejan los catalanes de cercanías y socavones. Aquí el socavón lo tienen algunos mandamases en el cerebro. La próxima vez afrontaré el final de mi encierro de otra forma, incorporándome a la vida de forma más gradual.

En mi sueño he adorado a todos los habitantes de la casa de Guadalix. Les he observado con inmenso cariño y reconocimiento. Acabado el sueño de mirar la ventanita de Gran Hermano cada día, nada más que me quedan mis sueños de las sábanas blancas. Dormido o despierto, que “ni falta que me importa”. De un modo o de otro reconozco en este grupo de gente, como en el de cada año, el insondable valor que tienen y, sobre todo, su infinita generosidad. Por eso les aprecio a todos, mis queridos personajes. Qué sería de nosotros sin vosotros. Qué sería de este gato pejiguero. Pido perdón si alguna vez, hoy mismo, he ofendido a alguno de ellos. Espero que no me lo tengan en cuenta.

Cada año nos ilusiona el regreso de Gran Hermano. Pero además el de esta última edición ha sido el de “El Regreso”, con mayúsculas. Este regreso nos ha traído muchas más tramas de las que parecía, más situaciones, más personajes y más de todo. Ahora me doy cuenta más que durante los casi cuatro meses anteriores. He buceado en miles de imágenes que realicé día a día, y con esfuerzo he logrado capturar apenas doscientas estampas, doscientas miradas, doscientos momentos. Son los que componen el vídeo que he querido preparar, como cada año, a modo de modesto homenaje (como siempre aquí a la izquierda). Buscando, seleccionando y clasificando las imágenes (también para completar nuestras galerías) han venido a mi mente decenas de recuerdos de GH IX. ¡Qué digo decenas! Centenares, quién sabe si miles. Es mi/nuestro recuerdo imborrable.

Aprovecho este abandono transitorio de la onírica para desearos a todos una feliz salida y entrada de año. Que el 2008 haga realidad nuestros deseos. Y nos traiga un nuevo Gran Hermano, claro. Ahora creo que voy a volver a soñar. Chicas… chicos… no os vayáis. Que los sueños nunca acaban, y como decía Antonio Machado: “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”.

Cartelera GH El ultimátum de Judit

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Una de las nuestras

Ganó JuditY Judit lloró. La gran ganadora de GH IX no pudo reprimir la emoción desde el mismo momento en que conocimos que había ganado la edición que ayer echó el cierre. Un poco más tarde, en esos privilegiados momentos de soledad en la casa, lloraba de verdad, sentada y agarrada a un cojín. Qué imágenes más intensas, cuánta verdad en ellas. Ahí sí que no vale lo que cada uno quiera mostrar, porque se trasluce todo de forma cruda, directa y dramáticamente real. Es la gran realidad que nadie es capaz de enmascarar.

Tengo dicho que en Gran Hermano hay mucha más verdad y mucha más televisión que en decenas de programas juntos. Esto es tele realidad, ciertamente, pero lo es por ser de verdad aparte de evidentemente un programa de televisión. Si a ello le unimos el lenguaje televisivo creado por los responsables de nuestro Gran Hermano, que logra capturar lo que sucede en la casa como si de una ficción se tratara, procurando mostrar siempre un hilo argumental pero sin dejar de lado que la realidad está de fondo, tenemos este gran programa del que tanto disfrutamos. Nos venden una serie sin traicionar a la verdad, y eso que se me antoja tremendamente complicado lo llevan haciendo ya nueve ediciones. Por supuesto que sin olvidar la suerte de que cuenten con Mercedes Milá, que ha conseguido algo que podría parecer casi imposible, que es convertir un formato como este, con todo lo que lleva detrás, en un programa de autor. Sin ella todo esto no sería igual.

De esto que digo tuvimos buena cuenta anoche, probablemente más que nunca. Me encantó ver la reacción de Judit en todo momento, y no se me escapó el enorme homenaje que nos quisieron dedicar a todos los aficionados al programa, cuando Milá destacaba que la gallega era una de las nuestras, aficionada al programa que como dijo en su vídeo de presentación tenía la oportunidad de saltar al otro lado del espejo, como la Alicia de Carroll. En realidad me gustaron todos anoche. Óliver, que salió con el acompañamiento musical de ese Adiós con el corazón que él convirtió en una tradición, estuvo alegre y dominando perfectamente la situación. En ese aspecto fue el más profesional, demostrando que tiene recorrido ya parte de su camino hacia la carrera musical que desearía hacer. Bromeó, se dejó azotar el culo por Milá mientras gritaba su “oh, sí, nena”, sin un solo lamento por haber quedado el cuarto. Estuvo correcto y acertado al reconocer que su actitud violenta con Karen, que no estuvo presente en la gala por enfermedad, es de las cosas que no desearía volver a repetir en su vida. De hecho, ya viendo las imágenes pudimos apreciar cómo le estaba dando vergüenza verse.

También me gustó Rodrigo, que se puso su peculiar e imaginaria bata de analista durante la entrevista. Su madre le susurró al oído “I’m so proud of you. You did it very well, very well” (Estoy muy orgullosa de ti. Lo has hecho muy bien, muy bien), justo en el momento que hizo su entrada en el plató. Tras ese reconocimiento materno, Rodri se comportó como cabía esperar, de igual forma que le hemos visto hacer en sus largas sesiones de ‘confe’. Impagable me pareció el momento en que Amor le cuenta su secreto, lo cual hizo que se quedara literalmente sin aliento. Insisto que no estoy utilizando una licencia narrativa, ni nada por el estilo. Lo he visto hasta tres veces esta madrugada, y puedo asegurar que Rodri se quedó sin aliento, en uno de los momentos más intensos y a la vez más tensos a consecuencia del enfrentamiento entre Amor y un Piero que la ofendió al repetir fuera de cámara lo del “paquetito” que a él le gusta decir. Este momento vino además después de un prodigioso vídeo que ilustraba perfectamente lo que Amor dijo sobre Rodrigo en la casa, y que a este le pilló un poco por sorpresa, al no imaginar hasta que punto había sido la atracción que había ejercido sobre la canaria. Ah, y reconoció que tuvo celos por la relación entre Piero y Melania. Con mucho esfuerzo pero lo reconoció finalmente. Con Ángela le vi renuente a decir nada bueno. Bien es cierto que no dijo tampoco nada malo, lo cual me parece muy inteligente por su parte.

Las de Los Palacios estuvieron menos comunicativas que el resto, especialmente Pamela, que parecía confiada en que su hermana hablase por ella, quizá por ser más tímida que Conchi. Pero también me gustaron, especialmente la reacción de ambas en el momento en que apareció la foto de Judit indicando que era la ganadora de esta edición. Ellas habían visto la foto durante la salida de Oli, lo cual hizo que temieran de forma adelantada la resolución final. Todo transcurrió tan deprisa que apenas tuvieron tiempo de darle muchas vueltas al tema, y en seguida vino la expulsión de Rodri y el momento final en que las tres chicas finalistas esperaban conocer la decisión de la audiencia votante. Por cierto, que los tres momentos en que les comunicaron el orden de los finalistas estuvieron acompañados de un espectáculo piromusical ejecutado en el patio de la que se ha sido su casa los últimos meses. Como decía, las gemelas animaron a Judit a que llorase y le pidieron un grito de los suyos al verla noqueada, sin creerse realmente lo que le estaba pasando, como repetiría después ella misma. No terminaron de reconocer que su actitud la semana que Soledad estuvo de visita en la casa fue producto de los celos, pero por contrario sí reconocieron que son distintas fuera de la casa de lo que han sido allí dentro, no tanto por haberse mostrado más pacatas de lo que son en realidad, sino más en el sentido de que han sido más alegres o animadas de lo que suelen. El primer vídeo que les pusieron fue una recopilación de su particular lenguaje y lo chocante que fue comprobar cómo no sabían lo que era una manzana, por ejemplo, y mientras lo veían sonreían o reían abiertamente. Gente sin complejos, que dice un anuncio de whisky segoviano, o quizá sea producto de una cierta inconsciencia que igual les hace especialmente felices.

Y el remate de la noche vino con la ganadora Judit. Fue en helicóptero hasta Fuencarral, algo que no había vuelto a suceder desde varias ediciones atrás, y fue recibida por menos gente en el plató que los otros finalistas (a Pamela hasta la dejaron sin pendientes, que tuvo que recuperar del suelo, con tantos achuchones). Se me hizo corta la entrevista, aunque pudimos ver en ella una Judit natural, nada impostada, que me pareció mucho más de verdad de lo que la vi algunas veces en la casa. Esa misma tarde, mientras hacían las maletas y se arreglaban para la gala de la final, les dijo a sus compañeros que ella es mucho menos loca en su vida real. En eso coincide con las gemelas, aunque quizá les quería advertir de que no se extrañasen al ver sus imágenes como sexóloga en el programa Buffet Código TV, de una televisión local, en el que en lugar de esa imagen de gótica con el pelo lacio se podía ver a una atractiva mujer de voluptuoso peinado. Eso sí, de negro siempre. Pero viendo su comportamiento durante toda la noche saco la conclusión de que o realmente es tan políticamente correcta como la hemos visto siempre o anoche se dejó llevar por lo que en física se conoce como inercia. El caso es que ya no hacía falta fingimiento alguno, una vez conseguido el ansiado botín pretendido por todos, por lo que me inclino a pensar que realmente ella es tan discreta como se nos mostró en estos noventa y nueve días (todo son nueves esta vez).

Me pareció genial su explicación de cómo se sentía extraña al ver a Milá diciéndole a ella esas cosas que tantas veces le había visto decir a otros concursantes, poniendo el ejemplo del vaso de agua y la habitual recomendación de que beban un poco para eliminar la desagradable sensación de tener la boca seca como una alpargata. Judit más de las nuestras que nunca, la aficionada al programa que no solamente cruzó al otro lado sino que se hizo con el triunfo. En el asunto donde la vi menos clara fue con su presunto enamoramiento de Eneko. Me pareció que llevaba la respuesta preparada, en una ambigüedad calculada que dejó a todo el plató en riguroso silencio durante unos interminables segundos. Fue otro de los momentos cumbre de la noche, tras su afirmación rotunda de que “es que yo a Eneko le quiero”. Al pasmo generalizado del primer momento le siguió la aclaración de que le quiere como a un amigo, lo cual tampoco es decir mucho. Amigos somos todos, ¿no? Lo que realmente nos molesta no es eso sino que nos digan “te quiero como a un hermano”, eso sí que desmoraliza. Pero un amigo puede ser tu pareja o tu mejor amante, o así debería de ser, pienso yo. Pero hasta mostrándose ambigua, como en ese momento, me pareció más real que nunca, y le agradecí la intensidad con la que lo dijo, consiguiendo ese momento único en que pareció parar el pulso del plató.

Y, sobre todo, me gustó la mirada de Judit. Limpia, directa, expectante, emocionada. Es la mirada de una campeona de Gran Hermano que estaba convenciendo a propios y extraños de sus méritos, o al menos así lo imagina este gato feliz. Una campeona como nosotros, que no hizo grandes cosas para ganar pero tampoco para perder. Aunque su gran mérito se me antoja que es el haber concitado las simpatías de tantos que se han podido sentir identificados con la chica alternativa a la vez que sencilla, que nunca pensó ganar este concurso. Rodrigo fue tan mezquino anoche como el otro día con el cartelito del número de teléfono, cuando llamó a Judit “esta pobre chica”. Sí, sí, pobre pero con los 270 mil euros en el bolsillo. Mucho más justo y generoso estuvo Óliver, que leyó el triunfo de Judit de forma mucho más precisa y simple. “Habrá ganado porque es una buena persona”, dijo el canoro canario. Y estoy seguro que muchos se habrán congraciado con él tras decir algo así.

Salvo que Coto no apareció anoche, en todo lo demás la gala de la final cumplió mis sueños, algo por lo que me apetece dar las gracias al equipo de Gran Hermano. Más íntima que las últimas veces, sin camellos ni tirolinas, con la salida acompañada de una música apropiada para cada finalista o el habitual momento de soledad que tanto dice y particularmente me emociona cada vez. Con unos vídeos resumen excepcionales, especialmente ese del principio en el que vimos la salida de todos los ganadores de las ocho ediciones anteriores (que dejo en los últimos vídeos, parte baja de las columnas de la izquierda). Y además el remate esperado de unas buenas entrevistas, en las que no se les dejó de mostrar lo más polémico al tiempo que recibían el trato que merecen unos finalistas. La noticia de que habrá el próximo año un GH X (nada sexual en esa equis) nos llenará a todos de satisfacción, de igual forma que me supone un placer especial que nuestra encuesta haya clavado (de nuevo) el orden de los cuatro finalistas en un acierto pleno. Los porcentajes reales de las votaciones fueron estos: 43′7%, 33′6%, 14′1% y 8′6%. Judit ganó por un amplio porcentaje de más de 10 puntos, que siendo cuatro los finalistas es bastante, por lo que este gato le manda sus más sinceras felicitaciones.

Esto se acabó. No vimos apagarse las luces de la casa, y realmente lo debo agradecer, porque es una estampa que no por clásica deja de ser triste para mí. Es como si nos lo arrancaran de muy adentro, ¿verdad? Sentiré el vacío a mis pies una vez más. Hay cosas a las que uno nunca se acostumbra. En cualquier caso, nosotros aún seguiremos unos días más por aquí, la próxima cita será el lunes (fin de año), en que aparte de desearos una feliz salida y entrada traeré el tradicional vídeo-álbum de fotos y alguna que otra reflexión, que os invito a compartir una vez más conmigo. Y quizá estemos algún otro día más por aquí, en lo más inmediato. En cuanto al próximo año, el destino proveerá.

Ah, es posible que hoy muramos de nuevo de éxito. Lo siento de veras, pero más no podemos hacer y en ciertos momentos clave la avalancha de visitas hace realmente complicado el acceso a nuestro sitio. Gracias también por soportar con infinita paciencia tal inconveniente.

Finalmente llegó la final

¿Quién ganará?Hoy es día de fiesta. No lo es en la oficialidad del calendario pero sí para los seguidores de Gran Hermano. La fiesta de la gran final, el momento cumbre de la última gala de la temporada. Propongo aplazar hoy las despedidas, aparcar el momento último, que aún no ha de llegar, detener por unas horas la inevitable tristeza del adiós. Hoy es un día alegre, esta noche tenemos una cita con la gran fiesta de la final, y eso solamente nos puede traer alegría y buen humor. Gane quien gane hoy es nuestro día, nuestro gran día.

Nada sabemos, como es costumbre, de cómo será la gran final. Imagino que pueden volver a la casa, vencidos los alienígenas atacantes, y tiempo han tenido durante toda una semana para hacer algún tipo de transformación en la misma. Pero son tan solo imaginaciones de este gato soñador. Me gustaría que fuese una final algo más íntima que otras veces, sin tirolinas ni camellos. La salida de la casa en GH I y en GH IV fueron dos buenos ejemplos, con ese So lonely de Police acompañando el baño de multitudes de Ismael, o el bailote mega cool que se marcó Rafa, el seminarista. Intuyo que habrá una buena masa de gente a la puerta para recibir a los ganadores de esta edición, que aguantarán estoicamente el frío de la noche en Guadalix. En GH II un haz de luz con el nombre de Sabrina proyectado sobre un abanico de agua puso una nota visual llamativa al momento crucial en que se da a conocer el ganador, ganadora o incluso en este caso ganadoras. Otras veces fue menos espectacular, como lo de aquel halcón tan dubitativo y despreocupado como el presentador de GH III, o ese sobre gigante que comunicaba el tercer puesto en GH VII, o el nombre de no recuerdo cual de los finalistas pintado en el lomo de la vaca Antonia en GH V. El año pasado Jorge Blas y un niño de San Ildefonso llevaron la magia a la final, y en GH IV, quizá la edición que en algunos aspectos más se pareció a la de este año, las ovejas acompañaron a Pedro en sus últimos minutos. Yo querría que Coto tuviera algún protagonismo en la final de hoy, porque lo tuvo durante estos ciento diez días en que la magia de Gran Hermano nos atrapó de nuevo.

En lo visto estos últimos días pareciera que el resto de finalistas estuvieran empeñados en darle el premio a Judit. En la cena de Nochebuena pudimos ver como las gemelitas hacían ascos al cochinillo que les dieron, pudiendo escuchar a Conchi quejarse porque tuvieran que hacer la cena en lugar de dársela hecha. Es algo que le debería haber dado igual, ya que fueron Rodrigo y Óliver los encargados de la cocina, y al final el asado tenía aspecto de estar bien sabroso, a pesar de lo cual no quisieron ni probarlo. No han comido nunca cochinillo, y no saben lo que se pierden. No me hubiera importado cambiar mi cena por la de ese búnker, a donde llegó finalmente la pata de jamón que ayer tarde estaba prácticamente en el hueso. Eso sí ha gustado a todos, según parece. A pesar de los errores y torpezas de algunos en los que puede sustentarse finalmente el triunfo de esta noche, he de decir que no veo tan exagerado como veo contar a veces la marginación de nadie, ni siquiera esa cierta manía que parece evidente le tienen los demás a la gallega. Aún siendo así, veo que mantienen una relación más cordial de lo que a veces pudiera parecer, aunque inevitablemente tengan más y mejor relación entre los demás.

No solamente veo la relación más cordial sino que no la veo exenta de cariño entre todos. El momento en que abrían los pequeños detalles que recibieron de sus familias a modo de regalo navideño pude apreciar como todos se apoyaban mutuamente, sin grandes diferencias de trato, con cariño y buen rollo auténtico. Y una vez más pude comprobar cómo Judit es un témpano de hielo, la que con menos emoción y sentimiento recibió sus regalos. Rodrigo tampoco se mostró muy expresivo, todo lo contrario que las gemelas y Óliver, que se muestran mucho más cálidos casi siempre. Quizá tenga que ver el hecho de que sean los tres sureños, mientras que Judit es del norte y Rodrigo medio gringo. Por otro lado, he visto a Rodrigo hablar con las gemelitas más en estos días que en todo el tiempo anterior, lo cual me ha agradado especialmente. Las conversaciones ahora parecen más despojadas de prejuicios, como si todos se hubieran relajado un poco y se estuvieran mostrando mucho más auténticos y creíbles. A decir verdad me gustan más sí, pero que mucho más. Como me lleva pasando en toda la recta final de esta edición, y casi de alguna manera desde el principio, no detesto a ninguno de ellos, todos me tocan alguna fibra y despiertan mis simpatías en algunos momentos y por razones dispares. Por eso esta noche me alegraré por el ganador, sea quien sea, importándome mucho más la entrevista posterior que el orden en que queden clasificados finalmente.

Dando por probable que ganará una mujer (o dos, en su caso), el Gran Hermano español se convertirá en el de más mujeres ganadoras, con cuatro (sumando la que presuntamente gane hoy a las anteriores, que fueron Sabrina, Fresita y Naiala). Como me apunta Edu, ciertamente somos el país que más ediciones llevamos, pero tan solo Italia y Estados Unidos (con 7 ediciones) se acercarían a nuestra marca, ya que atesoran 3 ganadoras femeninas. También con tres están Bélgica, Holanda, México y Suecia; con dos Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Filipinas, Hungría, Noruega, Polonia, Reino Unido y Suecia/Noruega; mientras que una sola hubo en África, Bulgaria, Colombia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Portugal, Rusia, Suiza y Tailandia. El resto de países donde hicieron alguna edición de Gran Hermano no hubo ganadora femenina. Como dato significativo comentar que Grecia y Croacia (con 4 ediciones) ostentan el récord de menos ganadoras con el mayor número de ediciones. Esto quiere decir que en el resto de países al menos en la cuarta edición ya contaban con una ganadora.

Esta noche puede ser la primera vez que se proclamen no uno, sino dos ganadores, en este caso ganadoras. Serían las gemelas del sur, Conchi y Pamela, embajadoras de Los Palacios, pequeña población al sur de Sevilla. En tal caso sería la tercera vez que el premio corresponde a un concursante de Andalucía (antes lo fueron Ismael y Sabrina, en las dos primeras ediciones). La segunda que el ganador procede de Galicia sería si es Judit la última en salir de la casa (antes fue Javito, el ganador de la tercera edición). No hay precedentes de concursantes oriundos de las Islas Canarias, como es el caso de Óliver, aunque sí con residencia en las islas (la brasileña Naiala). Si ganase Rodrigo sería el segundo residente en la Comunidad de Madrid (tras el gran Pepe Herrero), pero nunca antes lo hizo alguien nacido en los USA. Junto a los triunfadores mencionados hubo también en la pequeña historia de GH una procedente de Cataluña (Fresita y “su” Salou), otro de Aragón (Pedro Cordero) y también uno de la Comunidad Valenciana (Juanjo). Por tanto, prácticamente habrá repetición gane quien gane.

Lo que puede ser absolutamente inédito es que ganase alguien que no entró el primer día en la casa, o sea un concursante reserva, como es el caso de Judit. Solamente dos reservas llegaron a la final, ambos en la sexta edición, aunque ninguno de ellos terminara ganando. Se trata de Natacha y Conrad, que entraron con una semana de diferencia y permanecieron muchos días en la casa, como también sucede con la gallega este año. Hay una creencia equivocada de que los reservas salen inmediatamente, que permanecen poco tiempo en la casa precisamente por su particular condición. No es cierto, ya que los mencionados aguantaron 98 y 91 días, mientras en esa misma edición Eva estuvo 49 días. Ya en la primera, que fue más corta que las siguientes (solo 90 días), Koldo estuvo 57 días, Íñigo y Mabel 36, aunque Mónica tuvo que marcharse voluntariamente a los 13 días. Roberto, en GH II, estuvo 14 días, los mismos que Estrada en GH III, si bien ambos entraron muy avanzado el programa. La bella Anna en GH IV pudo completar casi un mes, 28 días exactamente, y Maite en GH VII apenas aguantó 20 días. Laura Sevillano fue una concursante que no entró el primer día aún no siendo reserva sino la concursante al azar que entró unos días más tarde que los demás, y fue precisamente la que menos tiempo estuvo en la casa de entre quienes no entraron con todos los demás, solamente 11 días. Por cierto, que tras su cagada en la última final fue lo suficientemente torpe para presentarse como espectadora a la gala de expulsión de Andalla. Ella ayuda a bajar la media, que no es ni con mucho tan exigua como a veces se cree.

Lo cierto es que en las reglas básicas que han funcionado en GH desde el principio figura una anotación referente a los reservas que ignoro si sigue estando vigente. Esta dice así: “Cuando, tras la salida voluntaria se produzca la entrada de un nuevo concursante, éste no podrá contar nada del exterior y nunca podrá optar al premio final, sino a una cantidad proporcional a sus días de estancia.” Bueno, Amor contó del exterior más de lo que hubiera tenido que contar, aunque ella no era reserva exactamente. Pero la duda me asalta en lo relativo al premio. En otro párrafo de las normas difundidas por el programa en alguna ocasión, y que insisto que no sé si son aplicables en este momento, se dice lo siguiente: “Al final sólo un ocupante podrá ganar el primer premio. Si el nuevo ocupante o recién llegado resulta ganador, este premio estará en consonancia con el número total de días de su estancia, es decir, restando de la suma total la cantidad correspondiente a los días que estuvo ausente desde el día en que entraron en la casa. Los dos ocupantes que lleguen hasta el final junto con este ganador compartirán la suma restante, hasta el monto total del premio.” En este caso serían tres y no dos los compañeros con quienes Judit habría de compartir sus 300.000 euros. Teniendo en cuenta que esta concursante entró cuando llevaban 11 días de convivencia en la casa, y esta noche completarán 109 días, al premio deberían de sustraerle 30.275 euros, con lo cual el montante final del mismo sería de 269.725 euros (unos 45 millones de pesetas). Los otros cinco millones tendrían que ser repartidos entre los otros tres finalistas. Pero insisto en que no sé si esto será así, o quizá el plan de Gran Hermano tenga reservado un reparto distinto del premio final.

Todas nuestras dudas quedarán resueltas esta misma noche. He de confesar que en cada de expulsión, cuando escucho las ya clásicas palabras “la audiencia ha decidido que debe abandonar la casa…”, no puedo evitar ponerme nervioso, casi como si yo mismo me sentara en el sillón de los nominados. Es como una pequeña descarga de adrenalina, que se produce inevitablemente, esté más o menos claro cuál será el nombre que habremos de escuchar. Esto mismo me pasará esta noche, cuando nuestra querida Milá nos vaya comunicando el orden en que irán saliendo de la casa, y aún más en el momento en que conozcamos al ganador. Esto es siempre así, ya tenga más o menos interés en que gane uno u otro, que en esta ocasión me da bastante igual. Es la magia de Gran Hermano, y estamos a unas horas de sentirla en su momento culminante. Hoy es un gran día de fiesta, y vamos a vivirlo como merece. Esta noche es la cita. Finalmente llegó la final.

Sólo queda un día

El pasado puesto al día

«Diariamente y casi minuto a minuto, el pasado era puesto al día.»
— George Orwell, 1984.

[Te toca escribir, gato. Ya no queda nada. Tan solo un par de artículos más, y luego eso que tú sueles hacer los días posteriores, con el álbum de fotos en vídeo y las últimas reflexiones, que parecen unas últimas voluntades. En la casa, bueno el búnker ese, aún están despiertos, y eso que son pasadas las dos de la madrugada. Parece que te acompañan hoy a la hora de escribir, al menos los trillizos, que hablan poco pero están despiertos. ¿Te cuesta, no? ¡Qué jodido el gato! Los últimos son los más difíciles, igual no sabes qué contar, o tienes tantas cosas que te gustaría decir que no sabes por dónde empezar. A saber qué está pasando por tu mente. Veo que has cambiado las velas de vainilla por unas barritas de incienso, que queman rápido y dan intenso olor. Dijeron que te flipabas con la vainilla, ahora igual te ven beatificado, como Judit, con tanto incienso. ¿Sabes? Cada año pienso que será tu último encierro, y al siguiente me sorprendes haciéndolo de nuevo. Antes no entendía qué tendría esto para que te engancharas año tras año, durmiendo poco, viviendo casi solo para esto. Poco a poco lo he ido comprendiendo, y ahora ya sé por qué lo haces, bribón. Te gusta sentirte querido, y también acompañado. Darías lo que fuera por tener tanta buena gente a tu lado durante todo el año, ¿a qué sí? Eso te debe compensar todo. No es que den incienso ni te lleven bajo palio, porque no es así. Yo sé que agradeces tanto las críticas positivas como las negativas, las opiniones coincidentes como las discrepantes. El caso es que están a tu lado, acompañando tu encierro, compartiendo tu pasión, reconociendo tu esfuerzo.

Te sientes acompañado de un lado y de otro. Por todas partes, amigo gato. Yo lo sé y me alegro que así sea. Aunque alguna vez tendrá que ser la última. Plantéatelo, gato, que no se te pase pensar en ello. Pero hoy no es el día, aún hay vida en Guadalix, como tú dices cuando te quieres referir a esa casa enclavada en un lugar medio inaccesible de ese pueblo en la sierra madrileña. Aún quedan un par de días por vivir, dos mañanas que presenciar, una noche para verlos dormir (aparte de la de hoy). Y luego la gran final, claro. Te mereces vivirlo como los más de cien días anteriores. El caso es que en todos estos años escribiste 464 (cada vez más largos) artículos (esta temporada van 82, contando este, si es que lo escribes), hiciste más de 13.000 capturas de la casa, publicaste más de 135 encuestas o el mismo número de carteles de cine. Y tu gente, tu gente hizo más de 160.000 comentarios en las últimas tres temporadas. Menos mal que cuentas con ellos, ¿verdad? Gato, no serías nada sin tanta gente, como Maripili que volvió a ser correctora oficial, además de la ayuda tempranera de Vicky, Petra, Expumuky y algunos más. O sin UnoMás, su documentación precisa y su virtual compañía; sin Marga y sus imprescindibles vídeos; y está claro que tampoco sin Montse y sus ya clásicos carteles de cine. Pero muchos más te ayudaron en todo esto, y aunque sería imposible mencionar a todos sé que te gustará que al menos hable de Edu (y sus estadísticas), de Imedina (que completó nuestros audios), David Martín (el artista de los GH SIMS), el-nazgûl (y su GH Quiz, que completaremos hoy mismo con los concursantes de las dos últimas ediciones). En la moderación del foro te ayudó la dulce Jazmín y tuviste el especial placer (solo vosotros dos sabéis por qué) de incorporar a Cameron, que hicieron una labor impagable.

Y claro, serías injusto si no estuvieras inmensamente agradecido a Mercedes Milá por tanto y tanto. Otra cosa eres, pero desagradecido nunca. Siempre la has admirado, y ahora además la quieres, que yo lo sé. De las plumas que honran este espacio no hay forma de hablar porque son tantas y tan valiosas que basta con leer esos comentarios que te hacen pequeño tantas veces. La lista sería interminable y yo sé que tú piensas que ellos son los más importantes en todo esto, los auténticamente importantes. Ellos son los putos amos, querido gato. Siempre me ha parecido increíble que puedas tener tanto cariño por gente a la que casi no conoces. Es una suerte, gato. Una inmensa suerte. Tras tanto problema técnico, tantas dificultades, tanto trabajo, tanto desvelo, lo que queda es el cariño. El enorme cariño de la gente y a la gente. En eso eres millonario, gato, y da envidia. Ya lo creo que la da.

Y ahora escribe, no seas flojo. Olvídate del nudo en tu garganta, enjúgate las lágrimas, enciende otra vara de incienso, pega otro trago a esa Coca light que es la segunda de tus drogas (la primera me pienso que será escribir) y ponte al tajo. Haz lo que tanto te gusta una vez más, que nunca se sabe cuándo será la última. Como te diría el inefable Coto, gran protagonista de lo de este año, “escribe ya, maricón”.]

La frase que encabeza este artículo de la víspera de la final de GH IX posiblemente está bastardeada en el contexto en que la voy a comentar. El caso es que releyendo la dura obra de Orwell me sugirió que algo así es lo que hacemos aquí. Casi minuto a minuto venimos a observar y comentar lo que pasa en la casa, y cuando lo repasamos ya estamos hablando de un pasado inmediato, que ponemos al día con nuestros análisis y reflexiones. Pido a la memoria del autor el perdón por hacer esta reinterpretación interesada de la frase de su novela. El caso es que a esta hora se me antoja hacer una reflexión a modo de resumen de los perfiles que he venido publicando sobre cada uno de los finalistas, relacionándolos en algún aspecto. Al tratarse de un resumen ha de ser obligatoriamente conciso, por lo cual comenzaré con aquello de “seré breve”, que dicen (y nunca cumplen) los conferenciantes coñazo.

Como la mayoría de los seres vivos, tenemos necesidad de afrontar el reto de nuestras vidas con la ayuda de otros. Buscamos un semejante para establecer una relación amorosa, la que se supone mayor ayuda, y en ocasiones otro tipo de compañías que puedan colaborar igualmente viendo pasar la vida a nuestro lado. Como dice Punset en El camino del amor, hace millones de años en una charca infecta, lo primero que hizo una célula fue expulsar una sustancia para pedir ayuda porque sola pensó que no podría sobrevivir. En la experiencia (experimento sociológico, antropológico, o lo que sea) que es Gran Hermano, los habitantes necesitan igualmente de los otros, siendo algo inevitable y una de las pocas reglas fijas observables. El que consigan un acercamiento, de alguna manera una cierta comunión, con más o menos compañeros (o que esta sea más estrecha o menos, aún siendo con uno solo), no determina una mayor o menor posibilidad de hacerse con el premio final, pero sí influye en poder llegar más fácilmente a la final (el caso de Óliver o Rodrigo). Ni que decir tiene que con lo que más relacionado está es con la propia felicidad del concursante, siendo decisivo para que el paso por la casa sea lo menos tortuoso posible, al disponer de esa ayuda de la que hablo, de forma paralela a lo que nos sucede durante el transcurso de nuestra propia vida.

El concursante que establece menos lazos de unión con otros, o cuyos lazos son más débiles, es posible que sea nominado más veces, y por tanto vive más momentos críticos en los que corre el peligro de ser expulsado. Pero si supera esos momentos de riesgo, puede llegar a comprobar cómo está siendo más eficaz al seducir a la audiencia, encontrando más complicidad con esta que son sus propios compañeros. En definitiva es mi vieja teoría del matadero o del factor de retroceso de la escopeta. Cuando un grupo de habitantes deciden disparar de forma repetida, insistente y hasta obsesiva contra uno de sus compañeros, terminan notando una picazón en su hombro que no es otra cosa que la huella de la escopeta al moverse en sentido opuesto al disparo. El linchamiento de alguien dentro de la casa puede fortalecer a esa persona en proporción directa a lo debilitados que pueden terminar los linchadores. Cada disparo a la pretendida víctima (el caso de Judit) puede dotar a esta de la protección necesaria para hacerse menos sensible al disparo, de igual forma que tras tanta visita al matadero (el sofá de los nominados), saliendo ileso y sin deshuesar, puede terminar convirtiéndose en el amo del mismo, candidato al triunfo final. ¿Vale de mucho ganar ante los compañeros pero no hacerlo ante la audiencia votante? Pues si ponemos el objetivo en ese triunfo no, aunque sí sea válido (y casi imprescindible) para hacer su estancia más feliz.

No creo que a estas alturas nada que no fuera extraordinariamente importante pueda ayudar a ganar a uno u otro. De entre los finalistas quien menos apego tuvo con sus compañeros fue Judit, que comparte con las gemelas un buen número de nominaciones, es decir que en ambos casos visitaron repetidamente el matadero. Son, de acuerdo con las teorías que acabo de apuntar, las más firmes candidatas al premio final. A partir de aquí de poco vale plantearse si atesora más méritos para ganar una parte u otra. Como tampoco sirve de mucho que contemos con más detalle los gestos feos que se han seguido repitiendo para con Judit. Que al recuperar pertenencias de los equipajes le traigan a ella menos cosas, que le quiten su edredón para tapar una ventana con el fin de que Coto no despierte tan temprano y haga despertar a los demás, así como una actitud más bien desconsiderada con ella; son detalles que pueden ayudar pero no son determinantes para llevarse el botín. Si aún así Judit no tuviera el apoyo del público, labrado durante casi cien días, ya pueden seguir disparándole que no terminaría ganando. De igual forma no les habrá de ayudar a las gemelas en ese objetivo el que hayan sido capaces de conseguir mayores apegos. En definitiva este es un juego de simpatías y afinidades que tiene mucho de caprichoso, como tengo dicho, y eso pesa mucho más que cualquier otra cosa. Y también intento entender los gestos negativos de los que hablo, porque se trata simplemente de que no tragan a Judit, así de claro. No la tragan, y como nos pasaría a cualquiera eso es algo difícil de ocultar, e incluso diría que poco recomendable.

Cuando sólo queda ya un día, me encuentro más triste que nervioso o expectante ante lo que pueda pasar. La magia se acaba, y solamente los que la disfrutamos sabemos lo que se siente en esta hora. Dejaremos de vivir la semana de jueves a jueves. Qué mal.

[Ves como no costaba tanto. Por una vez fuiste breve, enhorabuena por ello. Se te acaba el chollo, gato. Tus más de tres meses de gloria llegan a su fin. No quiero meter el dedo en la llaga, pero es así. Mañana se cerrará la casa (siempre será “la casa”) hasta el próximo año, tal vez. Se habrá acabado aquello que empezaste con tanta ilusión el mes de agosto, pasando toda la base de datos a un nuevo sistema de publicación, haciendo ajustes en el diseño, tratando esto con ese espíritu de “artesano de Internet”, como te llamó el gran Litio hace muchos años, o ese “relojero de los de antes”, en definición del no menos grande Senador, de esos que te imaginas abriendo el mecanismo de un reloj y tratando con delicadeza cada una de las partes, con una pinzas y una lente de aumento. Y yo tengo hoy la debilidad de decir que no está tan mal esa lente, que me ha gustado mirar por ella, que en definitiva era como mirar a través de tu mirada.

Tío, yo sé que hoy estás pensando en los que no están, de igual forma que piensas en ella cada día. Y sé que tu sabes que eso mismo le pasa a algunos de los tuyos, no en vano este año nos emocionamos con Barbatransparente y su coraje de no abandonar nunca su chispa y buen humor, ni siquiera en los peores momentos. Ellas y ellos estarían orgullosos de nosotros. Lo están. Pero este año el final de Gran Hermano te va a traer más cosas buenas que malas, no como otras veces, y eso también será tu premio. Tú sabes que será así, y si no lo sabes ya te lo digo yo. Aunque ya reconocías el viernes pasado que tienes premio cada año, por estas mismas fechas. Te cae más simpático Papa Noel que los Reyes Magos, quizá seas republicano, pero a todos ellos dejas descansar porque tu regalo te viene por esta ventanita, mucho más cálida de lo que puede parecer. Por eso te terminé entendiendo, porque ahora ya sé lo mucho que te ha dado Gran Hermano. Y lo mucho que lo disfrutas. Y la pasión con la que lo vives. Eso no te lo podrá quitar nunca nadie. Nunca, ¿sabes? Nadie, ¿sabes?]

Judit: Presuntamente presunta

JuditEn este navideño día toca cerrar la serie de daguerrotipos que le he dedicado a los concursantes que han llegado a la final de esta novena edición de Gran Hermano. La protagonista será, en este caso, Judit.

Pero antes de eso me gustaría acercar un poco este comentario a la realidad, ya que aún hay vida en Guadalix, por más que la casa permanezca solitaria, supongo que esperando el regreso de los concursantes el día de la final. La vida se desarrolla ahora en ese búnker que de alguna forma me recuerda a la ‘Habitación 101′ de 1984, la novela de Orwell que da nombre a este programa. No es la primera vez que me vienen evocaciones, más o menos intencionadas, a esa habitación del ‘Ministerio del Amor’ Orwelliano. En GH VII, una de las últimas pruebas les hacía trabajar supuestamente a todos en pequeñas habitaciones separadas, pero solamente uno de ellos hacía la tarea de verdad, saliendo los demás nada más ser encerrados y dedicando el día a comer y descansar. Era la última semana del año, y el pobre al que gastaban tal inocentada era Tono, pero lo que me trajo el recuerdo de la novela fue que el inocente ocupaba precisamente la habitación 101. La pasada edición me volvió a traer semejante evocación esa que llamaron la ‘habitación del pánico’, donde en teoría les hacían enfrentarse a sus fantasmas, aquello que les puede producir más terror. Supongo que evitaron la identificación de esa habitación con la de Orwell para alejarse del concepto de tortura, porque en definitiva aquel era un lugar terrorífico. Este búnker tan primorosamente decorado no es un espacio donde se torture a los finalistas, pero ciertamente algunos elementos de la prueba final les están poniendo un poco más difíciles que de costumbre estos últimos días de encierro.

Aparte de que hayan tenido que dejar en la casa sus enseres personales, pudiendo recuperarlos con cuentagotas, en rápidas incursiones de un minuto, lo que me pareció más genial fue el momento en que al regresar de realizar esa especie de entrenamiento militar que hacen en el pequeño patio, se encuentran el búnker arrasado, con los colchones medio destrozados y todo manga por hombro. La reacción fue mucho más contenida de lo que cabía esperar, supongo que resignados a lo que el Gran Hermano quiera disponer, al tiempo que pudimos ver cómo eran las gemelitas quienes más protestaban por encontrarse semejante sorpresa. Si los últimos días suelen estar marcados por la nostalgia y cierto aire de tristeza, notándose un vacío importante en el espacio habitado en otros tiempos por muchas más personas, la escenografía que les han procurado esta vez hace que no se aprecie tal vacío, aunque sea inevitable que en estos días recuerden a todos los que fueron sus compañeros de encierro. Esto llevan ya días haciéndolo, y no me deja de resultar curioso que siempre recuerden hasta a aquellos que estuvieron realmente pocos días en la casa. También se magnifica la memoria, eso explicaría la tendencia habitual de los últimos días a recordar personas o momentos, las que han sido sus vivencias durante más de cien días.

Nos adelantaron los porcentajes ciegos de votos oficiales, como es costumbre en el debate (el último de la temporada), donde Belén Rodríguez nos dedicó un afectuoso saludo que le devuelvo desde aquí, así como al resto de integrantes de ese programa. Por cierto que llevo años leyendo la conjetura de que Belén y este modesto gato seamos una misma persona, a lo que se añadió más recientemente una identificación parecida con Mercedes Milá o incluso con algún familiar suyo. No me he molestado nunca en desmentirlo por parecerme un absurdo y malintencionado comentario, aunque en el caso de Belén lo puedo llegar a entender porque con frecuencia hemos compartido favoritos, lo cual no es más que una mera casualidad, como es obvio. Los citados porcentajes son los siguientes: 46′3%, 29′5%, 16′6% y 7′6%. Coinciden bastante, por no decir mucho, con los de nuestra encuesta, que en ese caso se corresponden con Judit, Gemelas, Rodrigo y Óliver. Quiero aprovechar también para desear a todos nuestros amigos una Nochebuena en paz y repleta de cariño. Dado que en dosis enormes nos lo han ido dejando tantos y tantos amigos en la charla continuada que acompaña cada uno de mis escritos, tengo que pensar que si algo no puede faltar eso es precisamente cariño. Nuestro amigo David Martín nos ha hecho una vídeo-felicitación que este gato quiere dedicar a todos cuantos nos hicieron compañía en estos inolvidables meses, haciendo extensible a todos ellos el agradecimiento que le dedico al autor del fantástico vídeo, en el que sale hasta Milá y que se puede ver en la parte baja de las columnas de la izquierda.

Y lo de Judit, a la que llamo, con más sorna que mala intención, la presuntamente presunta. Empecé diciendo que era una presunta gótica, haciéndome eco de algo que ella misma decía en su vídeo de presentación, y era que realmente no se siente identificada con esa subcultura sino simplemente le atrae su estética, y tal vez algunas otras señas de identidad como la que tiene que ver con la música. Ciertamente hablaba de que conocía a otros góticos de su ciudad, con los que se encuentra a veces, pero eso no es difícil en una ciudad relativamente pequeña como A Coruña. No parece, por tanto, que se la pueda encuadrar dentro de un movimiento como ese, al tomar del mismo solo algunos elementos. Esto me sugiere que Judit realmente se disfraza de gótica, y me lleva a hacer un paralelismo entre esto y una actitud que a veces me pareció que suponía mantener también un cierto disfraz en algunos de sus comportamientos. Expresé aquí mis dudas sobre si su carácter conciliador era una pose, una estrategia, tanto como podía tratarse de su propia forma de ser. Creo que en eso esta concursante se parece mucho a Eneko, por lo cual quizá no sea alguien tan ajeno o diferente a ella como pensamos que era tras contar que le gustaba. El jueves decía Judit que a su juicio había sido un gran concursante, quizá el mejor junto a Andalla. Ambos (Judit y Eneko) han evitado las discusiones casi siempre, solo que él avisó el primer día que esa era su disposición y propósito, mientras que Judit no nos hizo partícipes de ello.

Judit no nos ha hecho partícipes de casi nada, ha mantenido un comportamiento sin apenas fisuras en la casa, y ha sido esa parte de la audiencia que vota la responsable de que haya llegado a la final, y que tal vez la vaya a ganar, si hacemos caso de nuestra encuesta. El episodio de su última nominación me hizo salir de dudas, ya que revisando de nuevo las imágenes de las conversaciones de esa noche y días posteriores, no me cabe ninguna duda de que nos hurtó la posibilidad de hacernos cómplices de una estrategia que no solamente está en su derecho de llevar a cabo, sino que casi diría que es su obligación como concursante, con el fin de conseguir ser la última de abandonar la casa y llevarse el ansiado botín. Lo que entonces le reproché es precisamente que pretendiera engañarme, o más bien que no lo consiguiera en mi caso. Es una anécdota que transciende esa categoría al ser definitivamente representativa de lo que ha sido su paso por la casa. Judit ha pretendido siempre mantener una actitud intachable, mostrándose benéfica y poco conflictiva con sus compañeros, aguardando el fallo de estos. Ella escuchaba a todos y les daba buenos consejos, que siempre tenían como objetivo limar asperezas entre los demás, lo cual hace que le reconozca esa labor tan importante para la buena convivencia dentro del colectivo. Lo que sucede es que al tiempo que escuchaba y bien aconsejaba, estaba posibilitando que se traslucieran las miserias de las demás, dejando las suyas a buen recaudo.

En la parte más evidentemente negativa, Judit ha sido una concursante perezosa, que realizó siempre las pruebas como arrastrada por la necesidad de cumplir con una obligación, pero sin el más mínimo entusiasmo. Llegó a decir que ella desconocía que hubieran pruebas físicas, cuando en otros momentos demostró ser una de las habitantes que más conocimiento tenían sobre el programa. Se puede decir que terminará su estancia en la casa sin haber contribuido demasiado ni en las pruebas ni tampoco en las tareas domésticas. Me ha parecido injusto este año que no hubiera un reparto ordenado de estas, con lo cual algunos se han ido o irán a casa sin haber hecho nunca la comida o sin haber limpiado el baño una sola vez. Contrapunto a esto me resultó que Judit tuviera un nivel de conversación normalmente inusual en esa casa. Disfruté con algunas de sus charlas sobre cine, o sobre religión y sociedad, así como me agradó su forma abierta de tratar los asuntos relativos a la sexualidad. Entre la parte mejor y la peor de esta concursante, y sin poder determinar muy bien donde la encuadro, estuvo su tendencia a aislarse de los demás, evidenciando una marginación que si bien existió en la realidad, quizá fue algo que decidió aprovechar, rentabilizándolo en la medida de posible.

No puedo decir que Judit fuera presuntamente marginada porque es algo que no deja de ser cierto. Tras la salida de Andalla, y en menor medida la de Eneko, se quedó sin un solo apoyo real en la casa, sin apenas nadie con quien charlar y encontrarse a gusto. En casi todas las nominaciones ha sido la que más votos recibió de sus compañeros, a quienes muchas veces me pareció ver como que les molestaba su simple presencia. Esto se ha acentuado en las dos o tres últimas semanas, y en el resumen del viernes vi con claridad como una de las gemelas (raya-no-sé-hacia-donde) venía a describir una actitud de Oli y Rodri la semana anterior tendente a desprestigiar a Judit para perjudicarla de cara a la expulsión. Ese fue el gran error que puede terminar por darle el triunfo, ya que las situaciones de todos contra uno benefician de forma notable a quien ostenta la cómoda posición de la minoría. Los concursantes de Gran Hermano deberían saber que en caso de querer hacer a un compañero ganador no hay nada como orquestar una campaña en su contra. Si a eso le añadimos un cierto talento para explotar el victimismo de estar siendo marginada, Judit estaría en una posición inmejorable para afrontar en ventaja la votación final. El episodio del cartel con su número de teléfono para las votaciones eliminado de la pared es una buena muestra de ello. Todos, excepto Conchi, azuzaron a Rodri para que quitase dicho cartel, cosa que terminó haciendo. Ya en el momento que lo estaba colgando vi como Rodri miraba con cara de desagrado desde la distancia, aunque más tarde intentó evitar darle importancia, pero Pamela y muy especialmente Oli no pararon de pincharle hasta que terminó por despegarlo de la pared. Es increíble que no se den cuenta de cómo eso puede llegar a beneficiar a Judit en la semana clave de la final.

Haya sido parte de su disfraz o no, lo cierto es que esta Judit representa un rol bien distinto al de las gemelas, por poner un ejemplo. El personaje que habría calado en buena parte de la audiencia sería el de la chica diferente, más culta que la media de concursantes (no en vano es licenciada universitaria) y de comportamiento liberal. Digamos que es la antítesis de las de Los Palacios, y no haré una comparación muy minuciosa para no resultar ofensivo con ellas. Lo cierto es que sociológicamente este perfil de concursante se aproxima bastante más a la media española, teniendo muchas más posibilidades de despertar simpatías entre la audiencia. He observado desde hace tiempo como hay mucha gente que simpatiza más con aquellos concursantes con quien puede sentir una mayor identificación, algo que debo confesar que me ha pasado a mí mismo en más de una ocasión. De alguna manera, intuyo en mucha gente el deseo de hacer ganadora a esta socióloga cuyo personaje concursante responde al perfil que a grandes rasgos describo frente a quienes pueden representar una parte de la sociedad que les es ajena, caduca en cuanto a los comportamientos y escasa en lo relativo al conocimiento.

Entenderé, por tanto, con más facilidad que ganase Judit a que lo hicieran las gemelas, por muy ricas y simpáticas que me resulten. En ambos casos veo simulación y desapego a la realidad en muchos aspectos, como he comentado en distintas ocasiones, solo que en la gallega me parece algo mucho más estudiado, fría y casi científicamente calculado. Insisto en que ella es socióloga, aparte de entrar en la casa diez días después, lo cual le pudo servir para analizar a los demás con elementos de juicio que estos no tenían. En este caso no es tanto una cuestión de piel, como dice nuestra Vicky, sino que más bien se trata de un convencimiento íntimo del que no puedo prescindir a la hora de hacer este desdibujado retrato. Me resulta imposible despojar de la presunción al personaje, lo cual se me antoja como mi opción más generosa. No digo que toda ella sea una mentira, pero como decía Cocteau, una mentira a medias de ningún modo es una media verdad. No me he creído a Judit muchas veces, y esa desconfianza me distancia de la concursante, aun reconociendo lo acertado del personaje.

Linchamiento en plaza pública

Salió ÁngelaSe perpetró el linchamiento en plaza pública de Ángela, la “mala” (ayer olvidé las comillas) de este Gran Hermano. Evidentemente, cuando hablo de la “mala” me estoy refiriendo al estereotipo que algunos parecen siempre necesitados de descubrir entre los habitantes de esa casa, un personaje abyecto al que someter al juicio sumarísimo de los votos para mayor escarnio de la víctima. Alguien en quien concentrar odio y bilis en cantidades industriales. Basta con que haya un concursante que se ponga a tiro para aficionarse a practicar el pim-pam-pum hasta descabezarle, si hay ocasión. Da igual que el sujeto en cuestión ni sea tan abyecto ni merezca semejantes dosis de odio. No dejes que el concursante te estropee un buen linchamiento, en paráfrasis de aquel “no dejes que la realidad te estropee una buena noticia” que figura en la lista de las infamias periodísticas más conocidas.

Ángela salió con el 92′69% de los votos, lo cual la hace acreedora de un segundo récord. Esta concursante es la señora de los récords de GH IX, ya que a la permanencia en la casa durante 95 días sin resultar nominada por sus compañeros le debe ahora añadir el de la expulsada por un porcentaje de votos más amplio. Este segundo récord sería mundial si consideramos solamente situaciones de tres nominados, ya que con dos va unos puntos más allá. Como preveía ayer le dijeron el porcentaje en el último minuto de programa, aunque ya antes le habían prevenido de que era importante. A estos récords le podríamos añadir una buena ristra de otros relativos a su comportamiento en la casa, como el de la más chismosa, o por ejemplo la concursante que más veces tuvo la polla en la boca (me refiero a la palabra, of course). No se cumplieron mis temores de que asimilara con dificultad un dato tan duro como el que viene a reflejar un rechazo casi unánime por parte de la audiencia votante. Vi a Ángela con una mezcla de pasotismo y chulería, creciéndose a medida que iba aumentando la presión, y casi satisfecha (aparentemente) del dato en cuestión.

La entrevista fue difícil, quizá la más complicada de la historia del programa. Para Milá debió ser como subir el Tourmalet cinco veces seguidas, ya que Ángela no se mostró muy comunicativa en un principio. Luego asistimos a un crescendo en la medida que la entrevistada iba siendo enfrentada a lo que ha sido su realidad en estos ciento dos días que ha durado su encierro. A la cerrazón inicial vino una fase de la entrevista en la que Ángela se mostró algo más abierta y comunicativa. No es nada tonta esta concursante y aguardó a ver lo que le tenían que decir, cuáles podían ser los reproches, qué situaciones le iban a mostrar en los vídeos, antes de aventurarse a decir casi nada. Una vez visto el panorama Ángela decidió soltarse, mostrándose un tanto chulita, con una seguridad pasmosa en sí misma, no reconociendo casi ninguna de las censuras a su comportamiento, tanto las que le iba transmitiendo Milá como las que iban saliendo de quienes fueron sus compañeros. Solamente Melania, a la que hubo un momento que la vi profundamente emocionada, defendió a su amiga todo el tiempo, siendo correspondida por la expulsada que dijo haberla ido conociendo y haberle gustado lo que conoció. Lucy, Amor y Karen pusieron el contrapunto crítico, y para regocijo de este gato la ínclita Paula no tuvo esta vez su minuto de gloria, habitualmente malogrado.

Prácticamente lo único que reconoció sin ambages fue lo de su lenguaje desinhibido, por lo que resultó para mucha gente una ordinaria. Eso es tan obvio que no hubiera tenido sentido que lo negara, si bien para mí ha sido una suerte contar en la casa con alguien que hablase tan claro, algo que me hizo gracia en muchas ocasiones, chocándome la crudeza con la que sonaban algunos de sus comentarios. Eso sí, cuando le pusieron la escena del jacuzzi en la que glosaba lo divino que es para ella la masturbación aprovechó para animar al público a que se masturbase, lo cual me pareció que utilizaba como vía de escape para intentar evitar responder a tantas situaciones que le estaban empezando a mostrar. ¿Cuál ha sido el pecado de Ángela? Creo que aparte de no haber colaborado en procurar una estancia tranquila o despreocupada a quienes tenía alrededor, lo cual es lo de menos, el principal fallo achacable a esta deficiente visual es no haber sabido mantener fidelidad alguna a sus compañeros, no haber tenido un concepto claro de lo que es la confidencialidad y además la incapacidad que ha mostrado para corresponder el cariño y la especial atención que le mostraron quienes más cerca estuvieron de ella durante todo este tiempo. Reconoció que siempre está mendigando cariño, la hemos definido alguna vez como una vampira de cariño, lo cual no es intrínsecamente malo, pero el problema es que no supo devolver ese cariño en justa correspondencia.

Chismosa, ordinaria, poco fiel e injusta con los más cercanos a los que no reconoció nunca en su justa medida el apoyo que le estaban dando. Es bastante poco para que concitase tanto odio, tantas ganas de venganza, tanto ensañamiento como para querer un linchamiento de proporciones tan exageradas. Afortunadamente fue tratada con guante blanco en todo momento, lo cual no quita para que le mostraran muchas de las situaciones que han provocado la reacción de la audiencia votante. No seré yo quien enmiende la plana a esa audiencia, pero sí es cierto que gustamos casi más aquí fuera que dentro de magnificar todo lo relativo a Gran Hermano. Los malos nos parecen mucho más malos, los tontos mucho más tontos, los fríos mucho más fríos y los mediopensionistas también lo parecen mucho más. Lo que, sin embargo, no se ha exagerado es su coraje a la hora de realizar las pruebas y tareas de la casa, mucho mayor y más decidido de el que mostraron otros y otras. Ver a Ángela hacer escalada, montar la bici-harley, jugar a los deportes de la consola, y tantas otras pruebas complicadas para alguien que ve mucho menos que nosotros, fue realmente emocionante y todo un ejemplo de afán de superación que me temo no ha sido compensado ni tenido en cuenta a la hora de enjuiciar al personaje.

Ángela ha tenido una vida bastante horrible que ha ido contando en pildoritas, pero suficiente para hacernos una idea. Que tenga fecha de boda con quien lleva manteniendo una relación hace apenas ocho meses (tres y medio de ellos son los de su encierro), puede darnos una idea de hasta que punto se ha podido agarrar a un clavo ardiendo, negándose a soltar a la única persona que ha tenido a su lado desde siempre, prácticamente. Estoy seguro que algunos de los que han sido sus compañeros mantendrán el contacto con ella, y ayudarán a iniciar esa nueva vida que con tan breves pero bonitas y esperanzadoras palabras le avisaba su novio nada más encontrarse con ella en el plató: “Ahora empezamos a vivir”. Espero que sea una vida más feliz de la que ha tenido hasta el momento.

Los cuatro finalistas se tomaron el ataque alienígena como una coña, y disfrutaron de los momentos de la evacuación y el encuentro con esa suite convertida en búnker donde habitarán la semana que les separa de la final. Recibieron emocionados los saludos familiares, en unos vídeos llenos de cariño y ambiente navideño. Fue especialmente bonito el dedicado a Judit, donde esos amigos que tiene tan poco siniestros cantaron a capella el precioso tema Scarborough Fair, de Simon y Garfunkel, tan apropiado como villancico. Al final de la noche les hicieron abrir unas latas de esa especie de kit de supervivencia que tienen a su disposición, que contenían el número de teléfono asignado a cada uno para la votación como ganadores de GH IX. Fue Rodrigo quien repartió las latas, con lo cual la suerte estuvo de su mano, el orden númerico dejó a las gemelas primero, seguidas de Judit, Rodrigo y Óliver. No difiere mucho del reparto de porcentajes que marcan las encuestas, aunque sigo sin tener nada claro quien de los tres se alzará con el triunfo, excluyendo al pollo Oli, cuya labor ha sido la de ser trillizo hasta el final, pero parece completamente descartado que pudiera acompañar a tanta suerte nada más. Bastante premio ha tenido con llegar hasta aquí.

Muy mal gesto pudimos ver anoche en Rodrigo, que sigue ayudando poco a poco en quitar argumentos a quienes hemos podido ver siempre en él a alguien bienintencionado y respetuoso con sus compañeros. La manía que ha podido llegar a coger a Judit le llevó posiblemente anoche a contribuir a que la gallega vaya sumando puntos en semejante medida que los pierde el ex marine. Después de sacar de las latas los papelitos con los números de teléfono, todos los colgaron de la pared del búnker, encima de su sus camas. La que se quedó Judit es la única que no está arrimada a la pared, por lo cual colocó su cartel entre los de Oli y Rodri, pero este lo quitó posteriormente para ponerlo en horizontal, justo tras la cama de ella, animado a hacerlo por el propio Oli. Por consiguiente, el teléfono de la presunta gótica es el único que no quedó colgando de la pared, lo cual fue un gesto feo, que la beneficia más que perjudicarla, como decía antes. Ya en el reparto de las camas fueron desconsiderados con Judit, ya que se apresuraron todos a elegir las camas contra la pared, dejando para ella la que se encuentra más en medio. No me cabe duda de que su pasividad a la hora de no pelear por una cama se corresponde tanto a su propio carácter como a su interés por ser vista como la diferente, la marginada por sus compañeros. Con estos dos gestos de anoche le han hecho un favor importante, sin darse cuenta ninguno que con pequeños detalles también se contribuye a conseguir ganar este concurso.

Falta tan solo una semana y se me pone un nudo en la garganta al recordarlo. Este es el artículo que hace el número ochenta de la temporada, al que acompañará un buen puñado de comentarios de nuestros amigos, que han llenado de buenas letras este espacio durante tanto tiempo, de día y de noche, día a día. Siento el vértigo de un vacío a mis pies si pienso en lo pronto que todo esto acabará. Prefiero no pensar todavía en ello, aunque a veces no puedo evitarlo. De momento debemos intentar vivir con intensidad estos días, y la semana que viene aquí estaremos para terminar los daguerrotipos y seguir comentando lo habido y por haber. El lunes que viene, día de la Nochebuena, os espero aquí, y antes de eso durante este fin de semana tan festivo. Que la suerte os acompañe mañana, al son de las voces infantiles que reparten dinero y tal vez felicidad. Este gato desastroso apenas juega, mi premio ha sido este año de nuevo tener la suerte de estar tan bien acompañado durante los últimos meses del año, en esta acogedora gatera, que la última semana ha vuelto a pulverizar todos sus récords de visitas. Gracias por seguir ahí.